La saga Misión Imposible

El cine está salvado: Misión Cumplida Por Matias Colantti

I. Entre Topos y Agentes: Los orígenes del fenómeno secretista y el Enemigo Rojo

 

La década del 50 y el 60 marcaron una impronta en la historia de las producciones culturales, a través del hecho trascendental que mantenía al mundo partido en dos visiones distintas de organizar la economía: El capitalismo y el comunismo. La Guerra Fría, que enfrentó a las potencias de E.E.U.U y la URSS durante tres décadas, desató una particular competencia industrial, armamentística y científica que no dejo afuera a las creaciones artísticas y culturales de la época, impregnando de ideologías políticas a los campos literarios, televisivos y cinematográficos, principalmente.

El quiebre global que generó la colisión del bloque Occidental y Oriental, no se vinculaba a estallidos bélicos, sino más bien a una frenética carrera por controlar a los países a través del desarrollo militar y tecnológico, buscando imponer una ideología común.

Este objetivo de posicionar la ideología, vendría a ser el espíritu rector de la Guerra Fría y sus manifestaciones se verían reflejadas en múltiples dimensiones. Es así, que durante el proceso de polarización saldría a la luz uno de los vestigios históricos del fascismo Nazi y que tiene que ver con el adoctrinamiento de las masas a través de los medios de comunicación y la industria cultural.

La recreación audiovisual del modelo del “espía internacional”, reflejaba un clima político extraño donde se comenzaba a visibilizar como los países, en pos de la Seguridad Nacional, se obsesionaban con el Secreto de Estado y enviaban a agentes que espiaban las actividades del “enemigo”. La paranoia por la traición a la patria y un constante temor conspirativo se trasladaron a las tramas de ficción, donde los símbolos nacionales eran defendidos por sujetos expertos en resolver el caos internacional y protagonizar heroicos actos en pos de la protección del capitalismo. La Guerra Fría no tenía como objetivo un enfrentamiento armado, sino que el eje de la disputa se centraba en una batalla por la información: Los medios de comunicación son el armamento ideal de la época.

En este contexto cultural, la industria comienza a generar, en el público, el fanatismo por estas historias cargadas de misterio, intriga y suspenso donde los agentes del bien se enfrentan a los emperadores de la “enfermedad” comunista.

Para la década del 50, como parte de este fenómeno cultural, una de las estrategias de difusión de la ideología capitalista tendría apogeo en el seno de las producciones literarias, a través del éxito del Agente 007: James Bond. Ian Fleming, es el creador de este mítico personaje británico que tiene una “Licencia para matar” y pertenece a la agencia de inteligencia M16. Fleming se inspira en la creación del súper agente secreto, a través de su experiencia como miembro oficial del Departamento de Inteligencia Británico cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. A través de las historias vividas trabajando para el Gobierno de Gran Bretaña, en Jamaica se le ocurre crear un personaje envuelto en complejas tramas de espionaje que comenzaba a ser el género popular de la novela de ficción cuando terminó la guerra. La obra de Fleming ganaría su prestigio popular cuando los libros son adaptados para el cine y la Productora EON imprime una serie de películas que convierten a la saga de James Bond en un fenómeno de culto que hasta el día de hoy sigue cosechando éxitos.

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Hacia los años 60, la moda Bond comenzaría a esparcir ciertos herederos dentro del campo artístico. Uno de los ejemplos emblemáticos es la creación de la serie televisiva El Agente C.I.P.O.L. (traducción español del nombre original de la serie The Man From U.N.C.L.E.). A igual que la obra de Fleming, la ideología seguía incrustada en la base de la creación ficticia y eso se expresaría hasta en el nombre de dicha serie: U.N.C.L.E. hacía alusión al icono imperialista del “Tio Sam”, y hasta algunos creen que tenía relación con las “Naciones Unidas”, ya que siempre se mostraba el edificio de la ONU y se justificaba con el aspecto de red internacional que definía al universo de la serie. Esto no es nada puesto al azar y manifiesta, una vez más, esa situación de luchas de poder de la época a través del posicionamiento de EEUU como potencia global que controla a través de sus agencias de inteligencia, y que lo hace por fuera de su territorio con el perverso diseño de redes y satélites de espionaje. Es el mismísimo retrato del despliegue militarizado de la OTAN y el “Plan Marshall” que el gobierno norteamericano ejecutó durante la presidencia de Harry Truman.

