Mad Max: Furia en la carretera

Frenética estilización formal Por Yago Paris

Mad Max: furia en la carretera  fue un fenómeno de masas desde el momento de su estreno. Con la rendición absoluta por parte de la crítica y unos números de taquilla excelentes, la última cinta de este universo postapocalíptico se convirtió en un clásico instantáneo. Sin embargo, a pesar de sus innumerables virtudes, habría que señalar que esta no era la idea que su autor quería llevar a cabo. No es ningún secreto que George Miller tenía intención de rodarla en blanco y negro y muda. En el primer caso, esto se debe a que su visión de los universos postapocalípticos deberían tender a los extremos: o bien desaturar tanto la imagen hasta llevarla al blanco y negro, o bien saturarla hasta los extremos que se observan en el resultado final. En el segundo caso, la decisión atiende a su idea de cine como narración en imágenes, de ahí que la eliminación de todo diálogo, en favor de un despliegue total de la puesta en escena, sea la decisión más acertada que podría haber tomado.

Nada de esto ocurrió; demasiado riesgo en las dos decisiones como para darles luz verde. El autor australiano tuvo que conformarse con una versión en color y sonora, lo que no le impidió crear una de las obras más descomunales de los últimos años. Sin embargo, el conocimiento de estas ideas dio rienda suelta al público más entregado de la saga, quien empezó a exigir una versión alternativa del material de partida. Este sueño se ha cumplido, en parte, con la nueva edición en blu-ray de la obra, denominada Black & Chrome edition, la cual incluye, aparte de la original, la versión de la misma en blanco y negro. Antes de que esto ocurriera, un usuario de internet había llevado a cabo lo que ni dicha edición se atrevió a hacer: crear una versión en blanco y negro y muda. Este crítico sigue sin explicarse por qué no se ha incluido este formato en la versión comercial, lo que supondría un auténtico aliciente que no eximiría de la venta de la edición original, en color y con sonido. Debido a esta situación, y a modo de reivindicación, este texto no se centrará exclusivamente en la versión que pasó por los cines, sino que dedicará una de sus partes a analizar cómo funciona Mad Max: furia en la carretera cuando se le elimina tanto el color como el sonido.

Antes de comenzar, habría que señalar que nunca se podrá conocer cuál hubiera sido la versión que George Miller tenía en mente. Aunque se haya editado el citado blu-ray, hay que tener en cuenta que se trata del volcado a blanco y negro de la versión en color, pero esto no es equivalente a rodar una película teniendo en mente que será en ese formato, pues dicha decisión influye sobre la planificación de las escenas y la fotografía. Por otro lado, que la película se hubiera rodado con la intención de que hubiera sido muda hubiera cambiado radicalmente la manera de enfrentar la información que se transmite mediante la palabra, por lo que, con total seguridad, algunos fragmentos del metraje se hubieran planificado de manera bien distinta. Por todo ello, analizar estas dos versiones alternativas no es una manera de enfrentarse a la versión que Miller tenía en mente, pero sí, al menos, una manera de aproximarse lo máximo posible a su idea y de estudiar los cambios que sufre al realizar dichas modificaciones, tanto positivas como negativas. Por otro lado, centrar el discurso en hablar de lo que podría haber sido y no fue, a la par que centrarse exclusivamente de las versiones alternativas, implicaría dejar fuera de juego lo más importante, que es la película que sí se ha hecho. Por todos estos motivos, este texto se dividirá en dos secciones que dialogarán entre sí.

Mad Max Furia en la carretera

La obra original:

Treinta años después de su última incursión en este universo con el rodaje de la tercera entrega de la saga, Mad Max 3: más allá de la cúpula del trueno (Mad Max: beyond the thunderdome, 1985), George Miller retornaba al mundo postapocalíptico con el que había inscrito su nombre en la Historia del cine. Esta cinta había sido un caos, con desencuentros con la productora y autoría compartida con George Ogilvie, lo que dio lugar a una obra descompensada y lejos de las cotas alcanzadas por las dos anteriores. Quizás precisamente por este mal sabor de boca, Miller volvió a su saga para darle un broche final con una cuarta entrega que compartiera el mundo diseñado –aunque no la historia desarrollada. Estas tres décadas alejado del universo Mad Max le han servido para madurar como cineasta y ver con perspectiva su propia obra, lo que ha permitido que esta vuelta, cuando nadie lo esperaba, lejos de ser un revival innecesario, haya sido, con diferencia, la mejor de las cuatro partes que hasta la fecha ha firmado el cineasta.

