El entorno ambiental del antihéroe en las screwball comedies

New York – Conneticut – Vermont Por Eduard Grañana

Persona extraña, excéntrica o loca. Así define la palabra screwball un diccionario que recopila algunos de los términos coloquiales e informales del idioma inglés. Una definición que se puede extrapolar sin ningún problema al género cinematográfico, que desde mitad de los años treinta a comienzos de la siguiente década, utilizó este mismo nombre. Y como no, extrapolarlo también a sus protagonistas, estos antihéroes que contribuyeron en la evolución del género cómico: extraños, como el comportamiento de un Cary Grant buscando un leopardo en el corazón de Connecticut; excéntrico, como un millonario Gary Cooper, empeñado en casarse por octava vez, gastándose el dinero en una bañera de Luis XIV para conquistar así a su amor, o loco, como…bueno, cualquiera de ellos puede entrar en esta categoría.

Empezamos aquí un viaje por su mundo. Aquellos parajes en los que estos antihéroes de las comedias screwball tanto sufrieron para conseguir el amor, pero que también sirvieron para hacer reír y disfrutar a varias genereciones de espectadores amantes del cine. Un viaje que comienza, como no podía ser de otra manera, en Nueva York.

 Nueva York. Vuestra es la ciudad

Urbanitas no identificados con el medio urbano. Esta podría ser una escueta y simple descripción del antihéroe de las comedias screwball, pero suficiente para dar comienzo al tema que aquí tratamos, su relación con el entorno.

Urbanitas no identificados en un medio urbano, que aunque la mayoría de veces es Nueva York, puede ser también Los Angeles, París o cualquier otra gran ciudad occidental. Bien es cierto que estos personajes viven totalmente absorbidos en sus ciudades, y sobre todo en su mundo laboral, paradgima éste de su racionalidad existencial. Su posición económica, generalmente acomodada, no les priva de los placeres que su ciudad les ofrece, ya sean hoteles, clubs nocturnos o restaurantes, pero esta cotidianeidad con marcado placer consumista, llega a su fin cuando una anormalidad entra en su vida sentimental o cuando una Claudette Colbert o una Katharine Hepburn se cruza en su destino. Con estos cambios inesperados, su mundo urbano se transforma en un lugar más irracional y es aquí donde dan comienzo los conflictos, entiéndanse conflictos sentimentales, a los que nuestro antihéroe se ha de enfrentar. Hoteles, clubs nocturnos y restaurantes de los que antaño tanto disfrutaba, han dejado de ser esos lugares placenteros para convertirse en parte de este mundo alocado que ahora es su ciudad. Una locura urbana, que en muchas ocasiones parece que contagia incluso a sus ciudadanos, como a aquel viejo francés que creía ser, nada menos, que una gallina en La octava mujer de barbazul (Bluebeard’s eighth wife, Ernst Lubitsch, 1938) y, por supuesto, también contagia a cada uno de los protagonistas de este género cinematográfico, convirtiéndolos en personajes a veces infantiles, a veces con ciertos aires ridículos y la mayoría de la veces, con ambas actitudes actuando de forma simultánea. Su mundo urbano, por tanto, deja de jugar a su favor.

Bien es verdad que existen casos excepcionales donde estos personajes o bien dominarán por completo el ambiente urbano o bien son auténticos inadaptados en este ambiente. Un ejemplo del primer caso, el auténtico urbanita que domina por completo su ciudad es Tibor Czerny (Don Ameche) en Medianoche (Midnight, Mitchell Leisen,1939) . Un taxista parisino que movilizará a todos sus colegas de profesión para encontrar su amada Eve Peabody (Claudette Colbert). En las antípodas de este personaje el profesor Bertram Potts (Gary Cooper) y sus siete colegas académicos en Bola de fuego (Ball of fire, Howard Hawks, 1941), no solo son auténticos inadaptados en el ambiente urbano y desconocedores de los placeres mundanos que su ciudad les ofrece, sino que ignoran por completo el slang, la jerga coloquial e informal que utilizan sus conciudadanos.