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En razón a esta nueva tendencia de inteligencia cosmopolitas, este producto televisivo, creado por la Metro-Goldwyn-Mayer, tomaría ciertas estrategias narrativas del agente británico Bond y las exprimiría en un formato de Agencias Secretas Internacionales que trabajan en equipo. La diferencia tajante entre ambas tramas, atravesadas por el espionaje, tiene que ver con la ruptura del héroe individualista y la emergencia de una estructura gubernamental que opera las tareas de inteligencia a través de la conformación de personajes que trabajan en grupo. Por supuesto que se evidenciaba la presencia fuerte de sus protagonistas, pero también se dejaba en claro que había un cambio en la dinámica narrativa, manteniendo la esencia de la lucha patriótica contra el comunismo. En este caso el enemigo rojo se materializaba en una agencia llamada TRUSH que pretendía dominar el mundo y tenía en frente a la Comisión Internacional Para La Observación de la Ley (CIPOL) que a través de las fuerzas del bien debía impedir los planes perversos de la organización maligna. La serie norteamericana fue un éxito mundial y sus protagonistas, los agentes Napoleón Solo, Illya Kurika y “La Chica Cipol”; April Dancer, quedarían grabados en la memoria colectiva como los héroes del espionaje de los 60.

Y por último llegamos a nuestro cometido: Hacia el año 1966, a través de la emisión de la CBS, nace la serie televisiva Misión Imposible, como uno de los ultimos fenómenos audiovisuales que engendraban el momento social de la Guerra Fria.

El programa norteamericano, tomaría las bases narrativas del espionaje liderado por equipos de agentes subordinados a una organización internacional gestionada por el Gobierno de Estados Unidos. En razón a estas características, el universo de Misión Imposible giraba en torno a la Fuerza de Misión Imposible (FMI), que es una red encubierta de espías que poseen las capacidades físicas y mentales para intervenir en conflictos globales que otras organizaciones reconocidas, tales como la CIA y el FBI, no pueden realizar. Es decir, que el FMI integra a los mejores y más entrenados agentes del mundo, entre los que en cada emisión debían enfrentar enemigos peligrosos y rodeados de obstáculos que hacían a la misión, verdaderamente imposible. El desarrollo de la historia era discontinuo y en cada capítulo se mostraba el principio y el fin de la misión particular, en donde el equipo siempre terminaba cumpliéndola. El grupo de acción estaba integrado por un especialista en tecnología, un agente de campo, un hombre de fuerza, una mujer y el jefe de la operación. Ciertas particularidades quedarían instaladas en el culto popular y luego se trasladarían a la producción de películas: como el mensaje secreto de la misión a través de algún dispositivo que luego se autodestruía, la magistral música de Lalo Schifrin, que sería un símbolo estético de la serie; las misiones siempre enredadas y sometidas a hechos imprevistos que ponían en escena la habilidad de los espías, y la paranoia de conspiración que siempre sospechaba de traidores ocultos y dobles agentes.

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Mission Impossible (1971)

La serie fue arrolladora y el público lo hizo notar reventando los números del rating televisivo en toda la región occidental donde se podía observar. Misión Imposible sostuvo 7 temporadas en pantalla hasta 1973, y luego se reiniciaría, en 1988, otro periodo que sólo tendría 2 temporadas y finalizaría en 1990.

