El precio del peligro. Competiciones y distopías. 1981-2013

Panem et circenses. Parte II Por Jose M. Rodríguez

Este artículo prosigue lo comentado aquí: Competiciones y distopías. 1928-1975

Como ya apuntamos en la primera parte de este artículo, la relación entre el poder, los medios de comunicación o transmisión de información y la competición es casi indisociable y sobre todo cuando estos tres elementos entran en contacto, que la competición adquiere tintes más violentos, amorales y enfatiza su potencial como herramienta para el control y aborregamiento de la masa social. Lo hemos visto en un incipiente La décima víctima (La decima vittima, Elio Petri, 1965), en la que se apuntaba la tesis de un posible desarrollo de los medios de comunicación y la competición, en La carrera de la muerte del año 2000 (Death Race, Paul Bartel, 2000) y también en una más madura Rollerball (Norman Jewison, 1975).

En la misma línea de deporte-espectáculo, al más puro estilo de la arena romana, encontramos la película Perseguido (The Running Man, Paul Michael Glaser, 1987), basada ligeramente en la novela de Stephen King, El fugitivo, que escribió bajo el pseudónimo de Richard Bachman en 1982. De hecho resulta más evidente la influencia del film El precio del peligro (Le Prix du Danger, 1983) de Yves Boisset, y de la alemana Das Millionenspiel (1970) basadas ambas en la historia corta El precio del peligro de Robert Sheckley publicada en 1958.

En El precio del peligro, un programa de televisión se aprovecha de las clases más desfavorecidas económicamente para usarlas como participantes en una cacería humana a cambio de dinero. Si el concursante sobrevive un tiempo determinado a la caza que le darán cinco ejecutivos sanguinarios podrá obtener un premio de 100.000 dólares y en caso de perecer, el sistema ofrece una indemnización a la familia de 10.000 dólares. Es espectacular la escena al inicio de la cinta en la que tras morir asesinado el concursante, exponen a la viuda ante las cámaras trivializando la muerte del marido al ofrecerle el dinero de compensación. La viuda ríe y llora por el premio obtenido frente a las cámaras con una mezcla de timidez y alegría pero totalmente despojada del sentimiento de pérdida, retratada con una actitud de agradecimiento muy inquietante y significativa.

El precio del peligro es un claro precedente de Perseguido, que anticipa, como el relato de Sheckley en el que se basa, los reality shows.

La relación entre la falta de medios económicos y los espectáculos televisados en su búsqueda del morbo es indisociable. El protagonista de la cinta conseguirá sobrevivir y poner en tela de juicio el sistema, sin embargo no conseguirá su propósito. El sistema es más fuerte, y un solo individuo es incapaz de hundirlo. La masa está tan aborregada que en el momento final, paradójicamente al usar la violencia para lanzar su mensaje, lo ven como a alguien peligroso, a un criminal, y acabará con sus huesos en un manicomio. Es muy destacable la elección de una puesta en escena muy cercana a la realidad, sin artificios en sus decorados ni efectos especiales de ningún tipo que la alejen del espectador pensando en que solo se trata de una fantasía. El hacer reconocible el momento como algo cercano, dota al mensaje de un poder angustiante al poseer la capacidad de que el espectador reconozca la acción como algo posible. Nuevamente vemos como la competición se asocia al asesinato legalizado por el gobierno, en una suerte de control de las clases desfavorecidas mediante un programa que aporta la posibilidad de conseguir dinero y pasar a disfrutar de una vida mejor. Mediante una acción moralmente aberrante, el asesinato, manipulando su mensaje al convertirlo en una oportunidad para mejorar socialmente, transfigura las connotaciones negativas en positivas y por lo tanto, recibe el apoyo de la masa social que no se cuestiona en ningún momento si es correcto o no.

