El caballero oscuro

El Batman más oscuro, el Nolan más brillante Por Arantxa Acosta

“- Un justiciero es un hombre perdido en su afán de satisfacción personal. Pueden acabar con él, o encerrarle. Pero si consigues ser algo más que un hombre, si te entregas a un ideal, y nadie te puede detener, te conviertes en algo diferente.
- ¿Que es?
- Una leyenda, Mr. Wayne" Ra's al Ghul a Bruce Wayne (Batman Begins, Christopher Nolan, 2005)

Aunque por las palabras del propio director, el final de Batman Begins no estaba premeditado para que hubiese una secuela, sino para mostrar que Batman se convertía en el aliado de la ciudad y continuaba aportando su ayuda a la policía para luchar contra todos sus enemigos, con Batman Begins la Warner había encontrado a la gallina de los huevos de oro, y por partida doble… no la iba a dejar escapar. Por un lado, el director se había convertido en todo un visionario que había transformado el género, demostrando que el superhéroe dirigido al público adulto era posible. Por otro, y seguramente más importante: Batman había recuperado su dignidad. Gracias a Dios… o mejor dicho, a Nolan.

Así que la continuación iba a ser más que esperada… y criticada. La necesidad de superación era casi obligatoria. Un villano a la altura de un Batman que ya nos había robado el corazón (es uno de los superhéroes con el que más nos sentimos identificados, al no tener más superpoderes que su fortuna). Una historia que eleve realmente a leyenda la figura del héroe. Una puesta en escena digna de la Gotham más evolucionada. Una leyenda, no un vigilante. Nosotros esperábamos lo mismo que los habitantes de Gotham. Nosotros éramos Gotham.

¿Y qué nos da Nolan? Más luz que sombras. Más realismo que ficción. Más suspense que  acción. Más psicología que superficialidad. Más grandilocuencia que nunca. Nos lo da todo, sin excepción.

Héroe y Villano, dos caras de una misma moneda

“Mis personajes están por lo general muy deprimidos, como Batman, que es un maníaco-depresivo”, espetó Burton antes del estreno de su Batman. ¡Ah! Qué mejor introducción para el Joker, que en 2008 fue nombrado número 1 en el Top 100 de mejores villanos por la revista Wizard Magazine. Villano por excelencia, encumbrado por un Jack Nicholson en estado de gracia y mitificado finalmente por el fallecido Heath Ledger.

Burton, conscientemente, dejó brillar en múltiples escenas al histérico Joker de Nicholson, proporcionándole voluntariamente una complejidad y realismo, aun con el horrendo disfraz que llevaba (fiel al cómic), que asombraba a todos. Siguiendo con la teoría mostrada en El protegido (Unbreakable, M. Night Shymalan, 2000), “Yo te hice, pero tú me hiciste a mi”, clara justificación de sus acciones echándole en cara a Batman que no dejó que muriese al caer al tanque lleno de ácido.

Y si el Joker de Burton no era suficientemente oscuro y cruel, la interpretación de Nolan de El caballero oscuro lleva el concepto del adversario mucho más allá: psicópata demente, con un pasado no conocido, pero sin duda distinto a la interpretación del Joker de Nicholson (basado en la reinterpretación del personaje por Alan Moore en los ochenta), disfruta creando el caos. En realidad, esta concepción del Joker es en parte la del cómic original de 1940.

No nos hace falta descubrir un pasado, un origen a la locura del Joker. El Joker es, sencillamente, la encarnación del lado psicópata de Batman. Es la clara representación de la doble faceta del héroe, una faceta marcada por su obsesión con seguir las reglas, con hacer el bien, que al final de la película le hará convertirse, por voluntad propia, en proscrito. Una dualidad que marca al multimillonario desde pequeño, ahora  fascinado por la falta de escrúpulos de su oponente.

Está claro que Nolan quiso equilibrar en su segundo film las fuerzas del bien y del mal: encontramos, exclusivamente, a diferencia de todas las anteriores, a un único villano. Un villano tan inteligente como el propio Batman. Un villano al que todos respetamos, por la coherencia de su discurso dentro de su desorden mental. Y una interpretación que dejó a todos los defensores del teóricamente inigualable Nicholson pasmados. Y es que Ledger no le igualó, le superó con creces.

La idea con la que juega aquí el director es que el autocontrol extremo puede decantar la balanza hacia uno u otro lado, incluso haciéndonos pensar, tanto a nuestro héroe como a nosotros mismos, que realmente no sabemos distinguir quién es la persona real, si Bruce Wayne o el propio Batman. Una disociación voluntaria que converge a la vez que diverge con la figura de Harvey Dent, que sí sufre un desorden disociativo en toda regla.

