Lost River de Ryan Gosling

El río perdido, el lago artificial. El camino hacia el mar Por Arantxa Acosta

“(…) El valor para marcharse,
el miedo a llegar.
Llueve en el canal, la corriente enseña
el camino hacia el mar.”Extracto de Copenhague, del disco Un día en el Mundo (Vetusta Morla, 2008)

Es difícil plasmar en palabras las cuantiosas reflexiones, pero sobre todo sensaciones, que produce Lost River… Y, no obstante, quizá sea lo mejor. Un análisis al uso podría sesgar, para bien, la imaginación de quien desde estas líneas se anima y atreve a descubrir las intenciones de un Gosling que, sí, evidentemente, se referencia a aquellos con los que ha tenido la oportunidad de trabajar. Precisamente por ello, es voluntad de este texto introducirse en la mente del director novel, en vez de querer escudriñar pretenciosamente su obra en busca de claros ejemplos que demuestren su… ¿osadía? Porque, otra vez: sí, el Nicolas Winding Refn más perfeccionista está presente en muchos de los encuadres, en los colores e iluminación escogidos. Resulta evidente. También está presente David Lynch, incluyendo ese provocador baile que a muchos ha indignado por estrambótico, y a otros les ha parecido tan tenebroso y acongojante, como hipnótico. Seguramente es más fácil imitar de forma evidente a los ídolos cuando se es tan célebre como Gosling, pues se ha podido rodear de los mejores, los mismos que ya ayudaron a los maestros con los que el ahora director ha querido… ¿equipararse?

No, y mil veces no. Ir en contra de la película por el simple hecho de haber sido dirigida por el actor de moda debería ser vergonzoso. Porque la película rezuma una identidad propia en la que descubrimos no al Gosling de Sólo Dios Perdona (Only God Forgives, Nicolas Winging Refn, 2013) o Drive (Nicolas Winging Refn, 2011), sino al del grupo musical que lidera, Dead Man’s Bones. El Gosling oscuro, reflexivo y frustrado por lo que observa, no por lo que interpreta. El Gosling que aun así es divertido y se muestra esperanzado con el devenir del ser humano.

Burn the street / Burn the cars

Pa pa power / Pa pa power

Please, make me better.

Broken glass / Broken hearts

Pa pa power / Pa pa power

Please, make me better.

We won’t destroy you / No, we will not destroy you

Letra de Pa Pa Power (Dead Man’s Bones, 2008)

lost river 1

Lost River es agua y fuego. Pasión y racionalidad.

Lost River no es una paranoia, es un estudiado descenso a los infiernos de aquel ser humano que intenta escapar a su destino; un ser humano que quiere tomar las riendas de su futuro pero que se ve arrastrado por la familia, el trabajo o la sociedad que le empuja hacia abajo, hacia el fondo de ese río anciano, prehistórico que es la vida; una vida tan falsa como lo que esconde el lago, artificial, y los lazos sociales, familiares o de pareja que nos unen a ella. Lazos que se convierten en maldiciones de las que todos queremos escapar. Creencias que hemos dado por sentado y que nos alegra que demuestren que estamos equivocados…

Romper la maldición de sentirse solos, perdidos. Cortarle la cabeza a lo que nos asusta. Dejar de sentirnos humillados. Avanzar. Crecer. Reaccionar. Ser feliz.

Seis personajes, seis realidades, seis ilusiones. Seis caminos a seguir en una ciudad que no es menos que nuestro primer mundo.

 

De excavadoras y cápsulas sexuales. De caballeros, princesas y dinosaurios…

 

Quizá el guion no es innovador, quizá el recurso de concentrar el clímax y desenlace en los últimos minutos (montaje en paralelo incluido) es lo que se enseña en los mejores talleres de guion y edición, y quizá a muchos les parezca un rebujillo intrascendente de buenas ideas seleccionadas de otros autores. Pero lo que no puede negarse es la conseguida presentación de los personajes y su evolución. Porque progresivamente conoceremos sus miedos, sus ilusiones, el por qué de su forma de actuar y el inevitable final que, en función de sus decisiones, les llevará a todos, eso sí, a un merecido destino.

