La comedia es verdad y dolor

¿Por qué nos reímos de lo que nos duele? Por Irene García Martín

Mi chiste favorito de internet es “Mamá, ¿qué hay para comer? Nada, tu padre estudió cine”. Si estás interesado en tener una profesión relacionada con el mundillo cinematográfico, es probable que te resulte tan gracioso como a mí…

En la frase “El amor es como un tarro de champú, se acaba cuando menos te lo esperas” de Aquí no hay quien viva (Alberto y Laura Caballero, 2003-2005), nos reímos porque es una comparación ingeniosa; si vemos la escena de Toma el dinero y corre (Take the Money and Run, Woody Allen, 1969) donde Virgil trata de tocar el contrabajo en una banda musical callejera, nos reímos porque es algo impensable; si ponemos cualquier parodia de Juego de Tronos (Game of Thrones, David Benioff, DB Weiss, George R.R Martin, 2011- ) hecha por fans en Youtube, nos reiremos porque hacen comedia usando como base un elemento conocido.

Existen algunas frases conocidas sobre el concepto de comedia, tales como “El secreto del humor es la sorpresa” o “El sentido del humor es el que ayuda a sobrellevar los otros cinco”…

… pero a mí la que me llamó la atención fue una que leí en Cómo orquestar una comedia 1, y dice así: La comedia es verdad y dolor.

Si te paras a pensarlo, efectivamente, hay cosas de las que nos reímos porque son verdad, otras porque nos duelen y otras porque son verdad y nos duelen. En esta línea, recuerdo un gag de Modern Family (Christopher Lloyd, Steven Levitan, 2009- ) en el que Phil y su hija Alex mantienen la siguiente conversación:

“- Los chicos tontos quieren chicas tontas y los chicos listos también quieren chicas tontas. ¿Quién quiere a las chicas listas? -Los gatos mayormente”

Este diálogo es una inteligente forma de decir que si no eres una persona mediocre que vaya a encajar con el resto de seres mediocres, puede que te quedes sola. Es cruel, es totalmente cierto… y es un gag divertidísimo. Vorhaus no es el único que opina sobre el carácter cómico del dolor. Por ejemplo, Freud consideraba el humor como “la más elevada operación defensiva frente a la posibilidad de sufrimiento”; Oscar Wilde decía que “el humor es la gentileza de la desesperación”; y el escritor estadounidense Max Eastman sostenía que “el humor es el instinto de tomarse el dolor a broma”.

Así pues, demostrando que el humor es algo que hay que tomarse muy en serio, son muchos los escritores y filósofos que han estudiado esa especie de placer extraño que sentimos al reírnos de las desventuras de personajes que sufren con las mismas cosas que nosotros. Si observamos, por ejemplo, la situación de Jen en Los Informáticos (IT Crowd, Graham Linehan 2006-2010), tenemos a una chica tan preparada profesionalmente que el hecho de que haya acabado trabajando en un sótano junto a dos tipos raros es tan hilarante como triste. Las situaciones que vive Jen junto a sus compañeros son tan divertidas que casi se nos olvida que están fundamentadas en el dolor de una persona que no es escuchada, que está infravalorada y que tiene que lidiar con imbéciles.

Algo parecido nos sucede al ver el caso de George Constanza en la serie Seinfeld (Larry David, 1989-1998), este cuarentón gordo y calvo nos divierte con sus ridículas peripecias tratando de superar su inevitable destino: ser un fracasado. Al igual que el caso de Jen y de George, podemos citar el ejemplo español de Fidel y Chema dentro de la serie Aída (Nacho G. Velilla 2005-2014), quienes nos tienen acostumbrados a hacernos reír por ser los “peces fuera del agua” del barrio de Esperanza Sur. Su inteligencia, sus consejos, su identidad sexual o su honestidad son despreciados por todos los que les rodean, y nosotros nos reímos de ellos sin piedad.

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Los informáticos

Nosotros también nos sentimos fracasados, o quizá somos demasiado responsables, o tal vez nadie quiere nuestros consejos, por lo que todos estos personajes y situaciones, en el fondo, consiguen generarnos un pequeño punto de dolor debido a que alguna vez hemos experimento algo parecido.

Esto último nos lleva a un tema importante dentro de la comedia: la identificación.

Cuando nos reímos de algo que es verdad, nos reímos porque nos sentimos identificados con eso que se dice y el gag no causaría el mismo efecto en nosotros si esto no fuera así. Pensándolo bien, si queremos sentirnos identificados con los personajes de una ficción, pocas cosas te hacen empatizar más con alguien que el dolor. Si hace poco perdiste a un familiar querido y conoces a una persona que acaba de perder a su padre, conectas inmediatamente con él porque en ese momento los dos compartís un sentir parecido. Puede parecer poco empático por nuestra parte reírnos de los personajes que comentábamos antes, pero lo cierto es que nos consuela que alguien sufra de la misma forma que nosotros, aunque se trate de un personaje de ficción.

