Doodlebug

Prometedores inicios Por Arantxa Acosta

“I have to go right home. I know how to finish the script now. It ends with Kaufman driving home after his lunch with Amelia, thinking he knows how to finish the script. Shit, that's voice-over. McKee would not approve. How else can I show his thoughts? I don't know. Oh, who cares what McKee says? It feels right. Conclusive. I wonder who's gonna play me. Someone not too fat. I liked that Gerard Depardieu, but can he not do the accent? Anyway, it's done. And that's something. So: "Kaufman drives off from his encounter with Amelia, filled for the first time with hope." I like this. This is good.Charlie Kaufman en Adaption (Spike Jonze, 2002)

La desesperación del escritor en horas bajas. El hombre es el peor enemigo del hombre. Siempre hay alguien mejor que tú. Nos limitamos a imitarnos, a parodiarnos a nosotros mismos. La sociedad como conjunto nos intenta obligar a cumplir unas normas preestablecidas, difuminando nuestro “yo” como ser único, individual y destruyéndonos al convertirnos en meros peones. Nuestras propias obsesiones acabarán por destruirnos. Nuestras peores pesadillas son un reflejo de nuestras vivencias y sentimientos reales. Y una larva: el inicio de un camino, que podemos ver truncado por nosotros mismos.

Todo esto en 2:59 min.

Los mensajes que Christopher Nolan condensa en Doodlebug (1997) son un claro reflejo de las obsesiones, o como mínimo reflexiones trascendentales, que nos planteará en toda su filmografía futura.

Aunque es evidente que técnicamente deja que desear, el corto está bien realizado y no hay que infravalorar la forma que ha encontrado Nolan de transmitirnos sus propias inquietudes: a través de un riguroso blanco y negro, con la cámara siguiendo en todo momento los movimientos del hombre y acompañando las surrealistas escenas con una música que se convierte en personaje esencial del corto (compuesta por David Julyan, recurrente en la filmografía de Nolan hasta que inició con Batman Begins su colaboración con Hans Zimmer, aunque pudo contar con él también en El truco final). Incluso la cutre-sobreimpresión de las imágenes pasa por alto al tenernos atrapados intentando averiguar qué es lo que el director nos está proponiendo. Un formato y personaje principal que es imposible no nos recuerde a la genial Pi: fe en el caos (Darren Aronofsky, 1998), rodada poco después y que también tendremos presente como referencia al hablar de Following.

Pero vamos a la idea que, cual Origen, el director nos invita a reflexionar.

Títulos de crédito: la palabra “Doodlebug” aparece en pantalla. Las dos “oes” pasan a ser los dos ojos de una persona, dejándonos ver en seguida a un hombre acuclillado, en el lado de un ínfimo apartamento y zapato en mano, con una desazón irracional que irá in crescendo. 18 segundos han bastado para pensar que: la larva que se nos plantea con el extraño título es en realidad el hombre que se nos acaba de presentar; el hombre está obsesionado con algo tan importante, o desesperante, que le tiene atrapado en esa pequeña habitación… seguramente una forma de representar su propia mente.

La cámara se aleja para cerciorarnos del pequeño espacio en el que se encuentra el hombre. El sonido casi continuo de las agujas del reloj se nos antojará irritante, pero sólo hasta que nos demos cuenta de que las agujas del reloj, en las que Nolan quiere que prestemos especial atención – además de situar una buena cantidad de relojes en el reducido espacio, no marcan la hora real o, como mínimo, el tiempo diegético. 20:40; 19:40; 21:10; 20:40 h… un hombre atrapado en su propio sueño, en su propia pesadilla, mostrándonos a nosotros los espectadores, pero no a él (en ningún momento se parará a mirar qué hora es), que se trata de un estado mental, o pesadilla, recurrente y que le intranquiliza. Ahora bien… ¿de dónde surge esta inquietud que se lo está haciendo pasar tan mal?

Encontramos una pista en la mesa del hombre: una máquina de escribir. Podemos pensar, entonces, que la historia en sí desea mostrar el interior de la mente del propio Nolan, desesperado al no saber qué escribir para realizar incluso este mismo corto. Podríamos acabar analizando, incluso, que el autor (sabemos que durante toda su posterior trayectoria ha ejercido no sólo de director sido de guionista) siente la presión autoimpuesta de superarse a sí mismo, produciendo un film no sólo de calidad sino también que no se corresponda con una idea, o guión, convencional. Esto explicaría también que el insecto sea el propio hombre, perseguido por sí mismo, por su propia exigencia.

Pero hay más: Nolan nos habla también de la presión social. Situando al escritor rodeado de extraños objetos que pueden antojársenos algo futuristas (una bombilla/lámbara con reloj incluido, un teléfono con los botones en línea… muy propios de un 1984 o THX 1134 – George Lucas, 1971), llega un momento en que en plena alteración por no encontrar al “bicho” – que es uno mismo situado en un plano o dimensión temporal avanzada -, suena el teléfono. Al descolgar oímos una voz alarmista, que repite continuamente una frase a la que el hombre no le hará ningún caso, ya que se está dedicando a algo más importante. Esta voz puede representar claramente la presión externa a realizar las cosas de una determinada manera, a seguir unos cánones. Incluso a una forma de escribir, de filmar. A atenerse a narrar historias artificiales, demasiado comunes. El hombre, Nolan, hará caso omiso de la alarma, sumergiendo el teléfono en un jarro con agua, y continuando con esa necesidad de eliminar al causante de sus problemas: a él mismo.

Finalmente, nuestro protagonista verá saciada su sed de tranquilidad aplastando a su mini-yo, a su propia y avanzada mente, sin saber que él mismo sufrirá la misma suerte, siendo aplastado por su super-yo segundos después.

Y aquí, la gran pregunta: ¿Es bueno, o malo, este final? Porque si bien podemos pensar que se puede tratar de la representación de que siempre habrá alguien mejor, alguien que nos aplastará con sus nuevas ideas… ¿si somos nosotros mismos, no se trata en realidad de conseguir la superación en nuestro trabajo, en nuestra vida? En cualquier caso, si algo consigue el director con su inquietante y aterrador corto es que reflexionemos. Algo que no suele encontrarse, ni mucho menos, en la cartelera (y menos actual).

Un corto más que interesante que es tan sólo la punta del iceberg con el que el director empezó a hilar el ovillo de films relacionados, directa o indirectamente, con la mayor de sus obsesiones: la mente humana.

Cortometraje:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] de la mente humana, en cuanto a sus trucos y funcionamiento. En uno de sus primeros cortometrajes, Doodlebug, ya nos dejaba entrever esta su preocupación acerca del poder de la mente sobre el propio yo: la […]

  2. pedro dice:

    cine experimental?… No ,gracias. El arte es otra cosa, además de mental.

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