Álvaro Longoria, director de The Propaganda Game

Por Yago Paris

“Yo también he machacado a los norcoreanos, pero he dejado que se expliquen.”Álvaro Longoria

Superamos las 13:00 cuando nos toca entrevistar al director Álvaro Longoria (Santander, Cantabria, 1968), el ganador del Goya al mejor documental de 2013 por Hijos de las nubes: la última colonia (Oulda lemzun). Junto con mi compañero de la Revista Insertos Cine, Jaime Lorite, conformamos la dupla de medios digitales que hará en conjunto la entrevista, que tiene lugar en la misma sala de los Cines Renoir Princesa de Madrid en los que esa misma mañana ha tenido lugar la proyección de The Propaganda Game (2015), la película que el documentalista presenta. Temerosos de encontrar a una persona ya cansada de la maratoniana jornada que arrastra, nos sorprende su energía y la cercanía con la que responde a cada una de las preguntas que durante media hora le formulamos, en las que Corea del Norte, como en el documental, es el centro del análisis.

Teniendo en cuenta que el documental da una imagen de Corea del Norte que no es la que normalmente se vende en Occidente, en la que normalmente se suele acribillar al país, ¿ha recibido algún tipo de presión para no llevar a cabo la obra?

Sí he sufrido presiones, sobre todo al principio. Y también dificultades a la hora de conseguir el pequeño detalle de que al final esto lo tiene que pagar alguien [risas]. Cuando acabé de rodar, nada más salir de Corea, me invitaron a un festival de documentales Hot Docs, en Toronto. Fui allí, expliqué el proyecto y recibí bastantes ataques por parte de varios medios de comunicación, que me acusaban a mí de propaganda. Y eso acojona un poco, ¿no? Porque yo no quería hacer propaganda de Corea del Norte, no era mi intención, y si la respuesta a mi película hubiera sido “esto no es más que propaganda de Corea del Norte”, sería devastador, porque al final no vería nadie la película. Mi intención no era hacer propaganda, sino hablar de la propaganda.

Y luego también recibí bastantes informaciones contradictorias o presiones del tipo “cuidado con lo que estás haciendo” o “cuidado con los norcoreanos, que te van a manipular, al final te vas a meter en un lío”, cosas así. Bastante para mí, que no me dedico a esto. Me imagino que para un periodista de guerra eso es una broma [risas]. Pero sí, presiones recibí bastantes.

 

A la hora de la distribución de este documental ¿podría darse un caso similar al de la película “B”, en la que, aunque no ha habido restricciones de por sí, ha costado apostar por la película, o ha habido miedo de proyectarla?

El efecto Sony y todo lo de la película The Interview (2014) ha afectado bastante. A muchos de los distribuidores americanos les daba miedo meterse en un tema que pudiera ser complicado, y eso sí que es verdad que lo vives. Teniendo en cuenta lo que le ha pasado a Sony por hacer la película que hizo, y que este documental de alguna manera podría aproximarse a ese caso, sí que había dificultades. Una vez ya terminado el proyecto y una vez ya estrenado, y cuando la gente lo ha podido ver, yo creo que es obvio que no busca hacer ni propaganda comunista norcoreana ni tampoco es un documental de Michael Moore que quiera destruir a Corea del Norte, sino que tiene otro ángulo, que creo que es bastante menos nocivo o bastante menos agresivo de lo que podría haber parecido.

 

A la hora de hacer gestiones para realizar el documental, ¿hubo facilidades por parte del régimen, tuviste que costearte tú el viaje…?

No, no, no. Entrar ya es suficiente facilidad. Y, de hecho, una de las grandes negociaciones que tuve, de las más difíciles, fue con Alejandro [Cao de Benós], sobre las condiciones en las que podía entrar y qué es lo que podía hacer, porque yo no quería que me llevasen a ver cuatro monumentos y tres edificios, que es lo que le hacen a todos los periodistas. Muchos dicen “Es que yo he estado ahí en los mismos sitios”. No, tú has estado en los mismos sitios pero en unas condiciones distintas. Porque a los periodistas occidentales les tienen como el enemigo y los controlan, los ponen en una especie de burbuja y no les dejan hablar con nadie. De hecho, si eres periodista, tienes que llevar un cartelito que dice “Prensa” en coreano, verde “fosforito” o amarillo, no me acuerdo, de tal manera que todo el mundo se mantenga alejado de ti, y eso no era lo que yo quería. Por ello, la negociación con Alejandro fue larga. También para que no pudieran controlar el producto final, que yo tuviese libertad de contar lo que me diese la gana. Al final, tuve que llegar a un acuerdo en el que me comprometía a no manipular las entrevistas o las respuestas de los norcoreanos ni de Alejandro, pero no era mi intención tampoco hacerlo, así que no he tenido problema con eso.

