El club de la lucha

Adiós a la ideología Por Paula López Montero

We buy things we don’t need, with money we don’t have, to impress people we don’t like Tyler Durden

Con esa frase, convertida ya en haiku para los fans de Palahniuk o para todo espectador que sin acceder al libro quede atrapado por cada uno de los fotogramas de El club de la lucha, se da directamente un balazo en el corazón de la gran sombra que nos ha perseguido a lo largo de los miles de años que llevamos de Historia: la Ideología. Quizá sea interesante plantearse si la una sin la otra pueden convivir, pero el caso que nos atañe es: ¿puedes volver a la misma realidad después de estos 139 minutos o de las 220 páginas de este libro? Seguramente no, todo depende de lo inmersos que estemos en ese gran mecanismo de agrupación y control social.

Esta cinta no podía venir de otra forma sino de la mano de David Fincher porque, recorriendo su trayectoria, sin duda el leitmotiv de su filmografía es el replanteamiento de las estructuras sociales tal y como las conocemos. Se me ocurre Seven (Se7en, 1995), La red social (The Social Network, 2010), Zodiac (2007), o la serie House of Cards (Beau Willimon, creador, 2013- ), entre otras. El año pasado en su último largometraje hasta la fecha, se aventuraba con la que quizá sea la base de la comunidad social, el matrimonio, la estructura o contrato a lo Rousseau más antigua en nuestros años como civilización. Es el caso de Perdida (Gone Girl, 2014)

Tylor Durden, personaje interpretado por Brad Pitt en El Club de la lucha, decía: “Lo que posees acabará poseyéndote”, y creo que es una buena frase para resumir tanto los temas que tocan de fondo esas películas citadas, como el análisis que a continuación va a venir con motivo de la misma y que se resume en un complejo entramado capitalista-ideológico.

 El club de la lucha

1. Ideología y capitalismo

Seguramente Nietzsche tendría muchas cosas que decir al respecto de esta película, siendo uno de los profetas de la Posmodernidad y vehículo del nihilismo que sirve de motor hoy en día para deconstruir al estilo de Derrida, o para cuestionar como hace el contemporáneo Slavoj Žižek. Sin duda, es este último filosofo eslovaco sin ningún pelo en la lengua el mejor ejemplo para empezar a hablar de la ideología.

Únicamente cuando se pierde todo somos libres para actuar

Tylor Durden.

No nos engañemos, habría que ser sinceros con nosotros mismos y ver en qué medida depende nuestra felicidad de las cosas que nos rodean, o de la famosa frase, “el dinero no da la felicidad, pero ayuda”. Quizá esto se haya acentuado desde la revolución industrial y por tanto deberíamos remontarnos a Marx para hablar de ello. Rescato una frase suya: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época”, por lo tanto no cabe duda de que el capitalismo existe porque favorece a los más ricos, y mientras tanto la clase obrera, esclava y presa de la ideología, cada vez se sume más en un nihilismo existencial.

Y yo en éste punto me pregunto ¿para qué sirve la publicidad? ¿Qué esconde Hollywood con su famosos happy endings? Guiño claro el que hace Tylor Durden introduciendo escenas porno en las proyecciones de las películas, y una gran metarreflexión sobre el audiovisual en general. En definitiva, todo hecho y perfectamente tramado para producir en la clase obrera una perfecta ilusión de felicidad. Nos hacen creer que queremos lo que ellos nos venden, eso es el marketing, y de esto en parte habla El club de la lucha. Žižek por su parte dice que en nuestra sociedad postideológica somos más que nunca presos de la ideología. Y ello lo explica con lo que él llama la teoría del chocolante laxante que sigue la misma lógica del café descafeinado, la cerveza sin alcohol, la Coca-Cola sin calorías, las guerras sin muertos, la tortura sin dolor, el capitalismo sin pobres y una larga lista de artilugios que enmascaran su consumo y por tanto su ideología con una pequeña sensación de liberación de la culpabilidad del comprador.