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El precio del peligro. Está destinado al fracaso ya que no posee ningún apoyo de la masa

En Perseguido 1 el régimen político manipula la información mediante la televisión, en concreto el canal ICS, que a su vez, provee al espectador de un gran espectáculo que los mantiene ocupados. El programa estrella se llama “Perseguido”, en el que a modo de circo romano en el que los presos cristianos debían luchar contra gladiadores o fieras, una serie de delincuentes, o supuestos delincuentes (que suelen ser personas contrarias al sistema por uno u otro motivo), escogidos por la cadena televisiva del gobierno acaban luchando contra una suerte de gladiadores del futuro que les darán caza en diferentes escenarios. Si se sobrevive a todos los cazadores, la recompensa es la libertad acompañada de dinero y privilegios. Lo que no cuenta el programa es que nunca ninguno de estos participantes, ni tan solo cuando lo consigue realmente, logra escapar de la muerte. Mediante la manipulación televisiva muestran al espectador aquello que quieren ver, y así lo pone de manifiesto el despiadado presentador del programa al final de la cinta: “aplacar al público americano dándoles lo que de verdad quieren”.

El precio del peligro Perseguido

 Perseguido

En Perseguido el espectáculo se asocia al crimen articulado de forma legal desde el gobierno con una puesta en escena de concurso televisivo que combina la “justicia” y el morbo por la muerte.

El personaje encarnado por Arnold Schwarzenegger (Ben Richards) es un policía, que se niega a disparar contra un tumulto de ciudadanos que se manifiestan pidiendo alimentos, al que se le ordena disparar con su helicóptero a la masa desarmada. Al negarse, sus compañeros lo someten y acaba encarcelado en un centro de máxima seguridad condenado a trabajos forzados. La cadena televisiva que controla el gobierno, siempre en busca de más audiencia, decide incorporar al programa a Ben, conocido por el público como el ejecutor de la carnicería en la manifestación. A lo largo de esta lucha con los diferentes gladiadores que irán apareciendo, siempre mejor equipados que los perseguidos, Ben intentará desvelar la realidad del programa con ayuda de la resistencia organizada por un pequeño grupo de la población que está convencida de la manipulación que el gobierno hace de la información y de lo que ocurre con el programa. En este tipo de películas vemos la relación que se establece entre la competición y la supervivencia de sus protagonistas. Merece que destaquemos el hecho de que 2

muchos deportes parecen haber tenido su nacimiento en el ejercicio de destrezas físicas y o psicológicas que actuarían al servicio de la supervivencia, lo que desde la perspectiva psicoanalítica se denomina, la pulsión de autoconservación

En la línea de películas que centran la competición en relación a los espectáculos de supervivencia también necesita mención aparte la película Battle Royale (Kinji Fukasaku, 2000), basada en la novela distópica de título homónimo escrita por el japonés Toushum Takami publicada en 1999, un auténtico Best Seller que también dio lugar a un manga de quince volúmenes escrito por el mismo autor e incluso a un videojuego. La película, dirigida por Kinji Fukasaku (Virus, Batallas sin honor ni humanidad) se convirtió rápidamente en una película de culto para el público amante de las películas de ciencia ficción y de la violencia extrema. Battle Royale combina los elementos clásicos de los survival horror (con distopía, el melodrama y mucho humor negro), la crítica política, a los medios y a su relación con la violencia y plantea un futuro oscuro en el que el poder somete a un programa de eliminación a estudiantes elegidos al azar. Un ejercicio de sacrificio con la intención de aterrorizar y aleccionar a la población, al mismo tiempo que un intento de someter a la juventud, que está completamente fuera de control (agreden al profesorado, a sus mayores) y son protagonistas de constantes revueltas. El gobierno, desbordado, pone en marcha la Ley Battle Royale, que define que una vez al año una clase de cualquier escuela, elegida al azar, someterá a sus alumnos a una lucha entre ellos a vida o muerte en una isla desierta, de la que solo puede quedar un participante con vida. El tiempo máximo para que esto suceda es de tres días, de no ser así, todos los alumnos serán eliminados. Se trata de un intento desesperado de los adultos para inducir al control mediante el miedo. Al tratarse de una película japonesa, al margen de tratar la violencia, parece que refleja el miedo a que la juventud pierda los valores de base de la sociedad japonesa como es el respeto por los mayores y por las instituciones del país.