El cast siempre iba variando y no se ha mantenido la consolidación de un actor en un personaje. La excepción siempre fue el personaje que se encargaba de dirigir las operaciones, que en la primera temporada se llamaba Mr. Briggs y era interpretado por Steven Hill, y que en el segundo periodo mutaría a un jefe llamado Jim Phelphs y en donde trabajó para el papel, Peter Graves.

 

II. La saga Misión Imposible

 

Misión Imposible  – El amanecer de Ethan Hunt

Como el potencial de la serie fue espectacular, finalizada en la década del 90, la franquicia televisiva decide dar un salto importante y toma el desafío de producir la primera película de la saga Misión Imposible. El proyecto cinematográfico debía reestructurarse y para ello, se convocó a la flamante estrellita de Hollywood, Tom Cruise; y al reconocido director de cine, Brian De Palma.

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El espíritu rector del film, busco no espantar demasiado al espectador, y entonces implementó una estética televisiva que respetó las estructuras de la mítica serie, tanto en su narración como en la composición de la banda sonora. En la imagen, está de más decir que a De Palma no se le puede reprochar nada ya que como un buen maestro del cine, consolida escenas con su propio estilo sin dejar de lado la acción y el suspenso que son la marca identitaria del producto.

La saga le da un giro interesante a la trama tradicional ya que posicionaría a uno de los agentes de campo de las misiones como el protagonista estelar dejando a un lado al Jefe de las Operaciones que siempre acostumbraba a llamar más la atención. Y afortunadamente la producción decidió diseñar al talentoso espía Ethan Hunt, a través de la interpretación de Tom Cruise (grandísimo acierto). El joven Tom, se abría paso luego de presencias estelares en películas como Top Gun: ídolos del aire (Top Gun, Tony Scott, 1986), El Color del Dinero (The Color of Money, Martin Scorsese, 1986), Rain Man (Barry Levinson, 1988) y Días de Trueno (Days of Thunder, Tony Scott, 1990), entre las más destacadas. De Palma, confía en él y entonces juntos le dan vida al personaje que sería el eje protagónico de las cuatro películas posteriores.

En algunas pocas líneas, se puede decir que el primer ensayo cinematográfico de la serie cumple con creces las expectativas y los elementos del buen cine. El conflicto se desarrolla, cuando en una misión que resulta mal, mueren cuatro de los miembros del equipo, sobreviviendo Ethan y descubriendo una compleja red de traiciones y mentiras, que no solo lo hacen sospechoso de la tragedia, sino que lo impulsa a descubrir al verdadero culpable de los crímenes. Esta sería la primera vez en donde el agente Hunt, huye del propio FMI, al culpabilizarlo por una traición que no cometió. Considero, que es efectiva la elección del laberintoso camino del misterio, comandado por Topos que se corrompen e instalan esa persecución intrigante que busca descubrir las máscaras de los agentes. La idea es clara y bien ejecutada. El complemento de la acción es subordinada a una puesta cerebral que enaltece el valor del espionaje por encima de los disparos de bala.

Tal vez, el punto más tenso y mejor logrado (registrado en las escenas emblemáticas de la saga), es cuando Ethan debe extraer una base de datos de una computadora, ubicada en el edificio de la CIA, y que está repleta de dificultades que con un solo descuido podrían arruinarlo todo. La cámara de Di Palma, influye muchísimo, a través de un intenso pulso cinematográfico que construye un suspenso trepidante y un ingenio sobresaliente a la hora de complejizar las “misiones imposibles”.

Por último, no puedo dejar de glorificar la última escena del tren y el helicóptero, en donde la enredada trama de espionaje toma un giro en busca de exponer un ritmo del buen cine de acción, que terminan de completar un film soberbio, dinámico y que dejaba grandes expectativas para su próxima entrega.

