La red social

Algoritmos de una generación Por Carlota Ezquiaga

Hay dos factores muy importantes a tener en cuenta a la hora de enfrentarnos a La red social: el primero es que es una película sobre un fenómeno que está ocurriendo ahora mismo; el segundo es Aaron Sorkin.

No solo los directores pueden ser autores y Sorkin es el ejemplo más claro: el guionista es capaz de hacer suya cualquier película o serie. Su estilo es tan brillante y arrollador que si Sorkin ha escrito el guión, es fácil que el director pase automáticamente a un segundo plano. Y, en esta película, hay que reconocerle a David Fincher el mérito de haber conseguido hacerse notar sin desvirtuar a su guionista. Fincher/Sorkin es definitivamente un dúo que funciona.

La red social

El ambicioso propósito de La red social es contar el nacimiento de Facebook. A la hora de llevarla a cabo, eso conllevaba varias complicaciones prácticas: el fenómeno Facebook había explotado unos pocos años antes y estaba (y sigue estando) en pleno momento cumbre, y su protagonista Mark Zuckerberg era (y es) uno de los hombres más ricos del planeta. Además de ser un tema delicado, había inconvenientes incluso legales. Estos, sin embargo, se solucionaron en cuanto decidieron hacer su película en forma de adaptación de un libro, The accidental billionaires de Ben Mezrich. Se ahorraban la parte de investigación y se cubrían las espaldas en lo referente a las imprecisiones con la realidad, ya que toda responsabilidad recaía en el autor del libro. Con la contrapartida de que ese libro había sido escrito con la colaboración de Eduardo Saverin, lo que explica en gran parte el curioso punto de vista que se utiliza en la película.

La red social se remonta a una noche de otoño de 2003 en algún bar cercano a la Universidad de Harvard. Mark Zuckerberg y su novia Erica Albright hablan a una velocidad de vértigo durante cinco minutos completos. Esa es la primera secuencia de la película: una conversación entre dos personas en una mesa, que empieza con ellos como novios y termina con ellos siendo ex. “Irás por ahí pensando que no gustas a las chicas porque eres friki, pero no gustarás a las chicas porque eres gilipollas“, le dice ella. Fincher es implacable con todos y cada uno de sus personajes.

En esa secuencia inicial, además, se dan dos claves que luego resultarán esenciales a la hora de sacar conclusiones respecto a los verdaderos mecanismos internos que hacen que Mark actúe como lo hace: el primero, la discusión con su novia, que le creará resentimiento hacia ella y hacia las mujeres; el segundo, su obsesión por entrar en un club elitista. Uno de los mayores debates que puede suscitar La red social es, precisamente, cuál es la verdadera motivación de Zuckerberg, y hay quien ve en esta primera secuencia la explicación a su comportamiento.

Sí se plantea, de alguna manera, que la ruptura con Erica sea el desencadenante para crear la red social. Como si Zuckerberg fuera un Gatsby del siglo XXI y creara su imperio solo por su Daisy particular. Inmediatamente después de la fatídica conversación se encierra en su habitación y crea borracho una página para puntuar chicas, mientras el resto de alumnos de la universidad se divierten en una fiesta. El genial final en el que pulsa una y otra vez la tecla F5 tras mandar una solicitud de amistad a Erica parece reforzar esta tesis.

La red social 2010

Si una chica es el Rosebud del protagonista, no lo es el del millonario. Puede que esa sea la motivación del personaje, pero no de la persona; el propio Zuckerberg se ha encargado de desmentirlo. “Ellos (los creadores de la película) parecen no poder comprender que alguien pueda construir algo por el solo hecho de que le gusta construir cosas“, se defendió durante un discurso en la universidad de Stanford. Según él, Fincher le presenta como un inadaptado y despiadado “nerd“ que fundó Facebook solo para ligar y ascender socialmente. “Es interesante fijarse en las cosas en que se centraron en hacer bien“, ironiza. “Cada una de las camisetas y suéteres que había en la película las tengo en la vida real“.

Al fin y al cabo, el personaje de Mark Zuckerberg, brillantemente interpretado por Jesse Eisenberg, es muy controvertido; oscila entre héroe y villano, genio y desequilibrado, y el egoísmo absoluto y los momentos de debilidad. “No me digas que todo esto es porque yo entré en el Phoenix Club“, le espeta Eduardo. Y la película no te lo dice… pero te lo dice.

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Construida mediante flashbacks desde el juicio que intentará dilucidar si lo que Zuckerberg hizo -apartar a Eduardo de Facebook- fue legal, esta película transcurre a un ritmo trepidante. Ese ritmo, basado en el diálogo, es la mezcla Sorkin/Fincher. Este dúo logra un balance magistral entre las vidas de los personajes y la creación de Facebook desde la informática. Se consigue la extraña circunstancia de que un espectador medio no pueda despegar la vista de la pantalla mirando una conversación de la que no es capaz de entender dos palabras seguidas más allá de “algoritmo“.

