Salvajes

Sexo, drogas, mentiras y correos electrónicos, o el Hamlet encubierto de Stone Por Arantxa Acosta

"Nosotros sabemos lo que somos, pero no lo que podemos ser"Hamlet, de William Shakespeare (1599-1601)

Sentimientos encontrados nos provoca la última película de Oliver Stone. Y es que si bien un inicio muy poco afortunado nos hace pensar lo peor (a saber: la “niña” de Gossip Girl - Josh Schwartz, 2007- como hilo conductor de la película; el sol de California; sexo, drogas, violencia extrema, despreocupación al límite… y reggae. Esto ya lo hemos visto mil veces), a medida que avanza el metraje nos damos cuenta de la pequeña joyita, con matices, que tenemos delante. Porque aunque alguna que otra elección es más que desafortunada, algo muy importante tenemos que reconocer: Oliver Stone ha vuelto. Y nos alegramos sobremanera.

Inevitablemente Salvajes va a ser comparada con la sin embargo incomparable Asesinos Natos (Natural Born Killers, 1994).

Un flaco favor a la nueva película, ya que aunque los elementos con los que podemos jugar parecen los mismos, no hay que engañarse: si en la de culto la crítica iba completamente dirigida al poder e influencia de los medios de comunicación, que son capaces de ensalzar a unos asesinos como los héroes de América, el mensaje ahora es completamente diferente.

¿Reivindicación a la legalización de la marihuana? ¿Análisis encubierto sobre el amor libre, o sobre que el amor saca lo mejor y lo peor de nosotros mismos? Que no nos hagan reír. Stone pone de manifiesto, y de qué manera, algo mucho más siniestro, o como mínimo menos palpable: el autoengaño de una sociedad que se cree superior a otra. Pijos americanos contra mercenarios mexicanos… ¿quién es humanamente peor que el otro? Por supuesto, ninguno.

Lo que más nos gusta de Salvajes es cómo se va introduciendo esta reflexión a lo largo del film.  Porque empezamos conociendo a O. (O. de Ofelia, la Ofelia de Hamlet, el frío y calculador príncipe vengador… una buena pista de lo que vamos a ver), que nos avanza que aunque esté narrando la historia, posiblemente esté muerta. ¡Ah!, vaya. Ella nos habla entonces de sus dos amores: Ben, inteligente, buena persona y culto botánico. Chon, ex-soldado, violento y seguidor a muerte de Ben. Los dos son los dueños, independientes, de un lucrativo negocio: la venta de la mejor marihuana de la zona. Y es aquí cuando se inician sus problemas, ya que narcotraficantes mexicanos se ha fijado en ellos y en sus buenos resultados, así que, a las buenas o a las malas, querrán que Ben y Chon sean sus nuevos socios.

Empezamos entonces la inmersión en el argumento: la carta de presentación de los mexicanos será la decapitación. La de los protagonistas, la felicidad de surfear en la playa californiana. Sin embargo, progresivamente, esta visión se verá totalmente permutada. Y la seguiremos, aunque hay que destacar que uno de los aciertos del film es la profundidad conseguida para todos y cada uno de los personajes, principalmente gracias a los que realmente son los protagonistas de la película: Ben, Elena y Lado.

Ben es el personaje más fascinante, con una interpretación por parte de Aaron Taylor-Johnson que inicialmente se nos antoja fuera de lugar pero que poco a poco comprendemos y alabamos por su acierto. Refugiado en su personalidad altruista, acabamos descubriendo al asesino nato que hay en él, al verdadero salvaje. Bajo una capa de inocencia continua, poco a poco las ideas más oscuras, que incluirán desde calculados robos hasta asesinatos a sangre fría, irán resquebrajando esa frágil capa. Todos se darán cuenta de ello, incluso O., por mucho que le ame… menos él mismo. Ben es el Hamlet del film, sin lugar a dudas. El loco que sólo cree que finge su locura.

Elena (acertada Salma Hayek) es la mexicana jefa de la más peligrosa organización de narcotraficantes, que ve peligrar su hegemonía en su país natal y sube a Estados Unidos para iniciar allí la criminal conquista. Despiadada y sin escrúpulos, capaz de retener bajo cautividad a O. durante un año sólo para asegurar que tiene bajo su control a los dos chicos… y, sin embargo, madre, al fin y al cabo. Una madre tan frágil como el resto de los mortales.