 

Misión Imposible 2 – La Crucifixión

 

Si existiese un hipotético cielo de sagas el día de mañana, y si habría que arrepentirse de los errores terrenales que algunos sujetos cometieron, entonces habría que pedir perdón y arrepentirse del pecado mortal que se hizo con M. I. – 2 – Misión Imposible 2 (Mission Impossible II, John Woo, 2000). Nadie imaginaria que luego del exitoso acierto del primer filme, la saga atravesaría el relato bíblico del Vía Crucis comandado por el director Woo, como el verdugo inescrupuloso, y a Ethan Hunt como el Jesús obligado a un destino condenatorio.

Sospecho que la fallida segunda parte de la saga se relaciona con un desacertado planteamiento de objetivos en el proyecto. La aclamación de la crítica y el público, enaltecieron los estudios de producción y la búsqueda de exprimir un blockbuster del mainstream corrompió los principios básicos y rectores de la saga. Con De Palma, el filme logro asentar las bases de un trabajo artístico que no dejaba de lado las intenciones comerciales de captar a públicos fanáticos que puedan hacer de la saga, toda una franquicia cinematográfica. Pero el camino fue erróneo y con la llegada del segundo milenio la segunda película intento ser más un producto, que una obra de estilo propio.

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Las evidencias de este error se ven planteadas hasta en la regeneración estética del filme que va desde exhibir un absurdo relato melodramático inmerso en acciones de autos lujosos, hasta la conversión musical de la pieza de Schifrin en un género de “rock heavy”, más atento a ser un “hit” a que ser un elemento narrativo de la banda sonora. Sinceramente es difícil encontrar aspectos positivos en la historia, sobre todo porque hasta en la elección de la trama se repiten mecanismos que no hicieron alusión a demasiada creatividad por parte de guionistas y productores (incluido Tom Cruise). En esta oportunidad, el súper agente Hunt, se encuentra de vacaciones en Australia y es interrumpido a razón de que un agente traidor del FMI (otra vez) tiene en su poder un virus letal, desarrollado en el corazón de la industria farmacológica, y que pone en riesgo la salud de la humanidad si llegara a esparcirse. La sorpresa está en la aparición de una mujer en la vida de Hunt, que combina la sensualidad inicial de una habilidosa ladrona, que se transforma en una ridícula historia de corazón sacada de una novela de la siesta. La misión imposible se subordina a las órdenes de este meloso melodrama y pareciera que la salvación del mundo está atada a la celebración del amor de nuestro héroe, Ethan Hunt.

Y por último, no puedo dejar de nombrar las desafortunadas elecciones de las escenas de acción, prostituidas al servicio del efectismo y maniobras marciales absurdas, que abandonaron ese espíritu craneano del espionaje inteligente que distinguió a la primera entrega. La ilustración de esto se puede observar en el epilogo, en donde Hunt huye de los maleantes en una moto y la película exhibe una serie de sucesos que le faltan el respeto al género del cine de acción en los millones de sentidos que puedan existir.

Además, hay que aclarar que ni siquiera los obstáculos parecen haber sido bien pensados, evidenciando que esta segunda entrega refleja una profunda contradicción con su título original: La misión no resulta imposible, y se hizo todo lo posible para que eso sucediera. Sin embargo, lo único que no sería imposible es la posibilidad de la Resurrección en los próximos episodios.

 

Misión Impossible 3: La Resurrección

 

Y para continuar con esta metáfora bíblica que marca el camino de la saga, tengo que decir que la productora mordió el polvo del fracaso y decidió restaurar el prestigio de la mano de un tal J.J. Abrams (si se llamara Abraham, la idea bíblica seria perfecta). El reconocido director de la serie televisiva Perdidos (Lost, 2004-2010), estaba a cargo de otro proyecto en la pantalla chica y que estaba recogiendo muchísimo éxito en el mundillo del espectáculo: Estamos hablando de Alias (2001-2006). Este niño mimado en la industria, atrae la atención de la productora y ante la necesidad de revivir a la saga, no dudan en llamarlo para ponerse al frente de la dirección. Tom Cruise, amo y señor de la producción, también le levanta el pulgar y todos los planetas se alinearían para lograr poner a la saga en lo más alto.

