Jauja

El fantasma de los LLanos Por Matias Colantti

“ … El mal que aqueja a la República Argentina es la extensión: el desierto le rodea por todas partes, y se le insinúa en las entrañas; la SOLEDAD y el despoblado sin una habitación humana. INMENSIDAD EN TODAS PARTES: Inmensa la llanura, inmensos los bosques, el horizonte siempre incierto (…) Al sur y al norte, acechan los SALVAJES, que aguardan las noches de luna para caer, cual enjambre de hienas, sobre los ganados que pasen en los campos y sobre las indefensas poblaciones…” Fragmento de “Facundo o Civilización y Barbarie”, de Domingo Faustino Sarmiento (1845)

Civilización y Barbarie, profesa el título de la reconocidísima obra literaria de Sarmiento, que cuenta la situación del país a través de la vida del caudillo federal Facundo Quiroga, apodado como el “Tigre de los Llanos”.

La dicotomía entre sociedades salvajes y modernas, describen el momento social, político y económica de una Latinoamérica pos colonización que empezaba construir la idea de una patria unificada pero mirando hacia Occidente, un horizonte que avizoraba “progreso”. La guerra ahora estaba adentro. Matanzas entre unitarios y federales, entre indios y caudillos. Y el desierto de por medio. La inmensidad que aqueja al moderno y que es el símbolo de la tierra devastada por indios que son el germen de un retraso social que debe exterminarse.

Estas líneas ideológicas que son una brevísima explicación del espíritu literario de la época de la génesis de una “nación” en los albores del siglo XIX, son también las marcas históricas de un movimiento estético que inicio el camino del modernismo occidental: El romanticismo. Intelectuales de la alta cultura y pensadores “racionales” egocéntricos, arrogantes y elevados en su aristocracia moderna, narraban los males de su patria y junto a generales tiranos, concretaban a prueba de pólvora y sangre, la idea de un país que debía erradicar la barbarie e imitar los modelos europeos de sociedades “evolucionadas”.

Jauja contiene en su interior el alma de un romántico del siglo XIX en dos dimensiones: una por su historia (ficción) y otra por su cine.

Ambas dimensiones se entrecruzan y dialogan entre si y son la razón de esta lectura tan profunda sobre el film de Alonso, que espero se comprenda (cuesta mucho, créanme).

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Antes de ingresar de lleno, hacemos los deberes de siempre y hacemos algo de contexto sobre la película. Jauja es una historia adaptada en la Patagonia Argentina durante la época de “La Campaña del Desierto” en 1882, donde se gestaba la refundación de la nación Argentina “contaminada” del salvajismo criollo e indígena y desató uno de los genocidios más oscuros de la historia nacional. Allí, el capitán danés Gunnar Dinensen (Vigo Mortensen) llega al país con su hija, y su trabajo es ser el Ingeniero del Ejército Argentino. Ingeborg, la hija del capitán, genera inquietud entre las tropas masculinas y una noche huye con un joven soldado de la campaña. El conflicto se desata en la búsqueda de su padre en el inmenso desierto argentino, en una suerte de expedición introspectiva del alma humana que rivaliza con los avatares de la profunda soledad y los fantasmas del pasado, sostenidos por un relato fantástico de tintes surrealistas que juega a un misterio permanente, signos de un film que combina la expresión de un cine clasista y que es más partidario de la crítica intelectual que del publico cinéfilo.

En razón a esto, comienzo afirmando que el film me genera sentimientos contradictorios. Por un lado reconozco mi rechazo hacia películas narcisistas y arrogantes que expresan el capricho elitista de su autor, sin intenciones de que el público pueda comprender su obra, permitiendo que en la vereda del frente, la crítica aristocrática, y arrogante como su autor, celebre la película calificándola como obra maestra y justificando una supuesta supremacía de ciertas películas que son, desde su punto de vista, la representación de un “cine poético” y mucho mejor que cualquier otro haciendo del arte un lugar para privilegiados y cultos. Es este el aspecto que define a las líneas de la dimensión del romanticismo arribista del que hablaba al principio.

