Spectre

The dead are alive (and well) Por Fernando Solla

"Age is no guarantee of efficiency
And youth is no guarantee of innovation"James Bond en Skyfall (Sam Mendes, 2012)

Que Sam Mendes es avezado de la puesta en escena es algo fácilmente verificable tras el visionado de cualquiera de sus películas o montajes teatrales. Pocos como él son capaces de impregnar sus trabajos de una coherencia formal y narrativa en la que el tiempo y el espacio estén sintetizados en el desarrollo de la trama de una manera tan perspicaz y espontánea para configurar un producto final de una sola pieza, sin costuras a la vista.

Si en Skyfall (2012) tomó las riendas de una franquicia de lucidez itinerante, dotando al personaje estelar de una profundidad oscura y amarga, angustiosa y desazonadora, en Spectre se muestra plenamente consciente de que los cimientos ya están asentados y que ahora hay que consolidarlos. Hay algo todavía más revolucionario para la saga que en la anterior entrega y es, precisamente, que el realizador contextualiza su trabajo dentro de la dinastía con la vista puesta en el conjunto bondiano y no en ningún título concreto, mostrando una ambición que, aunque quizá no se vea a simple vista, va mucho más allá que en el título precedente.

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Geopolítica y globalización. Enemistad y parentesco. ¿Las dos caras de una misma moneda? Sin duda estos cuatro conceptos describen la complejidad de Spectre.

“Me temo que no entiendes de qué va la película” dirá en un momento clave el personaje de M (Ralph Fiennes) a la nueva incorporación de C (Andrew Scott), que capitaneará la propuesta de un nuevo orden mundial de seguridad global. Mientras, el agente secreto protagonizará un viaje en el que de un modo u otro irán apareciendo los fantasmas de situaciones o personajes del pasado (personal o de la saga). No confundir con una compilación ni homenaje autorreferencial, que como ya hemos dicho, el nuevo traje de Bond (Daniel Craig) no está hecho de pedazos de otros, sino que se carea con todos y cada uno de ellos.

Durante la fastuosa secuencia inicial en México, en mitad de la celebración del día de los muertos, ya se nos da más de una pista de por dónde van los tiros. Ese interminable ascenso y descenso del helicóptero se equiparará a la constante dicotomía entre la subida a los cielos del espíritu de un ser anacrónico y su negativa a abandonar un mundo en el que toca de pies en el suelo, hábitat natural e inframundo personal, todo en uno. El mundo que una vez creyó como propio y que ahora le echa a patadas. Habrá, por supuesto, más secuencias de acción rodadas con una precisión modélica, aunque en Spectre la procesión irá por dentro. De nuevo, la fisicidad que desprende Craig, dota al personaje de una asertividad indiscutible.

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Mendes ha focalizado su discurso en el rol de los personajes y ha dinamitado su prototipo, perpetrado a lo largo de la franquicia. A la vez, ha usado material gráfico de los tres títulos anteriores que componen la era Craig, espectros de un pasado que no siempre fue mejor. En su habilidad para tan complicada empresa, el realizador no ha querido regodearse sino dinamitar cualquier idea preconcebida sin reiterar sobre lo que ya se ha contado, redimensionando (como decíamos) la magnitud no de un único largometraje, sino del conjunto. Así mismo, parecerá que los personajes discrepan de sus modelos predecesores. De este modo, Madeleine (Léa Seydoux) escuchará que su personaje no es igual al de Vesper Lynd (Eva Green) en Casino Royale (Martin Campbell, 2006). Aquí, Mendes dejará constancia que el romance de Bond ya se mostró en aquel título y que no va a reincidir. En cambio, la chica Bond será psicóloga y su interés por el protagonista radicará en la necesidad de comprender por qué actúa de esta manera y qué relación mantuvo con su padre (no continuaremos para evitar el spoiler).

Igualmente, el realizador introduce una implacable y sórdida reflexión sobre el terrorismo de estado, dificultando la diferenciación entre el bando de los villanos y el de los licenciados para matar. ¿Quién está con quién y cuándo? ¿Quién posee la información y para qué la usa? Para ello, parece reivindicar el título más denostado de la última generación, Quantum of Solace (Marc Foster, 2008), recuperando al personaje de Mr. White (Jesper Christensen), equiparando su función clave en el largometraje como lo fue el título en cuestión para el desarrollo de la saga. Finalmente, volvemos al parentesco y a los orígenes, a la identidad. Dotando de más protagonismo a M (Fiennes), Q (muy acertado Ben Whishaw) y Monneypenny (Naomie Harris) y esta vez afrontando el tema de un modo distinto al de Skyfall. Si en aquel título, Mendes quiso que conociéramos los orígenes de Bond, aquí incluirá al personaje de Oberhauser (Christopher Waltz) para remarcar la impenetrabilidad de la psicología del protagonista. De nuevo geopolítica, pero aplicada al espectro familiar: del núcleo o unidad al global. Confrontaremos así el árbol genealógico y el lugar que ocupan en la geografía consanguínea de los personajes los reductos infantiles (la escena de la casi lobotomía es francamente espeluznante).

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Finalmente, otro de los puntos fuertes de Spectre es el sentido del humor, presente no tanto en las réplicas de Bond como en todos y cada uno de los factores del largometraje. La burla posmoderna de la smartblood como método rastreador o la negativa de servirle al protagonista su bebida alcohólica favorita a cambio de un batido orgánico (y su respuesta) son sólo dos de los ejemplos más destacados. Además, y aunque quizá haga falta reposar tras el visionado para caer en la cuenta, nos encontramos ante un título cuyo posicionamiento moral, incluso político, adquiere unas connotaciones plásticas como nunca antes: la muerte de un antagonista sobre el logo de su empresa o derrumbamientos de edificios clave para entender el actual sistema económico mundial.

En este contexto, y con Londres de nuevo como protagonista (algo que sí ocurría en Skyfall) se mueve un Daniel Craig como pez en el agua. En esta ocasión, mostrándonos una comicidad hasta ahora oculta, sin olvidar esa pesadumbre a la que ya nos ha acostumbrado y que le ha posicionado como un pilar imprescindible dentro de la saga.

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] Fernando Solla en Cine Divergente  […]

  2. […] capitalista tendría apogeo en el seno de las producciones literarias, a través del éxito del Agente 007: James Bond. Ian Fleming, es el creador de este mítico personaje británico que tiene una “Licencia para […]

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