Con J.J. Abrams la serie recupera ese condimento fundamental para el género de espionaje y que es sin duda: EL MISTERIO.

Desde la primera escena, en donde vemos a Ethan padeciendo un sufrimiento perverso que luego va a quedar perdido en un enigma, podemos decir que el misterio es la sensación que va a comandar a todo el relato, y ya con eso podemos predisponernos a la mejor película de la saga hasta aquel momento.

Un elemento fascinante de la historia, y que responde al mandato de la intriga, es la denominada “Pata de Conejo”. Este es el objetivo de la Misión de Ethan, pero lo peculiar es que el espectador y el mismo Hunt desconocen que es este extraño artefacto de alta peligrosidad, según van narrando a lo largo del filme. Vendría a funcionar como un objeto narrativo similar al McGuffin del maletín de Marcellus Wallace en la obra de culto de Quentin. La escena entre dos edificios en Shanghai, donde nuestro superagente debe buscar este objeto en el interior de un laboratorio, es sencillamente majestuosa. Un último componente a destacar, en este aspecto, es la utilización preponderante de una cámara subjetiva y temblorosa que aumenta la tensión y el estado de nerviosismo del relato.

En esta ocasión, la historia nos posiciona en un Ethan Hunt retirado de la tarea de agente de campo y dedicado a ser un entrenador de futuros espías, debido a su reciente cambio de vida ahora más destinada a ser un “hombre del hogar y la familia”. Julia, es su prometida, (y por supuesto no sabe que es un agente) y trabaja en un hospital. El problema se desata cuando en su tranquila vida, recibe la noticia de que una misión resultó fallida y una agente entrenada por él se encuentra secuestrada en una abandonada fabrica. La operación recae en sus manos y Ethan Hunt, a pesar de sus resistencias, no puede evitar intervenir y resolver el conflicto. Lo que pensaba que sería un último trabajo se transformaría en uno de los tormentos más grandes que pone en peligro su vida y la de su flamante esposa.

El gran acierto es sin dudas la elección del maestro Philip Seymour Hoffman para el papel de villano. Hasta el momento, la saga no había logrado conformar un enemigo potente y jugado en su rol de personaje destructivo. En esta tercera parte, uno de los elementos más celebres es el diseño cínico y frívolo de Dave, que no tiene el más mínimo escrúpulo para cometer los más aberrantes actos de maldad. Por primera vez se experimenta un nuevo eje en la trama, donde la fuerza adversaria es un monstruo que domina el mundo del terror occidental y esta vez nos creemos más, que la misión será imposible.

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El desarrollo es altamente intenso. En esta entrega, J.J. Abrams imprime un nivel de adrenalina en donde transpiramos de tanto verlo correr a Ethan. El filme nos da pocos respiros y cuando creemos que hay a una situación más tranquila, explota una serie de persecuciones, disparos y conflictos que son realmente convulsivas. Esto se refleja en una de las mejores escenas que se hayan hecho en el cine de acción: La batalla en la autopista comandado por un grupo terrorista de elite que va en busca de Dave y destroza todo el puente. Se dan réplicas de estas escenas adrenalínicas en la misión de la fábrica y el duelo final en busca de Julia. Es valorable la habilidad craneana del equipo de producción a la hora de pensar los desafíos de este nuevo reto imposible.

En conclusión, Misión Imposible 3 no solo se transformó en el producto que revitalizaría la saga, sino que se posicionaba como la mejor, por su originalidad y por la ambición de su director en una historia jugada, que enterró el fiasco anterior. Ah… y es la mejor, sin dudas, por Hoffman.