Solo desde la decisión del encuadre y la narrativa de planos comienza a verse este aspecto que destaco. Lisandro Alonso, registra con el cuadro 4:3 con un estilo heterodoxo que rompe las líneas técnicas tradicionales, pero que no se justifica desde la impronta indie que componen sus obras, sino más bien desde un intención ultra personal por ser “diferente”. Acompañado de esto, vienen un sinfín de planos largos y fijos que pueden ser catalogados como inexpresivos y aburridos, pero que desde mi perspectiva solo son acertados por su capacidad de dimensionar el estilo naturalista de su relato y principalmente la imagen de la inmensidad desértica que se prolonga por el recurso del sonido ambiente casi silencioso. Sin embargo el abuso de este recurso densifica la narración y algún que otro bostezo se te puede escapar.

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Y por otro lado, considero que a pesar de algunos repugnantes estilos de clasismo cinematográfico, pude encontrar en el film de Alonso el acierto efectivo de la exploración profunda de ciertas temáticas como la soledad, el amor y la fantasía, perfectamente plasmadas en el LUGAR que se ha elegido para la narrativa fílmica. Y es en este punto en donde Lisandro Alonso logra cautivar la esencia de sus temas con el espacio natural que lo rodea, que es una de las premisas claves de la literatura romántica de siglos pasados, donde el arraigamiento a un territorio se vinculaba con infinidad de símbolos, identidades, estructuras, sentimientos y vestigios que hacen a la conformación de una nación: Sarmiento y la descripción metafórica del desierto como la inmensa tierra de la Republica, donde la extensión era vacío, soledad, peligro, muerte y sobre todo territorio dominado por el primitivo salvaje y los barbaros.

Voy a profundizar sobre esta mirada romántica del lugar y que tiene que ver con el uso del desierto como un personaje trascendental e invisible al mismo tiempo. Lisandro Alonso, es un experto en la explotación de la puesta en escena naturalista y en su filmografía firma antecedentes con historias en donde el lugar representa el imaginario de soledades o personajes desterrados. El silencio voraz del bosque pampeano en La Libertad (2001), la densidad selvática de Corrientes en Los Muertos (2004) y las tundras heladas del Sur Antártico en Liverpool (2008). Estas características espaciales, forman parte de un repertorio estilístico dedicado a reflejar el interior del país desde los más lejanos y recónditos lugares del mundo, transformándolos en personajes propios que se devoran a sus figuras humanas con desolación absoluta, silencio natural y un paisajismo de vacío profundo, sin artificios de decorado o exorbitantes puestas en escena.

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En Jauja el desierto es un monstruo que ilustra no solo una aventura solitaria, sino también la esencia de una tierra mágica y surrealista. Al principio de la película, hay una placa explicativa del origen mítico de “Jauja” como un extraordinario territorio prospero en riquezas y abundancia, pero que era solo una leyenda porque nunca pudo corroborarse su existencia real. A través de esta introducción mitológica del título del film, ubicamos una historia en donde un paraíso terrenal es protagonista por sus propiedades mágicas de felicidad. El lugar es importante y hay que tenerlo en cuenta porque está instalado de forma equilibrada para explicar dos temáticas que he insinuado al principio: Fantasía y soledad.

El lugar vinculado a la fantasía tiene que ver con esa antigua tradición de la leyenda que marca la génesis de los relatos de la humanidad. En las sociedades “primitivas” se encontraron estos recursos narrativos para construir la imaginación de los pueblos que se pasaban las historias de boca en boca.

“Esas son habladurías del mundo. No se cómo se llegan a decir cosas tan demenciales”, le dice un soldado a otro mientras charlan a la luz de una fogata en la montaña. El rumor y la fascinación por transmitir estos relatos orales que no encontraban argumento comprobable se refleja en el diseño de un personaje misterioso llamado el “Coronel Zuluaga” del que se desconoce su paradero y muchos suponen que desertó del Ejército y ahora es un bandido salvaje vagando por el paisaje desértico. Este parece ser el conflicto central del film, pero se pierde entre la trama acomplejada por otra búsqueda más profunda en el mismo desierto.