Battle royale El precio del poder

 Battle Royale

En la secuencia inicial de Battle Royale la superviviente, una niña, mira a la cámara directamente con una mirada de enajenación psicótica mientras abraza una muñeca ensangrentada, símbolo de la inocencia perdida.

Aunque la película no estuvo exenta de polémica por la manera en que exponía a la juventud a un juego de supervivencia narrado desde el extremo visual de la violencia representada, sea una película de culto y Tarantino hablara maravillas de ella, se trata de una cinta bastante fallida en cuanto a lo que se refiere a profundizar en los temas que apunta. Hacia la mitad de la película parece que pierde el norte y acaba por convertirse en un mero espectáculo por el espectáculo, en este caso no para la sociedad ficticia de la película, sino para el espectador que visiona la película perdiendo de este modo el interés. Temas como el primitivismo, el instinto de supervivencia, la pérdida de humanidad y de los valores morales socialmente asumidos están apenas tocados de puntillas, y parecen una mera excusa argumental para lo que finalmente se rebela como una película de matar, matar, matar.

Siguiendo la estela de Rollerball o La carrera de la muerte del año 2000 en la que la sociedad ha olvidado las guerras y su pasado y calma su excitación privada de la violencia mediante las transmisiones televisivas, encontramos Robot Jox (Stuard Gordon, 1990), cinta que sería la última que produjera la Empire antes de quedar a merced de los bancos y ser vendida. Robot Jox, proyecta un futuro en el que las guerras han sido sustituidas por combates entre gigantescos robots dirigidos por pilotos que representan a las dos grandes potencias en las que ha quedado dividido el mundo, básicamente figurado por los EEUU y Rusia. Mediante estos combates ambas potencias se disputan territorios que quedarán en manos de la potencia vencedora. Esta visión futurista dirigida por Stuard Gordon (Re-Animator) es sin duda una obra menor a remolque de otras que surgieron previamente aunque con la premisa de sustituir los conflictos globales mediante una contienda deportiva protagonizada solo por dos individuos y las máquinas que pilotan. Asimismo la contienda será retransmitida de manera global. El peso específico que predomina en otras visiones distópicas de los medios de comunicación queda relegada a un asunto de segunda orden en el filme. Aunque vemos que los combates se proyectan en pantallas gigantes en las calles para que la población pueda verlas, también asisten como público en directo a los combates, es una mera anécdota que no posee ningún elemento crítico o desarrollo sobre el papel de los medios para controlar a la población, como elemento de sublimación ni nada por el estilo. Está claro que se trata de un intento de reflejar la guerra fría que a finales de los 80 seguía vigente, pero con la mala suerte de que la producción se retrasó tanto que cuando se estrenó Robot Jox, el muro de Berlín había caído y la guerra fría ya había dado sus últimos coletazos.

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Stuart Gordon quiso hacer una película de lucha entre robots gigantes inspirado en la serie de dibujos Transformers.