 

Misión Impossible 4: Protocolo Fantasma – Legitimidad sostenida

 

Para la cuarta entrega se pretendía sostener la curva de éxitos y cosechas positivas de la tercera. El proyecto cayó en manos de Brad Bird, un cineasta norteamericano, reconocido en la industria por realizar obras de animación para Disney y Pixar, siendo el encargado de recibir dos Oscars por Los Increíbles (The Incredibles, 2004) y Ratatouille (2007). El desafío estaba planteado en otro terreno y Bird apostaría a darle estabilidad a la saga con la colaboración de J.J. Abrams en la escritura del guion, bastión de confianza por resucitar la franquicia en 2006.

El primer elemento a destacar, es que por primera vez se le agregaba un subtítulo al clásico titular Misión Imposible, ya que ahora el capítulo cinematográfico se definía como Protocolo Fantasma. Precisamente, el “Protocolo Fantasma” es el componente narrativo que despliega una nueva aventura para nuestro agente y que remite a ciertos relatos que concibieron a la saga en la década del 60.

Ethan Hunt se encuentra encarcelado en Moscú y durante los primeros minutos del film vamos a disfrutar de cómo logra escapar en medio de un ingenioso plan de fuga, ejecutado por su nuevo equipo. La agencia lo necesita para una misión peligrosa en Rusia, donde debe buscar información sobre un potente terrorista y una asesina a sueldo que se llevó la vida de un miembro de la Fuerza y robo un importante documento. Las cosas se complican en Moscú y el plan debe sufrir un aborto forzado que lleva a un bombardeo simultáneo al Kremlin, sede central de la Inteligencia Rusa. Se culpa a la agencia por ese suceso que conlleva a un profundo conflicto diplomático que regenera el estado socio-político de la Guerra Fría y pone como eje de tensión el temor a una inminente guerra nuclear.

“Protocolo Fantasma” es la medida tomada por Estados Unidos y que implica la disolución de la agencia y libera a Hunt para que resuelva el problema por su cuenta, sin equipamiento ni apoyo logístico de ningún miembro u oficina. En el medio de esta declaración de desmantelamiento es donde recluta a un nuevo personaje de la saga, William Brandt (Jeremy Reiner).

Trabajar sin los recursos tecnológicos de la superagencia es la clave narrativa que conduce a esta nueva misión imposible. Hunt y su equipo salen a la búsqueda de Cobalto, un nuevo adversario, que resulta ser un estratega nuclear ruso obsesionado con el evolucionismo y la aniquilación de los débiles. De esta forma, el episodio cuatro le hace honor a las tramas marcadas por la Guerra Fria y rememora la conspiración terrorífica de ataques nucleares que protagonizaron los presidentes Kennedy y Kruschev en 1962. El film recupera ese núcleo histórico del enemigo comunista y materializa un momento de desequilibrio internacional donde Hunt debe enfrentar a la amenaza de desatar una lluvia de misiles en toda la región occidental por parte de los rusos.

La tensión bélica-nuclear y la complejidad de resolverla sin el ejército tecnológico que siempre definió a los equipos del FMI hace que el contenido de la película se torne interesante y atrapante. Además de que el relato no se queda quieto y literalmente experimenta otras geografías, en busca de expandir el dinamismo de la narración. En razón a ello, una de las mejores acciones se ejecuta en Dubai, cuando van en busca de la asesina francesa y vemos a Hunt trepando un rascacielos y realizando una peligrosa operación sin las tradicionales mascaras de agente.

