Cambio de sexo

40 trans-aniversario Por Paula López Montero

Inaugurado el ciclo “El celuloide visible” que hemos comisariado en la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España con la inmensísima Ocaña, retrato intermitente (Ventura Pons, 1978), con una sala repleta al principio y más familiar e intimista al final y donde se fomentó un gran debate y diálogo con los asistentes al coloquio, Paloma Aznar (Vampirella), Paco Clavel (cantante) y Susana Díaz (Prof. Doc. del departamento de Comunicación Audiovisual de la UC3M) en torno a la figura de José Pérez Ocaña y donde se habló de la evolución en las representaciones cinematográficas del colectivo LGTBI y en donde, por cierto, Ocaña, retrato intermitente sigue siendo un documental actualísimo y de necesario visionado para tiempos de autobuses transfóbicos; seguimos alimentando la cuestión esta vez con Cambio de sexo, un film que marcó un antes y un después en la historia de la filmografía española al ser la primera película en abordar la temática y problemática trans con total normalidad y normalización. En ella, una jovencísima Victoria Abril hace de José María/María José un niño que lucha por ser lo que de verdad es: una niña; y hacerse hueco en su familia, en la sociedad, e incluso en el trasfondo de su construcción identitaria.

Vicente Aranda con un título y su propuesta sin tapujos en plena Transición replantea ese momento transitorio que vivía tanto la sociedad del momento, cómo los individuos empezaban a deshacerse de los fantasmas del pasado y empezaban a replantearse la aceptación de la libertad sexual y la realidad del colectivo LGTBQI.

Cambio de sexo

Cambio de sexo

Me parece oportuno volver a traer a colación los apuntes que hicimos en Ocaña, retrato intermitente, además de los comentarios que introduce el gran Ocaña respecto a su condición, “yo no creo en los homosexuales, creo en las personas”, sobre la idea de performatividad de Judith Butler en la que se propone que cada individuo interpreta una identidad adquirida o impuesta acorde a las leyes socialmente aceptadas:

“la idea del género como identidad se sustenta, no en lo biológico, sino en la performance sociológica y los roles instaurados a los que nos inscribimos para moldear nuestra identidad. Por lo que Butler alegaría que el constructo binario de identidad masculino/femenino no obedecería a reglas biológicas –que está claro que también- sino a ciertos roles sociológicos por los que cada individuo adquiere un rol, una performance, acorde a lo impuesto por la sociedad.”

Por otra parte, el travestismo, el mundo drag, y este espectáculo o performance han servido también para romper ese modelo binario y exclusivo y cerrado. Ese espectáculo era la única manera de que la sociedad aceptase la alteridad, mediante el show y esa “tapadera” o ficción que es la performance. Pero todo ello sirvió para darle la vuelta y replantearnos que esa ficción se lleva mucho más allá del escenario, del mundo del espectáculo y que la interpretamos cada día. Cambio de Sexo y Ocaña, retrato intermitente –tratando dos cosas tan diferentes como son el travestismo y la homosexualidad y la transexualidad- vienen a dar cuenta de ello y de cómo desde la performance se han ido haciendo hueco y han roto esquemas las minorías sexuales.

En relación a esa idea de performatividad de Butler, la propuesta de Vicente Aranda se ve clara y transparente en los últimos minutos del film en los comentarios que el cirujano le hace a María José enfatizados por el segundo y último “zoom in” lento del largometraje: “a menos que haya conseguido usted engañarnos con argucias increíblemente hábiles, a menos que todos nuestro métodos de investigación estén radicalmente equivocados usted no es un homosexual porque usted da muestras convincentes de pensar y sentir como una mujer y por el contrario no da lugar a la menor sospecha a complacencias de ningún género por los aspectos masculinos de su propio cuerpo” seguido de una explicación visual sobre la cirugía de cambio de género a modo divulgativo que servía para introducir conocimiento en vez de ignorancia e intolerancia sobre la cuestión LGTBQI como desgraciadamente pasean y profesan los autobuses de HazteOír. Vicente Aranda apostó, en una sociedad que salía con estragos de la oscuridad, por la educación y por un film divulgativo que trata desde el inicio la problemática trans y los prejuicios sociales respecto a ella.

 Cambio de sexo Vicente Aranda

Cambio de sexo

Voy a excusar la reivindicación política dirigiendo mi discurso también a lo fílmico, pero la sensacionalista, transfóbica, machista e intolerante campaña de HazteOír lo único que aboga es su extensísima ignorancia al respecto de la cuestión LGTBQI. Por ello creo totalmente imprescindible no sólo productos culturales como Cambio de sexo, Ocaña, retrato intermitente y las demás películas que componen este ciclo y la cultura mundial, sino abogar por una mayor profundización en el tema desde estratos que tocan el conocimiento desde ámbitos como la filosofía, la antropología, la sociología, la bioética, etc. Vivimos en un momento en el que gracias a tantos autores que desmontaron/deconstruyeron la tradición, están en entredicho las estructuras hegemónicas patriarcales y heterocentristas. Grandes pensadores como M. Foucault, Simone de Beauvoir, Sartre, J. Butler, Paul Preciado o Jacques Derrida recogen el testigo de una “destrucción” arrancada con Nietzsche. Así, como propone Jesús Adrián Escudero en su artículo El cuerpo y sus representaciones:

“Distintas formas de expresar un mismo fenómeno que se halla en estricta correlación con la muerte de Dios (Nietzsche), la muerte del autor (Barthes), la muerte del hombre (Foucault), la muerte de la historia (Fukuyama), la muerte de las grandes narrativas (Lyotard), la muerte de la metafísica (Derrida) o la muerte del arte (Danto)…”

Invito a seguir esta estela.

