Unmade Beds

True Colors Por Déborah García

Después de recorrer medio mundo, y tras pasar por prestigiosos festivales de cine, llega al Atlántida Film Fest el segundo largometraje de Alexis Dos Santos. El director traslada su cine desde la nada más absoluta, el desierto de la Patagonia en Glue (íd., 2006), hasta el bullicio de una ciudad como Londres. Ambas películas enmarcan también la trayectoria del director desde que llegara a Europa, recorriendo primero la  escena alternativa de Barcelona y luego Londres, ciudad en la que ha estudiado en el National Film School. Quizá sea pronto (sólo dos películas) para intentar aproximarnos a la idea del cine que tiene Alexis Dos Santos, aun así ambas películas guardan una continuidad estilística y temática que obliga a ponerlas en relación.

En Unmade Beds, Dos Santos sitúa la acción en el Middle East londinense, esa parte de la ciudad donde emergen los grupos musicales más alternativos y los artistas plásticos más vanguardistas. Axl (Fernando Tielve) y Vera (Deborah Françoise) exploran, cada uno por su lado, la ciudad londinense.

Axl convive junto a otros okupas en un edificio que hace las veces de casa y local de ensayo. Pronto inicia la búsqueda de su padre, de esa figura borrosa pero omnipresente que pasará, de ser el monstruo que él imagina que le abandonó, a tomar la forma de un hombre absolutamente normal y corriente. Tanta normalidad es inexplicable para Axl, que siempre había pensado que su padre sería un heroinómano, o cualquier cosa que pudiera explicar el porqué le había dejado. Cuando Axl reflexiona sobre este hecho se desmorona, y la película da paso a una de las escenas más bonitas. Alexis Dos Santos, que abusa de los primeros planos muy cerrados, acompaña con la cámara a Axl en un espacio que se va abriendo poco a poco mientras camina por una especie de parque donde el verde de la hierba y la humedad del paisaje encuadran a la perfección el estado anímico del protagonista. La música empieza a sonar y él, en un gesto típico de los personajes del director argentino, se pone los auriculares para concentrarse en su interior, en todo su dolor. La cámara, que hasta ahora había sido cómplice, lo abandona cuando empieza a correr, y entonces el plano se abre definitivamente a la luz del sol que deslumbra al espectador. Los colores se saturan, como Axl en la escena siguiente sobre una máquina de baile, moviendo sus pies frenéticamente, saltando, intentando sudar y vaciarse de tanto desconcierto. Ha venido buscándose, y no ha descubierto absolutamente nada.

En el mismo edificio vive Vera, una joven belga que acaba de romper con su novio y trabaja en una librería. Una noche tras el trabajo conoce a un chico del que se enamora, pero del que se niega a saber nada. Esta vez quiere una relación donde lo importante sean las personas y no los datos, los nombres, ni los teléfonos. Sólo ella y el chico con rayos X en los ojos. Quedan, se encuentran, y se pierden para volverse a encontrar. Igual que en el caso de Axl, los colores de vestuario de Vera y localizaciones enfatizan el tono melancólico que caracteriza a su historia. También como en el caso de Axl, la cámara la acompaña muy de cerca. Sólo cuando el chico con rayos X en los ojos le pregunta a Vera que le apetece hacer, y ella le contesta algo que no haya hecho nunca, es cuando el propio director renuncia al plano corto y se decide a filmar a sus personajes en el paisaje abierto. Dos Santos abandona esa geografía del cuerpo en la que se siente tan cómodo y se atreve a filmar a sus personajes desde la distancia. Se intercalan las voces en off, los sonidos surgidos del mar, los graznidos de las gaviotas usados a destiempo, la cámara lenta. Los colores son tan opacos durante estos momentos, sobre todo la línea del horizonte, que los personajes parecen estar sobre un croma. Es una escena preciosa que parece irreal.

El cine de Alexis dos Santos enfatiza el lugar geográfico que su personaje ocupa en el mundo, a él está unido de una manera orgánica. Sus personajes son extranjeros en el país en el que viven, o son descendientes de extranjeros. Cuando Lucas, personaje principal de Glue, empezó a componer canciones para su nueva banda la primera letra decía: “rusos y rusas se sacan la ropa”. Más tarde, explica a sus amigos que es una referencia al pasado de sus abuelos, que habían emigrado desde Rusia. La búsqueda de identidad se traslada ahora desde el desierto polvoriento hasta las noches desmesuradas de Londres. Axl es español, y comienza la película diciendo que ha viajado mucho con su madre desde que su padre los abandonará. Hay un momento en la película en que Axl se define a sí mismo en términos  geográficos: “Soy medio inglés, porque mi padre es inglés”, y es esa mitad que representa su padre lo que ha venido buscando. La pertenencia a un lugar, los lazos, son fundamentales, y pese a esa característica tan concreta, los personajes están caracterizados por una especie de nostalgia errante, de orfandad.

Al comienzo de Glue, Lucas dice: “Uno puede ser huérfano aunque tenga padres, porque si no coincidís en nada de alguna manera estás solo”. La aparente falta de parentesco que manifiesta Lucas, que parece estar más unido al desierto que a su casa, tiene continuidad en el personaje de Axl, un Lucas más maduro y  mucho más pausado. Esto puede observarse en el uso de los colores, si Lucas estaba casi siempre encuadrado sobre colores cálidos, en Axl el color verde será el dominante. Dos Santos contextualiza a sus personajes prestando especial atención a la variedad cromática. No es sólo un elemento expresivo del estado de ánimo de sus personajes, también ayuda a recrear las atmósferas alternativas en las que se mueven. En el caso de Vera, que acaba de sufrir un desengaño amoroso, los colores que abundan son siempre tonos pastel, de los marrones se pasa a los verdes.

Otro de los puntos clave en la película es la banda sonora a cargo de los grupos más modernos de la escena londinense, desde los renombrados Tindersticks a los alternativos Mary and The Boy, We Are Perfomance, o los psicodélicos Connan Mockansins, que junto a otros aparecen durante el film actuando. El director ha invitado incluso a la musa del anti-folk Kimya Dawson, de la que ha reconocido ser fan. Alexis Dos Santos hace de Unmade Beds algo que ya había propuesto en Glue, la adolescencia no sólo como centro de su cine, sino como estilo. Un estilo caracterizado por el corte violento, las elipsis temporales y la imagen discontinua; pero también por una sensibilidad extrema en la manera de mostrar los cuerpos enredados, la sexualidad fluida sin etiquetas, los roces, el paso de las manos por las barandillas, los objetos que van cambiando de dueño y los encuentros inesperados.

Unmade Beds

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] El de Christoffer Boe con Everything will be fine (2010) o el de Alexis dos Santos con Unmade Beds (2009). Y el cine español demuestra que viene con empuje y con ganas de dar guerra, como […]

  2. [...] El de Christoffer Boe con Everything will be fine (2010) o el de Alexis dos Santos con Unmade Beds (2009). Y el cine español demuestra que viene con empuje y con ganas de dar guerra, como [...]

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