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Hasta el momento, estábamos en presencia de entregas autónomas e inconexas que solo sostenían la coherencia protagónica de Ethan y los desafíos imposibles de cada misión, con ciertas libertades para engendrar a los enemigos de turno, sin la posibilidad de visibilizar una continuidad clara en un relato uniforme. Llegada la cuarta parte, se alcanzan a identificar ciertos lazos de conexión a través de la incorporación del personaje de Jeremy Reiner y la recuperación de la parte amorosa de nuestro agente con su prometida (Julia) manifestada en el anterior capitulo, conformando así una cierta estructura orgánica que hasta el momento no se había planificado dentro del universo diegético de la serie. El diseño de este nuevo estilo se prolongaría lógicamente a la última entrega dejando en evidencia, desde mi punto de vista, que Misión Imposible experimenta un punto de quiebre y un nuevo periodo cinematográfico que se expresa claramente en lo que le llamo el momento del “renacimiento” bajo la dirección de Abrams y su continuidad legitimada en “Protocolo Fantasma”. Estamos ante el devenir de una prometedora innovación de la saga.

 

Misión Imposible 5: Nación Secreta – La consagración de un nuevo período

 

Llega la última entrega, hasta el momento, de la popular saga de espías. El proyecto, impulsado por la transición magistral entre la tercer y cuarta parte, encuentra el momento ideal para desplegar un repertorio de nuevas estéticas narrativas y experiencias cinematográficas (o visuales) que generan una ruptura y enaltecen al producto, transformando la quinta película en la mejor de todas y colocándose en el firmamento de los estrenos del 2015.

La productora hace uso de la lógica de cambiar el director en cada film, y en esta oportunidad el encargado seria Christopher McQuarrie, que también es el guionista junto a Drew Pearce. McQuarrie tiene una legitimada trayectoria como guionista, ganando el Oscar con Los Sospechosos de siempre (Sospechosos habituales, The Usual Suspects, Bryan Singer, 1995) y trabajando junto a Tom Cruise en dos films recientes: En la mira (Jack Reacher, Christopher McQuarrie, 2012) y Al filo del mañana (Edge of Tomorrow, Doug Liman, 2014). El guiño y pulgar arriba de Cruise, eran más que suficientes para embarcarse en esta entrega.

La quinta parte presenta algunos de los rasgos definitorios de este nuevo periodo que describí anteriormente: Se utiliza un subtítulo nuevo y se continúan las historias enlazadas con el agente William Brandt y la presencia secundaria del actor Simon Pegg, que interpreta al carismático Benji Dunn, donde se construiría, entre los tres, una continuidad de la base del trabajo en equipo de Protocolo Fantasma y además se fortalece una amistad necesaria para extender el producto y generar en el publico la existencia de vínculos afectivos perdurables entre cada película, como parte de un impronta de continuidad.

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El team se completa con el mítico Luther Stickell (Ving Rhames), que reaparece en la saga luego de su participación superficial en el film de Abrams y que ahora tiene un rol más destacado en una especie de regreso al FMI. El cast lo completa el personaje de Ilsa Faust (interpretado por Rebecca Ferguson), una sensual espía del M16 que hace uso de un atrapante juego de dobles agente, que recuerda a la controvertida Mata Hari.

El conflicto global al que se enfrentan en esta parte, tiene que ver con el avance peligroso de una organización criminal internacional que busca generar desequilibrios en las potencias de Occidente con operaciones de alto “profesionalismo” terrorista. Este ente del mal, se llama “El Sindicato” y ya tiene una antecedente en la emisión de la serie televisiva de los 60, cuando se la nombraba como una amenaza permanente al FMI. Esta organización es una especie de agencia “paralela” que recluta ex agentes secretos que estaban desaparecidos o dados por muertos y está liderada por Solomon Lane, un despiadado y rencoroso personaje que no parara hasta asesinar a Hunt y sembrar el temor mundial con atentados. La trama se divide en un relato paralelo, en donde el FMI se enfrenta a una seria acusación judicial por parte del director de la CIA, Alan Hunley, (Alec Baldwin) que pretende desmantelar la agencia secreta y encarcelar a Ethan Hunt por provocar desmanes y acciones imprudentes que pusieron en peligro el orden internacional en cada una de sus misiones.