Este rapidísimo ritmo, que de manera tan característica marca el guión de Sorkin, encaja especialmente bien en la historia. La velocidad de la película es vertiginosa porque las cosas sucedieron a una velocidad vertiginosa: podemos comprender bien la sensación de los protagonistas al tener en las manos un fenómeno que les llevaba de un lado a otro a una velocidad desbocada mientras ellos no podían parar un momento a asimilarlo. Igual de rápido que el fenómeno de Facebook es esta película. E igual de rápido que el cerebro de Zuckerberg.

Es muy interesante la paradoja que se crea entre Facebook y su creador, y cómo la historia de la creación de la red social es una premonición de lo que va a ocurrir con sus usuarios. Esa soledad de Zuckerberg, ese tener más de 500 millones de amigos pero traicionar al único amigo de verdad, no deja de ser un paralelismo de la sociedad actual. La alienación de Mark es la alienación de la generación Facebook. Que, por cierto, es muy difícil de estudiar porque es un fenómeno que se está dando ahora mismo, y no hemos podido ver con perspectiva sus consecuencias y repercusiones. Esta película funciona como espejo.

La red social 2010 Zuckenberg

Otra de las paradojas de esta película es la manera en que trata una historia de rabiosa actualidad en forma de tragedia griega. Esta no deja de ser la clásica y shakespeariana historia de una traición y Mark Zuckerberg, un Julio César actual. Es una fábula relativa al precio de la avaricia; pero sabemos que la vida tiene matices y, aun a riesgo de parecer cínicos, no sabemos hasta qué punto hay moraleja en terminar siendo el multimillonario más joven del mundo. Esta renovada Piratas de Silicon Valley (Pirates of Silicon Valley, Martyn Burke, 1999) no deja de ser la historia del chico-que-se-hace-rico-y-famoso-y-se-olvida-de-sus-amigos al más puro estilo Ricas y famosas (Rich and famous, George Cukor, 1981).

Si no conseguimos conectar del todo con Zuckerberg es, entre otras cosas, porque The accidental billionaires, el libro que la película toma como base, se escribió con la ayuda de Eduardo. Y, reforzando esto, La red social comienza estando focalizada en Mark, pero el foco va trasladándose progresivamente a Eduardo (Andrew Garfield), y los momentos más críticos de la película siempre los vemos desde el punto de vista de este. Eso contribuye a crear ese aura de Mark de canalla y genio incomprendido.

A pesar de ser una película que prácticamente podría sostenerse solo en el diálogo -y lo hace-, no deja de ser técnicamente impecable. En lugar de quedarse atrás, la imagen consigue complementar el intenso guión de Sorkin, sin tampoco obstaculizarlo. Fincher venía de El curioso caso de Benjamin Button (The curious case of Benjamin Button, 2008) y es muy notable en esta película cómo la puesta en escena se vuelve mucho más sobria y clásica. Nada tiene que ver con la apabullante puesta en escena de la adaptación de Fitzgerald.

Solo hay una excepción, que parece que no encaja mucho en la película y conforma una especie de paréntesis en la historia: la secuencia de la regata. La imagen y la música crean un aura irreal: el montaje acompañando el ritmo in crescendo de In the hall of the mountain green de Edvard Grieg genera una sensación muy intensa. Los hermanos Winklevoss, por cierto, pierden la regata. Como la idea que supuestamente les roba Zuckerberg.

La red social 2010 regata

Las mujeres también tienen un papel curioso en esta obra: mientras los hombres se dejan llevar por las envidias y pasiones y se pierden en el éxito, el sentido común lo ponen las mujeres. Para ser certeros, hay dos tipos de mujeres: las “mujeres florero“ que vienen solas con el éxito y la fama, y las que marcan al protagonista. Las únicas personas con cabeza que le hacen plantearse las cosas seriamente a Zuckerberg son dos mujeres: su novia Erica al principio y la abogada en la escena final.

Uno de los grandes triunfos de Fincher es que consigue ser, al mismo tiempo, un director comercial y un gran creador. La red social, a pesar de tener un aspecto más convencional que la mayoría de sus películas, es el paradigma de esta definición. El éxito rotundo de audiencia y crítica es prueba de ello.

Fincher, además, tiene predilección por los personajes solitarios, y Mark Zuckerberg no deja de ser un pobre chico solitario que, de repente, parece descubrir la clave de una generación.

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] donde el trauma psicótico de la doble personalidad se aúna con la más radical crítica social; La red social (The Social Network, 2010), donde las sociopatías acompañan a los nuevos gurús/freaks de la […]

  2. […] No solo los directores pueden ser autores y Sorkin es el ejemplo más claro: el guionista es capaz de hacer suya cualquier película o serie. Su estilo es tan brillante y arrollador que si Sorkin ha escrito el guion, es fácil que el director pase automáticamente a un segundo plano. Y, en esta película, hay que reconocerle a David Fincher el mérito de haber conseguido hacerse notar sin desvirtuar a su guionista. Fincher/Sorkin es definitivamente un dúo que funciona.”[7] […]

  3. […] parecido a lo que construyó a partir de la figura de Mark Zuckerberg en La red social (The Social Network, David Fincher, 2010). Las similitudes entre ambos largometrajes terminan aquí, […]

  4. […] Alien 3  (1992) habían estado situados en el ámbito del mal o en el estado psicopático. En La red social (The Social Network, 2010) se diluyen las fronteras y su superdotado se carga de ambivalencia y […]

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