Pero nada es eterno, y mucho menos en el cine. El abandono del ambiente urbano para reclutarse en uno más cercano a la naturaleza, será en muchos casos, el remedio que pondrá fin a este conflicto sentimental y consecuentemente a esta inadaptación urbana. No significa esto que con el paso de un ambiente a otro nuestro héroe pase a controlar la situación, muy al contrario, el comportamiento que adquiere fuera de su ciudad amplifica considerablemente su estupidez y su infantilismo. Recordamos aquí, por ejemplo, a Nick (Cary Grant) protagonista de Mi mujer favorita (My favorite wife, Garson Kanin, 1940), el cual, al intentar salvar su relación, su actuación se asemeja más a la de un actor propio de las slapstick que a la de un antihéroe de las screwball. Tampoco hemos de suponer que con el fin del conflicto en este ambiente rural, los protagonistas continuen allí sus vidas de forma aislada. Son urbanitas, y necesitan de la comunidad para dar vida a su relación sentimental, aunque esta comunidad sea creadora de conflictos. Así, la ciudad, o el mundo público como lo nombra J.Havey, y el conflicto que ésta alimenta, són parte del romance de las parejas del screwball 1.

Bola de fuego (Screwball)

 Bola de fuego

Como espectadores pocas veces seremos testigos del retorno de los protagonistas al ámbito urbano una vez solucionados sus problemas sentimentales y es que, en las screwball, con el fin del conflicto, fin de la película. Existen, sin embargo, elementos que nos conducen a creer en el abandono del aislamiento de la pareja, para retornar a su hábitat natural, la ciudad. El pesonaje interpretado por Joel McCrea, J.L Sullivan, en el film Los viajes de Sullivan (Sullivan’s travels, Preston Sturges, 1941), incluso se pregunta porque siempre retorna a Hollywood cuando su intención es alejarse: es como si una fuerza extraña me dijera: vuélvete a tu ambiente acaba siendo su conclusión. El caso de La fiera de mi niña (Bringing up baby, Howard Hawks, 1938) es uno de los ejemplo más evidentes de retorno al ambiente propio del antihéroe y es que aquí sí que vamos a presenciar este regreso del protagonista a su ambiente laboral. En otros, aunque no somos testigos directos, podemos ver como los protagonistas no aceptan un cambio permanente del ambiente donde se desarrolla la historia para solucionar sus problemas sentimentales. En Lo que piensan las mujeres (That uncertain feeling, Ernst Lubitsch, 1941) se le propone a la protagonista abandonar Nueva York para comenzar una nueva relación en Filadelfia, y en La pícara puritana (The awful truth, Leo McCarey, 1937) y en Luna nueva (His girl friday, Howard Hawks, 1940) se le propone comenzar una nueva vida en zonas rurales, como Oklahoma y Albany respectivamente. En todos estos casos las protagonistas, rechazan este cambio permanente, y deciden resolver su conflicto con su antigua pareja.

Connecticut: el mundo verde shakesperiano.

Encontramos en la historia del arte numerosos ejemplos donde la representación de la naturaleza y la vida rural ha sido reflejada como un prototipo ideal de belleza que,  sin embargo, se aleja la mayoría de las veces de la auténtica cotidianeidad en que allí se vive. En las artes pictóricas, el artista regionalista de los años treinta, Grant Wood, tomó como modelo su Iowa natal para plasmar en sus obras este estado bucólico del paisaje rural americano. También en el mundo del cine, y concretamente en las comedias screwball como ya hemos visto, se tomó en numerosas ocasiones el espacio rural como un lugar idóneo para recuperar o encontrar el apego sentimental de las parejas cinematográficas. No será por tanto una comparación forzada las pinturas de Wood con la visión campestre que Capra, Wellman o Hanks, entre otros muchos, tuvieron del mundo rural americano. Ya no solo por una proximidad temporal entre el pintor y los diferentes directores, sino también por el significado que todos estos artistas le dieron a este mundo apartado de las grandes urbes norteamericanas. El pintor, con su manifiesto Rebelión contra la ciudad publicado en 1936, reindivicaba los valores sociales y culturales de la america rural. El género romántico, por su parte, buscó en este ambiente, un lugar de curación para las hostilidades que la pareja ha ido creando en su vida cotidiana urbana. En ambos casos, la naturaleza se contrapone a la urbe, mostrándose como un lugar idóneo y suficientemente autónomo para crear, ya sea un nuevo amor, ya sea arte. Algunos autores han ido más allá en la búsqueda de paralelismos entre el arte de Wood y las comedias screwball llegando a sugerir incluso que, una descripción como la realizada por el historiador de arte Ernst Gombrich del cuadro del pintor regionalista Spring Torning, puede encajar perfectamente para definir al antihéroe de este tipo de comedias 2.

