Adiós al lenguaje

Re-deconstrucción de Godard Por Paula López Montero

Aquellos que carecen de imaginación se refugian en la realidad. Falta saber si no pensar contamina el pensamientoJean Luc Godard

La más filosófica, la mas sorprendente y arriesgada de las propuestas del gran Godard. Es realmente increíble como el cineasta francés es capaz de dar un paso por delante de la sociedad, de los grandes pensadores, y convertirse en quizá uno de los mayores artistas (y lo englobo dentro del concepto arte) parteros de la gran cultura. Al final de la escapada (À bout de souffle, 1960), Masculino Femenino (Masculin, féminin: 15 faits précis, 1966), Pierrot el Loco (Pierrot le fou, 1965), ninguna indiferente, pero, y podréis llamarlo una ida de olla en toda regla, Adiós al lenguaje es para mí su mejor obra en el cenit de su carrera cinematográfica. Sin ninguna pretensión, algunos de los grados ofertados hoy en día en las universidades deberían empezar a tener a parte de bibliografía, una filmografía, en la que en carreras como Filosofía, Adiós al lenguaje encabezase la lista.

Y es tremendamente complicada, sobre todo porque el acceso a la representación aquí está cortado, casi como el cine-navaja de Buñuel con su perro andaluz (Un perro andaluz, Un chien andalou, 1929), y porque el lenguaje se despide con la mano larga de todo modelo institucional de discurso, de toda estructura, de toda metáfora, de todo entramado y leyes clásicas que tratan de parametrar una realidad que siempre debió de ser así: libre. Y por supuesto, detrás de todo ese no-discurso, despertador de conciencia para los más cinéfilos o los más filósofos, se encuentran un montón de referencias propias del pensamiento postestructuralista: acaso Derrida, Althusser, Foucault con sus Palabras y las cosas.

Adiós al lenguaje

Y es cierto que esa reflexión, en la que se inscribe éste film viene de la mano de un camino que se abrió ya hace varios décadas con El fin del arte y pintores, pensadores, artistas, creadores que se empezaban a preguntar que era aquello de la cultura y el arte. Me recordó a Ceci n’est pas un pipe de Magritte, aquello no era una pipa, aquella pipa no era una pipa, si no un cuadro, una imagen, metáfora (acompañado por supuesto de la mejor de las representaciones: el lenguaje) de lo que en la realidad era una pipa. Y no es un trabalenguas. Espejo contra espejo, empezamos a enroscarnos en los destellos de la ficción para poder entender lo que era la realidad. Interesante camino si no nos hubiésemos creído que aquello de la ficción era en sí la realidad misma (ejemplo claro es toda la doctrina que se levantó a través de un libro: La Biblia, palabra de Dios. Palabra.). Cuan ignorantes, advertidos ya por el genio, el Filósofo, Aristóteles en Poética: el arte es mímesis de la realidad. No la realidad misma.

El título propuesto para éste pequeño acercamiento, Re-deconstrucción, lo propongo por el hecho de que yo aquí a través del lenguaje trato de recomponer lo que Godard ha tratado de deconstruir. Me mataría. Pero bueno, como humilde pensadora aquí no puedo si no expresaros con palabras el gran logro del gran Godard. Y en el fondo somos animales comunicativos en potencia, ya ni políticos (Aristóteles). Sólo nos importa contar y contar y que se nos entienda.

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Con reflexiones como: Hitler no inventó nada; La ley sólo legitima la violencia; La filosofías es un ser distinto de sí mismo; Ninguna persona puede pensar libremente si su mirada está fija puesta en la mirada fija del otro; se nos adentra en toda una reflexión sobre la construcción de la realidad contemporánea, a través de estructuras como la ley, la ética, los mass-media, el lenguaje, etc. Construcción que pasa inadvertida en la sociedad posmoderna, y en vez de adentrarnos en una estructura que sirve de soporte para poder contar, trasmitir, regular, controlar, nos quedamos en los tabiques de unos cimientos que construyeron nuestros antepasados hará ya más de dos mil años. Y es un hecho, la sociedad posmoderna es una sociedad que vive en la superficie.

