Cumbres Borrascosas

Pasión sobria: un drama aséptico Por Arantxa Acosta

"¡Que despierte entre tormentos!- gritó con terrible vehemencia, dando con el pie en el suelo y vociferando en un súbito acceso de indomable pasión-. Pues yo voy a rezar una plegaria y a repetirla hasta que la lengua se me seque: ¡Catherine Earnshaw, ojalá no encuentres descanso mientras yo siga con vida!"
Heathcliff en Cumbres Borrascosas (Emily Brönte, 1847)

Oír pronunciar esta frase de la novela de Emily Brönte es lo más alejado que encontraremos en la última adaptación para la gran pantalla llevada a cabo por Andrea Arnold. En un ejercicio íntimo e intimista, la directora ha preferido despojar el guión de cualquier elemento adicional e innecesario que distorsione la verdadera esencia de la novela: el amor, febril, instintivo y destructor, existente entre dos personas. Un amor contenido hacia los demás, pero que crece irrefrenable en sus corazones.

La autora prescinde de venganzas que se alarguen generación tras generación, centrándose exclusivamente en los primeros años de vida en común de Heathcliff y Catherine: la infancia que pasaron juntos, y su reencuentro tras el exilio voluntario de un Heathcliff que vuelve con la necesidad de volver a ver a su amada para luego, si es necesario, suicidarse. Una profunda alteración del texto original que sin embargo es cierto no cambia en absoluto el mensaje primario de Brönte, por lo que Arnold sale victoriosa aislando esa pasión, y plasmándola en imágenes que hablen por sí mismas.

Porque si en algo se diferencia esta nueva adaptación es en demostrar que a esta historia le sobran las palabras: sin música adicional, con poco más que el ruido del viento moviendo salvajemente las ramas de los árboles; con cámara en mano, siguiendo a los protagonistas (aunque básicamente la directora ha querido ponernos en la piel de Heathcliff quizá, como ella misma indica, porque es el personaje con el que todos podemos sentirnos identificados); con primerísimos planos de lo que ellos ven, y sienten – sentimos – al verlo (el pelo alborotado de ella, una mirada furtiva de él)… todos estos son elementos clave para que nos adentremos en el mundo personal de los dos niños protagonistas. Si le añadimos una puesta en escena muy realista (es cierto, no hay que engañarse: en la época de la novela, todo, absolutamente todo, estaba lleno de barro y suciedad; y sí, Catherine muere antes de cumplir los veinte), el uso de imágenes perturbadoras pero esenciales repartidas durante todo el metraje que nos recuerdan, constantemente, la naturaleza de este amor (no en vano durante o tras cada escena clave animales muertos aparecen en pantalla, sugiriéndonos que ellos mismos aman y sufren tan cruelmente como ellos. Un recurso utilizado de forma similar en su anterior film, Fish Tank, con la relación entre la adolescente y la yegua moribunda, atada sin poder escapar de su destino), e incluso el formato seleccionado de proyección (un 4:3 que hace que nos concentremos en las imágenes centrales, sin perdernos en lo que pueda ocurrir a los lade la pantalla), hacen que esta adaptación de Cumbres Borrascosas no deje a nadie indiferente.

Pero la directora va más allá.

Muy lejos del Cumbres Borrascosas protagonizado por Ralph Fiennes y Juliette Binoche (Peter Kominsky, 1992), última adaptación para la gran pantalla que se centra en el uso fidedigno del texto de la novela, Arnold se permite hablar por boca de Brönte, poniendo de manifiesto no sólo sus propias palabras sino también posiblemente alguno de sus deseos, filmando elementos que muchas otras adaptaciones (por los tiempos en los que fueron rodadas, aunque con más seguridad por la crudeza de los temas) no llegaron a mostrar en la gran pantalla.

Hablamos, por ejemplo, de definir a Heathcliff como una persona de color, un descendiente de esclavos.

Este atributo del personaje, que no se recoge en la novela original, brinda a Arnold la posibilidad de introducir de forma visible y mucho más rápidamente el concepto de que se trata de un niño repudiado y odiado a partes iguales. Y con esto abre también la posibilidad a la duda de si el carácter y comportamiento de Heathcliff, un ser vengativo y salvaje hasta la médula (que no es, repetimos, en lo que se centra la historia de la película), se forjó incluso antes de ser humillado por la familia Earnshaw.