En esta amalgama de títulos, de calidad cuestionable, encontramos películas puramente deportivas inscritas en un marco futurista como es el caso de Sangre de héroes (The Bood of Heroes, David Webb Peoples, 1989), aunque se desarrolla en un entorno postapocalíptico, fundamentalmente emula las películas meramente deportivas en las que la base de la narración es el espíritu de superación y la competición con diversos equipos cada vez más potentes hasta llegar a la Liga profesional en la que se enfrentarán al equipo estrella. Los juggers  3 comandados por Rutger Hauer, un grupo de desgraciados que vagan a la deriva por los pueblos del desierto desafiando a los equipos locales, acabarán desafiando al equipo representante de la sociedad más poderosa, cuyos ciudadanos viven bajo tierra, en un partido ultraviolento. Sin embargo, y pese a que expone dos clases sociales muy marcadas, es pura anécdota, la cinta se encuentra absolutamente despojada de cualquier elemento crítico o cualquier intento de proyectar mensaje alguno más allá de narrar las peripecias de estos particulares deportistas. En todo caso, el planteamiento del deporte que ofrece el film está más cercano a dar una visión del deporte como medio de subsistencia de aquellos que lo practican ya que tras cada victoria les ofrecen alojamiento, mujeres, y comida. El deportista nuevamente aparece como una figura de relevancia social que recibe todas las atenciones a nivel. Resulta interesante que realmente el protagonismo de la cinta, aunque parezca que recae sobre Rutger Hauer, lo haga verdaderamente en el personaje de Joan Chen, una mujer dura, perseverante y ambiciosa que consigue abrirse camino en un mundo brutal dominado por hombres.

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Sangre de héroes. Una jovencísima Joan Chen que aspira a participar en la liga profesional de jugger que transcurre bajo el amparo de las clases altas en un mundo subterráneo.

Entre las películas en las que aparece el deporte de forma colateral alejado del concepto pan y circo y los medios de comunicación, que representan el grueso del texto, podríamos nombrar Atmosfera Cero (Outland, Peter Hyams, 1981), una suerte de Solo ante el peligro (High Noon, Fred Zinnemann, 1952) en el espacio, en la que el protagonista de la cinta interpretado por Sean Connery practica deporte como medio de relajación, de entrenamiento mientras espera a que lleguen a la estación espacial en la que se encuentra un grupo de sicarios que han sido enviados para darle muerte. El deporte ejerce en este caso un función sedante y tranquilizadora del protagonista, al tiempo que se convierte en el único momento-espacio de intimidad posible para hablar de sus preocupaciones con la única aliada que tiene en la Dra. Lazarus. 4

En Mad Max 3, más allá de la cúpula del trueno (Mad Max, Beyond Thunderdome, George Miller, George Ogilvie, 1985) el protagonista acaba en una ciudad dirigida por una mujer despiadada (la cantante Tina Turner), el caesar local, en la que las cuestiones conflictivas o las desavenencias se resuelven en una especie de arena en forma de cúpula metálica en la que los luchadores se cuelgan con unas gomas elásticas y deben luchar a muerte utilizando una serie de armas colgadas de ésta. Este deporte brutal se erige como una especie de ley propia, al tiempo que espectáculo, para resolver cualquier cuestión con la muerte de uno de los oponentes. Max se enfrentará al campeón local, que en realidad son dos personas, compuesto por un gigante descerebrado que carga con un enano impedido físicamente pero con un ingenio sublime. El resultado obviamente es que Max continuará su camino tras resultar vencedor ante una horda de ciudadanos sedientos de sangre.

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Mad Max 3, más allá de la cúpula del trueno. La cúpula del trueno un lugar en el que ley y espectáculo comparten espacio.

Algo curioso como a estas alturas ya se habrá podido observar es que el deporte en la ciencia ficción suele surgir de la base de deportes conocidos en el presente, sin embargo rara vez se muestran del mismo modo. El hecho de que sean descritos con connotaciones negativas y desvelen una cara mucho más violenta de lo que ya pueden ser de por sí ciertos deportes de competición, hace que estos se expongan como deportes mutantes que hibridan varias vertientes deportivas en una sola como en Rollerball, o se adapten a la visión de futuro ofrecida como en Perseguido en el que esa suerte de circo romano combina coches, motocicletas, alta tecnología. En esta línea algunas de las representaciones que aparecen en el cine de ciencia ficción, si bien su papel es pura anécdota, podemos ver en 1997: rescate en Nueva York (Escape from New York, John Carpenter, 1981), como Snake Plissken, el protagonista interpretado por Kurt Russell, debe enfrentarse en un ring algo tuneado con alambre de espino y vallas punzantes, contra un gigantón en una variante de la lucha libre, en la que está permitido el uso de bates de béisbol, tapas de cubos de la basura a modo de escudo o bates con clavos enormes en su extremo. Plissken se verá obligado a participar en esta contienda como mero ejercicio de supervivencia.