Mad Max: furia en la carretera es una destilación de lo mejor de las dos primeras partes. La cinta que iniciaba la saga, de nombre Mad Max: salvajes de autopista (Mad Max, 1979), era una modesta producción de serie B que emulaba los códigos del western y los adaptaba a una sociedad postapocalíptica de un futuro indeterminado. Esta primera entrega era, en resumidas cuentas, una serie de persecuciones sobre infinitas autopistas, que jugaba con los estereotipos para sacarle el jugo a la puesta en escena y a la peculiar mirada de su creador. Con un guion escuálido y un limitado desarrollo de personajes, puramente arquetípicos, la cinta deslumbraba por su capacidad para arrollar con la imagen. La segunda entrega, Mad Max 2: el guerrero de la carretera (Mad Max 2: the road warrior, 1981), concedía un importante peso al guion, lo que le aportaba una serie de matices al universo y daba pie al desarrollo de una estética muy marcada, pero lo hacía a costa de reducir la presencia de la puesta en escena, igualmente virtuosa pero más comedida. Tras el brutal éxito de la primera, obra de culto desde el momento de su entrada en los circuitos comerciales, esta segunda parte se produjo con un presupuesto sustancialmente superior –de la mano de la Warner Bros.-, lo que provocó un amplio uso de recursos técnicos pero convirtió la cinta en una obra más convencional. Lo más destacable de la misma fue la introducción de un mundo rico en matices y desbocado, en el que se hacía apología del mundo del motor y se exaltaba la estética postapocalíptica de corte descerebrado, con la presencia de personajes lunáticos y con indumentarias estrambóticas.

Mad Max Furia en la carretera Imperiosa

Las señas de identidad de estas dos entregas, tan diferentes entre sí como coherentes en su conjunto, están presentes en Mad Max: furia en la carretera, que se queda con lo mejor de cada una y teje un universo fascinante tanto en el plano formal como en el estético. Desde el punto de vista de la orientación del proyecto, esta cuarta entrega se parece más a la primera que a la segunda, puesto que en ella el guion vuelve a ser un simple esquema con el que sentar unos requisitos narrativos mínimos; nuevamente, la cinta vuelve a ser, en esencia, una serie de persecuciones sobre el asfalto. Por otro lado, la estética no se queda atrás y resulta igual de llamativa que en la segunda entrega de la saga, por lo que los dos elementos más destacados de las dos entregas iniciales están presentes en esta cuarta parte, y no sólo no se pisan el terreno sino que se complementan.

En estos treinta años, George Miller ha entendido cuáles eran los puntos fuertes de la obra que había creado, y todo ese potencial lo vuelca en Mad Max: furia en la carretera. Con un control casi total del proyecto, decide que el peso del guion debe ser el mínimo indispensable, pues confirma que su verdadero interés está en la transmisión de ideas mediante la imagen. Todo esto lo podría haber logrado con un resultado excelente simplemente al hacer un adecuado uso de los antecedentes expuestos en sus anteriores obras. Sin embargo, el director australiano no se queda ahí y va mucho más allá, pues lo que logra con esta última entrega es apabullante. En suma, la cinta es una clase magistral de un genio de la puesta en escena, un derroche de imaginación que en ningún momento pierde el rigor narrativo ni la base de lo que quiere contar. Mad Max: furia en la carretera es un coloso que avanza a ritmo de bólido por una autopista cinematográfica sin pisar el arcén en un solo momento. Cuesta hacerse a la idea de lo brillante que es esta maravilla cinematográfica, pura garra, auténtica proeza narrativa, víscera neumática del frenesí motorizado. George Miller alcanza unas cotas que cuesta imaginar que se puedan superar, y firma la que probablemente sea la mejor cinta de acción jamás hecha. Cada plano cuenta, y esto es así hasta el punto de que da la impresión de que cada uno de ellos ha sido rodado de la mejor forma posible, de la manera en la que se le podría sacar mayor jugo a la situación dada. El autor colapsa el fotograma de ideas visuales y estéticas, destila lo mejor de sus anteriores incursiones en el universo y regala una joya del séptimo arte que se tatúa en el subconsciente de toda mente necesitada de cine entendido como puesta en escena.