Y Lado. Ah, Lado. Atrae tanto como repugna. Salvajes vale la pena aunque sólo sea por la magnífica interpretación que nos regala Benicio del Toro. Contenido, dentro de la brutalidad de su personaje, destaca sin duda no únicamente sobre el resto de actores, sino sobre la historia en sí. Lado representa lo peor de la humanidad, es el viejo harto de la vida que ya nada le importa, aparte de su beneficio personal. Matará, violará, traicionará… sin escrúpulos. Todo si puede sacar una buena tajada.  Es el máximo exponente de a lo que un ser humano puede llegar por el odio y el asco hacia la realidad que le rodea, en este caso plenamente identificado con la misoginia, hay que decir. Así, El resto de personajes rodean y complementan perfectamente a Ben, Elena y Lado, aunque hay que decir que el de John Travolta, quizá por sus apariciones esporádicas, es el menos interesante de todos, aunque no debería ser así por su importancia en todo el embrollo. En cualquier caso, sinceramente, la única que desencaja es la punta de lanza de todo el film, la Ofelia narradora. Una Blake Lively que baja una media interpretativa excelente. Ser guapa, lamentablemente, no lo es todo.

Tras este extenso análisis de los personajes, toca hablar en profundidad también del trabajo de Stone. Un director últimamente más cerca de la crítica política que del cine de acción, que ahora nos recuerda que una vez fue grande. Muy grande. Y, sin embargo, la maestría que destila su rodaje se ve empañada por dos reticencias clave…

La primera: parece haberse querido subir a un carro de modernidad que a priori se nos antoja copia. Aclaremos: el estilo de Salvajes nada tiene que envidiar al del malogrado Tony Scott con su infravalorada Domino (2005). El uso de las máscaras, los jóvenes en la playa, los movimientos de cámara… inevitable pensar en Le llaman Bodhi (Point Break, Kathryn Bigelow, 1991). Y, sin embargo, la mezcla de estas imágenes con las de los asesinos mexicanos, incluso por la textura conseguida, es más que notable. Alejado de Quentin Tarantino, que podría haber sido otra base para su copia, Stone basa su película, por supuesto, en la combinación de escenas y formatos que le dio tan buen resultado en Asesinos Natos. En definitiva, y al fin y al cabo, es un muy buen punto de partida. Y siempre podemos hablar de auto-homenaje, entonces. Por otro lado, el humor tiene también cabida entre tanta violencia descontrolada (desternillante ver a los policias en pantalón corto con sus bicicletas pasar delante de los matones mexicanos, con sus sucios trajes). Y la escena final (bueno, la escena “final”) se disfruta sobremanera. El director sabe rodar escenas de acción de forma trágica, eso no se le ha olvidado.

La segunda reticencia al film es que Stone parece haber sido consciente de la necesidad de volver a las primeras filas, sacando lo mejor de sí mismo… y haciendo un refrito. El director  está ahí, pero como amalgama de sus “yo” pasados. Quizá es sólo una impresión, pero encontramos el estilo del director no como hilo conductor, sino como suma de anteriores aciertos. Ya sea por sus personajes o por su manera de rodar, pero, para ser sinceros,  personalmente echo de menos al Oliver Stone de Giro al infierno (U-Turn, 1997), que supo demostrar que podía adentrarse, y de qué manera, en otros géneros, elevando la calidad del guión. Pero bueno, al menos, eso sí, no recuperada nada de Alejando Magno (2004). Gracias.

Pero volviendo a sus aciertos. Construcción de los personajes, diferentes formatos utilizados para acercar al espectador a las sensaciones de sus protagonistas (el blanco y negro de los recuerdos de O., por ejemplo, cámara en mano), o la cruel y distante cámara fija, incluso con imágenes a través de la pantalla de un ordenador, que nos alejan de la acción para evaluarla desde la distancia, desde la protección de nuestra butaca. Lado, que se merece un ensayo completo aparte de esta humilde crítica. Incluso la combinación de canciones escogida, en la que no pueden faltar las rancheras mexicanas, el reggae y una versión del “Psycho killer” de Talking Heads, que suena despreocupadamente en el coche de los “jardineros” mientras llegan a la casa de una de sus víctimas. Y un final que nada tiene que envidiar al de la tragedia de Hamlet… y, sin embargo, esta sentencia no tiene por qué significar que todos acaben, o no, muertos realmente.

Así que, aunque sea por la suma de factores, Salvajes está llamada a ser la bienvenida reconciliación del director con el gran público. Y, mensaje para cinéfilos: hay que dejarla reposar. Tranquilamente, sin prisas, Salvajes acabará siendo una película de referencia, tanto en la filmografía del director como en el género.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. [...] de un film más a favor de las drogas de lo que contrariamente a lo pensado por muchos pudiese ser Salvajes (Oliver Stone, 2012). La segunda, que se trata de una crítica a cómo la juventud malgasta el [...]

  2. […] de un film más a favor de las drogas de lo que contrariamente a lo pensado por muchos pudiese ser Salvajes (Oliver Stone, 2012). La segunda, que se trata de una crítica a cómo la juventud malgasta el […]

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