Me encanta la explicación que Žižek suele dar de la gran multinacional Starbucks y que, por cierto, no sé si a propósito o no, pero es curioso ver como un gran porcentaje de vasos de café de ésta marca salen en El club de la lucha. Compras un café más caro y más aguado porque los marketinianos de su producto han sabido convencernos de que una parte del precio del café va destinado a obras sociales. Pero lo que enmascara en realidad, y lo hacen de forma brillante, es que es la tiranía de sus ideologías capitalistas las que esclavizan el sistema y acaban con los recursos naturales. Pero tu compras un café más caro y te sientes mejor porque haces algo por el mundo. En El club de la lucha, hay una clara crítica a todo esto por ejemplo cuando se pone a hablar de su piso amueblado por Ikea, o de la intención del propio Club.

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Pero ¿qué es la Ideología? Un contenedor vacío de significado donde arrojar una visión subjetiva y ficcional sobre el mundo. Por ejemplo, las dos grandes estructuras ideológicas por excelencia son el capitalismo y el comunismo, pero también se podrían encontrar posiciones claramente ideológicas en cada una de las religiones, o incluso en cada una de las marcas de las grandes multinacionales. La sociedad es ideológica. Es interesante como  Žižek nos plantea que el no poder reconocer la ideología en el mundo que nos rodea es un síntoma de estar totalmente inmerso en ella, ya que uno de los mecanismos de ésta es el de ocultar su propia concepción, y presentar una realidad como pura, verdadera y correcta.

Edward Norton, ante un insomnio permanente conoce en uno de sus viajes a Brad Pitt (Tylor Durden), quien le hace cuestionarse los mecanismos que rigen su rutina y su aburrimiento. Y desde ese momento se empieza a desmontar toda la ideología de la que estaba preso. Por cierto, Tylor Durden sale en un anuncio publicitario dentro del propio film, con lo que en el fondo se nos dice que las contraideologías también son impuestas para que incluso los que quieran salirse del sistema sigan siendo presos de éste. La película seguramente la conozcáis hasta el final si os habéis quedado hasta este punto del análisis, así que voy a evitar un desglose por secuencias y voy a ir al grano. El final. La pistola en la boca de Edward Norton es una pistola que se dirige directamente al cerebro de cada uno de nosotros, pero como bien sabéis en el fondo esa bala va para Brad Pitt, el mejor final posible. Incluso nuestro yo desdoblado nos puede engañar a través de los mecanismos ideológicos. Hay que saber valorar cuan inmersos estamos en la ideología incluso cuando pensamos que no lo estamos. La solución es matar a ese yo, y encontrar nuestra única visión del mundo. Tarea difícil.

 El club de la lucha Edward Norton

2. Palahniuk y David Fincher.

La genialidad para mi gusto es la de Palahniuk, pero porque soy de esa especie de cinéfilas amantes de la narración-guión como base de todo. Fincher no es guionista, pero hace un perfecto matrimonio siempre con sus historias, lleva al milímetro un libro que es tremendamente complicado de representar, quedando perfectamente sellado y muy metarreflexivo, introduciendo fotogramas sutiles de Tylor desde los primeros minutos del film, incluso en la última escena, cífrese un fotograma del miembro masculino, como hacía TylorDurden en las proyecciones.

El libro de doscientas y pico páginas, la película de 139 minutos, creo que hay pocas cosas que se dicen en el libro que no aparecen en la película, quedando claro que Fincher es otro genio, no sabiendo hacer un balance entre cual de los dos formatos es mejor, si el papel o el celuloide.

El club de la lucha, novela de culto de Chuck Palahniuk, gracias a Fincher se hace popular y gracias en parte también a las apariciones estelares de Brad Pitt o Edward Norton que llegan al subconsciente de muchos espectadores. Está ahí, sólo hay que saber rescatarlo.

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] de Men’s Health y cada consejo de amigo pronunciado a las puertas de un club de caballeros. El club de la lucha (Fight Club, 1999), sin embargo, se acerca a esa coyuntura desde la voz interior que divaga en […]

  2. […] primera aproximación que David Fincher realizó a la figura icónica de la femme fatale fue en El club de la lucha (Fight Club, 1999). Como una imagen vale más que mil palabras no hay más que recordar cómo fue […]

  3. […] de La habitación del pánico), Lisbeth ocupa el lugar estelar que ostentaba Brad Pitt en El club de la lucha (Fight Club, 1999). Es, qué duda cabe, el gran atractivo de la narración. Se adopta una […]

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