Moon

'The one and only': la identidad de un clon Por Arantxa Acosta

“¿Quién? Quién es solo la forma de la función qué. ¿Y qué soy? Un hombre con una máscara”V de Vendetta (V for Vendetta, James McTeigue, 2005)

** contiene spoilers**

 

Duncan Jones escribió Moon para Sam Rockwell. Quería ofrecer al actor un reto que fuese incapaz de rechazar. Sabedor de que le interesaba la ciencia ficción, Jones encontró con el guión escrito la posibilidad de dar respuesta a una pregunta que siempre se había formulado:

¿CÓMO SERÍA CONOCERTE A TI MISMO?

Interesante cuestión, que nos lleva a plantearnos muchas otras reflexiones: alguien igual que yo, ¿será siempre “yo mismo”? Si en verdad hay alguien igual que yo que no soy yo, ¿quién soy yo, entonces? Y, si yo soy único, al menos en cuanto a mi psique, ¿qué es lo que observaré en el otro que me hará ver cómo soy yo en realidad? ¿Me gusta lo que veo?

No obstante, el film invita en poco más noventa minutos a especular sobre muchos otros temas, desde la ¿ética? de una sociedad que hará todo lo posible para obtener lo que desea, hasta la pacífica evolución de la tecnología, y cómo ésta podrá acabar superando moralmente a la humanidad. Profundas cavilaciones enmascaradas, escondidas tras un velo llamado género de ciencia ficción aterrador, un formato y estilo que hacía muchos años que no veíamos, recuperado por Jones hasta el punto de recrear los paisajes lunares utilizando maquetas (que aportan un realismo ya olvidado con tantos efectos especiales generados por ordenador) y que sólo cinco años más tarde volvemos a “disfrutar” con una película como Gravity (Alfonso Cuarón, 2013). Ciencia ficción concentrada en un espacio confinado. Duplicidad concentrada en una identidad aislada. Analizamos Moon, que tantos puntos en común tiene con el siguiente trabajo del director, Código Fuente (Source Code, 2011).

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Moon: Soledad e identidad. Paranoias de un clon, y del propio espectador

La película se inicia con un anuncio de Lunar Industries, y en esos pocos minutos ya se nos consigue situar en ese futuro más que posible en el que la fuente de energía actual el petróleo, se ha agotado en la Tierra. El Helio 3, necesario para la fusión nuclear, se obtiene en la Luna, fuente “inagotable” del preciado gas que es “cosechado” y ultra-enfriado en formato líquido para ser enviado a la Tierra. Por tanto, antes de ver un maravilloso paisaje lunar con la Tierra al fondo, Jones ya nos ha emplazado en el que va a ser el centro del film.

La presentación del protagonista no podía ser más simple: un hombre hace ejercicio corriendo sobre una cinta. Mientras aparecen unos geniales títulos de crédito nos damos cuenta de que está solo, y en la Luna, claro. Un único hombre, Sam Bell, es responsable de la supervivencia en la Tierra.

Un único hombre…Un hombre contento porque está a dos semanas de que se le acabe el contrato firmado para trabajar tan lejos de casa, con una duración total de tres años.Un hombre que pronto sabremos le ha afectado ese aislamiento, cuando tiene la visión de una mujer, de expresión triste, sentada en un sillón.Un hombre que tiene un accidente al ver, en pleno terreno lunar, de nuevo la imagen de esa chica vestida de amarillo, ahora mirándole fijamente.Un hombre que se despierta en la estación espacial, y que nos hace pensar, no sabemos muy bien por qué, que está reviviendo un episodio. Quizá por las palabras de Gerty, el ordenador principal a su servicio, o quizá por la forma en que se despierta…Un hombre al que le prohiben salir a reparar la cosechadora accidentada.Un hombre que se niega a cumplir las órdenes.Un hombre que consigue salir gracias a una insubordinación que se nos antoja deseada por parte de Gerty.Un hombre que se encuentra un transporte accidentado.Un hombre que rescata a otro…. un hombre que son dos, pero uno único.Para Sam Bell 1, el otro es un clon de él mismo. Para Sam Bell 2, los dos, inevitablemente son clones de un original ya olvidado. Y aquí empiezan las preguntas, y las respuestas.

