Todos queremos lo mejor para ella

Autosugestión, desconcierto y desfase Por Fernando Solla

The victim is in shock, there’s not much more to say

The suspect made a smooth and silent get-away

The scars may slowly heal but they’ll never go away

I only hope that one day you understand just what I’ve been throughFragmento de The Case Continues (Neil Hannon, Joby Talbot, Ute Lemper, Punishing Kiss, Decca Records, 2000)

Una mujer entra en la consulta de un médico. Mediana edad, demasiado crecida para ser joven y demasiado joven para considerarla madura, todavía por medrar. A todas las respuestas que se le formulan responde con un mismo ademán que contradice tácitamente lo que afirma con palabras: “Estoy bien… Todo va bien”. Vuelta a casa en taxi. Cuando llega el momento de pagar, sólo dispone de unas pocas monedas, insuficientes para abonar la tarifa. Ante el enfado del conductor, acorralada por la mala leche del hombre, ella le deja su anillo de casada, como resguardo hasta que encuentre el dinero en su piso. No habrá suerte. Azorada y aturdida, se sentará en el sofá incapaz de reaccionar. No se le ocurrirá la posibilidad de un cajero automático. Nada. Geri (Nora Navas) es una mujer cinéticamente desfasada. Hace aproximadamente un año sufrió un accidente automovilístico que por poco acaba con su vida. Desconcertada aún, ni siquiera ella sabe si por el siniestro en sí o por seguir viviendo, adolece de una cojera leve al andar y, además, de algo parecido a dispraxia psicolingüística, mostrándose inhábil, torpe y lenta (de nuevo desfasada) para traducir sus pensamientos y transformarlos en palabras. Cuando no le falla la memoria, se muestra incapaz de sincopar la comprensión de sus sentimientos con el lenguaje que hasta el momento ha conocido y utilizado.

Todos queremos lo mejor para ella

Con su segundo largometraje, Mar Coll orienta su incipiente filmografía hacia un territorio donde prioriza el conjunto, tanto formal como argumental, antes que la individualidad o eventualidad del hecho cinematográfico aislado. En Tres días con la familia (Tres dies amb la familia, 2009) fuimos invitados de piedra (o no) ante el juego artificioso e hipócrita de un clan burgués y conservador, evidente aunque implícitamente agrietado y caduco.

Ahora en Todos queremos lo mejor para ella, la institución familiar, sin ser sometida a un juicio tan rigurosamente escarnecedor, se muestra inoperante e ineficaz cuando como conjunto se dispone a ayudar a uno de los individuos integrantes.

Y aquí topamos con un pequeño socavón, ya que tras la potente secuencia inicial y la minuciosa, detallista y sutil cimentación del personaje principal, los sujetos secundarios se manifiestan a ojos del espectador, sino molestos, tanto o más insustanciales que a Geri, algo que aunque es buscado y pretendido por la realizadora, resulta desconcertante, ya que sin desafinar con el tono general de la película ni se descubren tan necesarios como para formar parte del argumento ni se delatan lo suficiente como para desaparecer del mismo. Todavía sin recuperar la intensidad del principio (algo que ya nunca sucederá mientras dure el filme), la (re)aparición de Mariana (Valeria Bertuccelli), amiga íntima de la Geri adolescente, interrumpirá el aletargamiento ralentizado del presente, evidenciará la imposibilidad de volver a repetir un pasado más utópico e idealizado que vivido y, lo realmente importante (y que no veremos), la germinación y posibilidad de un futuro particular, propio y privado, alejado de la distopía en que vive sumida la protagonista.

Todos queremos lo mejor para ella 2

Distopía física y del lenguaje. Personajes que se autosugestionan haciendo listas de buenos y malos propósitos y así viven en la mentira de lo que suponen deber ser la felicidad. Y ahí está la cámara de Mar Coll para filmar, adoptando el aparente distanciamiento del cine francés contemporáneo, el periplo interno de Geri. El externo no nos interesa. El accidente no es sino una metáfora del entumecimiento ortopédico en el que vive sumida la protagonista. Su incapacidad para desarrollar el lenguaje (entendido como posibilidad de expresar y transmitir ideas, pensamientos y sentimientos) lo será a su vez del ruido oral en el que se ha encasillado, ejerciendo durante quince años la abogacía, profesión para la que se requieren altas dosis de elocuencia, que para nada coinciden con lo que Geri quería decir. De nuevo, la filmografía de Coll se toma su tiempo, y construye a base de silencios un nuevo lenguaje que, paradójicamente, delimitará contenido y continente, con la única y principal preocupación de conseguir que el acto comunicativo (cinematográfico) no se vea interrumpido. Para ello, dos ingredientes son imprescindibles: la intermitente ruptura del distanciamiento que comentábamos por parte de Coll a través de la cámara cuando acompaña a la protagonista y la insólita interpretación de Nora Navas.

Todos queremos lo mejor para ella 3

Ambas (directora-cámara y actriz) realizan una verdadera y progresiva virguería, comulgando y avanzando en la misma dirección y manteniendo siempre el tempo, sin mostrar desacorde alguno, centrando a través de la planificación técnica de la película la dispraxia inicial de la protagonista. Al principio, nunca veremos a Navas ocupando el centro de un plano cuando camina. Si se dirige hacia la derecha de la pantalla, empezará en esa posición para terminar situada totalmente a la izquierda del plano, como si no pudiera seguir el ritmo que le marca el travelling horizontal en el que se mueve. Cuando regrese, de derecha a izquierda, empezará igualmente a diestra, siendo empujada a trompicones y obligada a avanzar hacia el lado zurdo si no quiere salir fuera de plano. Por su parte, la actriz, sí que demuestra gran dominio del lenguaje hablado y una especial y mesurada elasticidad en las facciones de su rostro, suavizando progresivamente (y con una uniformidad tan lisa que ni nos damos cuenta) el tartamudeo y los tics iniciales, mostrando la empatía y comicidad necesarias con su personaje, pero sin enaltecer su interpretación con florituras innecesariamente artificiosas.

Finalmente, Coll insiste en un cine que deja margen al público para aportar su propia porción de historia a partir de su experiencia, planteando y enmarcando situaciones cercanas a la sociedad de la que participamos, pero sin contextualizarlas dentro del argumento de la película (entrevistas de trabajo surrealistas, posible adulterio del marido de Geri con una de sus hermanas…), algo que en ocasiones distrae y desorienta dentro del desconcierto general en el que nos acomodamos durante la película. Detalles que anexos a una banda sonora demasiado eufórica, no tanto en su uso como sí en su composición, no empañan el conjunto de este segundo largometraje que se presentó en la Sección Oficial de la última edición de la Seminci de Valladolid.

 

TRAILER:

 

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