Adrián Silvestre, director de Natalia Nikolaevna

Por Jose Cabello

Adrián Silvestre presentó el cortometraje Natalia Nikolaevna dentro de la sección Documental en el marco de la decimoséptima edición del Festival de Málaga. Adrián retrata la dura vida de Natalia, una cantante lírica que llegó a Cuba procedente de la antigua Unión Soviética con la promesa de un trabajo en la recién construida Ciudad Electro Nuclear (CEN). La primera ciudad del país que albergaría una Central Nuclear. Con la caída del bloque soviético, Natalia, como muchos otros ciudadanos de la CEN, quedó en el limbo. A cargo de un niño y divorciada, debía hacer frente a su nueva realidad sin trabajo, incapacitada por la dictadura cubana, y sin posibilidad de retorno a su país de origen.

Aprovechando nuestra asistencia al Festival de Málaga, tuvimos la oportunidad de conversar con el director, Adrián Silvestre, y conocer además a Beatriz Santiago. Juntos dieron vida al proyecto Dinamia, productora centrada tanto en cine como en teatro. Dinamia Producciones aúna el interés de Adrián y Beatriz en la temática de género e inmigración. El año pasado estrenaron Exit. Un corto a la carta, una obra a caballo entre realidad y ficción que recogía los testimonios de mujeres inmigrantes en España. Lo insólito de Exit. Un corto a la carta, es que al igual que los libros de “Elige tu propia aventura”, el espectador decide qué ocurrirá en la próxima secuencia.

Exit

Exit

Natalia Nikolaevna constituye un fragmento del dolor y, a la vez, la fuerza que la protagonista debe portar día a día para dibujar su presente. Una historia lejana, si hablamos de kilómetros, rescatada gracias a tu proyecto ¿cómo conociste el caso de Natalia?

El año pasado fui a Cuba con una residencia con la idea de hacer un proyecto documental sobre género e inmigración, temáticas que ya venía trabajando. Sinceramente, no tenía ni idea con lo que me iba a encontrar allí, además era mi primera vez en Cuba. Conocí a Luis Alejandro Yero, un periodista que preparaba su tesis sobre la Ciudad Electro Nuclear (CEN) de Cienfuegos.

Alejandro quería plasmar un retrato de la ciudad, pero sobre todo de los personajes que habitaban en ella. Gente sin trabajo obligada a subsistir dentro de la CEN. Me habló de Natalia y en seguida me interesé por ella. Decidimos que mi documental y su tesis debían ir en la misma línea. Nos fuimos a buscarla y, afortunadamente, la encontramos.

Una vez tomada la decisión de centrar el cuerpo del relato en el personaje de Natalia, ¿cómo le trasladáis vuestras intenciones? Y ¿cómo os recibe?

En la CEN prácticamente no hay teléfonos, casi todo se hace con el boca a boca. En el momento que desembarcas en la ciudad, todo el mundo sabe quién eres, se va corriendo la voz, y más, como en mi caso, si llegas con una cámara.

En tres días dimos con Natalia y le explicamos que queríamos seguir su cotidianidad con una cámara. Nos dio un no rotundo y además no entendía nada de la naturaleza del proyecto. Más tarde apareció en nuestra casa queriendo saber más. Durante una semana, sin cámara, estuvimos ganándonos su confianza, enseñándole mis anteriores trabajos con mujeres. A cambio, ella nos dejaba acompañarla en sus viajes, para formar parte de su día a día. Poco a poco Natalia se fue abriendo a nosotros para exteriorizar sus sentimientos y permitir recogerlos con una cámara.

¿Cuánto tiempo duró el seguimiento a Natalia?

Hicimos cuatro viajes durante dos meses y medio, sumando los días sería como un mes completo de rodaje. El problema era que todo estaba muy desorganizado, solo elegíamos el espacio y lo demás venía, o no, solo. Muchos días, a pesar de estar con ella, no hacíamos nada relacionado con el documental. A Natalia le apasiona el cine, y allí no dispone de internet, ni de ningún otro medio que le provea de películas, así que hacíamos sesiones de cine con las películas que nosotros llevábamos.

En una sociedad cubana atemorizada con la paranoia persecutoria, ¿cómo logras introducir una cámara?

