Holmes & Watson (Madrid days)

Los viajes le cambian a uno un poco, ¿verdad doctor? Por Fernando Solla

“…Pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes es una de las buenas costumbres que nos quedan…”Fragmento del poema Sherlock Holmes, incluido en la antología Los conjurados (Jorge Luis Borges, 1985)

José Luis Garci: de profesión, cronista cinematográfico. Cinéfilo empedernido donde los haya, recordamos con cierta nostalgia esa figura de presentador (y director) del programa televisivo ¡Qué grande es el cine!, que durante más de diez años nos ofreció una ventana cinéfila, a través de la cual contemplábamos (y compartíamos) desde el salón de nuestro hogar el placer de la tertulia cinematográfica, afinidad que en la época de la pubertad no era demasiado compartida por nuestros amigos y compañeros de escuela. Daba igual que en muchas ocasiones el título programado no despertara en nosotros un entusiasmo similar al que veíamos en pantalla o que no siempre compartiéramos su opinión. Descubrimos entonces el placer de sentarse a hablar de cine porque sí, sin motivo aparente ni necesidad de convencer a nadie, simplemente por el placer de hablar sobre lo que más nos gusta, que, en definitiva, es sinónimo de hacerlo sobre nosotros mismos. Igual que en sus películas, el realizador ambientaba el plató donde se celebraban las reuniones con una iluminación tenue, difuminada en el fondo pero con puntos de luz que enfocaban límpidamente a cada uno de los contertulios, que opinaban y mostraban sus puntos de vista envueltos en una nebulosa humareda provocada por los cigarrillos que consumían en directo. Sí, hablamos de esa época en que se fumaba en televisión. Corrían otros tiempos, sí señor.

Que Garci no se ha adaptado a los nuevos tiempos cinematográficos está claro. Ni en lo referente al formato ni al contenido de sus largometrajes atisbamos intención alguna de sumarse a las nuevas tendencias. Si la connotación a esta crítica es positiva o negativa, lo dejaremos a gusto del lector. Lo que sí que nos parecería algo reduccionista es denostar la filmografía completa de este realizador, que consiguió el primer Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa (categoría que entonces se llamaba Mejor Película Extranjera) para nuestro país con Volver a empezar (1982). Después seguirían Fernando Trueba y su Belle Époque (1992), Pedro Almodóvar, por partida doble, con Todo sobre mi madre (2000) y por el guión original de Hable con ella (2003) y, finalmente, Alejandro Amenábar y Mar adentro (2005). El personaje que nos ocupa consiguió tres nominaciones más a la misma categoría en años posteriores: Sesión continua (1984), Asignatura aprobada (1987) y la logradísima El abuelo (1998), adaptación de la novela de Benito Pérez Galdós.

Precisamente El abuelo nos sirve de nexo de unión con la película recién estrenada, Holmes & Watson (Madrid Days), que sitúa a los icónicos personajes nacidos de la imaginación del ilustre Sir Arthur Conan Doyle en el Madrid descrito por Galdós en sus crónicas y artículos periodísticos, en general y, en particular, en Los crímenes de la calle Fuencarral (1888).

El detective y el doctor viajarán a la capital, atraídos por unos homicidios que podrían llevar el sello de Jack el Destripador (o Juanito el Charcutero, apodo del apodo original, con el que un Watson más castizo que nunca bromea a lo largo del metraje, aludiendo al victimismo chapucero con el que los españoles intentamos emular a nuestros vecinos ingleses en todo, hasta en el arte del asesinato). No tendremos medios infraestructurales, pero ni el propio doctor es capaz de resistirse a un buen plato de cocido madrileño, propiciando una de las escenas más surrealistas de la película, donde veremos cómo la mano derecha de Holmes intentará que su británica esposa Mary (Leticia Dolera) aprenda a cocinar tan suculento manjar. Momentos así habrá otros a lo largo del film, quizá uno de los más destacables el intérprete encargado de dar vida al apreciado músico Isaac Albéniz, ni más ni menos que Alberto Ruiz Gallardón. Algunos provocarán la risa, aunque este hecho no siempre será a favor de la película, si no a su costa. No siempre, tampoco.

Volvamos a los referentes literarios. En Holmes & Watson (Madrid Days) se evocan las figuras de Rudyard Kipling, Charles Dickens y hasta del mismísimo Conan Doyle. El problema es precisamente la evocación, que se suele usar para contextualizar o llevarnos al terreno que el realizador quiere para allí desarrollar una historia con gancho, es decir para formatear la película. Aquí todo es teoría y más teoría, película de texto y no de acción, algo que no sería negativo, ya que algunas réplicas están muy logradas, si no fuera porque Garci no ha conseguido estar a la altura de algunos trabajos anteriores. Acierta, eso sí, en incluir a Benito Pérez Galdós en el abanico de personajes reales de la historia, y todavía más en asignarle el papel a Carlos Hipólito, actor con el que ya colaboró en You’re the One (2000), Historia de un beso (2002), Tiovivo c. 1950 (2004), Ninette (2005) y Sangre de mayo (2008). Si Galdós fue el cronista por excelencia de la convulsa época que le tocó vivir, Hipólito es un excelente representante en el terreno de la interpretación, cinematográfica y no: la voz en off del Carlos Alcántara adulto de la serie Cuéntame cómo pasó (TVE, 2001-2012) en el ámbito televisivo; cuarenta obras de teatro estrenadas desde 1971, a destacar Arte (dir. Josep Mª. Flotats, 1998-2001), Don Carlos (dir. Calixto Bieito, 2009) o la reciente Follies (dir. Mario Gas, 2012); y habitual en las películas de Pilar Miró o Carlos Saura, sin olvidarnos de la ópera prima de Mariano Barroso, Mi hermano del alma (1993). Por todo ello no entendemos cómo un personaje de tanta enjundia como Sherlock Holmes, o incluso John H. Watson, no ha recaído en las manos del actor, capaz de imprimir carácter al más secundario de los personajes y matizar sus interpretaciones hasta el límite en un amplísimo abanico de recursos.

