Diamond Flash

Héroes caídos. Villanos redimidos. Víctimas confusas Por Arantxa Acosta

“Driver: Is he a bad guy?
Benicio: Yeah.
Driver: How can you tell?
Benicio: Because he is a shark.
Driver: There's no good sharks?”Drive (Nicholas Winding Refn, 2011)

Obra maestra o gran engañabobos. No hay opinión que implique un término medio para la opera prima de Carlos Vermut. Y es que, por mucho que Nacho Vilagondo la tildase de excepcional, no son pocos los “peros” que podemos sacarle a la por otro lado arriesgada aventura personal en la que Carlos Vermut se adentra para salir victorioso. ¿Mensaje contradictorio? Probablemente.

Víctimas y verdugos. Héroes canallas. Mujeres torturadoras. Abusos. Maltratos. Recuerdos de una niñez perdida. Violencia. Poderes extraterrestres. Diálogos absurdos. Vidas que avanzan como los capítulos de una novela negra. Intereses inconexos. Raptos. Destellos de diamante. Superhéroes encapuchados. Camas de hospital. La misteriosa voz de un niño ángel. Recuperar la ilusión perdida. Sueños con muertos que hablan. Un cómic casi sin bocadillos. Y silencio. Y quietud. Y un final que nos abre, como mínimo, un par de interpretaciones.

Esto, y más, es Diamond Flash.

Quizá hasta los tres últimos elementos, todo lector estaba pensando, con razón, que se estaba describiendo una de Tarantino. Y, en concreto, un mix entre Pulp Fiction (1994) y Kill Bill (2003-2004) – dejando a un lado el tema extraterrestre… aunque puede sustituirse por vampiros, y ya tenemos también la vena fantástica del director americano. Pues este es sin duda el mayor mal del que adolece Diamond Flash: pierde mucha de su originalidad (que la tiene, y a mansalva, y más comparándola con sus coetáneas del actual panorama español) por no ser el primero en demostrar que un amalgama de múltiples géneros es posible, e interesante, si está bien rodado.

No obstante, muchos defenderán la película de Vermut. Y no es para menos. ¿Otra contradicción? No, qué va. Si algo hay que admirar y loar a Vermut es que ha hecho la película que él quería rodar, aunque sea porque la ha realizado sin ayudas para su financiación. Los múltiples planos medios fijos que tanto inquietan, incluso – peor – al oír que la acción sucede fuera del encuadre, son tan geniales al poder ser comparados con las viñetas de un cómic como realistas por no tener más medios a la hora de filmar plano-contraplano.

Si algo rezuma cada imagen de Diamond Flash es el amor al cine y al cómic de una persona que le ha dedicado horas y horas a su afición-trabajo.

También encontramos la rebeldía de alguien que está cansado de argumentos convencionales, y al que le gusta tratar al espectador como le gustaría le tratasen a él mismo: sí, somos algo inteligentes. Podemos comprender qué está pasando sin que el montaje sea evidente. Sin que nos tengan que explicar el final.

El problema es que sin encontrarnos ante una copia, se dan tantas similitudes con la obra de Tarantino (otro reconocido cinéfilo y lector de cómics) que somos incapaces de quitárnosla de la cabeza a medida que avanza el metraje y nos adentramos en la verdadera historia que nos quiere contar Vermut. Ejemplos, varios, y sin destripar la trama: tenemos al héroe (superhéroe) que se esconde entre la multitud, y que por muy buena persona que sea no puede dejar de ser humano, en el sentido de que necesita descargar su ira de una forma u otra. Contra los “malos”, o contra su novia… Primer paralelismo: el Butch de Pulp Fiction; que la violencia no entiende de géneros, y que podemos ser tan malas personas hombres como mujeres… hombre, Kill Bill y sus chicas (Elle Driver, O-Ren ishii o la propia Novia) son claros referentes, aunque por el argumento principal del film el personaje que realmente ha inspirado al director es la Vampira de Barcelona, Enriqueta Martí, de la que incluso toma el nombre para bautizar a su malvada secuestradora. Y, por último, que nuestra protagonista se libre de ser torturada por tirarse un pedo. Escatología aparte… parece tan inverosímil como matar a un trastornado sodomita con una katana, pudiendo utilizar cualquier otra arma (a todas luces mucho más eficaz).