La idea de que Hitler no inventó nada puede sonar sorprendente, inquietante, arriesgada y excéntrica, pero meditando sobre ello, es cierto que Hitler y el nazismo es la consecución de un modelo social que seguro tenía que acabar en exterminio, antisemitismo, y Guerra. No es excusa, siempre hay otro camino. Detrás de esa frase, Godard se acerca al pensamiento de Derrida (por cierto, los dos con una filosofía muy parecida: la deconstrucción). Para el filósofo el significado es inestable y dice que estamos hablando de acto de violencia porque sólo a través de la fuerza podemos mantener posiciones binarias (yo/otro, mujer/hombre), acaso el nazismo necesitaba de los judíos para autoafirmar su identidad. En cuanto a que la Ley sólo legitima la violencia, también viene de la mano de Derrida, pero me menciono aquí a Althusser con sus “Aparatos Ideológicos del Estado” mediante los cuales se reprime a la población para mantener la ley.

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Godard apuesta por el fin del lenguaje, por desentramar la mayor de las estructuras soporte de la representación, y para ello lo hace con un film-ensayo que hace de las leyes del cine un vertedero en el que mofarse. Para ello utiliza planos aberrantes, cortes de la continuidad, sobresaturación de los planos, una no-narrativa, una banda sonora esquizofrénica, cambiante, cortante que no conduce si no que frena el discurso. Quizá lo mejor, a parte de las reflexiones que propone sea el ser capaz de guiar la narración a través de la deconstrucción con tres capítulos muy sugerentes: 1. La nature, 2. La métaphore y 3. Mémorie historique, malheur historique 3D. Tres capítulos que para mi gusto vienen en progresión sobre la construcción de la realidad: la naturaleza es la base de nuestra existencia; la metáfora como invento del hombre, sistema de signos propios del lenguaje en los que se empieza a perder la realidad; y ni que decir de la Memoria histórica 3D, se supera. El 3D como superestructura creada por el hombre, que va más allá de la realidad misma, como la memoria histórica. Mírate en el espejo, hay tanto de ellos. Un hecho no traduce lo que hemos hecho, si no lo que no hemos hecho.

Y por supuesto, la guinda del pastel viene de la reflexión de la mano del perro, de los animales. No son los animales los que están ciegos, es el hombre que cegado por la conciencia es incapaz de ver el mundo. Lo que está fuera escribió Rilke, puede ser conocido solo por la mirada del animal. ¿Acaso Godard no nos propone los límites del pensamiento humano como hizo ya Kant? Y nos creemos dioses, o sombras de los mismos, seres supremos, cuando en realidad nuestra condena es el no poder salir de nuestra conciencia, de nuestro yo, de los límites del cuerpo. Al menos el animal puede mirar fuera de sí, porque no se percibe como sujeto. El ego del hombre es su condena. Intentando encontrarse entre las máscaras, en una ficción que siempre nos devuelve al mismo punto: la realidad. También se menciona en varios momentos a Frankenstein, (por cierto también referido en El espíritu de la colmena (Victor Erice, 1973), a la que en cierta medida me parece que se acerca). El monstruo de Frankenstein como ser creado de pedazos de otros, con una naturaleza predeterminada. ¿Acaso en la sociedad posmoderna no somos todos un poco el monstruo de Frankenstein, perdidos entre los vericuetos de la superficialidad, de una leyes que hicieron para nosotros, de ciudades, utensilios, tecnologías y todo un entramado de pequeñas armas que ni sabemos cómo funcionan, ni por qué están ahí pero forman parte de nosotros?

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Muchas son las pequeñas reflexiones que propone Adiós al lenguaje, preguntarnos por quienes somos, qué es el hombre o qué es la Guerra, jugar con la violencia, con la ficción, con las no-narrativas, el ensayo para atreverse a proponer algo que debimos darnos cuenta ya hace tiempo: las leyes nos encierran. Y el lenguaje, más que ninguna otra.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] y el negro, el cine mudo, el documental o la experimentación. Godard nos regalaba el año pasado Adiós al lenguaje (Adieu au langage, 2014) en esa misma […]

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