Origen

Cuando la peonza deje de girar... Por Arantxa Acosta

"No pienses en elefantes"Arthur (Origen)

“Todo gran truco de magia consiste en tres actos. El primero acto es La Presentación: el mago muestra algo normal, pero probablemente no lo es. El segundo acto es La actuación. El mago transforma lo que aparentemente era normal en algo extraordinario. Intentas averiguar el secreto, pero no puedes. Por eso, aún queda un tercer acto: El Prestigio. Lo imposible se convierte en posible, y tus ojos ven algo que no habían visto jamás”.

Esta era la explicación que nos daba Cutter, interpretado por Michael Caine, en El truco final ( The Prestige, Christopher Nolan, 2006). Mientras estamos sentados (hipnotizados) en nuestras butacas viendo Origen, nos damos cuenta de que el director está utilizando estos mismos tres actos para desarrollar su guión. Por tanto, y merecidamente, en esta ocasión… el mago indiscutible es el propio Nolan.

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Y es que la estructura de Origen no puede ser más simple. De hecho, se trata de las partes de cualquier obra teatral. En los primeros quince minutos se nos presenta a los personajes y su forma de ganarse la vida: robar ideas mientras sus propietarios duermen. En los siguientes quince, “el pedido”: en lugar de robar, se pide introducir una idea en el sujeto. A partir de los treinta minutos, entramos en la actuación: cual Ocean’s Eleven (Lewis Milestone 1960; Steven Soderbergh, 2001) veremos como Cobb, el líder, va reclutando uno a uno a su equipo y cómo entre todos van organizando el robo/la introducción de la idea en la mente de Robert Fisher (no continuar con el imperio empresarial de su padre). Finalmente, El Prestigio. Lo imposible se convierte en posible. Sólo que, en este caso, no se trata de un minuto. En lugar de eso, durante más de una hora estamos sobrecogidos y en continua tensión, viendo cómo esa organización, que necesariamente implica el bajar hasta cuatro niveles en el subconsciente de los protagonistas, se lleva a cabo, hasta lo que pueden ser los últimos cinco segundos más magistrales de todo el film: un primer plano de una, “la”, peonza.

Bien. Si la estructura es tan simple… ¿qué es lo que hace de Origen una obra maestra (sí, lo es)? Pues como mínimo dos cosas: en primer lugar, la originalidad del guión y, por supuesto, su puesta en escena. Y la segunda, el soberbio montaje de todas y cada una de las escenas.

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En cuanto a la originalidad del guión: nadie podrá dejar de quitarse el sombrero frente a la idea y desarrollo que nos propone el director. Si bien es cierto que muchos la compararán con Matrix (Andy&Lana Wachowski, 1999), hay que aceptar que hacerlo es la vía fácil, aunque, por supuesto, existe una similitud de base. En Matrix se nos mostraba un mundo irreal, creado por las máquinas para mantener al ser humano bajo su control.  Pero Nolan va más allá: no son las máquinas las que se apoderan de nuestro mundo, las que nos someten.  No hay que ir tan lejos: somos los propios humanos los que podemos someter a otros humanos, con un concepto tan simple como lo es una idea. “¿Cuál es el parásito más persistente? Una idea. Una única idea de la mente humana puede construir ciudades. Una idea puede transformar el mundo y reescribir todas las reglas”, nos dice Cobb. La idea, como movilizador o destructor de nuestro mundo, de nuestra realidad.

Pero la filosofía que plantea Origen no se acaba aquí, son muchos los temas que plantea Nolan. Fantasía y realidad van de la mano en todo momento en las dos horas y media de metraje, hasta el punto que, aunque hayamos seguido perfectamente el desarrollo de la historia, Nolan se permite hacernos dudar de si seguimos o no en el sueño. Habrá que pensar en lo que hemos estado presenciado para llegar a la conclusión.