Pero ha sido en la literatura donde muchos autores han visto el origen de este reflejo idealizado que es el ambiente rural de las screwball. Fue el filósofo Stanley Cavell quién vio en este espacio rural de las comedias un paralelismo con el mundo verde shakesperiano que se encuentra en los bosques de las obras El sueño de una noche de verano y Como gustéis. Lugares donde los personajes pueden escapar de las estrictas normas que gobiernan las grandes urbes para sumergirse en una intimidad ilimitada y donde las leyes hecha por nuestros prójimos ya no tienen ninguna función 3. En definitiva, si para Cavell las screwball es como un cuento de hadas, este mundo verde skakesperiano es como el bosque de los cuentos de hadas, la representación del inconsciente y lo irracional.

Cavell situó este mundo verde shakesperiano en Connecticut, lejos de donde lo había situado a través de sus pinturas Grant Wood. Quizás porque a diferencia de los personajes que forman parte de las obra del pintor, los personajes de las screwball sí que necesitan de la cercanía de la urbe que es Nueva York.

Conocedores de este mundo, fueron las parejas que intrepretaron en la gran pantalla el actor Spencer Tracy y la actriz Katharine Herpburn en La costilla de Adán (Adam’s Rib, George Cukor, 1949) y La mujer del año (Woman of the Year, George Stevens, 1942). En La costilla de Adán, este mundo idílico que es Connecticut, se aprecia en una película casera que la pareja había grabado durante la estancia en una granja de su propiedad en dicho estado y que ambos visionan con la compañía de unas amistades. Momentos de diversión, juegos e incluso insinuación sexual que muestra el film dentro del film, contrastan con la infelicidad que se refleja en la cara de Adán (Spencer Tracy) y que se contagiará a su compañera Amanda (Katharine Herpburn) a lo largo del film. Pero de nuevo será gracias a esta segunda residencia situada en Connecticut, la que pondrá fin a este conflicto sentimental. También es en La mujer del año donde el paso por este estado norteamericano da comienzo a la reconcialición de la pareja, pero aquí es ella sola, Tess Harding (Katharine Herpburn) la que decide, no solo reunirse con su marido, sino formar una familia tradicional. Son estos solo dos ejemplos de como este mundo verde shakesperiano situado en la costa este de los Estados Unidos actúa como espacio reconciliador o creador de parejas. Aunque no solo los recuerdos o los remordimientos aparecen en los personajes de las screwball con el telón de fondo de Connecticut para salvar la relación. En muchas ocasiones, el amor aparece o reaparece de forma tan repentina, que uno puede llegar a preguntarse si el causante de este enamoramiento final es causado por esta irracionalidad que en los cuentos de hadas se encuentra en los bosques y que en las screwball en Connecticut. En Las tres noches de Eva (The Lady Eve, Preston Sturges, 1941) o La fiera de mi niña nada puede hacer pensar al espectador en un happy end a tan solo cinco minutos del final del film. Sin embargo, tras el paso por este idílico pasaje, y sin otro aparente motivo, la pareja termina reconciliándose en el primer caso y dándose el “sí quiero” en el segundo.

