Visibilidad LGTBI en el cine español

El celuloide visible. Algunos pequeños apuntes. Por Manu Argüelles

Cuando uno lee Global Gay. Cómo la revolución gay está cambiando el mundo 1, por mucho entusiasmo, energía y optimismo que aplique Frédéric Martel en todo aquello que nos explica, nos cuesta encajar el subtítulo de su libro, claramente triunfalista, con las diversas realidades geopolíticas que va recorriendo a lo largo del globo. Un ejemplo. En su estancia en Cuba nos indica:

Así pues, la homosexualidad, ahora más vigilada que castigada, sigue siendo para el régimen un medio de presión y de chantaje. Parafraseando una famosa frase de Jean Paul Sartre, que fue más castrista que nadie, y que se aplica perfectamente a los homosexuales en la Cuba de Raúl Castro: “Ser homosexual no es un problema, pero ser homosexual y tener un problema es tener dos problemas”. Al menos ya no los asesinan.

Un alivio, sí, ya no los matan. Si esto es una revolución gay… A la hora de pensar la programación del ciclo El celuloide visible junto con Paula, un cinefórum organizado por World Pride Madrid 2017, La Academia de las Artes y las Ciencias cinematográficas de España y el medio que nos ocupa, que trata de reflejar cómo lo LGTBI se ha plasmado en el cine español desde la Transición hasta la actualidad, me hubiese gustado ser igual de positivo que Frédéric Martel con nuestra propia cinematografía. Pero, a la hora de bucear en las procelosas aguas del cine español, uno acaba dándose cuenta que directores como Pedro Almodóvar o Eloy de la Iglesia, para mí los dos directores más significativos, son casi un milagro. En el momento que Agustín Almodóvar, con motivo del 30 aniversario de La ley del deseo (1987), la película más importante del cine español junto con el El diputado (Eloy de la Iglesia, 1978) en materia LGTBI -y esto vuelve a ser una opinión exclusivamente mía- manifestaba en El diario.es que “Hoy hacer ‘La ley del deseo’ sería todavía más difícil” 2, aunque parezca mentira es algo en lo que estoy plenamente de acuerdo. Puede parecer extraño porque nadie negará que España es uno de los países que más ha avanzado en cuestión de derechos, que más sensibilidad y mayores cotas de visibilidad ha alcanzado en lo referido a la diversidad LGTBI. Aunque eso no quita que hoy nos sigamos despertando con noticias de agresiones homófobas o que el autobús de HazteOir pretenda recorrer el país con su descarada transfobia. Es una lucha permanente y sin cuartel que no cesa. Aun así, pese a todos los avances en la realidad sociocultural española, mi percepción es que el cine español sigue teniendo una asignatura pendiente a la hora de incorporarlo dentro de sus producciones cinematográficas. Más si lo comparamos con otras cinematografías europeas como la francesa, alemana o británica. De ahí la pertinencia de un ciclo de cine como El celuloide visible. 

La ley del deseo

La ley del deseo

Voy a tomar dos pequeñas muestras que a mí me parecen sintomáticas y que refuerzan esta consideración conforme todavía nos queda mucho por recorrer. Están tomadas en los dos extremos justamente del espectro cinematográfico, el más comercial y con una voluntad de llegar al gran público y aquel cine pequeño, con pocos medios y que se sitúa en la periferia, que tiene muchas dificultades en la exhibición cinematográfica convencional y que circula por vías alternativas como los festivales o el vod (especialmente en Filmin’). Cuando directores jóvenes de la última hornada, gays, realizan un cine en el que quieren aunar un cine popular con un cine que manifieste una expresión personal, dejan fuera algo como la identidad -¿hay algo más personal?-  y no lo explicitan sino que recurren a metáforas de carácter más generalista, realmente creo que tenemos un problema. A mí, personalmente, me produce un cortocircuito si pretenden integrar estas dos voluntades. Por supuesto, con esto no quiero decir que estén obligados, faltaría más. Pero que si ellos no lo hacen, no esperemos que un director heterosexual se preocupe por incorporar la diversidad LGTBI en sus ficciones. Casos como los de Bertrand Bonello o un Ang Lee son casos excepcionales.

El otro cine español. Esa etiqueta potenciada por algunos medios como Caimán. Cuadernos de cine y festivales (el SEFF, el D’A, etc.). Ese cine más alejado de los cauces industriales que les decía. Aquí, pues…lo LGTBI brilla por su ausencia. Tengo que esforzarme por encontrar algún film. Los amigos raros (Roberto Pérez Toledo, 2014), enmarcado dentro de los #LittleSecretFilm. O A esmorga (Ignacio Vilar, 2014), que se proyectará dentro del ciclo El celuloide visible el próximo 13 de junio. Y les puedo asegurar que soy un tenaz buscador, desde hace muchos años, los mismos que llevo escribiendo. Y es como nadar en el vacío. Será otro, sí, pero heterosexual.

