Alps

Vida y muerte: distopía de lo cotidiano Por Arantxa Acosta

"¿De qué sirve la venganza, si ya nadie me puede devolver a mi hijo?"Marlon Brando, El padrino ( Francis Ford Coppola, 1972)

Yorgos Lanthimos lo ha vuelto a conseguir. Si en Canino  (Kynodontas, 2009) nos horrorizaba con la idea de que un padre alienase a sus hijos para que no sufrieran en el mundo violento y descarnado de hoy en día, en Alps la situación que nos expone es totalmente la opuesta: personas que desean escapar de su vida, haciendo lo que haga falta para no estar atrapado en su propia piel, y recordar que su existencia no tiene ningún sentido.

“Las montañas de los Alpes son irrempazables, pero los Alpes pueden reemplazar cualquier montaña”. Esta es la imagen que tiene Mont Blanc, el líder del grupo Alps, para definir su empresa. El trabajo es simple: vamos a ayudar a las familias a superar la pérdida de sus maridos, padres, novias… sustituyéndolos por un tiempo, durante unas horas a la semana, reproduciendo diálogos, escenas que compartieron juntos, hasta que puedan superar que ya no están ahí. La idea es simple, tanto como los diálogos y la puesta en escena. Pero el mensaje de Lanthimos es mucho más profundo.

Porque el autor nos quiere hacer reflexionar no sólo sobre la vida y la muerte, sobre la soledad y la desesperación o sobre la jerarquía social, sino también sobre el miedo al rechazo, sobre la imposibilidad de adaptarse a la vida y a sus inesperados giros. Y sobre el papel de la mujer, sobre la envidia, sobre el cómo poder avanzar en tu vida… ¿Cómo puede conseguir Lanthimos transmitir todo esto hablando de música pop, de Brad Pitt o de las lámparas de techo?

Pues lo hace, y con éxito, utilizando la repetición de conceptos hasta el final del metraje. De hecho, la película empieza y acaba con la misma escena, pero con mínimos cambios. Sustituye el color azul oscuro por rosa pálido; la música clásica por la pop… y sólo con eso sabemos que podemos adaptar el mensaje, que podemos evolucionar dentro de nuestra miseria… aunque no consigamos salir de ella.

Pensemos en Alps (y, por supuesto, en Canino), como en una distopía, una realidad alternativa a la nuestra. Si bien en Canino el golpe emocional puede parecernos mucho más fuerte, no nos engañemos, lo es igual, e incluso más, en Alps, ya que en la primera podemos reírnos del extremismo de la propuesta, pero no en la segunda, no hay excusa.

El planteamiento de Alps es mucho más cercano, por lo que su mensaje es mucho más violento.

Y es que es casi imposible que un padre encierre a sus hijos, pero es muy posible que nosotros mismos queramos revivir momentos felices de nuestras vidas. El director lo expresa muy bien con el personaje del entrenador, que echa de menos a su peluquero muerto. “Fui al día siguiente de su muerte a la peluquería y no estaba”, dice. Como si esperase que alguien estuviese haciendo el mismo trabajo que él mismo realiza para evitar olvidar a su amigo.

La puesta en escena es simple, pero efectiva. Colores neutros, encuadres asépticos. La enfermera está siempre en el centro de cualquier imagen, recordándonos que es ella la más importante de toda la historia, la que va a relevarse. Pero, cuidado, no nos dejemos engañar: aunque lo parezca, esa revelación no es contra el sistema, contra el manipulador de Mont Blanc (curioso cómo pinta siempre Lanthimos al hombre en sus películas: egocéntrico, imponiendo su status frente al de las mujeres, a las que tortura en mayor o menor medida). Lo es contra ella misma, ya que es incapaz de vivir a tiempo parcial la vida de otros. Necesita que la mentira se apodere de su verdad al cien por cien. Necesita “saber” que ella, no es ella. Se siente vacía, perdida. Sabe que su propio padre ya no la necesita como antes, al haber encontrado a la tercera edad a un nuevo amor. Le duele tanto ser desplazada que incluso se pelea, en su desesperación, con la novia de su padre.

El resto de “impostores” completan la absurdidad de la vida de la enfermera, haciéndola recordar, en sus inusuales reuniones en el gimnasio, que su mundo es ficticio. Los otros cuatro realizan este trabajo por distintas razones, pero son conscientes de que es temporal. El caso de la gimnasta es clave: incapaz de ser rechazada por su entrenador, por su jefe, pero incapaz también de repetir una frase clave para uno de sus clientes, acción que le cuesta no sólo el no cobrar ese mes sino también el castigo físico y psicológico por parte de sus jefes (hombres, por cierto). En contraposición, la enfermera vive por su trabajo. Echarla del grupo es lo que hace que explote su ira, fruto de la desesperación, y que corra a su mundo ficticio para intentar refugiarse.