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En el ring de 1997: Rescate en Nueva York todo vale.

Plissken vuelve a la carga, de nuevo bajo la batuta de John Carpenter, en la secuela de 1997 rescate de Nueva York, titulada 2013: rescate en Los Ángeles  (Escape from L.A, John Carpenter, 1996) cuyo planteamiento tiene bastante de autoparódico. En este caso la ciudad de Los Ángeles, cuna del afamado equipo de baloncesto Los Angeles Lakers, es un lugar de diversión y el deporte la materializa en la cinta. Lo podremos ver por un lado mediante el desafío de Plissken a su archienemigo, al que reta a un sui generis partido de baloncesto y por otro, cuando Plissken asediado por sus enemigos que le persiguen y un descomunal terremoto que provoca una ola gigante, no duda en utilizar una tabla de surf para cabalgarla y así poder escapar de sus motorizados enemigos. Obviamente esta representación del deporte no va más allá de mostrarlo como un actividad relacionada con la violencia y el espíritu de superación y permanencia inherente al ser humano.

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2013: rescate en Los Ángeles. Baloncesto y francotiradores. Todo tiene cabida en el universo carpenteriano.

Para finalizar el texto es inevitable comentar uno de los mayores pastiches y éxitos comerciales de los últimos años, tanto literaria como cinematográficamente hablando, que no es otro que Los juegos del hambre. La película, al igual que la saga de libros en la que se basa, de título homónimo escrita por la estadounidense Suzanne Collins, se ha dividido en tres entregas, una por cada volumen publicado. Hasta la fecha hemos podido ver Los juegos del Hambre (The Hunger Games, Gary Ross, 2012), Los juegos del hambre: En llamas (The Hunger Games: Catching Fire, Francis Lawrence, 2013) y falta que se estrene, entre 2014 y 2015, la tercera entrega Sinsajo que veremos en dividida en dos partes, una fea costumbre de los productores de sagas como Harry Potter con la intención de exprimir al máximo la gallina de los huevos de oro. Los juegos del hambre sin ningún tipo de duda recoge, por mucho que la escritora Suzanne Collins no lo quiera reconocer, la herencia literaria de obras como 1984, Un mundo Feliz, El fugitivo, La larga marcha de Stephen King, El señor de las moscas de William Golding, Battle Royale (especialmente), el mito de Teseo y el Minotauro (esta influencia sí la reconoce, que es más culta) y de algunas películas, aparte de las adaptaciones cinematográficas de los textos mencionados, como El malvado Zaroff (The Most Dangerous Game, Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel, 1932), su remake A Game of Death (Robert Wise, 1945), Network (Un mundo implacable) (Sidney Lumet, 1976), La fuga de Logan (Logan’s Run, Michael Anderson, 1978), y ya puestos, incluso guarda parecido con Los inmortales (Highlanders, Russel Mulcahy, 1986) por motivos obvios. De cada una de estas influencias ha recogido aquel o aquellos elementos que los convierten en especiales, en obras interesantes y las ha reciclado y puesto al día buscando a lectores y espectadores más jóvenes a los que les pueden quedar lejanas cualquiera de las obras citadas.

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Los juegos del Hambre  (2012)