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Y es que… ¿Qué es sueño? ¿Qué es realidad? En el film queda claro, y todos lo sabemos, que mientras soñamos no podemos distinguirlo, es al despertarnos cuando vemos que algo no encajaba. Lo que creemos que vivimos y lo que soñamos es la misma “realidad”, igual que la que experimentamos con la que vemos reflejada en un espejo. ¿Es menos real un sueño que un reflejo en el espejo? ¿O el reflejo en el espejo es la verdadera realidad, la que no nos gusta aceptar? ¿Quién nos lo puede asegurar? Entonces… ¿Por qué el sueño no es la verdadera realidad? La mujer de Cobb continuamente le recordaba que su vida no era la real, que la real era la de su ciudad, su mundo al lado de la playa. También se nos muestra a un grupo de doce personas que prefieren conectar sus sueños cuatro horas al día para, entonces, vivir “su” realidad. Todos hemos querido volver a dormirnos en algún momento, para conseguir recuperar un sueño en el que estábamos siendo felices. Todos hemos querido, en algún momento, soñar despiertos. Así que… ¿por qué no hacerlo? Nolan, para ello, nos da múltiples pistas: en un momento del film Miles le aconseja “Vuelve a la realidad”. En otro, Yusuf, el alquimista, le pregunta: “¿Aún está soñando, Sr. Cobb?”. Eso sin entrar en otros detalles como en que en el sueño de la presentación, con los decorados japoneses, se dice que se está en el sueño de Arthur… pero son los mismos que vemos después en el limbo de Cobb. Con todo esto, ¿está más claro qué es lo que pasa en Origen, o incluso más complicado? Es decir… ¿estamos realmente seguros de cuál es el verdadero Origen de todo, cuál es el verdadero encargo?

Otro elemento que añade Nolan a su historia, y que nos ayuda a resolver el enigma anterior: el poder de la culpa, y la necesidad de expiación. Sentirse culpable induce a Cobb a que su subconsciente boicotee sus propios planes y, por ende, la misión. Pronto vemos que la historia de amor de Cobb con la proyección de su mujer no es tal: más bien es una lucha interna con sus propias pesadillas y miedos. Finalmente, Nolan deja clara la necesidad de enfrentarte a ti mismo, de superar el pasado y de reconciliarse con uno mismo para alcanzar la felicidad… será, entonces, necesario enfrentarse al Origen.

Dicho esto… ¿cómo consigue Nolan que entendamos bien todos los giros de su Prestigio? Con su técnica… envidiable para muchos.

Para empezar, la presentación del concepto de sueño dentro de sueño y la “patada” para hacer volver a los soñadores a la vida real es, en todo momento y para asegurar la fácil comprensión, gradual. Por ejemplo, vemos fácilmente cómo si en la realidad a Cobb le sumergen en una bañera, él sueña con que muere ahogado en una inundación. Si la furgoneta que traslada a los soñadores sufre un accidente y vuelca, en el siguiente nivel de sueño, en el hotel, todo se desplaza a un lado. Si la furgoneta cae por un precipicio, en el hotel se quedan sin gravedad (espectaculares escenas, de lo mejor que hay técnicamente en el film) y en el tercer nivel, el fuerte, cae un alud. Tampoco podían faltar los múltiples espejos que aparecen en todos los niveles del film: no es casualidad, antes hablábamos de si el reflejo de un espejo es la verdadera realidad o es ficción. Vemos espejos que reflejan casi continuamente a Cobb: en un bar de Mombasa, en el hotel del segundo nivel… Aunque personalmente lo que más me ha gustado es la analogía de la caja fuerte, el lugar donde guardamos nuestros secretos más profundos. Para Saito, el que contrata a Cobb, es una idea de su multinacional, papeles confidenciales metidos en un sobre. Para Mal, la mujer de Cobb, es la peonza, símbolo de la realidad que está – o no – viviendo. Para Fischer será el objeto de “su” Origen… brillante.

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Y, acompañando a todo esto, no podían faltar las ya famosas vistas aéreas de Nolan, y la grandilocuente música de Hans Zimmer, asiduo ya de Nolan, eficaz en todo momento, que penetra tanto en nosotros que nos hace retumbar el corazón y se convierte en el elemento catalizador clave para mantenernos atentos al guión y no perder detalle de lo que (realmente) está sucediendo. De agradecer también el fichaje de DiCaprio/Cobb (y no de Bale) para llevar a cabo el peso inconsciente de absolutamente toda la trama, y que sabe mostrar muy bien su desconcierto en muchos momentos, su decisión en otros y, mi favorita, su culpabilidad desgarradora en la escena de la ventana del hotel de su aniversario. Si bien es cierto que todos los personajes están muy bien definidos, también es destacable el punto de humor y franqueza que ha sabido dar Tom Hardy/Eames el falsificador al suyo.