La costilla de Adán (Screwball)

 La costilla de Adán

Pero esta relación de las comedias screwball con la literatura no termina aquí. Existe en muchas ocasiones en las comedias screwball una relación muy cercana entre el mito de la Cenicienta y los espacios verdes skakesperianos, incluso cuando estos mundos verdes no son Connecticut. Se tratan de screwballs donde la pareja humilde, muchas veces ella, termina introduciéndose en un espacio propio de la clase alta, y donde muchas otras veces, termina casándose con un marido rico. Podríamos dar aquí numerosos ejemplos con numerosas combinaciones. Desde Un marido rico (The Palm Beach Story, Preston Sturges, 1942) , donde el mundo verde es Palm Beach (Florida) y la pareja humilde se reconcilia, convirtiéndose en cuñados de uno de los hombres más ricos del planeta, hasta Mamá a la fuerza (Bachelor Mother, Garson Kanin, 1939). En este segundo caso, todo y que si existe una boda final entre la protagonista humilde y el empresario rico, el mundo verde shakesperiano (y llevo aquí, este concepto al extremo) queda reducido a un pequeño parque neoyorkino, que aunque insignificante comparado con otros ejemplos, no solo cumple su función al forjar el amor de los protagonistas, sino también la futura familia que ambos, junto al pequeño bebé, acabarán formando.

Vermont. Final de trayecto

Terminamos aquí ya nuestro viaje por todos aquellos ambientes en el que nuestro antihéroe disfruta, sufre y se ridiculiza, hasta conseguir uno de sus dos posibles objetivos: encontrar el amor o reconciliarse con su pareja. Y lo terminamos en la ciudad ficticia de Warsaw, situada en el estado de Vermont y escenario del film La reina de Nueva York (Nothing Sacred, William A. Wellman, 1937). No porque sea este pueblo un paraje carismático de las screwball sino, porque de alguna forma, es el símbolo de la dicotomía ciudad-campo que se aprecia en algunos films y es que, el film de Wellman, es una de las primeras comedias screwball que le da cierta importancia, sin perder el humor, al conflicto entre estos dos mundos.

No pocas veces esta dicotomía campo-ciudad, se traduce con una especie de enfrentamiento entre los habitantes de ambos ambientes. Una lucha que ganará la mayoría de las veces el urbanita al ser éste el protagonista del film. En La pícara puritana (The Awful Truth, Leo McCarey, 1937) estos “ataques” consisten en simples burlas del protagonista hacia su contrario, pero en Luna nueva el antihéroe irá más allá, y conseguirá con distintas artimañas, llevar a su oponente a la cárcel en varias ocasiones sin que éste sea realmente culpable. La reina de Nueva York nos muestra una situación distinta y es que aquí, los ciudadanos de campo son groseros, antipáticos y materialistas, además de no poseer este aire de ingenuidad que poseen los aldeanos de los films de McCarey y Hawks citados anteriormente. Incluso como dice abiertamente el protagonista del film de Wellman, Wallace Cook (Fredric March), los habitantes de Warsaw superan en grosería y demás malas artes a la de sus conciudadanos neoyorkinos.

Pero si son comunes las burlas y los pequeños ataques de los urbanitas hacia los habitantes pueblerinos, más rara vez se ataca al propio ambiente campestre y es que, y esto lo saben muy bien los urbanitas de las screwball, la américa rural y los espacios naturales son el lugar clásico para despertar el romanticismo. Un ejemplo muy visible de esto lo encontramos en la ya citada Luna nueva donde el protagonista, después de burlarse de su oponente, natural de Albany, acabará pasando su luna de miel en esta pequeña ciudad.

Mi mujer favorita (Screwball)

 Mi mujer favorita

Y aquí, en este pequeño pueblo ficticio de Vermont, finalizamos nuestro viaje. Un viaje que hemos tenido que realizar dejando fuera de nuestro equipaje muchas películas, algunas clásicas, de las screwball comedies. Pero que, como los grandes clásicos del cine, siempre estarán aquí por si algún día queremos realizar por nuestra cuenta otro viaje extraño, excéntrico o loco, como son estos films del subgénero screwball.

 

  1. Harvey, J. (1998): Romantic comedy in Hollywood. From Lubitsch to Sturges. Nueva York, Da Capo Press
  2.  Gehring, W.D. (2013): Chaplin’s War Trilogy: An Evolving Lens in Three Dark Comedies, 1918-1947. Jefferson, McFarland & Company.
  3.  Echart, Pablo (2005): La comedia romántica de Hollywood de los años 30 y 40. Madrid. Cátedra.
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