En Los juegos del hambre, los Estados Unidos tras una gran guerra interna quedó devastado. Ahora el territorio se llama Panem y desde el gobierno que dirige el país desde el Capitolio se aplica la mano dura mediante una suerte de policía militar. El país ha quedado dividido en doce distritos, bajo unas condiciones de pobreza absolutas, especialmente el distrito doce del que son habitantes los protagonistas de la saga Katniss y Peeta, que contrasta con la vida del Capitolio. Una vez al año se da lugar los llamados Juegos del hambre. Se trata de una competición en la que dos jóvenes de cada distrito de entre los 12 y los 18 años son sorteados para combatir en una lucha a muerte, que es retransmitida para todos los ciudadanos por pantallas gigantes, con el fin de implantar el miedo y asentar así el control sobre la población, algo que ya hemos visto en Battle Royale. Katniss sustituye a su hermana menor, ella es una luchadora nata que infringe todas las normas para mantener a flote a su familia, por ejemplo cazando animales en zonas prohibidas, y además es una experta con el arco y el rastreo. Junto a Peeta se dirigen al Capitolio, en el que vive la sociedad bienestante con todo tipo de lujos, para ser entrenados. Los chicos se verán inmersos en la parafernalia de los juegos en los que los participantes son tratados como estrella mediáticas, cuidados con todos los lujos que no poseen en sus distritos como ropas caras, alimentos en abundancia, cómodas habitaciones, atención constante por parte de la organización y los ciudadanos de clase alta y por supuesto de la televisión gubernamental, que se encarga de difundir los juegos con una puesta en escena majestuosa. La competición de supervivencia se convierte pues en puro espectáculo mediático, un mundo de glamour al servicio del espectáculo de la muerte (como por ejemplo vemos en Network o en El precio del peligro). Los participantes deberán conseguir el máximo posible de apoyos de sponsors que les ayudarán durante la competición y para ello deberán venderse de la mejor manera posible levantando pasiones entre el público. Una vez superado este periodo serán lanzados a la “arena” de juego, un set artificial que recrea un entorno natural controlado desde el Capitolio, en la que los participantes deberán matarse entre ellos. Para conseguir esa popularidad que tanto necesitan, Peeta y Katniss fingirán estar enamorados apelando a las emociones de los espectadores y sponsors, de los que poco a poco se ganarán el favor, y conseguirán que su popularidad vaya en aumento. Katniss y Peeta conseguirán sobrevivir a su primer juego creando una serie de seguidores incondicionales. En la segunda parte, Los juegos del hambre: En llamas, pese a que el haber sobrevivido Peeta y Katniss (quienes se han convertido en un elemento peligroso puesto que han comenzado a dar lugar levantamientos en los distintos distritos inspirados por su historia de superación, inconformismo y adaptación al medio), el Capitolio les obligará a competir de nuevo en una edición especial de los juegos, con la excusa del 75 aniversario de los juegos, con la idea de acabar con ellos y su influencia. Sin embargo consiguen sobrevivir nuevamente, y acaban destruyendo el set artificial y motivando una auténtica revuelta generalizada. Katniss acabará en manos de un grupo contrario al Capitolio, en el supuestamente desaparecido distrito trece, y Peeta acaba en manos del Capitolio y el Distrito doce será destruido. Finalmente en la tercera parte, Sinsajo, Katniss bastante mermada por todo lo vivido, será utilizada por los rebeldes del Distrito trece, como gancho mediático para unir todos los Distritos contra el Capitolio y el presidente Snow. Obviamente todo esto finalizará con la rebelión, el presidente Snow encarcelado y los protagonistas vivirán una vida feliz.

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Los juegos del hambre: En llamas

En todo este desarrollo la competición aparece relacionada fuertemente con los medios de comunicación y con la ultraviolencia “televisada”, convertida en una herramienta de presión sobre los estratos más pobres de la sociedad susceptibles de rebelión, al mismo tiempo que irónicamente acabará siendo de donde florezca la rebelión que destruirá al sistema opresor. La pobreza de los protagonistas en contraste con el glamour de los competidores y los campeones vuelve a hacer aparición así como la visión de la competición más allá del deporte, fuertemente vinculada a la supervivencia y la autoconservación. Así mismo aparece la división de clases asociada a quién controla la competición, las clases altas, y los participantes en ella, las clases pobres y el Gran Hermano que controla el juego buscando la sublimación de la violencia de la masa social y su sometimiento simultáneamente. La sociedad de Panem es una sociedad tecnológica que controla a su población con cámaras de vigilancia que los controlan día y noche, una sociedad dual que se organiza entre la pobreza y la desesperación y la riqueza, la asepsia y el glamour. También podemos ver como el poder legaliza la violencia y el asesinato para conseguir sus objetivos. La competición como espectáculo toma relevancia en el relato y así se muestra en la puesta en escena de los juegos en la que nuevamente aparece el fantasma del panem et circenses mediante una representación muy al estilo de la Antigua Roma con una clara referencia a las cuadrigas y al circo.

