Renoir

Une Partie de Campagne* Por Laura del Moral

“Living is a form f not being sure, not knowing what next or how.

The moment you known how you begin to die a little.

The artist never entirely knows.

We guess.

We may be wrong we take leap after leap in the dark”.Agnes De Mille

¿La belleza es efímera o la belleza permanece? En Renoir la belleza inunda la pantalla, está en las curvas del cuerpo femenino, en los paisajes idílicos de Cagnes-sur-Mer en la Costa Azul, en el ocaso y en el inicio de la vida, en el amarillo Siena y en el azul Klein.

Como si de una obra impresionista se tratase podemos sentir, traspasar, acariciar la luz, el film podría ser un cuadro en sí mismo pincelado a través de la sensible y artística dirección de fotografía de Mark Ping Bing Lee (Deseando amar, Tokio Blues) y aunque Pierre-August Renoir (Michel Bouquet) dice que el negro no tiene lugar en su pintura, en la película si hay cabida para este color que nos ofrece las sombras necesarias para que este lienzo tome cuerpo, está en el transfondo de la guerra y en el intenso dolor que padece el pintor a causa de su avanzado reumatismo.

No parece sencillo enfrentarse a una película sobre uno de los nombres más importantes de la historia del arte, Gilles Bourdos se ha centrado en un período muy concreto de la vida del pintor, ofreciéndonos un retrato de una familia de artistas, un homenaje a la pintura y una lección admirable de la necesidad y el entusiasmo de August Renoir por continuar con su obra hasta el final. La intensidad de su pintura es una delicia, al igual que la interpretación de Michel Bouquet, se puede ver cada destello de dolor en sus ojos, la profunda pasión por su trabajo y la renovada motivación que le aporta la que fue una de sus últimas modelos, Andrée Heuschling (Christa Theret).

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Cuando su hijo Jean (Vicent Rottiers) regresa a casa de la guerra se encuentra con Andrée, ambos protagonizarán una historia llena de miradas cómplices entre dos personalidades contrapuestas, un joven introvertido, indeciso e intimidado por el talento de su padre y una decidida, descarada y ambiciosa modelo que desea convertirse en actriz, de este modo se presenta el incipiente interés de Jean por el cine, como más tarde él mismo escribiría “comencé en el cine para convertir a mi mujer en una estrella” y así se irá perfilando el que años después se convertiría en uno de los más importantes cineastas franceses con Andrée convertida en Catherine Hessling como protagonista de sus primeras películas.

August Renoir muestra un talento y una personalidad arrolladoras que hace que su hijos Jean y el pequeño Claude, un niño solitario que vaga salvajemente y perdido por la casa, mantengan un cierto aire difuso, borroso al sentirse atrapados por el genio de su padre.

Uno de los núcleos de Renoir es esta compleja relación entre padre e hijos.

Pierre-Auguste está afligido por la pérdida de su esposa y teme por lo que pudiera suceder a sus dos hijos (Jean y Pierre) durante la guerra, pero la pintura sigue siendo su vida. Renoir no quiere mostrar en sus pinturas ese horror, quiere mantenerse al margen de todo ello, algo que su hijo Jean le reprocha ante la contestación de su padre: “Matar en la guerra a una bávaro con pipa tampoco sirve de nada”.

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Renoir se muestra como una película delicada, lírica, bucólica, una película clásica en su forma y contenido que nos regala una correspondencia entre cine y pintura plasmada en una casi carta de amor absoluto hacia el arte.

Carece, sin embargo, de la profundidad entre artista y modelo que nos ofreció Jacques Rivette en La belle noiseuse (La bella mentirosa, 1991) con ese estudio maestro que elaboró alredor de la dificultad del proceso creativo pero intuyo que tampoco era una de las intenciones de Gilles Bourdos.

La cálida seducción visual de la película no debe hacernos pensar que estamos solo ante un cuadro trasladado a la pantalla, la cámara también domina, ondula el voluptuoso cuerpo de Andrée, serpentea por la naturaleza, parece que quisiera imitar esas fugaces pinceladas impresionistas fundiéndose así con cadencia de la música de Alexandre Desplat. Cierra la película un plano de enorme belleza plástica que parece susurrarnos: observen, acaricien, devoren por completo la vida y sobre todo, como dice August Renoir, déjense llevar por ella.

* Une Partie de Campagne (1936) es un mediometraje francés dirigido por Jean Renoir basado en el relato de Guy de Maupassant, con el que realiza un homenaje a su padre.

Renoir

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] Fuente: http://cinedivergente.com/criticas/largometrajes/renoir […]

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