Una madre feliz juega con su pequeño (sí, Malick, sí). Un adolescente recorre unas calles abandonadas mochila en mano, recuperando el cobre para venderlo al mejor postor. Una niña se refugia de (y en) la ya irreconocible ciudad, autoconvenciéndose de la necesidad de quedarse para cuidar a su abuela. Un director de sucursal bancaria encuentra en sus personales y oscuros deseos no únicamente una provechosa fuente de ingresos, sino también una forma de aunar intereses. Un matón que sólo puede gobernar si reina el caos. Y un taxista, inmigrante al que seguro muchos culpan ahora de su situación, ajeno a los problemas de todos ellos, que será el nexo de unión de estas personas arraigadas a las calles de una ciudad fantasma, un entorno decadente cuyos edificios, como los cimientos de la estructura social actual, se desmoronan a marchas forzadas por la dejadez de los que no luchan contra los que la invaden con excavadoras para acelerar el mal llamado “progreso”.

Esa es la ciudad, Lost River. Una ciudad arruinada, medio inundada tras la construcción de un lago que ha echado a la mayoría de sus habitantes, mientras otros se niegan a abandonarla pese a las esperanzadoras pero desconocidas novedades que les ofrece salir de un lugar sin futuro.

Lost River, una Detroit en otra época estandarte del progreso, reducida al canibalismo económico.

Confundimos progreso con la falta de reconocimiento hacia lo que nos dieron otras generaciones, sin las cuales ahora ni existiríamos.

La madre, Billy, representa a todos los que actualmente están sufriendo por sacar a su familia adelante y se ven abocados a sacrificarse para conseguirlo. Christina Hendricks, filmada en varias ocasiones en primerísimos planos acompañados de una luz azul y roja que inunda la extraña imagen tanto como la omnipresente banda sonora creada por Johnny Jewel (habitual de Refn), se convierte en la abanderada de la cruzada hacia lo desconocido, algo de lo que no están siendo capaces las nuevas generaciones, desde su hijo (que eternamente busca dinero para arrancar el coche y conseguir salir de allí), hasta la vecina, tan inmersa en el pasado junto a su abuela que es incapaz de enfrentarse a la realidad que le rodea.

(…)I wish that we were magic,

so we wouldn’t be so young and tragic.

Letra de Young & Tragic (Dead Man’s Bones, 2008)

Así que cuando a una madre se le agotan los recursos, acepta la ayuda de aquellos que la han arrastrado a su situación. A la causa de crisis económica que ya se palpa en las calles de Lost River se le pone cara: conoceremos a Dave, un -cómo no- sordo y maquiavélico director de banca que ofrecerá a Billy (como hacen los gobernantes de nuestros países) una salida tan desvergonzada como sus propios ideales y gustos. Un trabajo que sin embargo no es ilegal. Simplemente tendrá que aceptar (y acatar) las reglas estipuladas para sobrevivir.

Oh, you’re gonna lose your soul, tonight / You’re gonna lose your soul / You’re gonna lose your soul / Tonight, tonight.

Oh, you’re gonna lose control, tonight / You’re gonna lose control / You’re gonna lose control / Tonight, tonight, tonight.

I get up in the morning / To the beat of the drum / I get up to this feeling / Keeps me on the run / I get up in the morning / Put my dreams away / I get up, I get up, I get up again.