 Adicionalmente, encontramos la polémica escena en la que Heathcliff, trastornado por la pérdida de su amada, es capaz de hacer el amor con su cadáver. ¿Necesario ser tan explícito? Quizá sí, si nos hubiésemos metido tanto en el papel del protagonista como era la intención de la directora. El problema, y llegamos a los “peros” de la adaptación, es que no lo ha conseguido.

El efecto de la cámara en mano, de los silencios, de los primeros planos… capta indudablemente la atención durante, como mínimo, la primera hora de metraje. No obstante, el uso repetitivo de estos recursos consigue, finalmente, que pierdan toda su efectividad, haciendo que pasemos de estar completamente embebidos en la historia, viéndonos a nosotros mismos inmersos en esos parajes  (esas cumbres borrascosas que pueden ser tan hermosas como terroríficas) y oyendo el silbido del viento a la vez que sentimos el amor adolescente, atropellado y violento como si fuese propio, a que nos sintamos expulsados poco a poco, reduciéndonos a ser meros observadores que no queremos, ni odiamos. Dejamos de sentir lo que estamos viendo, convirtiendo así la preciosa (y dramática) historia de Catherine y Heathcliff en una sucesión de fotogramas que no atrapan, ni en los momentos más intentos (la muerte de la chica debería ser uno de ellos). Por tanto, hacia el final de esta versión, tras más de dos horas, no nos creemos a un Heathcliff que se da golpes en la cabeza, lloriqueando y pseudo-amenazando con vengarse. Primero, porque no es la imagen que se nos ha hecho crearnos al inicio de su persona y sentimientos y, segundo, porque nos hemos acostumbrado a un ser silencioso, que transmite más con la mirada que con sus palabras. Realmente, y aunque parezca mentira, alguna escena se hubiese visto mejor resuelta con más silencios, siguiendo la tónica general del film.

El segundo “pero” es el gran recorte de personajes. Como decíamos al inicio, la versión de Arnold es legítima, pero a los amantes de la novela nos deja, irremediablemente, mal sabor de boca. Porque echamos de menos a la Catherine tonta y despreocupada y al Heathcliff malhumorado, inteligente y desafiante. Porque nos gusta ver el proceso de autodestrucción del protagonista de la novela, cuyos actos sabemos van a hundirle más y más en una miseria de la que no quiere salir. Y porque nos gusta, quizá, saber que finalmente sus almas se encuentras en el más allá. “!No puedo vivir sin mi vida, no puedo vivir sin mi alma!”, se dicen… y a nosotros nos estremecen.

En definitiva, la apuesta de Arnold es arriesgada y, si bien no convence al cien por cien, se trata de un ejercicio interesante de adaptación libre de novelas para llevarlas a la gran pantalla. Los devoradores del clásico drama no verán colmadas sus expectativas de sentir esa pasión desgarradora que tantas veces hemos podido disfrutar leyendo la novela o visionando versiones más antiguas pero, sin embargo, esta nueva versión nos hace ver el lado más humano de la historia de amor. Un lado que, con los años, sin duda muchos hemos llegado a perder de vista.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] el estreno en España de Cumbres borrascosas (Wuthering Heights, 2011), tras su paso por Venecia y por la Seminci, para hablar de Fish Tank,  […]

  2. felicitas dice:

    Una hija de remil putas la “directora” que tortura animales ahorcándolos no se como no interviene una sociedad protectora, sadismo total

  3. SOFIA dice:

    Acabo de ver este adaptación de la novela de Cumbres borrascosas y realmente me parece muy mala la película en Sí ya que evita lo más hermoso que tiene este libro Qué son los diálogos aparte lo peor de todo es el Mostrar todo el tiempo cómo torturan y matan animales tratando de representar en ese sufrimiento del pobre animal lo que sufren los protagonistas lo cual se puede lograr de otra manera realmente para hacerle una denuncia esta mujer por maltrato de animales durante un rodaje de una película los cuales son muy frecuentes. Un desastre.

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