L de Babis Makridis

Encontrar la felicidad Por Arantxa Acosta

"El mar, idiota, ¡el mar!"Los payasos de la tele

Antes de empezar, una aclaración: este texto no es una critica. Es un análisis muy personal, y exhaustivo, sobre lo que a mi me sugiere el flm. Alerto porque voy a adentrarme en ella desde lo que se me antoja lógico de su argumento, para después desmenuzarla, y, finalmente, recomponerla con los planos fijos que en realidad Babis Makridis ha filmado. Aún siendo muy posible que al director ni se le haya pasado por la cabeza nada de lo que yo he concluido.

Sociedad actual. Cualquier ciudad perteneciente a un país desarrollado. Conocemos a un hombre que se ha hecho a sí mismo, seguramente alentado a ser el mejor desde su infancia. Un hombre que considera que su trabajo es lo primero, y que no hay nadie como él para llevarlo a cabo. Se ha creído todo lo que decían en la multinacional en la que trabaja desde hace años: su producto, el que comercializan, es el mejor. Así que quiere ser el la mano derecha de su jefe, cueste lo que cueste. En su vida, centrada en la sociedad del bienestar, no hay tiempo para distracciones: el objetivo es cumplir con lo que se espera de nosotros. Él gira en torno a los valores clásicos en los que se nos ha presionado a creer: estabilidad económica, reconocimiento social, una familia, un buen trabajo…

Pero, alrededor de esa coraza protectora que él mismo se ha construido, todo se desmorona: su mujer le ha pedido el divorcio; llega otro directivo a la multinacional mucho más agresivo que él, que finalmente le arrebata el puesto de trabajo. Se da cuenta de que para la empresa era un número más, y que tantos años de servicio leal se han quedado en absolutamente nada. Todo su mundo cae… así que necesitará reconstruirlo.

Rehacerse a sí mismo no es fácil. El hombre empezará poco a poco, conociendo nuevos entornos, nuevas amistades. Encontrando un nuevo trabajo, dándose cuenta de que tiene más libertad, de que puede disfrutar un poco más de su vida personal, de su tiempo libre. Siguen existiendo reglas, claro. Es necesario hacer rotar a la gente, dar oportunidad a los más jóvenes, jubilando a los mayores que ya no encajan.

Y este cambio no será bien entendido por sus más allegados, aún dentro de la burbuja económica y social, aferrados a pensar que lo más importante es ganar mucho dinero y mantener un status social. Incluso él mismo tendrá dudas de si está haciendo lo correcto, teniendo momentos de debilidad en los que sueña que las dos realidades, la ya vivida y la actual, se unen en lo que claramente es una pesadilla. Porque no es posible volver hacia atrás, por muy seguro que se sintiese en años pasados… que no volverán. Así que debe ser fuerte, y seguir hacia adelante.

Finalmente, el hombre reflexiona sobre lo que le está pasando, y se da cuenta de que, curiosamente, la respuesta a lo que realmente quiere ha estado delante de él todo este tiempo. Alcanzar la libertad, hacer lo que quiera, sentirse realizado, sólo está a un paso adicional. Algo que un amigo suyo quería hacer desde hace tiempo, pero que la presión de una sociedad burocratizada, ligado al miedo a perderlo todo, le ha impedido proponerse al fin.

Sabiendo que no todos lo entenderán, pero siendo el único que ha vivido una situación dramática en su vida que le ha dejado darse cuenta de que sí es posible vivir para uno mismo, lo deja todo y se embarca en una nueva aventura: la de vivir con sus propias reglas.

L nos habla de atreverse a cambiar. De encontrar la felicidad siendo uno mismo. Aunque no todos puedan comprenderlo.

¿Esto es lo que sacamos de ver a un hombre metido en un coche, a otro haciendo de oso, y con un tarro de miel y una pequeña embarcación como hilo conductor? Pues sí, la verdad. Vamos a explicarlo.


Babis Makridis, en su ópera prima para la gran pantalla, ha creado un film críptico, absolutamente metafórico, y, no obstante, explicado con unas imágenes tan simples, y aún así tan poco convencionales, que reavivan el interés del incrédulo espectador que no sabe, a primera instancia, si se le está tomando el pelo o se le está explicando una historia. Pero, como hemos dicho, historia hay, y mucha.

No nos engañemos. El film y punto de vista de Babis Makridis está lejos de ser comparado, y mucho menos defender que se ha copiado, de Yorgos Lanthimos. Lo poco que tienen en común es tener a Efthymis Filippou como guionista y haber contratado a Aris Servetalis en un papel protagonista. Y es que mientras Lanthimos nos sitúa en sociedades distópicas, empujando al espectador a sentir emociones específicas al mostrarnos las acciones que la sociedad como un conjunto sería capaz de llevar a cabo (recordemos: Canino nos habla de un padre tan deseoso de proteger a su familia que consigue el efecto contrario; Alps nos muestra la necesidad de las personas a sentirse integradas en una sociedad anónima, que tan sólo se preocupa de sus intereses personales), Makridis opta por explicar la realidad en la que vivimos, tan cruda como es, pero jugando al escondite. Y es que en plena crisis económica, L es sin duda un canto a la libertad, a obligarnos a despertar y a rebelarnos… si somos capaces de salir de nuestra ensoñación. Quizá precisamente es una metáfora sobre la situación actual de Grecia, diciendo, a gritos, que es necesario cambiar y encontrar nuevos caminos para volver a respirar.

