Una tierra imaginada (A Land Imagined)

Tierra de sueños Por Javier Acevedo Nieto

Wang y Mindy nadan hacia las luces de las fábricas perfiladas en el horizonte. En la costa de Singapur todo es artificial. La costa desplazada por el hombre para ganar terreno al mar. Las playas de arena artificial, traída desde Vietnam, Camboya, Bangladesh o China. Las calles atestadas de trabajadores que, como la arena, provienen de muchos lugares a ese no-lugar donde el obrero se pelea con las chinches y las máquinas mutilan articulaciones y expectativas. Wang siente cómo las fuerzas flaquean, Mindy le acerca a la orilla. Comienza a esparcir arena por su pecho. Se miran. Ayer Mindy tuvo un sueño. Una tierra imaginada (A Land Imagined, 2018) es un título profundamente evocador para el segundo largometraje de Yeo Siew Hua, porque todos sus personajes evocan en sueños esa tierra de nadie donde poco a poco acaban hundiéndose. Wang es un trabajador chino que desaparece. Ajit es un trabajador de Bangladesh, amigo de Wang, que también desaparece. Mindy regenta un ciber donde todos quieren desaparecer. Lok es un funcionario encargado de encontrar a Wang y Ajit, que intenta desaparecer con somníferos. Jason guarda los pasaportes de los trabajadores. La arena se acumula en las parcelas de construcción. La arena esconde cadáveres que el agua revela.

Nada especial acontece en los primeros veinte minutos del filme. Un relato de cine negro. Dos desaparecidos y una investigación. Grandes compañías esclavizando sueños y una tierra donde nadie duerme y menos aún sueñan. Parece que el relato va a transcurrir bajo unos códigos bien conocidos en el cine asiático reciente, que nada puede sorprender. Entonces Lok se acerca a la obra donde Wang solía trabajar. Observa una flor. Un primer plano atrapa su rostro. Emerge la voz en off de Lok. Afirma haber soñado con Wang, como si su vida hubiera discurrido frente a sus ojos y supiera exactamente su destino. Yeo Siew Hua consigue el milagro de la elipsis onírica. Vemos a Wang. Comienza una narración donde la elipsis alcanza el estatus de personaje. Una narración inabarcable en un visionado, donde Hua captura la duración real del tiempo oprimiendo el encuadre y languideciendo el gesto de los actantes. Una narración en la que duración aparente se dilata en secuencias que tienen la textura misma de un sueño. Una tierra imaginada es la obra de un cineasta obsesionado con la experiencia del tiempo.

Una tierra imaginada

Wang y Ajit yacen cansados en unas escaleras. Hablan, se escuchan en silencio. Se vindica la duración real de una escena. Wang confiesa a Ayit que ya no sueña. Ayit le dice él si sueña, un plano detalle muestra la mano de Ayit acariciando el cuello de Wang. La escena se extiende durante casi un minuto. Los espectadores protestan. Una elipsis, la duración real se contrae. Se desplaza el punto de vista del personaje. Los sueños no responden a cortes lógicos, privilegian la elipsis fortuita, la dislocación del punto de vista. Una tierra imaginada es un sueño perturbador, y maravilloso. Todo había comenzado como un filme en clave de género negro. La postmodernidad ha matado el relato y cuestionado el género. Viva la postmodernidad. Yeo Siew Hua trasciende las fronteras del género, lo vampiriza por completo y compone un sueño negro. Duración real y duración aparente, la elipsis como desplazadora del punto de vista, el encuadre apropiándose de lo que el relato le había robado.

En el Singapur de Hua todos sueñan. La arena se acumula. Los sueños se pliegan uno sobre otro. Los puntos de vista convergen y divergen. El relato amenaza con robar terreno a la imagen, del mismo modo que la mano del hombre recorta la playa para introducir playas artificiales. Una tierra imaginada recorta terreno a sus personajes. El agua comienza a tragarse a la arena. Cada vez tienen menos espacio. Están en una tierra artificial. Nadie nace en esta tierra artificial. Wang, Lok, Ajit y Mindy quieren escapar. Se mezclan con culturas ajenas que hablan de lo mismo. La necesidad de huir de esa tierra artificial. El deseo de nadar hacia las luces. Mindy ha viajado mucho. Cada vez que camina por la playa siente que está en Vietnam, o China o Bangladesh. Según que porción de arena pise en la playa artificial. Ajit y Wang bailan. Los sueños se entrecruzan. Los planos generales del principio del filme dibujan una experiencia de la duración aparente cercana a la duración real. Todo es plomizo por real, por cotidiano. La sensación de duración de la escena se acerca a la duración real del tiempo. Comienzan los sueños, las elipsis se condensan en una oposición. La duración real se hace más larga si el plano es corto. Wang mira la pantalla del ordenador del ciber. Un primer plano alarga la duración real. Febrilmente, el tiempo se extiende y entiende a medida que el plano encierra al personaje. Entonces la elipsis, imágenes de Lok a ralentí. Oposición entre duración real y duración aparente. Cómo captar el tiempo de un sueño. Una tierra imaginada fagocita el cine negro. Vulnera el código del género. No hay venganzas, ni violencia explícita, ni motivaciones negativas. Hay amistad, romanticismo, y ganas de escapar. La femme fatale quiere salvar y no condenar. El detective no quiere ser detective. No hay víctimas. No se reconstruye el pasado, sino que se sueña con el presente.

