Alucarda, la hija de las tinieblas

Satán en México Por Montse Rovira - Carlos Benítez

"Las películas para mí son un instrumento mágico. Una forma de construir otros mundos". Juan López MoctezumaReyes Nevares, B. The Mexican Cinema: Interviews with 13 directors, University of New Mexico Press, 1974.

No anda desencaminado Guillermo Del Toro cuando define al director Juan López Moctezuma como un pionero, un poeta maldito. Fuertemente influenciado por el polifacético Alejandro Jodorowsky, al que asistió en dos de sus radicales largometrajes: Fando y Lis (1968) y El topo (1970), Moctezuma fue contagiado con la visceralidad del chileno, su afán provocador, su capacidad de plasmar imágenes delirantes, en suma, su libertad.

Nacido en México en 1932 e hijo de un juez, Juan López Moctezuma decide rebelarse y no seguir la tradición familiar, decantándose por las artes. Cuando conoce a Jodorowsky se encuentra trabajando en radio y televisión, pero tras iniciarse con el director chileno se atreve a dirigir su primera película, rodada totalmente en inglés, La mansión de la locura (1973). Basada lejanamente en el cuento de Edgar Allan Poe, The System of Doctor Tarr and Professor Fether, el filme recibe críticas positivas y se proyecta en diversos festivales, lo que propicia que su siguiente película sea una coproducción, también de género terrorífico, con Estados Unidos: Mary, Mary, Bloody Mary (1975), un filme de vampiros rodado en México que contó con la participación del veterano actor John Carradine. Pero si López Moctezuma es conocido, lo es por su siguiente proyecto (también rodado directamente en inglés): Alucarda, la hija de las tinieblas (1977).

 Alucarda, la hija de las tinieblas

Justine (Susana Kamini) llega a un internado regido por religiosas y allí conoce a la extraña Alucarda (Tina Romero) con la que iniciará una profunda amistad. Paseando por el bosque encontrarán un extraño zíngaro (Claudio Brook) que les mostrará unos talismanes y el carácter de las chicas irá cambiando. Se volverán rebeldes y blasfemas, proclamando ante las monjas a Satanás como su maestro. Las monjas preparan un exorcismo durante el cual fallece Justine. El doctor Oszek (Claudio Brook) rescata a Alucarda y la lleva a su casa. Pero Alucarda pronto poseerá, como hiciera con Justine, a Daniela (Lili Garza), la hija ciega del doctor, con la que vuelve al convento, donde se producirá el sangriento clímax de la historia.

Entrar en el universo de Moctezuma es sumergirse en un mundo fascinante, decadente, repleto de luces y sombras que resaltan los tétricos decorados casi orgánicos en los que habitan las jóvenes internas y la orden religiosa, que viste unas irreales túnicas a base de gasas que casi las asemeja a momias y que también nos evocan la pintura Muerte de Marat de David. Y es que Alucarda, la hija de las tinieblas tiene una puesta en escena pictórica, las secuencia se suceden como auténticos tableaux vivants, y los siniestros decorados casi evocan las Carceri d’Invenzione de Piranesi. Es este tratamiento de la fotografía, la escenografía y el vestuario, el que la eleva por encima de otras producciones de su momento, y ello a pesar de que es fiel a las estrategias narrativas de los 70s (zooms, filtros, cámara lenta). Igualmente setentero es el desarrollo de lo erótico con ese efecto flow, pero, aunque sus escenas de fino erotismo estén rodadas con un filtro a lo Hamilton, resultan mucho más carnales que las del fotógrafo y cineasta inglés. Son unas escenas poderosamente sexuales, en especial el fascinante beso sangriento entre las dos jóvenes protagonistas. Gran parte de su sensualidad es responsabilidad de Tina Romero en la piel de Alucarda, con sus largos cabellos, su mirada penetrante, y sus ropajes negros, la joven encarna perfectamente la condición de bella y réproba tentadora que exige su personaje. De hecho, el trabajo actoral de Tina está por encima del de sus compañeros de reparto, aunque merece mencionarse a Claudio Brook, actor habitual de Luis Buñuel, que aquí interpreta dos papeles totalmente diferentes demostrando una versatilidad digna de Lon Chaney, y a Tina French, que interpreta a la hermana Angélica, la cara opuesta de Alucarda.