En este contexto, Hunt y su equipo deben enfrentarse a dos problemáticas: Trabajar en la “clandestinidad” huyendo sistemáticamente de la CIA, como si fueran enemigos internos, y combatir al Sindicato, que planea numerosos atentados. En Viena se realiza una de las secuencias más destacadas de lo que va del año, cuando el director utiliza un magistral pulso dramático, haciendo honor al maestro Hitchcock, sobre la misteriosa conspiración de diversos sicarios, que tras bambalinas planean asesinar al presidente de Suiza.

El film retoma viejos recursos como la persecución a Ethan por la propia agencia, traiciones inesperadas e inyecciones de adrenalina sobre ruedas, pero que se condensan con un relato cargado con una composición narrativa de intrigas, inteligencia y despliegue craneano, donde la solidez del guion es el que se lleva todos los créditos. McQuarrie propone un juego de máscaras e incertidumbre que pone al espectador en un rol activo y atento, donde las balas y las peleas importan menos que los diálogos y que en algunas ocasiones toma respiros con salidas humorísticas como se reflejan en el papel simpático de Benji.

Debo decir también que toda esta puesta de encrucijadas de espías está acompañada (y sostenida) por un tratamiento de cámara y montaje sublime, que expresan un ejercicio cinematográfico en éxtasis puro permitiendo romper todos los estigmas existentes en la asociación ridícula del genero de acción con la inferioridad estética o visual de sus imágenes, que algunos puristas del audiovisual prefieren despreciar casi automáticamente.

Me permito hacer mención al excelente trabajo de Rebecca Ferguson en su papel de Ilsa, que junto a Ethan combinan una dupla brillante en pantalla. Destaco la tensión sexual permanente que hay entre ellos y que nunca termina de estallar (tal vez por una continuada fidelidad de Ethan hacia Julia) pero que deja instalada cierta intriga sobre un posible futuro juntos en el sexto episodio de la saga.

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Misión Imposible, desde sus comienzos, ha dado que hablar y se ha ganado un lugar dentro de las series más emblemáticas de la historia del cine, a pesar de que algunos la acusen como un producto de cierto pragmatismo comercial que poco promete a nivel cinematográfico. Sin embargo, fanáticos y otros lectores de cine la hemos sabido apreciar esperando que este nuevo periodo de la saga siga trayendo más satisfacciones y despertando nuevas sensaciones en los públicos, como la última película.

Porque cuando creemos que el cine está acabado o que corre serios peligros y caemos en la desesperanza de considerar que resulta imposible recuperarlo… Nuestro agente Ethan Hunt aparece para salvarlo todo y poner al CINE en su lugar.

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. M.I dice:

    Hola. Siempre leo tus criticas (quizas sea tu fan número uno) y debo decir que esta no es la que llamó mayormente mi atención pero que esta muy bien expresado lo que ocurre en cada película haciendo referencia a los cambios que suceden al ser realizadas por un nuevo equipo técnico. Me gusto la comparación realizada con la serie del mismo nombre y con la del agente 007. Y por último, no veo la segunda pelicula como una gran falla tampoco, puede que sea la peor de la saga, pero hay peliculas peores. Ademas no coincido con tu excepticismo romántico. Por algo el amor vende y es un condimento que no falla con el público y menos cuando se trata de una saga tan larga. Te felicito por tu trabajo, sos admirable.

  2. Colantti Matias dice:

    Hola! Muchisimas gracias por leerme y, sobre todo, por compartir tu opinion sobre el analisis que hago sobre la saga.
    No me considero un escepetico del romanticismo, sino que la critca apunta a que la narrativa melodramatica que sucede en la segunda parte de Mision Imposible no encuadra con la estetica y el genero de suspenso/accion que define al espiritu del producto cinematografico. Y, realmente a mi me disgusto muchisimo el segundo film, casi sin poder encontrarle puntos positivos.
    Pero bienvenida sea la divergenica para mejorar y observar miradas distintas

  3. […] Misión imposible: Nación secreta […]

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