Y es que en una escena del film algo nos dice que en su adolescencia ya jugaba a doble bando. Poco más se esclarece del pasado del héroe/villano (y es que dos caras es la pura representación en una misma persona de que defender el bien o el mal son dos caras de la misma moneda… o una misma cara, mejor dicho), que en la película de Schumacher, por el contrario (y se supone como una de las pocas menciones a los cómics de última generación, léase Frank Miller), se describe como alguien que quiere borrar un trauma familiar destruyendo el crimen organizado. Pero bueno, esa fue la única pincelada que profundiza en el personaje del villano, deslumbrado por tanta luz y juego de colores que incluyó el director en la película, que, obviamente, no alcanza la supremacía de las góticas antecesoras de Burton (aun así, quizá sea Tommy Lee Jones el único que salva la papeleta en la caída cinematográfica del héroe murciélago).

Por el contrario, y siguiendo su ánimo de diseccionar psicológicamente a sus personajes, el Dos   Caras de Nolan se presenta como una persona que se libera, dejándose a su propia suerte y quitándose de encima todos los complejos y reglas que la sociedad se autoimpone, al dejar salir su lado mas oscuro tras haber experimentado un trauma tan horrible como el de perder a su amada.

Pero Dent, como decíamos al inicio, no puede considerarse villano, al menos en esta visión de Nolan. Realmente su evolución en todo el metraje consigue que el espectador sienta verdadera empatía por él, y su trágico desenlace se entiende, como no podía ser menos, como el respetable final que todo héroe debería tener.

Máximo realismo para una historia de máxima ficción: experimentando con IMAX

“Recuerda las películas filmadas en cámaras IMAX: se llevaron al Everest, debajo de las aguas del océano, y hasta los astronautas las llevaron al espacio… Si se puede hacer eso, sin duda también se puede filmar en las calles de Chicago con cámaras IMAX”, le dijo Christopher Nolan a Emma Thomas, productora del film (y su esposa, por cierto). Y tenía razón.

El director tenía muy claro que la audiencia está pendiente de ver cuáles son las imágenes generadas por ordenador. Así que decidió mostrar Gotham como nunca antes: con las calles de Chicago a la luz del día, en todo su esplendor. Recordemos que en Batman Begins sí se construyó digitalmente la ciudad, con altos edificios (entre ellos el edificio Wayne con la estructura ferroviaria que será el centro del film) y calles futuristas imitando en cierto modo el estilo Blade Runner, o cualquier otro film que el algún momento se haya basado en ésta. Una ciudad moderna, y dentro de los cánones que todos imaginamos es Gotham: oscura por definición. Y, sin embargo, el prólogo de El caballero oscuro es todo lo contrario: una vista aérea de Chicago que quita la respiración, con unos movimientos de cámara casi imposibles para mostrar desde el aire el salto (real) entre dos edificios de los enmascarados ladrones.

Porque Nolan quería dar el máximo realismo a su historia (recordemos que Batman no tiene poderes especiales, sino que todo lo consigue gracias a los “gadgets” que le fabrican), sumergiendo al espectador en un entorno que le fuese familiar, con héroes de carne y hueso (Gordon también lo es, por supuesto) y un villano principal que pudiésemos asimilar más con un enfermo mental que con personas con un pasado aterrador que les han trasformado en su vida (caso que sí sería el de Harvey Dent). De hecho, al contrario que Tim Burton, que decidió – también por la época y por inquietudes personales- dotar de la estética de cómic a sus personajes de carne y hueso, cogiendo como base la versión del Joker de Alan Moore de 1989 (La Broma Asesina) en la que se desfigura la cara al caer en un tanque con reactivos químicos, el director y también guionista junto a su hermano Jonathan Nolan prefiere acogerse a la historia del Joker que originalmente apareció en el cómic en 1940: el personaje sin pasado. Así, deciden que se trate de alguien que no desvela el porqué de sus cicatrices, y ni tan siquiera sabemos de dónde viene (hay que reconocer que los guionistas lo tienen todo en cuenta, al poner en palabras de la policía “el traje es hecho a medida”. En la actualidad lo primero que harían sería rastrear esa pista hasta encontrar la tienda… un recurso también utilizado, por cierto – aunque más inverosímil, pro el contexto global – en Se7en de David Fincher – 1995).

Así que Nolan tuvo que convencer a los productores para probar el formato IMAX en escenas de acción, nunca visto hasta la fecha, tomando la dirección opuesta al digital para conseguir una imagen de la mejor calidad posible. El “experimento” con cámaras IMAX se convirtió en un éxito fulgurante: las primera prueba se convirtió finalmente en el un prólogo de seis minutos rodado en IMAX de la ciudad de Chicago. Nolan utiliza con gran acierto el IMAX como herramienta dramática, no como documental, y aunque normalmente este formato se había utilizado para para planos largos (aporta mucha menos profundidad de campo, así que enfoca a sólo unos centímetros), con la cámara en un soporte estable se pudo utilizar para las escenas de acción que ya forman parte de la historia del cine.