¿Cómo es conocerse a sí mismo? 

La pregunta no puede responderse sin plantearse otra previamente: ¿son los clones iguales? Es decir, ¿puede reproducirse también el carácter, la personalidad? Porque, claramente, Sam Bell 1 y Sam Bell 2 son distintos, y responden también de forma distinta ante la confusa situación. En este sentido, ocurriría los mismo que con gemelos idénticos, para los que ya sabemos que aunque físicamente sean iguales, tienen por supuesto personalidades muy distintas. ¿Nos quedamos por tanto en que un clon es puro ADN, algo muy distinto a los sentimientos?

¡Ah! Pero eso no es del todo cierto, si atendemos a estudios como los del genetista Dean Hamer, que relaciona la personalidad con los genes pero, sobre todo, a que, en realidad, entre Sam Bell 1 y Sam Bell 2 existen 3 años de diferencia.

Así, el primero es amigable, tranquilo. El segundo es arisco y altivo. Por tanto, es posible que la experiencia, la madurez que otorgan los años, sea lo que realmente les hace diferentes. ¿Era el Sam Bell inicial igual que el segundo despertado? Seguramente sí, pero las circunstancias, las decisiones que cada uno de ellos toma (desde cortarse o no un día el pelo hasta aprender ping pong o hacer miniaturas de madera), hacen que se evolucione de forma distinta (esto lo observaremos también con las imágenes de archivo de la nave).

Por tanto… ¿a Sam Bell 1 le gusta cómo era él antes, al verse reflejado en Sam Bell 2? ¿A Sam Bell 2 le exaspera verse convertido en alguien sin aspiraciones? Curiosamente, podremos ver en Enemy (Denis Villeneuve, 2013) basada en la novela de Saramago ‘El hombre duplicado’, un planteamiento similar: si existe alguien con el mismo aspecto que yo, que vive en mi misma ciudad… ¿soy yo mismo?

Así que, algo que, por el contrario, sí podría decirse de Enemy si nos reducimos a una conclusión tan básica que no se corresponde del todo con el libro o la película, tampoco podemos quedarnos con que la personalidad cambia en función de la cultura y el entorno, si atendemos a que los dos Sam Bell parten de unos mismos implantes de memoria y se encuentran confinados en un mismo lugar. Concluimos, pues, que en todo caso, estamos hablando de una psique distinta, que no puede reproducirse, y que evoluciona según las experiencias vividas bajo nuestras propias decisiones.

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Vamos más allá: Si ADN y personalidad están ligados, y es la experiencia la que nos ayuda a diferenciarnos de nosotros mismos, transformando nuestra forma de ser y de interactuar y responder frente a las situaciones… esta personalidad, esta evolución que nos hace distintos, ¿es el alma, tal vez?

Psique, del griego, “alma”, significado ahora desligado de esa componente espiritual, o divina…

Entonces, ¿estamos diciendo que un clon también tiene alma, reproduciendo inicialmente la del sujeto original, o por el contrario no tiene, asemejándose más a una máquina? Si no comulgamos con esto último… ¿son los gemelos ya iguales en todos los sentidos nada más nacer? ¿Es, por tanto, no sólo el alma – si existe – la que nos hace únicos e inconfundibles, sino también cómo y con quién la combinamos? La original y más que recomendable Cold souls (Sophie Barthes, 2009), una genial distopía que parte de este supuesto: una persona puede guardar su alma en un pequeño frasco si no le gusta lo que le hace sentir, e implantarse la de otro, de forma que, combinada con las experiencias y la forma de ser de uno mismo, ésta puede ayudarle a actuar de manera totalmente distinta, siendo más creativo, alegre, o lo que sea. Por tanto, los clones podrían reproducir un mismo alma, si se tratase de algo físico que pudiese condensarse en un objeto del tamaño de un guisante, pero no una misma personalidad. Y esto, así defendido, ¿no les convierte igualmente en únicos?