Gary Piquer, actor español nacido en Glasgow, de madre escocesa y padre catalán, al que hemos visto en A los que aman (Isabel Coixet, 1999) o La caja Kovak (Daniel Monzón, 2006) nos gusta mucho en el gesto, en la caracterización de ese Holmes viejuno, cansado y algo despistado, pero no en el uso del lenguaje, el único personaje de la película (dan igual nacionalidades) con acento inglés. A su vez, José Luís García Pérez, intérprete, entre otras, de Siete mesas de billar francés (Gracia Querejeta, 2005) y excelente sobre las tablas en La avería (dir. Blanca Portillo, 2011) compone un Watson entusiasta y enamoradizo, pero más castizo que el barrio de Lavapiés entero, un espacio que nos encanta, pero que no consigue que veamos al doctor en ningún momento. Esta misma interpretación resultaría excelente y, sobretodo, adecuada si se tratara por ejemplo de otro título de Garci, El crack (1981), donde un detective (magistral Alfredo Landa) investiga un caso que, como el que nos ocupa, se irá complicando a medida que aparezcan nuevas pistas. Mención especial para la emotiva interpretación de Josito Alcantara que realiza un inspirado Victor Clavijo (Oviedo Express, Gonzalo Suárez, 2007), reivindicando los ideales de un Periodismo, más cercano al ámbito literario y alejado del sensacionalismo y el poder dominante.

La obsesión de Garci por el sonido enlatado le da un toque a la película que, una vez más, evoca a aquellos doblajes españoles de las películas clásicas de cine negro que tanto gustan al realizador. Lo que no convence es el uso del idioma español para todos los personajes, británicos o no. Algo parecido le pasó al mismísimo Steven Spielberg con el inglés de su Caballo de batalla (War Horse, 2011), usado para cualquier nacionalidad (americana, francesa, alemana…) aunque quizá en aquel caso las ínfulas casa míticas de la aventura nos hacían pasar por alto este pequeño detalle.

Estas obsesiones, o ensimismamiento en temas que le gustan al realizador y a algunos de nosotros también, no aportan nada nuevo a la filmografía del director, pero sí que nos remiten a trabajos anteriores. Para conseguir reflejar el drama de honor de las prostitutas de la época, algo que ha conseguido con éxito Bertrand Bonello con L’Apollonide (2011) en otro ámbito geográfico pero no muy alejado temporalmente, el referente debería haber sido Calderón de la Barca y El alcalde de Zalamea (1636), obra que contrapone como ninguna las preocupaciones de la edad moderna, el poder político y el individuo, a la vez que enfrenta al honor de una clase social con la virtud mancillada de una mujer, ya que si nos quedamos en Galdós no conseguiremos superar la fortaleza dramática conseguida con El abuelo y las portentosas interpretaciones de Fernando Fernán Gómez y Rafael Alonso, o a la sensibilidad extrema mostrada en la preciosista Luz de domingo (2007). Si lo que queremos es rencontrarnos con el Garci romántico, las tres historias de la película actual se revelan arquetípicas y esquemáticas, casi anémicas, al lado de aquella maravillosa You’re the One, película que compitió por el Oso de Oro en el Festival de Berlín de 2001 y que consiguió uno de plata a la fotografía de Raúl Pérez Cubero, y que contiene uno de los momentos románticos más emotivos de la cinematografía española reciente, esa conversación entre Julia (Lydia Bosch) y Fidel (el nombrado Hipólito). Si queremos reconstrucción histórica, ahí tenemos Sangre de mayo y si, en cambio, buscamos esa vuelta al thriller español de antaño, sin duda deberemos recuperar El crack.

Si lo que queremos, en cambio, es reencontrarnos con un Sherlock Holmes cercano al de Conan Doyle y, a su vez, adecuado a nuestros días, mejor nos quedamos con las aventuras de Guy Ritchie. Su primer Sherlock Holmes (2009) consiguió adaptar a los nuevos formatos cinematográficos las aventuras más o menos folletinescas del detective, con unos portentosos Robert Downey Jr. (Holmes) y Jude Law (Watson) rebosantes de carisma, una historia de amor secundaria pero propiciada por un personaje femenino determinante en el desarrollo de la acción (y defendido estupendamente por Rachel McAdams) y una emotiva y sutilmente evidente alusión a esa estimación entre los dos protagonistas que quizá vaya más allá de la camaradería que se profesan, algo que Garci también refleja con acierto en su largometraje.

Del mismo modo que esperamos que la frescura aportada por Ritchie no quede diluida si su Holmes se convierte en franquicia (algo que ya empezaba a mostrarse en la secuela de 2011), le ofrecemos un voto de confianza a José Luis Garci. Holmes & Watson (Madrid Days) no será una obra determinante en su carrera, pero esperamos que vengan otras que nos devuelvan a ese cinéfilo incorregible, que nos ayudó a descubrir ¡Qué grande es el cine!

TRAILER:



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Comentarios sobre este artículo

  1. Alberto dice:

    Creo que la crítica peca de indulgente con esta birria.

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