Y sin embargo, si uno se adentra dentro del fértil campo del cortometraje, se encontrará con un caudal abundante, justo todo lo contrario que a uno le cuesta apreciar en la producción de largometrajes. Es como si existiese un magma que no acaba de emerger a la superficie.

A esmorga visibilidad LGTBI

A esmorga

Porque también creo que hay tener en cuenta un aspecto relevante. En cierta manera, siguiendo con el diagnóstico entristecido, aunque no lo parezca, no estamos alejados del cine surcoreano. Gary Needham, a propósito de este cine oriental afirma:

Las películas sobre la homosexualidad no necesariamente convierten a estas en películas queer ya que entonces el término queer fácilmente se torna vacío de sentido, despolitizado y descontexualizado de su intención original 3

Porque no toda la presencia vale. Es como conformarse con la habitual aparición de lo LGTBI en el medio televisivo y en lo mainstream (algo en lo que peca Frédéric Martel). Lo personal es político. Estamos de acuerdo. Diversidad LGTBI, sí. Lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, etc. tienen su espacio en los films. ¿Pero cuánto de este cine español que sí lo ha reflejado se ha preocupado de ir más allá, de hacer un cine queer como lo hacía Fassbinder o Ulrike Ottinger o aquel que cultiva Gregg Araki o Todd Haynes? Como decía Gary Needham, un cine lleno de sentido y politizado. Los exponentes se reducen todavía más. Y aquí casi que nos tenemos que remontar a la época de la Transición, uno de los momentos más fértiles en la historia del cine español, con las gloriosas excepciones de Pedro Almodóvar y Agustí Villalonga 4. Comprenderán entonces, si la han visto, que destaque un film como El diputado. Me entristece por eso que un director como Eloy de la Iglesia haya caído en el olvido. Alguien que problematiza como nadie el hecho gay y me refiero a que su mirada sigue siendo subversiva, inconformista y políticamente incorrecta. Incómoda para la izquierda y la derecha. Como tiene que ser. Queer con todas las letras y a conciencia. Con no pocas contradicciones y que se le puede cuestionar algunas cosas. Pero sigue siendo lo más cercano a Pasolini que hemos tenido nunca. Ha quedado amarrado como una de las figuras del cine quinqui y no significa que eso sea negativo (creo que a él mismo no le parecería mal); también es un cine reinvidicable en muchos aspectos. Pero creo necesario ampliar su recuerdo y ver que su importancia como director va más allá del cine quinqui.

Así pues, a grandes rasgos, uno detecta dos momentos en los que el cine español sí se ha preocupado para que acabemos tristemente en el desierto del presente, donde pequeñas muestras sobreviven en un marasmo predominantemente heterosexual. El ya mencionado de la Transición, al que le dedicaremos un artículo, porque bien lo merece, que coincide con el cine Post-Stonewall. Aunque la emergencia en el cine español se debe, más que a la influencia de la producción internacional mediatizada por la lucha de los derechos civiles del colectivo LGTBI en los años 70, a condiciones sociopolíticas e históricas específicas del contexto español: la llegada de la democracia. Algo parecido sucede con el siguiente momento: la oleada en los años 90 y que se extiende a los primeros años del S. XXI, coincide con la emergencia de la teoría queer y el New Queer Cinema. Pero una película como Más que amor, frenesí (Alfonso Albacete, David Menkes, Miguel Bardem, 1996) o Martín (Hache) (Adolfo Aristarain, 1997), por citar dos de las que alcanzaron mayor popularidad, tampoco es que parezcan influenciadas, sino que se debe a una necesidad tras una larga travesía de silencio e invisibilidad: los duros ochenta.

Y como dijo más o menos en una ocasión Vicente Molina Foix -hablo de memoria- el cine gay definitivamente se consolidará en el cine cuando ya no tengamos que utilizar la etiqueta. Cuando no tengamos que distinguirlo. En muchos casos es así (los franceses a la cabeza). En el cine español creo que todavía nos falta camino. Celebremos eso sí, aquel cine de calidad que rompió la tendencia en la historia, algunos de esos ejemplos son los que se han querido rescatar en El celuloide visible. Porque nunca tenemos que perder la memoria. Nunca. Para seguir adelante.

En los siguientes meses hasta junio, seguiremos ahondando en estas cuestiones. Sirva este artículo como un pequeño boceto/introducción.

El diputado

El diputado

 

  1. Martel, Frédéric (2013): Global Gay. Cómo la revolución gay está cambiando el mundo. Taurus.
  2. Miguel Parra en El diario.es
  3.  Films about homosexuality do not necessarily make queer films and the term queer itself all too easily becomes empty of meaning, depoliticized and deconcontexualized from its original intention
  4. De ambos, respectivamente, se proyectará en El celuloide visible, Pa negre el 23 de mayo y La ley del deseo el 20 de junio
Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Email to someone

Comentarios sobre este artículo

  1. […] Cine divergente —¿cine que separa uno del otro?… será—, su boss, Manu […]

Comenta este artículo

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>