Y, pese a todo, son destacables algunos detalles, pequeñas salpicaduras o destellos de diamante a lo largo del film: “un héroe no mata”, dice al inicio de la película la resignada niña que intenta evadirse de la realidad de su casa, viviendo con un padre maltratador, al leer un cómic sobre unos extraterrestres que raptan a un hombre para transformarle en cyborg. Esta es sin duda una de las mejores escenas de la película, en la que encontramos fácilmente varios de los géneros (suspense, ciencia ficción, drama social) y técnicas (largos planos fijos, encuadres que dejan fuera de plano lo que realmente nos interesa ver, porque es donde ocurre la acción) con los que después va a jugar Vermut. Luego veremos, como hilo conductor de las varias porciones de vida que nos presenta el director (algunas más relevantes que otras para la supuesta trama principal, si es que existe una como tal – la película, como la vida, está llena de momentos intrascendentes… grande la escena sobre el sueño sobre Rocío Durcal, por ejemplo), cómo esta niña ha crecido y se ha rodeado de gente que le recuerda a su infancia, como su actual novio, y cómo consigue salir de una relación destructiva (¿pasándolo realmente mal o dejando volar su imaginación?). Pero sobre todo el hecho de que la figura del superhéroe esté presente durante todo el metraje, pero que físicamente sólo le veamos en dos escenas concretas, de un total de unos cinco minutos en una película de más de dos horas de duración. Y es que lo importante, en Diamond Flash y en la vida en general, no es el superhéroe, sino las personas que le rodean y le hacen crecer como tal. Ahí está el verdadero mensaje de Vermut. De hecho, y siguiendo con este concepto, nunca veremos la cara del villano, la mente que maquina los secuestros de los niños.

Con todo esto, es una película que se amará y se odiará por partes iguales. Incluso para un mismo espectador. Técnicamente austera, aunque resulte ser un gran acierto para la evolución de la simple complejidad que la trama de la película necesita. Interpretaciones justitas, y alguna muy pobre, aunque suficientemente a la altura considerando la falta de presupuesto del director. A destacar el trabajo de Eva Llorach, encarnando a una madre desesperada dentro de su incapacidad por demostrar sus sentimientos (debido a traumas del pasado) al darse cuenta de que no tiene fotos recientes de su hija, imprescindibles a la hora de encontrarla tras su secuestro.

Y en cuanto al manejo del tiempo, no puedo dejar de escribir sin hacer referencia a cómo Vermut nos hace pensar con su magnífica escena introductoria que no estamos en el momento actual, sino que se trata de una situación o recuerdo del pasado: “coge el dinero y baja a comprar la Super-Pop”, dice la madre a la hija. Brillante.

Diamond Flash no es una película convencional, y menos, como decíamos al inicio, dentro del panorama español. Aunque sea sólo por esto, hay que darle una oportunidad. Carlos Vermut, consciente o no, merecido o no, ha realizado una película de culto. Que cada uno juzgue, pero lo que sí es cierto es que, con toda seguridad, el segundo largometraje de Carlos Vermut acabará decantando masivamente a la audiencia.

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] a la confusión y al cuestionamiento de sus fronteras, en una línea similar, aunque inversa, al Diamond Flash (2011) de Carlos […]

  2. […] sobre la situación actual del cine de género en España. Para él, tanto el film citado como Diamond Flash, acaban resultando muestras más fiables y representativas a la hora de tasar un diagnóstico que […]

  3. […] Lacuesta, a propósito de Diamond Flash (Carlos Vermut, 2011), comentaba que los entusiastas tienen mala prensa. Tiene razón. El […]

  4. […] subterránea de la película (se vio en Filmin’ pero entonces no tenía la presencia de ahora), Diamond Flash tuvo su parcela de reconocimiento. De hecho, tuvo su apogeo en twitter, donde la sobreexposición a […]

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