Following

El cazador, cazado Por Arantxa Acosta

“Roy: I'm not a criminal. I'm a con man.
Dr. Klein: The difference being?
Roy: They give me their money.
Dr. Klein: That's a nice rationalization, Roy"Los Impostores (Matchstick Men, Ridley Scott, 2003)

El primer largometraje de Christopher Nolan basa su éxito en una inteligente trama, (incluyendo un inesperado giro final en el argumento que te deja con la boca abierta), envuelta en una atmósfera tensa y perturbadora conseguida gracias a un uso muy preciso de distintas técnicas cinematográficas, entre ellas un formato de montaje que hará evolucionar en su inmediato siguiente trabajo, Memento. Una opera prima que le ayudará a poner de manifiesto sus inquietudes respecto a la mente y condición humana (algo ya veíamos en los escasos tres minutos de Doodlebug), pero que se nos antoja ahora, tras revisar el resto de su obra, sólo la punta de un iceberg que poco a poco iremos descubriendo. Esta película es, sin lugar a dudas, de visionado imprescindible para comprender a Nolan y su trabajo.

El director parte en Following de la astuta idea de que a todos nos ha gustado alguna vez escuchar la conversación de dos o más personas e el autobús, o mirar a algún desconocido y plantearse, sin ningún motivo en particular, quién es, de dónde viene, a dónde irá, dónde vive…

Por tanto, una de las claves que hace tan inquietante el film es que podemos sentirnos identificados inmediatamente con el personaje principal, el escritor en horas bajas que decide, para inspirarse, seguir a personas por la calle sin motivo aparente.

Un escritor que, por cierto, podríamos llegar a pensar es el mismo que el de Doodlebug (interpretado, además, también por Jeremy Theobald). Así, y como ya hacíamos al hablar del corto, podemos identificar al inocente escritor con el propio Nolan… hasta tiene en la puerta de su casa una pegatina con el símbolo de Batman. ¿Casualidad o visión de futuro? Lo que sí sabemos es que a Nolan le gustaba mucho el personaje de cómic, y por esa razón se interesó por iniciar la saga de nuevo cuando se enteró del proyecto de la Warner. En fin, si a esto le sumamos la decoración del apartamento (una máquina de escribir, fotogramas de El Resplandor – Stanley Kubrick, 1980), podemos concluir definitivamente que se trata del alter ego del director, interesado, como veremos en toda su obra, por personajes alineados, que arrastran algún tipo de trauma pero que en realidad, todos ellos, comparten las ansias de hacer algo importante.

Pero volvamos a Following. Nuestro escritor pronto conocerá a uno de los individuos a los que ha decidido seguir específicamente, y más de una vez, rompiendo así su regla de no repetir con una misma persona. Un hombre seguro de sí mismo, vistiendo de traje, que le anima a hacer lo que él: si bien el escritor se limita a seguir a personas, como curiosidad, el hombre va un paso más allá: se dedica a allanar las casas de la gente que ha vigilado. “Irrumpiendo en sus vidas (…). Todos tienen una caja en la que guardan sus objetos personales. ¿Por qué guardan todo eso? Quítaselo, y enséñales lo que tienen”. Así, se trata de un ladrón (se lleva CDs principalmente, siempre cosas de poco valor) al que, no obstante, le gusta demostrar que ha invadido la privacidad de sus víctimas, cambiando de lugar algunos objetos, dejando objetos de otros lugares para crear una discusión entre los habitantes… al igual que “educan” los ladrones de Los Edukadores (Hans Weingartner, 2004). Se trata, por tanto, de un ladrón no únicamente de objetos, sino de intimidad. De ideas preconcebidas. No en vano el ladrón se llama Cobb, nombre que Nolan recuperará para el protagonista de Origen. A partir de este encuentro, la vida del escritor cambiará completamente, traspasando sin quererlo una línea que ni comprende, ni le permitirá volver atrás.

Nolan juega con una historia de equívocos, en la que las personas no son lo que parecen y a las que les dará más de una vez una vuelta de tuerca. El asaltador se convertirá en víctima, la víctima en cómplice, y el bondadoso instructor en un personaje con múltiples facetas. Y esta es sólo una parte de lo que encontramos. En sólo una hora y cuarto de metraje.