 

¿Se han manifestado acerca del documental?

Alejandro me dijo una cosa que me hizo mucha gracia: “bueno, hay cosas en esta película que no me gustan nada, pero por lo menos es la primera vez que se ve a un norcoreano comiéndose un helado” (risas). Me parece que es verdad, porque no te imaginas que la imagen sea un tío comiéndose un helado, ¡es que no lo has visto nunca! También he hablado con el embajador de corea del norte en Madrid, porque tengo una relación con él –obviamente, he querido siempre ser transparente con todo el mundo-. Él vio la película y me dijo “mira, hay cosas aquí que son inaceptables, pero entiendo lo que has hecho, y por lo menos podemos explicar nuestro punto de vista, que hasta ahora, generalmente, nunca hemos podido”.

Ese es el resultado que hemos buscado y eso es lo que se ha conseguido. No creo que la película se proyecte allí [risas], pero…no los he visto muy cabreados [risas]. Yo estaba un poco más acojonado. Pensé que les cabrearía más de lo que les ha cabreado, lo que es sorprendente, porque están acostumbrados a que les den, a que los machaquen, siempre lo hacen. Yo también los he machacado, pero les he dejado que se expliquen…

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Me ha llamado mucho la atención el momento del documental en el que se está proyectando en una casa norcoreana la película Brave (indomable) (2012)…

¡¡A mí también!! [risas]

 

…me generó la duda sobre si a lo mejor el hecho de que toda película extranjera estuviera prohibida era otra mentira más…

A muchas de estas preguntas no tengo respuesta, pero sí que es verdad que en Corea del Norte no se puede ver cine extranjero, está prohibido. Además, ellos te dicen “¡¡El cine americano es propaganda!! Si nosotros hacemos propaganda en el cine, ¡anda que los americanos…!” Y en realidad es verdad. Desde ese punto de vista, coño, ves una película americana y la bandera está todo el rato, siempre son los buenos, siempre lo hacen bien, siempre ganan ellos. Para los norcoreanos, eso es propaganda también. Pero claro, después de que te hayan contado todo eso, entrar en una casa y que estén poniendo Brave

 

¿Pero la estaban poniendo en TV? ¿O era una copia?

¡Es que no lo sé! [risas]. En la TV seguro que no. Eso debía ser un DVD que tenían…¡Pero es que no lo entiendo! Es decir, tú vas a llevar a un tío una casa, que es un poco el modelo de casa coreana -se ve bastante obvio que aquello era un sitio preparado para visitas-…¡¿Por qué pones Brave?! [risas]. No lo entiendo, no podía creerlo…como muchas cosas.

 

En el documental Aim High in Creation! (Anna Broinowski, 2013) hablan a fondo sobre la industria norcoreana de cine. ¿Tuviste acceso a la industria? ¿Nos podrías contar cómo es?

Sí, me impresionó mucho. De hecho, en la película salen los estudios cinematográficos. Estuve allí en los decorados que tienen, me ofrecieron para rodar cualquier película que quisiésemos. Los estudios cinematográficos son IM-PRESIONANTES. Hay como 5 calles distintas, y cada una es un país: Japón, EE.UU…Todo eso está montado allí, y ellos producen películas propagandísticas que ponen Constantemente en la TV. Todos los días ves una película de guerra, donde los norcoreanos son los que ganan, o a los americanos o a los japoneses.

