Malditos bastardos

Un texto afterpop sobre una película postmoderna sobre el acto fantaseado de matar a Hitler Por Aarón Rodríguez

La posibilidad 1 es la materia y la posibilidad 0 es el vacío y entre las dos posibilidades en las que dormita el universo anida una extraña rosa de caos puro en la que se anida todo lo que sucede desde lo más extraordinario –ella se gira hacia mí y dice cosas sobre la Historia, una fé en la Historia y en la verdad de la Historia que yo decido no contradecir pese a que es lo que se espera desde mi enfoque cínico, engreído, postmoderno- y lo más anodino –retorno a casa en un trozo de metal & plástico & circuitería que se desplaza a 160 kilómetros por hora y que puede irse a tomar por culo en cualquier momento, haciendo que me desplace desde la posibilidad 1 (la materia) a la posibilidad 0 (el vacío), de tal manera que si quizá Quentin Tarantino alguna vez hiciera el intolerable esfuerzo de recuperar únicamente un destello de, pongamos por caso, el monólogo de Hamlet y viera que…

¡Morir! (posibilidad0) Dormir… no más ¡Y pensar que con un sueño (posibilidad1) damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne! ¡He aquí un término devotamente apetecible! ¡Morir (posibilidad0)… dormir! ¡Dormir… tal vez soñar (posibilidad0/1)! ¡Sí, ahi está el obstáculo (posibilidad n, cuando n tiende a momento de quiebra del sujeto)! ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte (posibilidad0/1), cuando nos hayamos librado del torbellino de la vida (posibilidad0)!

…pero Quentin Tarantino no piensa en estas cosas porque se arrodilla sistemáticamente ante un cine que viene con reclinatorio para las masas, el cine precalentado del homenaje postmoderno y la termomix explosiva, el sampleado, y no quiero decir que Quentin Tarantino no tenga un talento sobrenatural para arrojar las imágenes –porque Quentin Tarantino no rueda, no construye, sino que (re)construye y después arroja…

y allí donde no hay Historia tampoco hay relato y tampoco hay cronología [Pulp Fiction] y donde no hay cronología no hay destino de la Historia, en fin, total, por lo tanto se puede hacer que la Historia diga lo que nos venga en gana sin asumir consecuencias, sin hacer lecturas, es el síndrome de Nolan empapado de cierto fascismo con una sonrisa profident que ya querría Mario Casas diciendo Eh, amigos, no intenten leer mis películas en su dimensión política, tan sólo es cine y Quentin Tarantino diciendo Eh amigos no intenten leer mis películas en su dimensión política, tan sólo es cine

pero

si según sus defensores Malditos bastardos es “la gran defensa del cine, la gran reflexión sobre el cine, el gran homenaje al cine” y el cine tan sólo es cine, esto es, nada, esto es, posibilidad 0, entonces el cine no vale gran cosa, de tal manera que si el cine no sirve para nada –esto es, si uno puede rodar a un grupo de judíos que entran en el palco de un teatro y disparan a Hitler porque le da la real gana a su director y todo el corifeo de críticos & analistas & admiradores & amigos & cinéfilos le ríen la gracia, ¿entiendes lo que quiero  decir? Si el cine es una payasada, las risas distorsionadas de We are the walrus [imagina seis millones de cuerpos que se deslizan de la posibilidad1 a la posibilidad0 y ensaya una carcajada si tienes redaños], si el cine no tiene ningún compromiso hacia la Historia…

¿cómo se puede decir que Malditos Bastardos es un homenaje al cine cuando precisamente le niega al cine la posibilidad de salvarse a sí mismo por la vía de la puta mentira?

Quentin Tarantino dice Los judíos mataron a Hitler & Los negacionistas dicen Auschwitz no existió & Jean-Luc Godard dice El cine fracasó en su cita con la Historia precisamente en Auschwitz. Sólo uno de los tres dice la verdad. Los otros dos enunciados caen, lógicamente, en el territorio de la puta mentira.

así que debemos tener cuidado porque después de Malditos Bastardos ya no se puede seguir manteniendo aquello de que Quentin Tarantino es un gran director, porque un gran director siempre cree en su capacidad para decir algo que merezca la pena ser dicho y ante la posibilidad de crear una imagen, busca siempre la única imagen posible, una imagen que sea capaz de alzarse más allá de las fotos de gatos del Instagram & los salvapantallas & las niñas que se compran una réflex sin tener ni puta idea de usar una réflex & 13TV & todas esas cosas horribles que Juan Manuel de Prada le hace decir a las películas en su programa porque piensa que es Dios el que habla por su boca como antes que él lo hacía el Padre Staehlin por la boca de Bergman, de tal manera que no podemos seguir diciendo que Quentin Tarantino es un gran director porque ha descendido hasta un pozo fecal histórico –no diremos inefable, no diremos irrepresentable, no diremos “La Gran Catástrofe Marca Registrada”-, y nos ha devuelto una puta mentira, esto es, el cadáver de un Hitler ridiculizado y convertido en títere, esto es, la posibilidad histórica de que una cuadrilla de superhéroes aliados consiguieran hacer que Hitler pasara de la posibilidad 1 (la materia) a la posibilidad 0 (el vacío).

y Tarantino se equivoca porque no dice lo más importante.