Esta deconstrucción -entre otras muchas cosas también identitaria- hace replanteable una cultura y una sociedad presuntamente -más o menos- liberal en cuanto a libertad sexual se refiere, pero sigue siendo difícil hoy en día alcanzar una visibilidad absoluta, un tratamiento totalmente integrador y no discriminatorio y todo ello lo recogen nuestros productos culturales que reflejan y ayudan a crear una conciencia. Cambio de sexo replantea el problema trans de fondo: la necesidad de, para ser aceptados, ser espectáculo, exhibición, motivo de burla y mirada discriminatoria y, en el peor y el más común de los casos, en la prostitución. La puerta abierta (2016), último largometraje de temática trans, vuelve a recaer y a volcar su foco de atención en una comunidad discriminada y en la necesidad de buscarse la vida a través de los bajos fondos de la noche, los trapicheos, robos y claro está, favores sexuales remunerados. ¿Es esto una realidad sólo española? Lo cierto es que no. Sobre todo es extensible a la comunidad latinoamericana, pero ¿quiere decir esto que comúnmente solo pasa en la comunidad ibéricolatina? En ningún caso, sólo que los productos culturales de las otras regiones o bien no hablan de ello, o bien replantean una realidad quizá más perfumada como, a mi parecer, está en los últimos productos audiovisuales como la serie Transparent u Orange is the new black. La dureza y crudeza social está en el trasfondo de la filosofía del cine español.

Por supuesto esto no quita para que, bajo mi punto de vista, Transparent (2014 – , Jill Soloway) y Orange is the new black (2013- , Jenji Kohan)  sean productos culturales muy válidos y de gran interés por motivos que ahora no vienen al caso, pero considero que el tratamiento de la transexualidad en la comunidad iberoamericana viene precedida por esta crudeza y realidad social. Por cierto, siguiendo con el discurso de los films notalmente sugerentes añado que es de especial interés y relevancia otros largometrajes como Laurence Anyways (Xavier Dolan, 2012), Dallas Buyers Club  (Jean-Marc Vallée, 2013) o Las aventuras de Priscilla, reina del desierto (Stephan Elliott,1994) a los que me gustaría volver en otro artículo con motivo de la temática trans-fílmica más allá de la cultura latina. Todo ello que sirve para explicar esa performance reversible que nos ha puesto la destrucción de la identidad delante de nuestros ojos.

 Las aventuras de Priscilla

Las aventuras de Priscilla, reina del desierto

Volviendo a Cambio de sexo, la apuesta fílmica de Aranda, va desde lo más intrínseco a la familia media de la Transición española, a la apuesta por una apertura que hace de este producto cultural un documento actualísimo de la realidad del colectivo transexual. Además tiene escenas memorables y de alto valor fílmico como las interpretaciones que hace una jovencísima y potencialísima Victoria Abril y las canciones y letras que tocan el trasfondo de la conciencia del espectador como “mi cosita, chiquitita, la quieres tu mi vida, para ti” vestida o reminiscente de una Judy Garland en El mago de Oz  (The Wizard of Oz, Victor Fleming, 1939) y que revela la cara que no vemos nunca de los productos culturales y que presuponemos como asexuados. Vicente Aranda no tiene miedo a replantear la expresión de la sexualidad que se esconde debajo de toda “performance”.

Por otra parte, me parece realmente relevante replantear la propuesta que hace Vicente Aranda en los últimos minutos del film con su intención claramente divulgativa: al inicio de la proyección de la explicación sobre la cirugía de cambio de género aparece una escultura greco-latina –que por otra parte no he podido identificar- que aparece con la toga dejando ver uno de sus senos desnudos y un pene bajo la vestimenta, seguido de un primer plano del seno, muy reminiscente también al famoso cuadro de la Revolución Francesa de “La libertad guiando al pueblo” de Eugène Delacroix. Bastante alusiva me parece la intención de Aranda replanteando esa “libertad” que guía al pueblo, pero que no ha servido de ninguna manera para construir una sociedad en donde la primera libertad, la sexual, sea totalmente normalizada. Además Aranda retrata ese meta “viaje inmóvil” del espectador, con Victoria Abril que asiste a la proyección de las imágenes del cambio de sexo, aludiendo a la necesidad de que el cine sea divulgativo y apueste por el reconocimiento de la diversidad y libertad sexual.

 

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