Mad Max Furia en la carretera 2015

Las versiones alternativas:

Como se acaba de exponer, Mad Max: furia en la carretera es, ante todo, una obra visual. George Miller quiere narrar en imágenes y jugar con el lenguaje cinematográfico, por lo que se entiende que su idea inicial fuera realizar el proyecto de la manera más visual posible que este arte conoce: el cine mudo en blanco y negro. Al eliminar todo diálogo y el color de la imagen, esta última cobra una mayor presencia, pues se desnuda de añadidos y potencia su capacidad para la transmisión de ideas. Por estos motivos resulta tan estimulante el juego que esta persona anónima ha propuesto a la comunidad cinéfila al haber creado una versión no oficial en la que se ha eliminado el color y los diálogos –no así la banda sonora y los efectos de sonido diegéticos.

Partiendo de la base, como se ha dicho, de que esta no es en ningún caso la versión muda de esta obra, sino una traslación, un juego de formatos, aun así salta a la vista que se trata de una decisión formal que hubiera favorecido al desarrollo del proyecto. Haberla hecho en color o en blanco y negro probablemente sea una decisión comparativamente menor, pues el uso del color es excelente y crea atmósferas exquisitas. Lo que hubiera resultado determinante y hubiera enriquecido la narración hubiera sido el paso de cine sonoro a mudo. Para que esto funcione, se requiere la presencia de un autor tras las cámaras, capaz de afrontar el reto de narrar sin –apenas- uso de la palabra, pero esta tarea parece estar al alcance, con creces, de la mano maestra de Miller. Esto se intuye al observar, en formato mudo, las imágenes de su película sonora: tratándose de un proyecto tan volcado en lo visual, eliminar los diálogos enfatiza el poderío de sus imágenes y las eleva a un nuevo nivel de perfeccionamiento. En buena parte del metraje, el desarrollo de los planteamientos no sólo funciona sino que se ve beneficiado de la eliminación del color y de la palabra, por lo que parece evidente que Miller podría haber creado una obra portentosa, que probablemente hubiese superado las cotas de esta versión a base de apostar por la estilización y el impacto visuales.

Mad Max Furia en la carretera Chrome

Algo distinto sucede en los momentos más pausados del relato, en los que los diálogos le roban demasiado protagonismo a la imagen –las escenas de transición entre persecución y persecución. Por un lado, se evidencia que no hace falta haber visto la versión sonora para entender buena parte de lo que se expresa con palabras, pues la imagen mantiene su capacidad para transmitir dichas ideas que se están explicitando mediante la palabra. Qué duda cabe de que se pierden matices, pero en este punto habría que plantearse si se pierden porque estos son imposibles de transmitir en imágenes –en cuyo caso se podría hacer uso de intertítulos habituales del cine mudo, cuando resultase imprescindible- o porque en ningún momento se ha rodado esta película como muda –este crítico se inclina hacia la opción de que, de haber podido, Miller hubiera solventado estos retos mediante el uso de la imagen en la mayoría de casos. El único momento en el que resulta imposible seguir la narración si se desconoce la trama es el grupo de escenas que transcurren a tres cuartas partes de metraje, cuando los protagonistas se encuentran con el grupo de mujeres motoristas, pero, hay que insistir, esto no es un fallo narrativo, pues la película siempre ha sido pensada como sonora, y no como muda, por lo que nada se le puede achacar a su creador.

Por lo demás, la experiencia de ver Mad Max: furia en la carretera como película muda y en blanco y negro resulta tremendamente gratificante, no sólo por el hecho de revivir unas imágenes cargadas de potencia cinematográfica, sino por la confirmación de que George Miller podría haber logrado algo portentoso si se le hubiera dado libertad absoluta. En cualquier caso, este descubrimiento no impide el disfrute de la versión original, sonora y en color, que visionado tras visionado crece en la mente de este crítico, que no se cansa de transitar por este desierto infernal a lomos de un buggie espinoso en busca de las puertas de Valhalla. Con Mad Max: furia en la carretera, Miller se encumbra como un cineasta despampanante y alcanza unas cotas de narrativa visual que difícilmente serán superadas alguna vez; ni siquiera por él mismo.

madmaxfuryroadblackchrome

TRAILER:

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