Una tierra imaginada 2018

Elipsis que conducen a flashbacks. Planos cortos que extienden la sensación de la duración real. El conflicto con una duración aparente que se condensa en forma de secuencias al ralentí. Decoupages que condensan secuencias a través de planos cortos y breves cuya única coherencia interna viene dada por un montaje que para transitar de un punto de vista a otro recurre a la elipsis y la conversión de la duración real en duración aparente. No es fácil describir un sueño. El milagro de la elipsis. Mindy se ofrece a ayudar a Wang. Un plano medio del pasillo, se esconden en una habitación. La duración real se alarga en un plano corto. El espectador se impaciente viendo el pasillo vacío. Un simple corte. Surge la duración aparente condensando el paseo de Mindy por la calle en un primer plano y la cámara flotando. En este pliegue del tiempo y elipsis hacia el onirismo convergen Wong Kar-wai y David Lynch.

Una tierra imaginada desborda el molde del género. Destruye el relato en elipsis y flashbacks. El mar se traga la tierra artificial hasta que la imagen transita del plano general y el espacio unitario al plano corto y el espacio fragmentado. Expresar el vacío y huir del sentido. Yeo Siew Hua es consciente de que su propuesta provocará el rechazo de muchos por el minimalismo de esa antitrama que se despliega frente a los ojos del espectador. Parte del sentido cerrado de un espacio unitario, de esos planos generales de la bahía industrializada, de presencias narrativas que se ajustan a un código de género. Llega al espacio fragmentado, donde la realidad se topa con barreras y el lugar multiplica el sentido. Lok mira la pantalla del ordenador donde Wang solía jugar. Un usuario anónimo le remite un vídeo de Wang. Lok duda si es presente o pasado. Una aparición espectral, el sentido se disuelve en un encuadre fragmentado por dos pantallas. Wang mira a Mindy a través de una pecera y ella le observa, desea esa mirada de “pervertido inocente” como llega a afirmar. Puro Kar-wai, pura doblez de la escena en una acción que abarca lugares y puntos de vista que se entrecruzan. Liberar cualquier forma de pensamiento y diluir el sentido. Imágenes nómadas a la idea de Burch, que gritan por un contraplano que Siew Hua les niega, haciendo crecer el filme hacia lo abierto. Décadrages o desencuadres a través de imágenes que tiemblan, o travellings que se mueven por las montañas de arena.

Una tierra imaginada 2018 Seminci

Una tierra imaginada consigue desbordar cualquier encuadre. El del género, el de sentido, el del relato, el del espacio cerrado. Imagina una imagen en la que la cámara ya no necesita constreñir el espacio exterior hacia el encuadre interior, sino que hace crecer el interior hacia el exterior. No es un fueracampo el que estimula este desborde del encuadre. Es lo encuadrado lo que no deja de apuntar hacia fuera, es la diégesis vulnerada y ese onirismo constante en el que el punto de vista del actante se traslada en elipsis y siempre mira hacia fuera, nunca hacia dentro. Decía Godard que «Todas las imágenes de los encuadres nacen iguales y libres: el film no es más que la historia de su opresión». Yeo Siew Hua libera al encuadre de la opresión, y al igual que sus personajes, en medio de una realidad artificial, imagina una tierra donde la imagen se desborda. El hilo invisible entre los tres personajes es el sueño. Voces en off que emergen caprichosas y mueven el relato donde quieren. Siew Hua las sigue como una suerte de noctámbulo, el resto solo podemos deambular en esa tierra imaginada.

Manu Argüelles, quien a todos reúne aquí y quien a todos escucha, siempre dice con su clarividencia eso de “habitar el film”. Yeow Sie Hua consigue que habitemos cada plano. No puedo ni debo agotar todos los significantes de Una tierra imaginada, obra de un cineasta que captura la experiencia del sueño. “El cine cuando es grande, casi por definición, se rebela contra su propia ilusión de realidad” sentencia Aarón Rodríguez, y podría haber sintetizado estas líneas con su genio habitual. Quien escribe solo tiene capacidad para dejarse llevar, y por eso el filme de Sie Hua es único para quienes aspiramos a habitar en el cine, y rehuimos de ilusiones de realidad. Ya se conoce el palmarés de la SEMINCIUna tierra imaginada recibe el premio de Mejor Fotografía. Era ingenuo esperar más, Locarno ya hizo justicia con Yeow Sie Hua. Por lo menos el Jurado ha sabido ver el prodigio de Gènese (2018) y el talento de Lesage. Del Premio FIPRESCI otorgado por la critica mejor no hablar, solo esperar que en esa búsqueda de la ilusión de la realidad y del sentido no maten al cine y al significante. De momento mejor bailar mientras las llamas iluminan el rostro. Lok y Wang saben mucho de eso. De abandonarse y habitar la imagen en el momento. De mirar hacia fuera y confiar que el sentido no se trague el mar. No hay suficiente arena artificial para sepultar la tierra imaginada.

TRAILER:

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] 26 de octubre. Una tierra imaginada (A land imagined, Yeo Siew Hua, 2018) es el colofón de la SEMINCI aunque no sea la obra que […]

  2. […] es compatible con la política de autor. De este modo puede entenderse la presencia de A Land Imagined (2018), donde Yeo Siew Hua se adentra en el neo-noir para acercar un relato de alienación y […]

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