Así, se dice mucho en poco tiempo, al igual que en Doodlebug. El formato, de nuevo, un blanco y negro mordaz que potencia el relato que podríamos tildar de cine negro (el personaje de la chica es imposible no lo asociemos a la clásica femme fatal, incluso por su vestuario, maquillaje y peinado), pero también de thriller psicológico (ya sabemos que a Nolan no le gusta que sus films se encasillen dentro de un único genero). Unas interpretaciones muy realistas y cercanas, destacando por encima de todas la de Cobb/Alex Haw, en la que curiosamente parece años más tarde haberse inspirado el propio di Caprio para su personaje de Origen.

La novedad aquí frente al corto (en el que sería imposible hacerlo dada su duración) es el incluir un montaje que luego asimilaremos rápidamente en Memento. Al igual que en su siguiente film, Nolan hace avanzar su narración a partir de dos líneas temporales a distinto ritmo: la primera, avanza cronológicamente desde que conocemos al escritor (obviando el hecho de que la película se abre desde momento final de la historia, con nuestro protagonista en una comisaría). La segunda línea está llena de saltos adelante y atrás… Finalmente las dos convergen para acabar mostrando las escenas finales, correspondientes al momento diegético, que aún así se ven salpicadas por flashbacks de lo que ocurrió justo el día anterior, mientras el policía se lo está explicando al escritor.

Un montaje, llevado a cabo por el propio Nolan, que es imposible dejarnos indiferentes. Una forma de explicar la trama que la hace mucho más interesante (aunque ya lo es de por sí), y que obliga al espectador a salir de su entorno de confort, manteniéndole atento a lo que puede estar sucediendo, y apremiándole a componer poco a poco las piezas del puzzle temporal. De hecho, en la edición en DVD (versión alemana) se incluye en los extras la película montada de forma cronológica. Sigue siendo igual de intimidante y absorbente… pero hay que reconocer que pierde mucho de lo que la hace más interesante: el sentirnos detectives, como el policía que interroga al protagonista para esclarecer lo que en realidad ha ocurrido (por cierto, interpretado por el tío de Nolan).

En Following también detectamos pequeños indicios de cómo le gusta rodar a Nolan: cámara en mano que sigue al protagonista que sigue a las personas por la calle, robándole también su propia intimidad; primeros planos, muy cercanos para que podamos sentirnos tan coaccionados como los propios protagonistas de la cinta; vistas aéreas de las ciudades (aún sin la majestuosidad que podremos disfrutar posteriormente), que empequeñecen a los protagonistas…

En fin, una película que contó con 6.000 € de presupuesto, que fue rodada en fines de semana y en la que la mayoría del equipo, incluyendo a su fiel compositor David Julyan, trabajó gratis. Una carta de presentación que, aunque no es perfecta, le valió la obtención de su primer premio como mejor director, y le facilitó la financiación para rodar su film más ambicioso en cuanto a técnica narrativa, Memento, abriéndole las puertas a Hollywood.

TRAILER:


 

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Comentarios sobre este artículo

  1. [...] ante el segundo largometraje de un tal Christopher Nolan, después de su ópera prima, titulada Following (1998), que por estos lares no había conseguido especial [...]

  2. […] Aunque es evidente que técnicamente deja que desear, el corto está bien realizado y no hay que infravalorar la forma que ha encontrado Nolan de transmitirnos sus propias inquietudes: a través de un riguroso blanco y negro, con la cámara siguiendo en todo momento los movimientos del hombre y acompañando las surrealistas escenas con una música que se convierte en personaje esencial del corto (compuesta por David Julyan, recurrente en la filmografía de Nolan hasta que inició con Batman Begins su colaboración con Hans Zimmer, aunque pudo contar con él también en El truco final). Incluso la cutre-sobreimpresión de las imágenes pasa por alto al tenernos atrapados intentando averiguar qué es lo que el director nos está proponiendo. Un formato y personaje principal que es imposible no nos recuerde a la genial Pi: fe en el caos (Darren Aronofsky, 1998), rodada poco después y que también tendremos presente como referencia al hablar de Following. […]

  3. […] es diferente a Following y Memento. La paradoja es que, para este director, que hizo desde la genialidad y la sorpresa sus […]

  4. […] de  “aplastarse” a uno mismo, de estar atrapado en tu propia mente. Un concepto que en Following dejará a un lado para adentrarse, por el contrario, a reflexionar sobre la manipulación de la […]

  5. […] ante el segundo largometraje de un tal Christopher Nolan, después de su ópera prima, titulada Following (1998), que por estos lares no había conseguido especial […]

  6. […] para el hombre aparece en absolutamente todos los largometrajes de Christopher Nolan. Porque en Following (1998) y Memento (2000) la importancia del tiempo la encontrábamos muy presente en el montaje. El […]

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