Volviendo a la película, no es difícil ligar esta conclusión con la visión de la chica al inicio de la película, destrozando la explicación previa. Jones defiende que la chica representa la unión mental, al igual que muchos gemelos defienden, entre el Sam Bell original y sus clones. La chica es la hija de Sam Bell, que veremos poco después de nuevo en la película, cerrando la incógnita. No obstante, es imposible no relacionarla con la divinidad, lo sobrenatural: su primera aparición representa el inicio de las dudas de Sam Bell 1 respecto a él mismo y su propia cordura. La segunda aparición desencadena el despertar de otro clon, reiniciando el ciclo. Por tanto, naturaleza y espiritualidad nos serán imposibles de separar, igual que el Prometheus de Ridlley Scott (2012) fue incapaz de separar el “cristianismo” de la evolución humana, y, por supuesto, y como referencia absoluta, el significado que el monolito de 2001: una odisea del espacio (2001: a space odissey, Standley Kubrick, 1968) aporta en cuanto a la evolución humana. De ésta se incluye también, cómo no, la clara referencia homenaje a HAL, pero transformando completamente el sentido de su presencia e intenciones con la figura de Gerty. Gerty, que se humaniza aquí al proporcionarle brazos pero sobre todo expresiones tipo emoticonos, se convierte en la antítesis de HAL, al querer conscientemente (una máquina con conciencia, igual que un clon), explicar la verdad a Sam Bell. No en vano le proporcionará al moribundo clon la nueva contraseña, e incluso al inicio del film, le mostrará imágenes de archivo claves para comprender lo que está pasando. Así, a diferencia de HAL, podemos pensar que Gerty representa la evolución tecnológica de unas máquinas que ha decidido estar del lado de los humanos (“mi misión es mantenerte seguro, no he avisado a la central”, le dice a Sam), muy al contrario que el Skynet de Terminator (The Terminator, James Cameron, 1984) o, como mínimo, del lado de los clones, con los que se puede sentir, seguramente, más identificado.

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Estamos, entonces, frente a dos clones que deben decidir si atenerse a las reglas del juego o crear las suyas propias. Sam Bell 1 tendrá sentimientos contradictorios, ya que aun sabiendo que es un clon le costará aceptarlo, y en cambio hablará de su mujer e hija siempre en plural con el otro Sam Bell. Sam Bell 2, en cambio, sigue teniendo la energía, seguramente proveniente de su ira, para trazar un plan. Quizá, también, es porque éste no es consciente de que están programados para vivir un máximo de años concreto, cosa de la que Sam Bell 1 se dará cuenta enseguida… y actuará en consecuencia. Dos formas de responder ante una misma realidad (aunque, ¿qué es la realidad sino lo que uno mismo percibe?) que os traslada a pensar en los replicantes de Blade Runner (Ridley Scott, 1982), la referencia más básica a la que nos podemos referir en cuanto a esta necesidad humana de jugar a ser Dios, “construyendo” robots/clones a nuestra imagen y semejanza, pero limitando su existencia con una fecha de caducidad que nos mantenga a nosotros siempre como la raza superior. La personalidad de Roy Batty es sin duda asimilable a la rebeldía de Sam Bell 2. Y entonces, igual que ya quiso Philip K. Dick con su novela corta, Jones nos lanza, de nuevo, otra pregunta: ¿es ético utilizar clones humanos para trabajar, engañados respecto a su condición?

Moon, ética y moral. La transformación del ser humano, la aceptación de la sociedad.