Como me dijo un amigo un día, las distopías son ahora. Solo hay que ver el uso del deporte por los medios de comunicación y por el estado, para notar que todas estas visiones no quedan tan lejos de lo que vivimos hoy en día.

  1. Si lo que os gusta es la serie B y Z, la caspa y los exploits de los 80, me gustaría destacar la cinta de Lucio Fulci: Roma, año 2072 DC: Los Gladiadores (I guerrieri dell’anno 2072,1987), una demencial adaptación de El precio del peligro y Perseguido en toda regla, que toma elementos de sus predecesoras sin escrúpulo alguno, cuyo valor cinematográfico, como muchas de las cintas de Fulci, es inexistente.
  2. Jorge G. Garzarelli: Psicología del deporte. Ed. Universidad de El Salvador. Argentina. 1999. http://www.psicologia-online.com/ebooks/deporte/
  3. Es el nombre que reciben aquellos que practican este particular deporte que mezcla el fútbol americano con la lucha, sustituyendo el balón por un cráneo de perro que deben colocar en un palo que se encuentra en el campo contrario.
  4. La película tuvo a posteriori una novelización que publicó Warner Bros. a cargo de un veterano de estas labores, Alan Dean Foster y una adaptación al cómic realizado por Jim Steranko que se publicó en la revista Heavy Metal en USA y en España publicó la editorial Eurocomics en la “Colección Humanoides” en 1982.
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Comentarios sobre este artículo

  1. […] año 2000 (Death Race, Paul Bartel, 2000), Perseguido (The Running Man, Paul Michael Glaser, 1987), Battle Royale (Kinji Fukasaku, 2000) o Los juegos del hambre (The Hunger Games, Gary Ross, 2012) o de manera […]

  2. […] El precio del peligro. Competiciones y distopías. 1981-2013. Por Jose M. Rodríguez […]

  3. A. Henry dice:

    Hola. Excelente investigación y artículos. Solo quería apuntar que me parece que Suzanne Collins ha referido que no conocía Battle Royale, (y su autor, de paso, a considerado que esto es muy posible también), no que no le debiera nada a las distopías precedentes como 1984, Un Mundo Feliz, La Naranja Mecánica, Nosotros, Fahrenheit 451, etc…Las referencias son muy obvias, desde el nombre del escuadrón que ataca al Capitolio (451) hasta el manejo de la tortura a la usanza de la celda 101. Hunger Games estará orientada al público joven y tiene sus deslices narrativos, pero no es una obra tonta en lo absoluto, como para que su autora pase por alto algo así. Collins no llegó a la ciencia ficción de improvisada, y se sabe que quien escribe cf, no solo la lee, sino que sabe lo que se lee dentro del fandom. Con respecto a BR, no sé cuan conocida sería si Tarantino (gran amante de las peliculas de clase B y Z) no la hubiera encontrado…la novela y el manga son muy impactantes–más por este último por el sexo no censurado– , pero la película tiene una factura de regular para mala, es un thriller menor excepto porque son adolescentes sus ejecutores-ejecutados. Tuve esa misma impresión al verla, que todo intento de fundamentar previamente un universo distópico no es más que un pretexto para el mata-mata, a mí no me queda claro cómo es que ese evento funciona como regulador social para “algo”. Y al final, como va demostrando tu trabajo, todo está parado sobre los hombros de lo anterior, no solo el último que llegó a la arena. Pero, es solo mi percepción, por supuesto. Muchas gracias por tan enjundioso trabajo.

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