Esta subtrama que se va tejiendo con el avance del capitán Gunnar por las llanuras inmensas tiene que ver con una reflexión sobre la soledad humana. Antes de la expedición por su hija, al principio de la película se visibiliza un hombre masturbándose, mientras está sumergido en un pozo de agua del desierto. Un acto solitario en un lugar solitario. Desde allí, todos los personajes que van apareciendo siguen marcados por la desolación de la tierra que los rodea. Pero no es solo el desierto, sino las secuelas de una devastadora guerra social que estaba fragmentando la nación, haciendo más oscuro al monstruo solitario de la gigantesca llanura. Cada uno de los soldados, son “hombres de guerra”: Perdidos y marcados por la soledad de un conflicto bélico genocida, como lo estaba el Coronel Aureliano Buendía en la reconocida novela de García Márquez.

“Los afectos debilitan capitán”, le dice a Gunnar uno de los jefes de la zona. En esa frase se resume la lejanía del sentimiento por los otros seres y la reclusión de la soledad como único refugio de fortaleza interna en medio de la guerra. El capitán Gunnar, no parece creer mucho en eso, sobre todo por el supuesto lazo de amor que tiene con su hija.

La fuga de la joven, lo lleva al impulso frenético de búsqueda, pero que en el camino va confundiéndose en sus razones reales, observando como el capitán atraviesa una ruptura progresiva de su afecto, desconectándolo por completo y hundiéndose en la soledad inmensa de la llanura, hasta convertirse en un espíritu errante del desierto. La secuencia surrealista de una cueva, terminan de completar este efecto de perdición existencial que sufre Gunnar.

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El pasado, el presente y el futuro parecen enlazados en Jauja por un profundo origen de soledades que no se concilian ni siquiera con la presencia de otros seres en nuestro camino.

Gunnar, parece no solo no conocer a su hija, sino tampoco reconocerse a si mismo en un síntoma de crisis existencialista que el desierto ayuda mucho a ilustrar en planos de silencio total. El vagabundo de las montañas parece desvanecerse y ser tragado por la naturaleza y ya no ser un ser humano, sino un fantasma. La película de Alonso refleja con algunos tonos arribistas, la historia de un hombre que se convierte un fantasma de los llanos, pero que no está extraviado en el desierto, sino extraviado en sí mismo.

TRAILER:

BIBLIOGRAFIA:

- Sarmiento, Domingo Faustino. “Facundo o Civilización y Barbarie” (1845). Cap.1 “Aspecto físico de la República Argentina y caracteres, hábitos e ideas que engendra”. Editorial Kapelusz.

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Comentarios sobre este artículo

  1. Oscar vebeziani dice:

    Concuerdo con el comentario inicial.un perfecto bodrio.un disparate.y si lo trajeron a Vigo para salvar las papas.ni modo.cualquiera pudo ponerse ese traje y hacer lo mismo.vivo en USAestoy acostumbrado a otra velocidad en.las películas.la mayoría d las películas argentinas adolecer del mismo problemaLENTAS.QUIEREN HACER PSICOANÁLISIS Y LA GENTE SE DUERME

  2. Sima dice:

    Barbarie cinematográfica. No se puede explicar lo inexplicable: esta peli es un fiasco. Pensaba que con Vigo debía ser buena. Decepcionante, un bostezo, mal hilvanadas las ideas. Sin profundidad, sin arte. Agarrá una cámara, filma un par de paisajes patagónicos, meté una linda rubiecita adolescente en bombachita y ponelo a Vigo a ir hacia ninguna parte, y tenes la peli. Una pérdida de tiempo que no la salva ni la belleza de los paisajes patagónicos. Lo bueno para rescatar: la música de Vigo.

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