Tras la gran pregunta y desarrollo central, la existencia única de un clon y la aceptación o no por parte de su “original”, encontramos tangencialmente otras grandes dudas que la humanidad se plantea ahora y hasta el fin de su existencia. El engaño, hacia los demás y hacia uno mismo, de forma individual o colectiva, se cuestiona en Moon a través de la acción inmoral de la empresa, Lunar Industries, a la hora de poner inhibidores de señal para mantener aislados a los clones, asegurándose de que no conozcan la verdad de su situación. El egoísmo social prefiere no creer que existen estos clones antes que aceptar lo inhumano de la situación. Tratar, entonces, al clon como a un robot. ¿Es que es lo mismo? Por supuesto que no, si creemos que tiene alma: no debería considerarse máquina desde el momento que el clon tiene recuerdos personales, desarrollados a partir de su propia experiencia. El clon deja de serlo por el simple hecho de vivir su propia vida y tomar sus propias decisiones.  Y Gerty, bajo esta definición, tampoco sería estrictamente una máquina.

La conciencia es sinónimo de vida y por tanto, las condiciones de Lunar Industries, esclavistas. Pensar que los clones se han creado para servir a sus amos, que pueden ser grandes empresas que buscan el máximo beneficio, o personas individuales que necesitan algo de sus réplicas (este mismo concepto los encontramos en La islaThe island, Michael Bay, 2005 – o Nunca me abandonesNever let me go, Mark Romanek, 2010, basada en la novela homónima de Kazuo Ishiguro – por poner dos ejemplos recientes), debería revolvernos los estómagos. Ética y moral se cuestionan hasta el punto de plantearse si la creación de clones puede llegar a ser posible con fines que no sean lucrativos o médicos. Si no se encuentra un valor a parte de estos, no debería ni cuestionarse el no desarrollo de esta técnica. Pero claro, es más sencillo creerse Dios y mirar a otro lado si los resultados no nos gustan. De hecho, la última frase que oímos en la película es toda una puya a los países del primer mundo: “o está loco o es un inmigrante ilegal. En cualquier caso, hay que encerrarle”.

Moon, ciencia ficción y thriller: homenaje a “un género perdido”

Han salido ya nombres como 2001: una odisea del espacio, que también sirve de inspiración para la diáfana estación espacial, o Blade Runner… por supuesto el claustrofóbico entorno tiene mucho que ver con el del original Alien: el octavo pasajero (Alien, Ridley Scott, 1979), aún en cuanto a la nave “transportadora” o la sala bajo ésta; y vemos además alusiones a Solaris (Solyaris de Andrei Tarkovsky – 1972 – o Soderbergh – 2002 – ambas basadas en la novela de Stanislav Lem). Pero no únicamente Moon es un homenaje al género en su puesta en escena y sus efectos especiales, sino que recupera esas películas de los 70 que aprovechaban la ciencia ficción para mostrar aspectos filosóficos de la vida, de tal calado que llegan a aterrorizar. No es de extrañar que Jones consiguiese esta fabulosa historia y guión, valedor de varios premios, entre ellos el del Festival de Sitges (edición en la que se llevó cuatro premios, incluido el de mejor película), escuchando repetidamente la banda sonora de Réquiem por un sueño (Requiem for a dream, Darren Aronofsky, 2000), una composición obsesiva y repetitiva compuesta por Clint Mansell, al que consiguió también para la película y cuyo trabajo es tan inquietante como soberbio. No obstante, también encontramos otras referencias, como podrían ser a Dark City (Alex Proyas, 1998) o Cypher (Vicenzo Natali, 2002). Al fin y al cabo, implantar recuerdos de otras vidas puede asimilarse también a la esquizofenia de la primera o a la reafirmación de que “el yo” lo conforman nuestros propios recuerdos de la segunda. En definitiva, Jones recoge lo mejor de muchísimas películas del género y lo transforma en algo, esto sí, único. Minimalista, con efectos muy cuidados pese a su bajo presupuesto y la complicidad de un actor que demuestra su gran versatilidad (que sigue, lamentablemente, relegado a secundario), Jones condensa varios de los misterios y evolución del hombre aún pendientes de respuesta, incluyendo de forma muy sutil su propia visión al respecto, y con una mirada tan decidida que sorprende se tratase de su primer largometraje. ‘I am the one and only’, reza el tema de Chesney Hawkes escogido en Moon para el despertador de los clones. Y, realmente, nos da argumentos para aceptar tal afirmación.

TRAILER:

 

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