Selma

The truth of equality Por Fernando Solla

Seems like God don't see
fit to give the black man
nothing but dreams, but
He did give us children to
make them dreams seem
worthwhile
A Raisin in the Sun, Lorraine Hansberry (1959)

Igual que a los protagonistas de este largometraje en su primera marcha al Edmund Pettus Bridge, el visionado de Selma requiere de los espectadores que nos agachemos para tomar aire antes de comenzar una carrera de fondo. Es posible que durante los primeros minutos del filme nos preguntemos qué puede aportar el trabajo de Ava DuVernay a una temática que en ocasiones queda reducida a un cliché cinematográfico. La etiqueta basado en hechos reales esconde, a veces, una peligrosa incapacidad de construir un discurso verosímil que justifique lo que vemos en pantalla, más cuando se borran las líneas entre las ideas (libres pero subjetivas) y los hechos. En el caso que nos ocupa, bastan cinco minutos para reconocer una argumentación sólida, que no sólo mantiene el interés durante las dos horas de metraje sino que implica al espectador convirtiéndolo en protagonista de la historia, proponiendo respuestas claras y no lanzando preguntas al viento. El realizador no se limita a plantear un debate sino que lo modera con vigor y convicción pero sin caer en la inflexibilidad inamovible del grito de rabia.

El guión de DuVernay y Paul Webb estructura a modo de crónica el periplo de Martin Luther King Jr. (David Oyelowo) hasta conseguir que el presidente Lyndon B. Johnson (Tom Wilkinson) aprobara la ley que asegura a los ciudadanos negros el derecho a voto. Los hechos se mostraran ante nuestros ojos entre varias de las reuniones que ambos mantuvieron hasta que tuvo lugar la marcha desde Selma a Montgomery (Alabama) en 1965.

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El factor definitivo para que Selma funcione es el rechazo de la dicotomía racial en lo referente a la estructuración de la trama y el reflejo de las motivaciones de los implicados individualmente, acentuando así que la brecha y el desencuentro no depende tanto de la etnia como de la ideología y el sentimiento de pertenencia. Como oiremos en la película, “hay que convencer a los convencidos” del significado de su propuesta, exigiendo y no pidiendo permiso. Reflexionando sobre el por qué para entender qué es lo que se quiere conseguir y cómo hacer que las cosas sucedan. Tomando conciencia de que la negación de la igualdad no implica su inexistencia, sino su secuestro. Asumiendo derechos pero también responsabilidades para finalmente conocer el verdadero significado de cruzar un puente estableciendo un aquí y ahora como fecha límite para la obtención del resultado deseado.

Paralelamente, profundizaremos en el hecho histórico a través de los obstáculos políticos y las negociaciones internas que King tuvo que superar para llevar a cabo su empresa: discrepancias con su propio grupo, con el movimiento de estudiantes, con afiliaciones religiosas, incluso con el mismo Malcolm X (Nigel Thatch), que requirieron un trabajo previo de cuya solución dependía la consecución de un bien mayor. De paso, DuVernay se centrará en el peaje que hay que pagar por ser un icono, en este caso de los derechos civiles, y sus repercusiones familiares, situando a King en un segundo plano durante parte del metraje, decisión muy acertada para apoyar la percepción de comunidad y pertenencia a un grupo intelectual (que comparte unas ideas comunes) y no racial.

Sin focalizar nunca la atención pero tampoco negando su aportación al conjunto global de la película, hay que destacar la recreación de la América de los años sesenta a través de un diseño de producción y vestuario amplificados por la fotografía de Bradford Young. A través de la recreación y convivencia del material de archivo en un granulado blanco y negro con un paleta de colores mucho más vivos y potentes, se consigue apoyar al punto de vista actual consiguiendo un efecto retro insólito en este tipo de producciones. Este colorido contrastará con los claroscuros a los que el realizador someterá a su protagonista.

Selma 2

Como hemos dicho anteriormente, el guión de DuVernay y Webb estructura la trama dejando muy claro que el foco central es el debate y su objeto y no las figuras-iconos que se situaron a la cabeza de su consecución. Eso les permite recrear múltiples historias paralelas de muchos personajes, y aunque no todas estén ampliamente desarrolladas, sí que entenderemos por qué son relevantes para la resolución del conflicto. Irónicamente, otro de los múltiples contrastes que ofrece Selma será que estos personajes los interpretan actores conocidos como Giovanni Ribisi (secretario Lee White), Tim Roth (gobernador George Wallace), Oprah Winfrey (Annie Lee Cooper) o Dylan Baker (J. Edgar Hoover). En esta ocasión su presencia no se usará como reclamo para captar la atención de los espectadores, sino para desarrollar de modo metacinematográfico la premisa del filme de que todos los implicados fueron protagonistas del suceso y no secundarios. Esto favorecerá que las interpretaciones se centren en conseguir personajes interesantes, antes que simples recreaciones históricas.

Selma 3

Finalmente, llama la atención que en Selma tenga cabida la validación del melodrama como un género legítimo cuando se quiere apelar (cinematográficamente) a la conciencia del espectador, provocando en ciertos momentos su emoción a través de los sentimientos que puedan despertar en nosotros las situaciones recreadas. El mejor ejemplo al respecto es el personaje de Jimmie Lee Jackson (Keith Stanfield) y su trágico destino.

Si a todo lo que hemos descrito, sumamos la reflexión sobre el papel de los medios de comunicación en contraste a los mensajes internos del FBI como principales manipuladores de los sucesos, así como algunas declaraciones que afirman que el envío de tropas a Vietnam y no a Selma no fue más que una estrategia para desviar la atención del problema racial que había en casa, entenderemos que el éxito de la película reside en la habilidad del realizador para situar la pelota en ambos tejados (el negro y el blanco) a la vez, asistiendo también a las repercusiones que se tomaron contra gente blanca que decidió manifestar abiertamente su apoyo a la causa.

Todo en Selma está ahí para contar una gran historia que reduce las fronteras entre el cine político o el biopic al uso, llevando a la mesa del debate no sólo el contenido sino los formatos cinematográficos.

Quizá cuando un mensaje se ha repetido en repetidas ocasiones y no ha llegado sea el momento de pensar que lo caduco no sea el contenido sino el canal y Selma recorre su camino en esa dirección.

 TRAILER:

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