Hitler se mató a sí mismo.

no fue la Historia, ni la hermosa bala que destrozó –dicen- el cráneo de Ben Laden, ni siquiera el tiempo, dulcísima y pertinente metástasis que se desliza por el interior de los monstruos totalitaros más o menos recientes. No. Hitler decidió, por un cómputo absolutamente racional de posibilidades optar por un coherente suicidio que resuena como un (obsceno) mandato ético. Deutschland über alles era otra manera de defender la alegría.

pero el problema, repito, es que a Quentin Tarantino no le interesa lo más mínimo lo que sus propias imágenes puedan decir, transmitir, significar, proponer, evidenciar, y por lo tanto, no le interesa el cine más allá de una colección de referencias numerables, fardar de friqui, mira tío cómo molo que veo cine de serie z coreano de artes marciales donde las imágenes no significan nada –véase, por el contrario, la exquisita tensión en Assayas, IrmaVepDemonLover pero quizá es pedir mucho-, tan postmoderno que no creo en nada, tan relativista que ni siquiera lucho porque haya un Dios que lleve mi nombre y que construya un universo total y hermoso en mis imágenes, un universo que nos deslumbre en su verdad y en su inteligencia, que nos invite a pensar el interior de la imagen en lugar de abrir la boca como borregos yonquis de montaje ultrarrápido, plano picado, zoom, cita a cinematografías emergentes radicalmente malas y huella de estilo – porque la huella de estilo, el estilema, quizá es la única herramienta con la que de verdad cuenta el director para decir algo importante sobre el universo. Ustedes pensarán que estoy loco. ¿Decir algo importante, total, verdadero sobre el universo en una película? ¿Algo que nos haga dar un golpe sobre la mesa más allá de nuestro desplome total en la posibilidad 0 (vacío)? ¡Qué locura! ¡Menudo disparate! Disparate, sin duda.

pero es que, al contrario del Quentin Tarantino que rodó Malditos bastardos, yo creo en las infinitas posibilidades del cine para decir la verdad. Para decir. Para decir.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] odiosos ocho nace de la secuencia del sótano de Malditos bastardos (Inglourious Bastards, 2009), verdadera obra maestra que ponía en liza el peligroso juego de las […]

  2. […] es tanto  la victoria de la ficción por encima del tiempo de la Historia, a la manera de Malditos bastardos (Inglourious Basterds, Quentin Tarantino, 2009), sino más bien que la ficción otorga una […]

  3. […] con Pulp Fiction (y con todos sus títulos posteriores, incluidos Jackie Brown, Death Proof, Malditos Bastardos y, por supuesto, las dos entregas de Kill Bill), fue burlarse de los árbitros del buen gusto con su […]

  4. […] al mismo espacio urbano donde localiza la acción. Si Tarantino se permitió matar a Hitler en Malditos bastardos (Inglourious Basterds, 2009), Allen querrá encontrarse con el París, cuna de artistas y de […]

  5. […] ellos, ahora que ya no hay un terreno virgen que explotar en el mainstream, Tarantino decidió con Malditos bastardos canalizar en su autoría el tabú en la Historia, las heridas abiertas que siguen escociendo en las […]

  6. […] después de Jackie Brown (1997), los dos volúmenes de Kill Bill (2002 y 2004), Death Proof (2007), Malditos bastardos (Inglorious Bastards, 2009) y la última y esperadísima Django Desencadenado (Djando Unchained, […]

  7. Las ucronías son unos de los ejercicios más estimulantes que nos puede ofrecer la ficción; hacen falta más.

    Por otro lado, pensar que la reinterpretación de la historia en el cine pueda resultar indeseable me parece, en cierto modo, subestimar al espectador.

    ¡Gracias por contestar!

  8. Aarón dice:

    Estimado Víctor:
    Igual no ha quedado demasiado claro, pero lo que intento tildar de puta mentira no es el concepto de película de ficción, sino la distorsión histórica que realiza Tarantino. Dicho de otra manera, creo que su reinterpretación de lo que es una verdad histórica objetiva genera efectos de discurso aberrados que son capaces de hermanarse -de hecho, intento hacerlo en el texto- con las vertientes más peligrosas del negacionismo.
    No se trata de negarle a un creador el derecho de ficcionalizar -eso sería, por lo demás, estúpido y totalitario-, sino de señalar que en ciertos puntos, la ficcionalización libre genera erosiones muy peligrosas en términos de construcción social.
    Un saludo y gracias por tu comentario.

  9. No sé si lo he leído bien pero aquí alguien ha tildado de puta mentira a una película de ficción. OK.

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