Si comparamos el papel de la misma actriz en Canino, vemos que su también rebeldía era la contraria: escapar de la prisión impuesta por su padre para conocer la realidad. Ahora Lanthimos juega al revés: escaparse de la realidad para permanecer en la prisión de unas vidas que ya no podrán, nunca más, tener diálogos propios. Encontrar la felicidad en la repetición (“dame agua por favor”, “no pensaba que podría ganarle”, “mamá, papá, habéis llegado pronto”, “sigue, me siento en el cielo”…), y meterse en el papel haciendo cada vez más cosas relacionadas con la vida del difunto, incluso llegando a tener sexo “real” con uno de sus clientes. Repetir una y otra vez escenas del pasado, en las que se sabe no van a cambiar los acontecimientos. Repetir para estabilizarse, para no sufrir. Repetir como forma avance en la vida. De una forma más o menos tangencial se nos antoja la comparativa con el atormentado personaje de Shame (Steve McQueen, 2011), cuya rutina le hace sentirse feliz, aunque atrapado en un mundo del que no puede salir.

Así, el autor conforma un film que puede recordar un teatro, en el que los actores ensayan y reproducen una y otra vez diálogos muchas veces bizarros, por lo absurdo del momento en el que se están produciendo, pero totalmente eficaces dentro del contexto. Alps es un compendio de escenas en las que los actores (reales y ficticios) deben disfrazarse para parecer otras personas (no se nos escapa que la ropa de la enfermera es siempre la misma… su vida se ha convertido en un papel tal que incluso nos hace pensar si su padre es, realmente, su padre). Primero, observamos ese teatro desde la distancia, como los espectadores que somos de una realidad inusual, que no estamos comprendiendo. Más tarde, inconscientemente, nos vemos envueltos en esa repetición, que nos atrapa. Finalmente, sufrimos junto a la enfermera su propio y desesperado destino, en contraposición al de la gimnasta.

Si hay que sacarle algún “pero” a Alps es que es menos sorprendente que su predecesora, al utilizar la misma realización para explicar una nueva distopía. No obstante, por los motivos expuestos, es imposible pensar que hubiese otra forma de adentrarnos en el particular mundo y planteamientos de un director que consigue sacudirnos desde la más absoluta simpleza. Yorgos Lanthimos lo ha vuelto a conseguir.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. JOSE dice:

    Estoy de acuerdo totalmente Arantxa. Me pareció una película exquisita, con una complejidad en la forma y en el fondo, pese a que aparentemente no lo parezca, que abruma. Conseguir que la historia funcione, el sentimiento de desasosiego, la angústia e incluso el miedo que transmite con tan pocos diálogos, con tanta asepsia y sencillez formal es para quitarse el sombrero ante este señor.
    Aprovecho para reivindicar la película y para comentar algo que siempre me ha parecido absurdo, y es que no se puede juzgar algo por comparación, y menos cuando en este proceso influye la subjetividad. Me refiero a las críticas negativas que está recibiendo en algunos sectores la película cuyo argumento principal es el de no es tan original como Canino, no es tan como… “no es tan como…” no es un argumento para valorar el film en cuestión señores y señoras, no es un argumento para criticar, juzgar, valorar…nada. Me gustaría que esas personas desarrollaran los elementos de su valoración más allá, Una pena porque tengo la sensación que han leído por ahí que Alps “no es tan buena como…” Canino, en este caso, y que por ello pierde su valor, y se han limitado a reproducirlo como ocurre en demasiadas ocasiones, bueno esto también funciona en el caso inverso que conste. Señores vean la película sin compararla por lo que es en si misma.

    1. La verdad es que no sabría decirte si salí más fascinada del cine con Canino o con Alps. Es una maravilla cuando encuentras estas joyas que dicen tanto aunque no lo parezca (o no quiera verse). Las dos deberían ser de obligado visionado, como mínimo, en clase de Filosofía de BUP (o equivalente, vamos)!

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  4. [...] Alps  destacada por Samuel Sebastian y por Christian G. Carlos [...]

  5. ANA dice:

    Interesante crítica Arantxa. Me está sorprendiendo mucho este director, me recuerda su manera de exponer los problemas humanos al Haneke de Caché, soy completamente subjetiva, pero disfruto con este tipo de cine, al menos no me deja indiferente que realmente es lo que busco cuando veo cine.

  6. […] Eso sí, aquí con toques de comedia absurda, con un formato que nos puede recordar mucho al de Alps (Giorgios Lanthimos, 2011), en la que la imposición (que, repetimos, puede simbolizar la duda, la […]

  7. JOSSI dice:

    MUY MALA….. muy buen concepto, falta de realización, ritmo, sentido estético y narrativo e interpretativo. Es interesante ver a los pseudointelectuales buscando donde no hay.

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