 Alucarda, la hija de las tinieblas Moctezuma

Definir Alucarda, la hija de las tinieblas resulta complicado. Dentro del cine de terror puede encuadrarse entre la serie de películas de posesiones satánicas que desató por todo el mundo la celebérrima El exorcista (The Exorcist, William Friedkin, 1973); teniendo además bastantes puntos en común con The Devils (Ken Russell, 1971), que asimismo trajo tras sí una larga estela de imitaciones; pero también tiene mucho de película de vampiros, porque López Moctezuma adoraba a estos seres: “(…) la historia es cercana a esta tradición y su protagonista es una vampira, aunque no en el sentido de bebedora de sangre. De hecho, ella tiene todo el poder y los atributos del vampiro clásico, excepto que no bebe sangre” 1 . También puede y debe inscribirse entre los títulos que conforman la denominada nunsploitation. Finalmente, el filme tampoco desaprovecha otras referencias y adscripciones. Así, por ejemplo, el nombre de la amante de la protagonista es Justine, clara voluntad de citar a Sade y su Justine o los infortunios de la virtud, pieza en la que el Marqués se vale de la protagonista para simbolizar la virtud y manifestar su pesimista tesis según la cual, la virtud es sistemáticamente aplastada por el vicio; mientras que el vicio, libre de valores y principios, cobra ventaja y prospera. Semejante es el valor de ese personaje homónimo en el filme, Justine sería la virtuosa seducida por la demoníaca y vampírica Alucarda, sin embargo, la Justine de Moctezuma resulta un poco desleída por contraste con la protagonista, “es el tipo de personaje que resulta ridículo al lado de una criatura apocalíptica como Alucarda ” 2. No queríamos concluir este recorrido por sus antecedentes y filiaciones sin mencionar que para su distribución en video en Estados Unidos no dudaron en presentarla como tercera secuela de la exitosa (y algo olvidada) Las torturas de la inquisición (Hexen bis aufs Blut gequält, Adrian Hoven/Michael Armstron, 1970). Ignoramos si la triquiñuela funcionó. En cualquier caso, y más allá de sus referentes, Alucarda, la hija de las tinieblas es un filme mágico, extraño, surrealista.

De estilo exagerado, inverosímil y atrevido, las imperfecciones de su guion (ese pasar de una escena a otra sin rigor secuencial, sin lógica temporal), paradójicamente, juegan a su favor al convertirla en una cinta más expresiva que narrativa. Así, la belleza plástica de sus imágenes adquiere valor de símbolo, eso ocurre, por ejemplo, con los roles de sus personajes, incluido el diablo. El maligno es omnipresente, sobrevuela toda la cinta y no solo por sus manifestaciones ante las dos jóvenes, primero como tentador bajo la figura de un zíngaro con aspecto de sátiro, una de sus formas icónicas tradicionales, y luego, cuando ya han abrazado el satanismo y se integran al aquelarre, bajo su, también universal, apariencia de macho cabrío. El diablo está presente en los sermones, en las lecciones que reciben las huérfanas, en los rezos de las monjas, y es así como se convierte en mal, un mal nada sobrenatural, un mal que tiene que ver con la inculcación del miedo que perpetúa el sojuzgamiento de la Iglesia, el papel represor de la misma. En manos del director, el antagonista de Dios sirve para sacudir los viejos fantasmas de la represión católica, apostólica y romana (tan arraigadas en la sociedad mexicana) sobre la juventud, el sexo y todo cuanto sea objeto de inspiración pagana. Las dos jóvenes protagonistas, y en especial la vampírica Alucarda (hay que señalar que su nombre es la versión femenina de la inversión de Drácula/Alucard), encuentran su espacio de libertad en el bosque, lejos de los infernales muros del convento, allí es también donde se les aparece el llamado Padre de la mentira, si se arrojan a sus brazos es para liberarse de la opresión de las que las hacen objeto. Es su manera de rebelarse, de poder recuperar sus cuerpos, de expresar su sexualidad. Los desnudos son, pues, también simbólicos, con ellos López Moctezuma expresa la denuncia de la moral pacata de la sociedad mexicana, es la mirada de los censores la que las convierte en blasfemas, son ellos los que ven en la desnudez femenina una muestra de pecado, el director se rebela contra el sometimiento de la mujer en su país, busca devolverle el dominio de su ser, de facilitar lo que en nuestro momento histórico es llamado empoderamiento. Y quizás su película vuelva ser más necesaria que nunca, pues, aunque sea en nombre de la liberación, vuelve a censurarse la desnudez de los cuerpos. La corrección política, paradójicamente, vuelve a ser una manifestación del puritanismo más rancio, que tal vez haga necesaria la llegada de nuevos directores visionarios que se atrevan a denunciar las incoherencias de nuestro presente.

Alucarda, la hija de las tinieblas Moctezuma 1977

Alucarda, la hija de las tinieblas fue presentada en el Festival de Cine Fantástico de París y en el décimo Festival de Sitges, donde recibió buenas críticas y fue nominada a mejor película, pero solo obtuvo un reconocimiento genérico por su aportación al fantástico. El director llegó a plantearse una secuela de su película cuyo nombre no dejaba dudas sobre la afición del López Moctezuma por las películas de vampiros: Alucarda Rises from the Tomb, cinta que lamentablemente nunca se realizó.

A partir de ahí la carrera de Moctezuma, que nunca llegó a formar parte de la industria cinematográfica mexicana ya que no le admitieron en el poderoso sindicato de directores (STPC), fue bastante errática. Su siguiente filme, el thriller To Kill a Stranger, lo rodó diez años después. La cruda historia de canibalismo El alimento del miedo (1994), fue su película póstuma. Se estrenó once años después de su muerte, que le sobrevino en 1995, en el sanatorio mental en el que estuvo recluido los últimos años de su vida.

Como suele suceder, llegó la reivindicación de su figura y su cine. Tarde, pero siempre oportuna. “Hay quienes piensan que son filmes de culto, algunos más los aprecian y hay un pequeño grupo que lo considera seriamente como director. Pero la mayoría de los críticos lo desdeñan y eso le ha ganado una reputación de poeta maldito. Creo que a él le hubiera gustado esa clasificación”. Guillermo Del Toro (Sitges, 2002)

 TRAILER:

  1.  Bouyxou, J. P. y Verschooten, G. Cine Girl. Entrevista con López Moctezuma realizada durante el festival de Sitges de 1977, donde fue presentada.
  2. Ibidem.
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