De acuerdo, para hacer comedia es necesario conectar con el público, cosa que podemos conseguir mostrando al espectador un personaje que sufre de la misma forma que él, aún así… ¿Por qué seguimos riéndonos ante la realidad de Alex Dunphy? Si a nosotros también nos genera malestar nuestra incapacidad de encajar, ¿Qué clase de comportamiento irracional nos impulsa a soltar una carcajada? Uno de los motivos principales es la forma cómica en la que está presentada esa idea de inadaptación en el diálogo que padre e hija mantienen. En lugar de dramatizar un hecho ya de por sí dramático, Alex y Phil casi logran hacernos olvidar que el gag está fundamentado en algo que nos produce dolor. Esta conversación brillantemente ideada nos transmite la actitud de sus escritores ante el problema de Alex, una actitud que trata de negarle ese carácter dramático a la realidad.

Aunque no son un impedimento en nuestra vida, todos tenemos ciertos temas que nos generan un punto pequeño de dolor, un dolor que sobrellevamos y que en ocasiones casi no notamos porque convivimos con él. Se trata de afirmaciones del tipo “soy feo”, “no soy lo suficientemente inteligente”, “me cuesta hacer amigos” o “mis hijos no me aprecian”. El humor que se apoya en este tipo de elementos que nos causan tristeza, frustración o congoja tiene como objetivo hacerlos más soportables. Cuando en la serie Black-ish (Kenya Barris 2014- ), Dre le dice a su hija de quince años: “Zoey, sé que eso que dices lo sientes de verdad porque lo has dicho sin mirar el móvil”, todos los padres ignorados por sus hijos adolescentes se ven reflejados. Ellos probablemente se rían más que nadie de cómo el personaje ha expresado de forma cómica algo que a ellos también les genera más de un dolor de cabeza, el chiste de Dre les sirve como vía de escape de su propio tormento. Por mucho que queramos, somos incapaces de enfrentarnos a ciertas cosas tal y como son y eso nos empuja a querer tratarlas de una forma distinta.

Autores como Greg García, creador de las series Me llamo Earl (My Name Is Earl, 2005-2009) y Hope (Raising Hope, 2010-2014), son expertos en hacer comedia a partir de las miserias humanas y los defectos de sus personajes. Las series con este tipo de humor que apuesta por una visión cómica y positiva del patetismo de situaciones y personajes han sido popularmente llamadas shitcoms. García nos deja frases como “hoy mis padres no tienen nada que hacer, han pasado su programa favorito de los viernes al martes” , con la que muestra, una vez más, una dolorosa realidad vista desde una perspectiva que pretende desdramatizar conceptos como la monotonía del matrimonio y la ausencia de relaciones sociales o planes de interés.

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Hope

En el fondo todos los gags que se sustentan en este tipo de temas o pensamientos que hemos nombrado, son una especie de acto de rebelión ante una realidad que no va a cambiar: no vamos a dejar de estar rodeados de idiotas, de fracasar en lo que nos propongamos ni a conseguir que nuestros hijos nos aprecien. El gag que se basa en el dolor tiene un efecto liberador para nosotros, ya que nos permite experimentar aquello de lo que Freud en 1905 hablaba: “es un breve y pasajero momento maníaco, cuya brevedad nos permite asegurar la salud psíquica preservándonos de la manía, en el cual el principio del placer resulta vencedor, riéndose gozosamente del sufrimiento que proviene del mundo externo. De ahí su patetismo, ya que el dolor sigue y seguirá atormentando tozudamente desde la realidad compartida” 2.

Finalmente, creo que lo que nos viene a decir Vorhaus con su frase es que queremos escribir y consumir ficción que trate temas que con los que nos identifiquemos, temas que nos toquen y comprometan (que nos hagan sufrir), pero que también tenemos la necesidad de liberarnos, de poder mirar por encima del hombro aquello que nos provoca dolor, aunque sea durante tres segundos de carcajada. Así, esta ilusión de ser capaces de reírnos de lo que nos remueve y nos duele en la vida real es la única forma que tenemos de rebelarnos ante ello, de convencernos de que nos importa tan poco, que somos capaces de tomárnoslo a risa. Todo esto me hace pensar que la frase “la comedia es verdad y dolor” lo que hace es subrayar algo que dijo Freud en su escrito El humor (1927): “en el humor triunfa el principio del placer sobre el principio de realidad”, la magia del humor es convertir, aunque sea durante unos segundos, un sentimiento negativo en uno positivo que resulte vencedor.

Para terminar, quiero cerrar este escrito sobre comedia, verdad y sufrimiento reafirmando lo dicho por Vorhaus con una cita de Platón recogida en la obra de David Morris, ‘La cultura del dolor’ 3: “Los placeres de la comedia dependen en gran parte de su íntima conexión con el mundo del dolor, que la penetra y rodea. El placer y el dolor son figuras contrarías y antitéticas, pero sin embargo inextricablemente unidas”.

  1. (Vorhaus J., 2005)
  2. Citado en Diana Szabó, “Humor y psicoanálisis, un asunto serio” en Apuruguay, p.1
  3. 1996
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