Pero el realismo no se queda en las espectaculares imágenes. Nolan va más allá, y engloba toda su obra con este halo: ya desde Batman Begins, todos los artilugios que utiliza Batman están basados en tecnología real (otra cosa es que ya se haya conseguido que funcione). El límite es el precio, pero claro… ¿quién sino Mr. Wayne para superar el complicado obstáculo?. Incluso se incluyó en el guión la necesidad de cambiar el traje, para que pudiese girar la cabeza. Realismo puro, sí señor. No hay cabida para la improvisación. De hecho, hasta le perdonamos que en la escena del prólogo, cuando el Joker se quieta la máscara de payaso, de repente se le haya coloreado el pelo de verde… ¡Aich! Bueno, no pasa nada…

El cambio de color que se merece la historia

Con Batman Begins se nos mostraba a un joven Bruce Wayne, ávido de deseo de venganza, poco reflexivo al inicio, con ganas, en definitiva, de combatir a cualquier precio. El color cobrizo es el que mejor le queda a la venganza. Pero en El caballero oscuro estamos ante una evolución del personaje. Totalmente insertado en su ciudad, aclamado como “vigilante” (aunque en la primera parte se quisiese alejar de ese apodo), está en la sombra, nadie le ve, pero actúa. el color cambia, se vuelve más frío… De los cálidos naranjas que arropan la llegada del salvador, del héroe, nos vamos al color azul, que embriaga toda la película, y que se nos antoja más maduro y nocturno, de alguien que trabaja desde la ilegalidad, pero también más metálico: es el color de la lucha entre dos grandes.

Wally Pfister, nominado por enésima vez al Oscar por esta fotografía (que finalmente se llevó, por fin, por Origen), demuestra su saber hacer: cuando nadie esperaba que en una película sobre el superhéroe dominase la luz, ahí están esos espectaculares planos de la ciudad… siempre azul, siempre acechada. Un trabajo excelente que ayuda a que el espectador se identifique aún más con el realismo de la historia.

La música de Hans Zimmer: grandilocuente, espeluznante. El sonido del Joker.

Zimmer ya firmó, junto a James Newton Howard, la música de Batman Begins. En la segunda entrega, y como es lógico, el sonido que se volverá a repetir es el de canciones como “Vespertilio” o “Eptesicus”, características de las dos facetas Wayne (composición más melódica, profunda) y Batman (sonidos más grandilocuentes). Pero si ya sorprendió la primera composición por acercarse mucho más a un trabajo de sonido que no de banda sonora, el resultado en El caballero oscuro explora mucho más esta faceta, buscando, como indicó Zimmer en el momento del estreno, el sonido característico del Joker. Y lo encontramos ya en los primeros segundos de la primera canción de la B.S.O., “Why so serious?”. Una nota de chelo estridente y distorsionada, que nos intranquiliza, hasta que deja paso a la percusión y sucesión de sonidos entremezclados (lo que nos puede recordar al tic tac de un reloj, junto al sonido cientos de murciélagos batiendo sus alas…), una canción que es el claro equivalente al caos mental del personaje para el que ha compuesto. Además encontraremos esa nota, con mayor o menor protagonismo, en varias de las canciones (en “Like a Dog Chasing Cars” se inmiscuye casi al final de la melodía que ensalza a nuestro héroe), recordándonos que el Joker acecha, o maquina, aunque ni tan siquiera le veamos en la escena.

Harvey Dos Caras también tendrá su melodía propia, con un inicio que recuerda mucho a una campaña electoral para dejar paso a una sucesión de notas que se nos antojan acordes a las dudas del personaje, pasando a ser más oscura y terrorífica, y creciendo finalmente, volviendo al origen, para demsotrar que Harvey Dent es el héroe de Gotham.

La composición de Zimmer es disfrutable sobremanera sin estar viendo el film, siendo dos de las más imponentes “Like a Dog Chasing Cars” y “And I Thought My Jokes Were Bad”, que demuestran la maestría de un Hans Zimmer al que incomprensiblemente no nominaron al Oscar por su trabajo. Una música que supo adecuarse a las necesidades de un film que buscaba demostrar que su sonido no tenía por qué que ser agradable a los oídos, sino que debía sumergirnos en la oscura lucha entre sus principales protagonistas.

Guión, actores y puesta en escena: el Batman más cercano. La identificación vs. la admiración

El guión de El caballero oscuro rezuma la maestría del tándem Nolan, que ya hemos podido disfrutar en varias ocasiones.

