It’s Such a Beautiful Day

Por Ainhoa Marzol

~Todo va a estar bien~

Bill es un tío normal. Nada lo distingue del resto del mundo excepto su sombrero de copa. Tiene manías extrañas como tú y yo: no coge frutas de la parte delantera del mostrador porque quedan a la altura de la entrepierna de los demás clientes y se siente usado cuando sus conversaciones con las cajeras acaban en un “Hola, ¿cómo estás?” “Bien, ¿y tú?”. Don Hertzfeldt hace todo lo posible para despersonalizarlo como llamarlo Bill, nombre comodín que ya había usado en otros cortos anteriores como Billy’s Balloon (1998), y lo dota con un aire de inocencia que lo hace inofensivo y encariñable desde el primer minuto. Ahora sólo le quedan 61 minutos para contarte una historia.

Como en cualquier enfermedad, los primeros indicios se camuflan en la cotidianidad. En el caso de Bill, cuando confunde un “what’s up” con “how is it going” en un incómodo “how’s up”, no puedes evitar reírte entre dientes por el gag tonto, y ni sospechas de que su cabeza se está yendo a pique.

En ningún momento del film se deja entender qué es lo que exactamente le pasa a Bill (sea un tumor cerebral o una enfermedad genética degenerativa) pero sí que lo está conduciendo a una enajenación mental cada vez más notable. Su condición tiene dos consecuencias: primera, que el narrador no es de fiar. La duda de que todo lo contado sea imaginación del protagonista persiste durante el film y por lo tanto, el argumento se sostiene en la nada y pasa a ser una simple herramienta de exploración interna. Y segunda, que todas sus habilidades para relacionarse interpersonalmente se deterioran, haciéndolo narrador de detalles y tabúes con mayor facilidad. “Su tío, el cual Bill ni siquiera había visto en la habitación, se había tomado unos días de vacaciones para volar desde Tulsa. Parecía ligeramente molesto.”

It's such a beautiful day

~Estoy tan orgullosa de ti~

Fantasía (Fantasia, James Algar, Samuel Armstrong, Ford Beebe Jr., Norman Ferguson, Jim Handley, T. Hee, Wilfred Jackson, Hamilton Luske, Bill Roberts, Paul Satterfield, Ben Sharpsteen, 1940) de Disney fue uno de los grandes precedentes en lo que los largometrajes de animación deberían de ser en Occidente: había que aprovechar las posibilidades que el medio ofrecía para hacer magia y fantasía. Durante años hemos tenido animales que hablan, niños que vuelan y mundos que están fuera de nuestro alcance en el día a día. Ahora y de cara al siglo XXI y con el auge de la animación digital, el camino marcado se ha bifurcado entre aquellas películas que la utilizan para dar lugar a todo aquello que sería imposible en el mundo real, y entre aquellas que hacen un intento de parecerse más y más al mundo real con la ayuda de la animación 3D.

Y luego está Don Hertzfeldt.

Hertzfeldt sitúa a su protagonista, una figura de palo que ni un intento tiene de parecerse a la realidad, en el entorno más mundano posible. Y por supuesto, la caída en el agujero negro de la demencia no es pretexto para hacer una animación loca y extravagante, sino para explotar los miedos y el mundo interno del personaje. ¿Entonces por qué es esta una de las películas de animación más importantes de los últimos años?

Justamente porque para su director la animación no es una forma de contar algo, sino su única forma. Hertzfeldt es completamente honesto con su condición humana, y es capaz de traducir esas vivencias y emociones a la animación como si de su lengua madre se tratase. It’s Such a Beautiful Day mezcla técnicas, mete imágenes en 35mm, usa efectos de sonidos, música, ahora silencio, ahora colores. Y es tan consciente del efecto que esto produce en el espectador que es capaz de llevarlo por donde le da la gana, y no entiendes nada pero en 62 minutos has reído, has llorado, se te ha encogido el corazón y has vuelto a esa horrible manía que tenías de morderte las uñas.

Añadamos que todo esto ocurre sin que la película cambie de tono en ningún momento, sino que es un constante sentimiento agridulce el que nos acompaña. No tiene un hilo argumental de montaña rusa emocional barata: no hay momentos felices seguidos de tristes, sino constantes momentos que son felices, pero no tanto, y momentos tristes, pero están vistos por caleidoscopio lleno de belleza. “Murió sólo en un campo una mañana de verano mientras soñaba sobre la luna”.

It's such a beautiful day  Don Hertzfeldt 2011

~Es un día tan bonito~

Bill es el Mersault de Hertzfeldt. Como el protagonista de Camus en El Extranjero, Bill vive su día a día automatizado, metido en repeticiones. Un tedio ciclo blanquinegro de recorrer los mismos bloques de edificios, de hacer las mismas compras, dejar las llaves en el mismo sitio. Su enfermedad no rompe con el ciclo, sino que lo hace más evidente a los ojos del espectador. De repente es evidente que todos los personajes tienen la misma cara, que lo que ha estado haciendo Bill y lo que nos parecía la vida adulta (dormir, comer, ir a trabajar, ir a comprar comida, ver la tele, comer, dormir, repetir) no es más que un reflejo de una sociedad y de una vida enferma y sumida en el absurdo más puro.

“Tan cerca de la muerte, mamá debía de sentirse allí liberada y pronta para revivir todo. Nadie, nadie tenía derecho de llorar por ella. Y yo también me sentía pronto a revivir todo. Como si esta tremenda cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza, delante de esta noche cargada de presagios y de estrellas, me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraternal, en fin, comprendía que había sido feliz y que lo era todavía.” (Extracto de El Extranjero, de Camus)

Para Camus, es cuando uno acepta la absurdidad del mundo y que la muerte es un hecho inminente cuando puede empezar a apreciar la vida. En It’s Such a Beautiful Day es justo el momento en el que Bill se enfrenta a la noticia de que su final se acerca cuando las imágenes empiezan a teñirse de colorines. “Está fascinado por la manera en que sus servilletas beben agua. Nunca ha apreciado estas cosas. Todos estos detalles de los que nunca se ha dado cuenta. Está vivo, está vivo.”

Para mi ahí yace el gran logro de la película: que, irónicamente, sea una figura esquemática más digna de una partida al ahorcado el protagonista del film más lleno de vida que he visto en años.

TRAILER:

 

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