To the wonder

Eterna melancolía. Por Arantxa Acosta

“We accept the love we think we deserve”Las ventajas de ser un marginado, Stephen Chbosky (1999)

Agua. Tierra. Aire. Ardiente luminosidad.

Amor. Eternidad. Celos. Lujuria. Religión. Descendencia. Decadencia. Odio. Traición. Necesidad. Redención. Sacrificio.

Aceptamos el amor que creemos merecer.

La Victoria alada de Samocracia, en el Museo del Louvre, es la imagen seleccionada por Malick para uno de sus primeros planos de To the wonder. Es el claro resumen de lo que se nos pretende contar: el ansia de vencer unida al ansia de ser libre. Pero, ¿esa libertad la da el amor, o, por el contrario, la quita? ¿Qué es vencer, en cuanto al amor se trata?

Mucho se ha dicho que To the wonder es una oda al amor por parte de Malick. Permítanme discrepar.

Malick no cierra tanto las puertas, sino que mas bien las abre de par de par a la reflexión, demostrando que la vida no es, ni mucho menos, tan sencilla para nadie. El blanco y negro no existe. Ni en el amor, ni en el odio. Ni en la religión, ni en la naturaleza.

Neil y Marina están enamorados. Felices, han sabido rehacer sus frustradas historias previas a conocerse. Malick deja claro que son personas que necesitan compartir su espacio, su vida, con otro. Encontrar a alguien que nos haga felices, que nos entienda. ¿En realidad no queremos todos esto? Pero el amor, la vida, está llena de trampas: relaciones pasadas, tentaciones para hacer daño al otro… El director, como si de un sueño se tratase (a veces con más detalle, a veces simples retazos que no explican el contexto completo, aunque siempre pueda intuirse, rellenándose los huecos), nos deja conocer esta historia universal, sobrevolando los pensamientos de los personajes al igual que lo hace la propia cámara, cercana, rodeando continuamente los cuerpos de los protagonistas y quedando rara vez fija en un punto.

To the Wonder

Si en El árbol de la vida decíamos que la madre representaba el camino espiritual de la existencia, y el padre el terrenal, Malick desdobla también aquí dos caminos: el de Marina, que representa la fe ciega en creer en el amor verdadero y en entregarse a él, y el de Neil, que se aferra, en su infantil egoísmo y falta de decisión, a no querer doblegarse a ese amor, pensando siempre en si en realidad puede existir algo mejor para él. El cura del film es el nexo de unión entre los dos personajes, al encontrarse en la misma encrucijada que ellos pero a un nivel superior: el padre Quintana ha dejado de creer que el amor hacia Dios, hacia Jesucristo, es suficiente. Habla de que el amor le rodea pero él no puede tenerlo. Crisis de fe encubierta, igual que la crisis de Neil por no querer ataduras y seguir siendo libre, y de Marina al darse cuenta de que su completa entrega no es suficiente.

Pero no nos equivoquemos: To the wonder no es El árbol de la vida, y no pretende serlo. Que el formato sea similar, con la característica voz en off;  que la fotografía la firme la misma persona; que la historia pueda contener paralelismos (la pérdida de un hijo, la importancia de la religión, de creer en algo, y de cómo se nos pone a prueba…), sólo demuestran las obsesiones del director. Lo que Malick busca aquí es mostrarnos la realidad de un sentimiento tan complejo como lo es toda nuestra vida, queriendo, eso sí, dejar su marca particular, sus convicciones personales: la evolución natural de una relación no se mantiene por el simple hecho de desearlo. Si la relación no se riega, no crecerá el árbol. Si no se evoluciona (¿con un hijo?), no hay sorpresas. El amor no se mantiene por la pasión.

To the Wonder 2

Los cuatro elementos están presentes: el amor existe gracias a que hay vida. Hay vida, porque existe la Tierra. La Tierra existe porque existe Dios. Pero Dios no se manifiesta como nosotros querríamos. Malick nos adoctrina, aunque reconoce que a veces su propia fe también decae. La proyección del director en algún personaje de su complejo guión y película, es, duda, el padre Quintana.

¿Cómo nos demuestra esta creencia, esta lógica de sucesos el director? A través de simbolismos, de planos más que estudiados. Si hay algo en lo que no cree Malick es en el azar.