Si Batman Begins busca la forma de reecontrarnos con un Batman a la altura del siglo XXI, batiéndose contra Espantapájaros, un villano que en ningún momento hará sombra al héroe (porque la finalidad es conocerle, que nos deslumbre), sólo el prólogo de la segunda parte ya nos hace pensar que lo que va a venir no sólo es diferente sino imaginativo y grande, muy grande.

Porque la psicología no está reñida con la acción, y en demostrarlo Nolan se ha convertido en todo un experto. La entrada del autobús en el banco es un claro ejemplo: secuencias inesperadas, escenas imposibles. Pero ahí están.

A partir de ahí las escenas memorables van en aumento. Christian Bale asume el papel de pseudo-secundario con honor. Porque momentos como el enfrentamiento en la comisaría junto al Joker no son otra cosa que dejar en bandeja a Heath Ledger  que pueda lucir su supremacía interpretativa (también es verdad que con un traje de látex poca cosa puedes hacer, la verdad). La irrupción del Joker en la junta de mafiosos es memorable, con su “voy a hacer desaparecer este lápiz” o “yo no estoy… loco… no… estoy…”. Sublime. O el cambio en la cara de Bruce Wayne/Christian Bale, de gigolo a responsable comprometido, cuando Rachel le encuentra a la salida del hotel del brazo de dos despampanantes modelos. E incluso detalles que pueden pasar desapercibidos en un primer visionado, como la frase que pronuncia Gordon “Tenemos que salvar a Dent. Tengo que salvar a Dent”, que nos revela más de su personalidad que en toda la película (aparte de los gestos de un Gary Oldman sabedor del oficio, y de la oportunidad que el director que la brindado con la interpretación del bondadoso comisario). En definitiva, unas interpretaciones a la altura de un guión inteligente, lleno de tramas y subtramas (a estas alturas, Nolan ya nos tiene acostumbrados), que equilibran el protagonismo de todos los actores, incluso Michael Caine o Morgan Freeman.

Y ahora… ¿qué?

Curiosamente, y aunque en varios aspectos Batman Begins la iguala, como mínimo, la gran aclamada y ensalzada por el público es El caballero oscuro. Quizá porque el espantapájaros no es el villano más conocido. Quizá porque la maquinaria publicitaria no fue tan potente en su momento. O quizá porque la identificación héroe nos toca más en esta historia (llevamos mal lo de ser maestros samurais). En cualquier caso… ¿ha llegado Nolan a la cumbre de su carrera?

Batman se entrega a la leyenda, conviertiéndose en fugitivo. No es lo que Gotham merece, pero sí lo que necesita. Los pelos de punta se nos siguen poniendo al ver ese final, ya épico en la segunda parte. Pero ahora nos vamos al épico final. Nos vamos a The Dark Knight Rises.

TRAILER:



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Comentarios sobre este artículo

  1. […] parece muy interesante del tratamiento sobre la mascarada y una parodia sobre la sociedad misma es El caballero oscuro (The Dark Knight, Christopher Nolan, 2008) que sin dejarnos engañar por la apariencia de […]

  2. […] huía despavorida de un público que no la comprendía; o Batman Begins (Christopher Nolan, 2005) y El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008), con las que el director nos ofreció un hombre murciélago simbólico […]

  3. […] su sello de autor, a esa renovación revolucionaria del mito del superhéroe que llegaría con El Caballero Oscuro (The Dark Knight, 2008). Demasiado lejos, (temporal, argumental y formalmente) quedaba para muchos […]

  4. […] de Batman utiliza el tiempo como constante limitación para nuestro avance, y decisiones: en El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008), por ejemplo, tenemos la impactante secuencia de los dos barcos, donde los […]

  5. […] encima de cualquier adaptación de cómic vista hasta la fecha, sólo superada, y no de tanto, por El Caballero Oscuro (The Dark Knight, […]

  6. Open Windows dice:

    […] 3D. ¿Increíble, no? Ya, ¿pero acaso lo era más el sistema de escuchas creado por Lucius Fox en El caballero oscuro - The Dark Knight, Christopher Nolan, 2008?)… invadiendo la intimidad de los dos protagonistas, […]

  7. […] abiertamente su admiración por el cine de Christopher Nolan en más de una ocasión, considerando El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008) como muestra paradigmática de que la seriedad y densidad en el contenido […]

  8. […] previamente con esta saga. Y es que sin pretender ser tan trascendental como la trilogía de El caballero oscuro de Christopher Nolan, o tan adolescente como el (¿innecesario?) reboot The amazing Spiderman, Iron […]

  9. […] El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008). […]

  10. […] consciente de que El caballero oscuro (The Dark Knight) necesitaba una continuación convincente para explicar el devenir de nuestro ángel caído, decide […]

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