Pero no puedo finalizar sin hablar del segundo elemento clave: el montaje. Todos sabemos que en Memento (2000) el montaje fue para Nolan su baza para la historia. Pero no es de ésta de la que ahora “bebe” Nolan, sino de otra de sus pequeñas y poco valoradas genialidades: Insomia (2002). En ella (aparte de que el tema también está relacionado con el que ahora nos ocupa, los sueños o, mejor dicho, la falta de ellos), ya se nos mezclaban fotogramas desde los títulos de crédito que no acabábamos de encajar hasta que su protagonista, Al Pacino, nos hacía conscientes de lo que habíamos estado presenciando. En Origen este recurso se lleva a su máximo esplendor: el mar, Mal, los niños, las vías del tren… Y en cuanto al montaje en paralelo, ideal para enlazar y hacernos vivir las cinco (¿o, mejor dicho, seis?) “realidades”: avion, ciudad, hotel, fuerte y mundo de Cobb. Simplemente, magistral.

Origen no es un thriller psicológico. No es una peli de ladrones. Tampoco es una de acción. Lo es todo y nada a la vez. Es, sin lugar a dudas, el Prestigio de este gran mago del cine en el que poco a poco se ha ido convirtiendo Nolan. ¿Podrá superarse en su siguiente largometraje? Esperemos que sí. ¡Ah! Y no pienses en elefantes.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. [...] viendo es real o no lo es. No en el sentido fantasioso, ni moviéndose en terreno onírico (como en Origen), sino por hacernos reflexionar sobre uno de los misterios que tiene tantos seguidores como [...]

  2. [...] interesó a Nolan para desarrollar la hasta ahora mayor (y mejor, opinión personal) de sus obras, Origen, en la que trata también una evolución de la confusión, de los trucos, que pueden engañarte si [...]

  3. [...] repetirse en lugar de construir. Tal y como le reprocha Maurice Fischer a su hijo en el sueño de Origen. Pero, en cualquier caso, grande como lo que representa: el gran último episodio del Batman más [...]

  4. [...] y trepidante acción que lógicamente nos hace pensar en el mejor Christopher Nolan, el de Origen (Inception, 2010), y da una vuelta completa al argumento principal, hablándonos ahora de Mesías [...]

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  6. […] interesó a Nolan para desarrollar la hasta ahora mayor (y mejor, opinión personal) de sus obras, Origen, en la que trata también una evolución de la confusión, de los trucos, que pueden engañarte si […]

  7. […] El truco final (The Prestige, 2006) y la que para los nolanistas de la casa es su mejor película, Origen (Inception, 2010), pero la clave sigue siendo (y siempre será), con la premisa de Following […]

  8. […] repetirse en lugar de construir. Tal y como le reprocha Maurice Fischer a su hijo en el sueño de Origen. Pero, en cualquier caso, grande como lo que representa: el gran último episodio del Batman más […]

  9. […] y trepidante acción que lógicamente nos hace pensar en el mejor Christopher Nolan, el de Origen (Inception, 2010), y da una vuelta completa al argumento principal, hablándonos ahora de Mesías […]

  10. […] supone una colonización del lenguaje, de las formas, y, por tanto, de la mente –Origen (Inception. Christopher Nolan, 2010)– que nos acaba llevando con naturalidad a pensar en nosotros […]

  11. […] agujeros de guión (otra cosa es que el vestuario cambie ligeramente de un plano a otro, como en Origen – Inception, Christopher Nolan, 2010 -. ¿O también aquí es intencionado? No, esto creo que […]

  12. […] Origen (Inception, 2010) hay un plano que fascina tanto como perturba: en el inicio del film, justo cuando […]

  13. […] con que se trata de la descripción ordenada de la concepción y ejecución de un robo, cual Origen (Inception, Christopher Nolan, 2010) o Un trabajo en Italia (The Italian Job, Peter Collinson, […]

  14. […] vamos a la idea que, cual Origen, el director nos invita a […]

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