Neil trabaja analizando la tierra en la que están situadas explotaciones cerca de granjas, escuelas. Tierra contaminada, al igual que lo está él mismo. Él, representante del camino de la naturaleza en la vida. El ingeniero, el racional, está contaminado con pensamientos que le alejan de su amada. Ella, alada, libre para sentir, para querer, vuela, baila. En cualquier momento, incluso en los malos. Sabe que no puede hundirse si quiere salir victoriosa. Pero, como ella misma describe para sus adentros, en sus pensamientos que nos llegan en voz en off: dice que se siente formada por dos mujeres, la que le quiere, y la que tira de ella hacia el fondo de la tierra. Sin duda, los pensamientos racionales de Marina, cuando se da cuenta de que tiene  que hacer algo para no perderle. Antes de esta reflexión, Malick nos mostraba la imagen de un águila que despliega sus alas, pasando directamente al encuadre de una roca, con forma similar al contorno del águila, inmersa en el fondo del océano. De la libertad a la prisión, de la alegría a la melancolía.

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Porque Marina se ha enamorado de alguien incapaz de mostrar sus sentimientos. Neil: dos chicas, Marina y Jane, dos fracasos. Jane, que ha perdido a su hija, se aferra a un amor que ni ella misma siente. Un amor que es pura lujuria y, por tanto, perecedero. Una forma de superar la muerte de un ser querido muy distinta a la de la madre de El árbol de la vida porque, en definitiva, cada persona es un mundo, y reacciona ante la felicidad y la desgracia como puede. Marina, ante la indiferencia de Neil, le castiga cometiendo adulterio. Pero todo en esta vida tiene consecuencias, para bien o para mal. Y Dios no perdona.

Melancolía, arrepentimiento. El juego de Dios. Dios pone a prueba al padre Quintana. Cuando más melancólico está éste porque no puede disfrutar del amor (irónico si decimos que se casan con Dios, ¿verdad?), cuando más deja que su parte humana se apodere de él, Dios le encierra, le castiga destinándole a un geriátrico, el lugar más triste en el que puede acabar una vida humana: rodeado de miseria, de falta de amor verdadero. La crisis de fe Malick se esconde tras su propio fervor religioso.

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Más. El amor es universal, pero no su concepción. Malick recurre al uso de distintas lenguas en la película (inglés, francés, italiano, español) que hablan del amor desde distintos án gulos. Incluso en conversaciones cruzadas (inglés y francés, francés e italianao, inglés y español). Porque el lenguaje es, también, el reflejo de nuestras almas, de nuestras creencias y entorno. Distintas lenguas, una misma vida. Una misma vida, un mismo sueño.

En definitiva, Malick ha condensado en menos de dos horas un conjunto de sentimientos, reflexiones enmascaradas en bellas imágenes que permanecen en la retina del espectador. Luces y sombras, primerísimos planos y una cámara que parece moverse como una mariposa, en continuo, lento y preciso movimiento.  Un film complejo a la altura de El árbol de la vida si rechazamos compararlas inútilmente. Unos actores que han podido dar rienda suelta a la improvisación, aunque en el caso de Affleck y McAdams se vea poco. ¿Casualidad? Nunca: qué mejores actores que ellos dos para representar lo que busca el malintencionado y genial director. Fríos en sus interpretaciones de forma general, todos sabemos que transmiten muy poco. Él, por su inexpresividad facial. Ella, por rezumar falsedad. Son, por tanto, óptimos para el papel. Y Olga Kurylenko, frágil como un ángel, como la Victoria de Samocracia, es el contrapunto perfecto para los otros dos. Para todo lo demás, ya está Malick.

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Comentarios sobre este artículo

  1. [...] muy atrás en el tiempo, el estreno de To the wonder  (Terrence Malick, 2012) provocaba sentimientos encontrados en el mundo crítico, pasión u odio. No [...]

  2. […] muy atrás en el tiempo, el estreno de To the wonder  (Terrence Malick, 2012) provocaba sentimientos encontrados en el mundo crítico, pasión u odio. No […]

  3. […] que sí se resuelve notablemente en To The Wonder, que situados en este contexto se me antoja como la corrección de Días del cielo en lo que atañe […]

  4. […] de sus dos últimos films estrenados (El árbol de la vida – The tree of life, 2011 – y To the wonder – 2012), están muy presentes en la dirección de Klein, y sin embargo el resultado final no […]

  5. […] (To the Wonder, Terrence Malick, 2012) […]

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