Letra de Lose Your Soul (Dead Man’s Bones, 2008)

Dave, interpretado por un excelente Ben Meldelsohn, es en este cuento (porque Lost River no deja de ser una fábula en la que extraños personajes deben enfrentarse a su futuro) el que concentra la maldad de la sociedad. Ya no es que una persona se aproveche de la decadente situación para ganarse un nombre, sino que se regocije en el papel que con gusto le ha tocado desempeñar en esta vida: controlador, castigador, superior. La “casta” en todo su esplendor, que reprocha a los demás su situación cuando él es el primero que se aprovecha de ella…

Economía, violencia y sexo van de la mano, concentrados en un único local flanqueado por una puerta tan fantasmagórica como sincera: entrar ahí es aceptar el horror de lo que dentro ocurre, pero también el acceso a una vida mejor. Un trabajo en el que Billy no sólo tendrá que dejarse la piel (casi literalmente), sino que finalmente la despojará bajo engaños de todo orgullo, humillándola tras haberse prestado a la performance más agobiante que podemos imaginar: el juego de la cápsula.

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La terrible cápsula en la que tiene que entrar (en la que se expone a sus clientes pero que al mismo tiempo la mantiene a salvo de ellos), es una de las mejores metáforas que Gosling nos brinda: nadie obliga a Billy a entrar en ella, pero debe hacerlo por el bien de los suyos. Puede abrirla desde dentro, pero también Dave tiene el control sobre la cápsula…

Cuando estamos contra las cuerdas es cuando reaccionamos: priorizamos el deseo de quedarnos, en contraposición a mirar con otros ojos esa supuesta necesidad de abandonar todo lo que hemos construido. Y cuando buscamos ayuda en aquellos a los que, antes de conocerles, considerábamos el verdadero enemigo.

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Sin embargo, Gosling cree que el problema de la crisis no es de exclusiva responsabilidad de los adultos actuales. El otro tándem bondad/maldad, desesperación/avaricia lo representan Bones, el hijo de Billy, y Rat, en contraposición a Bully. El matón, único personaje que mirará y hablará directamente a cámara para potenciar la agresividad de su presencia, se nos antoja la encarnación de la presión social que no permite que los jóvenes avancen. Una sociedad relegada al poder que las generaciones de la posguerra han acaparado, seguramente debido a una educación basada en entregarles todo lo que sus progenitores no tuvieron por haber creado una sociedad del bienestar tan establecida como difícil de dejar como legado a los que vienen. Un bienestar que se nos muestra ficticio una vez descubrimos que todo es fachada, un castillo en el aire que únicamente algunos “privilegiados” han sabido explotar.

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Bully es también la rabia acumulada de los habitantes de Lost River/Detroit, el deseo de ser escuchados, las ansias de mantener congelada una época que, por nuestra propia culpa, nunca va a volver. Y Bully, también, es ese chico que quiere progresar y no puede. Por sus propios miedos. Porque nunca ha tenido que buscarse la vida como sus padres. Y aquí coincide con Bones y Rat. Dos inocentes adolescentes que lo único que desean es vivir su vida, sea cual sea esta.

Bones, igual que Billy, ahora se ve atrapado por Bully. Así que igual que ella, deberá tomar una decisión. Y la necesidad de enfrentarse a la realidad para por fin escapar pasará por querer romper una maldición. Sí, la maldición que acecha a Lost River. Soluciones infantiles pensadas por una generación a la que no hemos dejado crecer, a la que hemos sobreprotegido. Pero el mensaje de esperanza, de nuevo, está ahí: da igual cómo se acabe despertando. Lo importante es que se despierte. Que Bones actúe como actuó Billy.

Por tanto Lost River es en realidad una fábula, un filme que permite pensar en romper las cadenas que nos atan al conformismo, a un pasado que ya no puede recuperarse. Perder las raíces, lo que otros han construido para nosotros, no tiene por qué darnos miedo. Sólo así saldremos adelante. Y que queden atrás camorristas, políticos, economistas y avariciosos en general. Somos los dueños de nuestro futuro. Encontremos el camino hacia el mar, por mucho que nos duela, que nos asuste. Y demos una oportunidad al Gosling director, cuya opera prima promete, y mucho.

 

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