Pero volvamos al film. Como decíamos, planos fijos que nos obligan a mirar exclusivamente lo que se nos enseña, desde un ángulo concreto y sin posibilidad de escapatoria. “Mira y aprende. Observa, e interpreta”. Casi oímos al director decirnos. ¿Y qué vemos? Vemos a un hombre que no sale de su coche, ni tan siquiera para celebrar su cumpleaños. Claramente se trata de la coraza protectora que ha ido construyendo durante años: el coche le protege de los demás, le da el status social que tanto anhela… Pero también le ha alienado de la realidad de las calles, del amor de su mujer y sus amigos, a los que ve muy de vez en cuando.

Vemos también a su jefe, inmóvil hasta que él llega con la miel. “¿No has comido miel? La miel es única, no como una manzana, que puedes dejar de comer sin dejar de comer fruta”, le dice a nuestro protagonista. Y entonces él, al llegar a casa (al parking con el coche, claro), lo que hace es comer esa miel desesperadamente, tal y como se le ha dicho. El jefe está protegido por su gran mansión, es decir, por la cultura de la gran empresa. Está tan embebido en ella que sólo actúa según los criterios de ésta, e interpreta a pie juntillas lo que ésta le pide. La miel representa no sólo el producto, sino la base de la sociedad empresarial: por lo que uno lucha, esos valores a los que estamos presionados a seguir, aunque en realidad no sea lo que queramos (el hombre no hubiese comido miel si no se le hubiese ordenado, sutilmente, hacerlo).

Cuando nuestro protagonista estampa su coche varias veces para finalmente bajarse de él aún no está convencido de lo que quiere hacer, pero está desesperado por encontrar un grupo que le acepte: los motoristas. Les demuestra que deja su pasado atrás, y de que está dispuesto a seguirles. Una vez convertido en motorista, intenta hacer ver a sus antiguos amigos lo bonito de cambiar. Porque se da cuenta de que hay otras realidades. “Los conductores son asesinos”, dice el jefe de los motoristas. La verdad es que al verle se nos antoja un líder de una ONG o de un sindicato empresarial, la verdad.

Finalmente, en lo que es uno de los mejores planos del film, en la embarcación y cantando un tema tan absurdo con frases tan iluminadas como “si no existiese el mar no existirían las estrellas de mar; si no existiese el mar no existirian los barcos cisterna….”, lo que reconocemos es que el hombre ha encontrado su razón de ser: se ha liberado, ha dejado atrás las ataduras sociales, la vida acelerada, y abre su mente, dispuesto a ser él mismo.

Y, sinceramente, le envidiamos por ello.

El elemento más críptico es el de su amigo, al que un cazador mató creyendo que era un oso. Ahora vaga por el bosque, apareciéndosele, desmembrando cuerpos para comerse sus extremidades… Personalmente, identifico la figura del amigo como la clara representación de lo que acabamos siendo cuando al intentar integrarnos tanto en la sociedad acabamos por perder nuestra propia identidad. También perdidos, sin reconocernos. El amigo era tan fiel a la empresa que hizo cualquier cosa por conseguir el producto, la miel. Y esa fue su perdición: tuvo tan poco carácter que acabó siendo pasto de la sociedad, y ahora ya no es capaz de volver a ser el mismo, o como mínimo de encontrarse. Quizá porque nunca tuvo la intención de ser alguien con ideas propias.

Y nuestro conductor, cuando se siente perdido en esta su nueva vida, a veces habla con su amigo para ver si volviendo a integrarse es más feliz. Aquí es cuando, en una secuencia, cámara fija (cómo no), vemos cómo imita a su amigo, caminando a cuatro patas como si de un oso también se tratase.  Pero una vez iniciado el camino de la felicidad, es imposible querer volver a esconderse en el mundo.

Tras toda esta explicación, sólo me queda decir una cosa: “el mar, idiota, ¡el mar!”. A ver si nos damos todos por aludidos.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] de la sociedad actual del primer mundo a través de complicadas asociaciones, su película es L (Íd., Babis Makridis, 2012). El director, incluso más surrealista que el propio Lanthimos, […]

  2. […] de la sociedad actual del primer mundo a través de complicadas asociaciones, su película es L (Íd., Babis Makridis, 2012). El director, incluso más surrealista que el propio Lanthimos, […]

  3. […] Rachel Tsangari, 2010)-producida por él-, Mundo injusto (Adikos kosmos, Filippos Tsitos, 2011), L (Babis Makridis, 2012), The Eternal Return of Antonis Paraskevas (Elina Psikou, 2013) o Luton […]

  4. […] en San Sebastián, porque no nos olvidamos que en una anterior edición del D’A es donde vimos L (Babis Makridis, 2012), demostrando su querencia por el nuevo griego tan agitador, marciano y […]

  5. […] se nos antoja que Jack goes boating es una versión mucho más simple pero con la misma idea que L (Babis Makridis, 2012), aquella película griega en la que el protagonista, literal y […]

  6. […] y enrevesadamente compleja a la hora de explicar algo. Si bien no llega a los extremos de la genial L (Babis Makridis, 2012), el film, que como el anterior citado, también tiene un himno que resulta […]

  7. [...] griego no deja de sorprendernos. Y es una verdadera alegría. Si hace pocas semanas hablábamos de L, tras su paso por el Festival de Cinema d’Autor, ahora nos llega de la mano de la Mostra [...]

  8. [...] de les fantàstiques cròniques de Jorge M. de Pedro a La Vanguardia, a la cobertura exhaustiva de CineDivergente, Contrapicado,  Kuu o el blog de la redacció de Fotogramas. Gràcies a tots! Tweet [...]

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