Recurrimos a la única vía, la ilegalidad. No teníamos autorización para grabar en Cuba, pero al ir con una beca de residencia para formación en una Escuela de Cine en San Antonio, jugaba esa carta por si en algún momento tenía problemas.

Cuando me tocaban en la espalda, siempre tenía la sensación de que en ese instante acabaría todo, tendríamos que entregar el metraje y no habría posibilidad de continuar el documental. De hecho, conozco gente que ha pasado noches en el calabozo por llevar cámara y no tener permiso. Constantemente hacíamos copias de seguridad y teorizábamos “si hoy nos quitaran la cámara, el montaje sería este”. Así armábamos en nuestra cabeza una hipotética construcción de lo que ya teníamos. También tuve mucha suerte en el aeropuerto, no me registraron el material ni a la ida ni a la vuelta.

Natalia Nikolaevna

Natalia Nikolaevna

Inevitablemente, la psicosis de la ciudad también afecta a Natalia, pero es inevitable pensar “¿qué fue antes … el huevo o la gallina?”, es decir, ¿Natalia llegó a Cuba adolecida de un trastorno de esquizofrenia o la ciudad y vivir bajo esas circunstancias propiciaron la aparición de la enfermedad?

Llegado un punto, es indiferente si Natalia padece una esquizofrenia real o no, el hecho es que está trastornada por la realidad que vive. No entiendo mucho de medicina psiquiátrica, pero sí que creo que el factor social puede ser un condicionante clave y puede acentuar e incluso originar una enfermedad. Ser inmigrante, padecer un ostracismo de más de veinte años y no lograr adaptarse en tanto tiempo, desemboca en una búsqueda donde cualquier válvula de escape es válida.

La CEN en realidad es un pueblo pequeño, casi fantasma, apartado de cualquier urbe -situado a más de 400 kilómetros de La Habana- configura un enclave donde fácilmente una persona de la idiosincrasia de Natalia destaca del resto. ¿Qué imagen tiene Natalia en la CEN?

Natalia tiene una imagen muy negativa. Está marginada. El único contacto que tiene es la mujer que también aparece en el documental, Isora. Una mujer que ha hecho mucho por la cultura en la CEN, impartiendo talleres de literatura, de arte, de creación, etc. Es la única que ha congeniado con Natalia. Por lo demás, ella ha sido una incomprendida por el hecho de ser extranjera, sus padres son coreanos y allí no hay referentes asiáticos. La apodan despectivamente como “la china”. Está considerada como la cantante lírica que se volvió loca y continúa naufragando por la CEN.

Natalia Nikolaevna 2

Natalia Nikolaevna

Natalia llega a Cuba veinte años antes de la caída del bloque soviético en 1991. Como bien recoge el documental Balseros, tres años más tarde de la desintegración de la URSS, en Cuba se produce un éxodo masivo, no impedido por la Dictadura, de ciudadanos que hartos del régimen cubano emigran a Norteamérica. ¿Por qué no emigró ella?

Ese es el tema, ella te diría que principalmente es un problema económico, ella quiere salir pero nunca tuvo dinero suficiente. Además tuvo que criar a su hijo, aunque esto no está contado en el documental, pero ella tuvo un hijo que ahora es un bailarín de renombre en Santa Clara. Cuando él salió de la CEN, ella volvió a quedarse sola.

La realidad es que no ha salido, en parte por dinero y en parte, punto que quiero reflejar con el documental, por la existencia de algo que se escapa a lo inteligible. Mi propósito es que todos nos hagamos esa pregunta de ¿por qué se ha quedado Natalia en Cuba? Ella me comentó que, actualmente, quiere pedir asilo político en San Petersburgo, pero no conozco muy bien que vínculos tiene allí.

El trayecto final de Natalia Nikolaevna sigue los pasos a los perros vagabundos, las tomas de la ciudad aparecen en un tono lánguido y la música potencia el tono trágico dejando un mensaje poco alentador, sin perspectivas de mejora. ¿Así ves el futuro de Natalia en la CEN?

A mí me gustaría que ella pueda volver a cantar, tener proyectos y dar conciertos, eso sí sería un futuro para Natalia, el problema es que no sabemos si eso va a ser posible. Natalia Nikolaevna es una triste historia ocurrida en la CEN, pero es solo un relato dentro de una ciudad, de ahí los planos. Utilizamos a Natalia como metáfora de una ciudad fantasma, paralizada, con pasado pero sin futuro.

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