La pena es que, cuando yo estuve allí, justo no estaban rodando ninguna película. Ya es mala suerte… Es que siempre tiene que ser “justo”. Ellos ruedan 40 películas al año, pero justo ese día no estaban…Y no puedes hablar con nadie, ningún director ni nada. Pero sí que las hacen. De hecho, hace poco hicieron una coproducción internacional con Inglaterra, que la hicieron unos ingleses que viven en Pekín. Se llama Comrade Kim Goes Flying (Gimdongmuneun haneureur nanda, 2012) y no sé de qué va, pero es la primera coproducción norcoreana.

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¿Conoces el libro sobre cine que ha escrito Kim Jong-il?

Sí, claro. Esa obra maestra de la literatura que se llama ‘El arte del cine, por Kim Jong-il’, ¡lo tenéis que leer, porque es genial! [risas] Te dice cosas tan importantes como “El decorado, o el maquillaje y la peluquería, son muy importantes para una película”. Estas cosas que los demás no sabíamos [risas]. Es sorprendente, porque al final es una guía de las cosas que se supone que tienes que hacer, explicadas por un tío que se supone que es Kim Jong-il, que ¿por qué tiene que ser él el experto en cine? Pero para los coreanos es como La Biblia del cine.

 

En el documental me sorprende descubrir que no existe un gran odio del pueblo norcoreano hacia Corea del Sur.

Ten en cuenta que el coreano del sur es su hermano. De hecho, las familias están partidas por esa línea [la frontera]. Uno se ha quedado a un lado, el otro al otro, ¡y es que son primos! Ellos en ningún momento los odian. Los acusan de traidores, por haberse dejado dominar por un poder extranjero. Pero ellos no atacan a los coreanos del sur, sino atacan a los americanos como colonizadores del país. ¡Es que hasta el año 61 era el mismo país…!

De hecho, la reunificación está mucho más avanzada, o ha habido momentos en los que ha estado muy avanzada, y que sí que es una posibilidad real. Los coreanos del norte lo que querrían es que los americanos les reconociesen de alguna manera, para tener una interlocución, poder negociar ellos directamente y de alguna manera poder abrir la frontera, porque en el sur sabes que está abierta, ¿verdad? Hay una zona de libre comercio en el sur, donde empresas surcoreanas contratan a norcoreanos para trabajar, y les pagan 20 dólares al mes, con lo cual les sale mucho más barato. Al final es la sinergia posible: tú tienes empresas en Corea del Sur que necesitan gastos bajos, y tienes trabajadores en el norte que no hacen nada…Yo creo que todos, en el fondo, quieren la reunificación. La cuestión es ¿bajo qué sistema?

 

Pero, por lo que se comenta en el documental, parece como que los únicos que realmente quieren la reunificación son los coreanos. A todos los que están alrededor no les interesa, ¿verdad?

No, a nadie le interesa a nivel geoestratégico, porque, si pierdes a Corea del Norte, ya no tienes enemigo. Bueno, ya no tienes enemigo fácil. Te queda el enemigo difícil, que es China. Corea del Norte es el enemigo fácil, y esto en el fondo es un enemigo muy conveniente, porque en el fondo no es un enemigo real. ¿De verdad crees que los americanos tienen miedo a un misil balístico hecho con tecnología del año 50, que les va a llegar a Alaska…crees que temen una bomba atómica coreana? De hecho, ellos cuando los norcoreanos hablan de esto, te dicen que si ellos tuviesen que tirar una bomba atómica, probablemente lo que harían sería irse a Japón y lanzarla en una mochila, porque es lo más fácil. Me enseñaron al destacamento atómico, que son unos tíos que van con una mochila por delante y se supone que lo que llevan es una bomba atómica pequeñita, de las portables.

Es todo muy complicado. Lo que sí creo es que a los americanos les viene muy bien Corea del Norte. No significa que esté mal por parte de los americanos. En este caso, yo no soy muy crítico de EE.UU. En otras cosas sí lo he sido, pero aquí creo que los americanos son consecuentes. Aquí todos son consecuentes, ¿no? Los comunistas norcoreanos hacen lo que dicen que van a hacer, los americanos hacen lo que quieren hacer, que es estar allí, acabar con los comunistas y de paso tocarles los huevos a los chinos, y los chinos hacen lo que hacen siempre, que es “me da igual lo que tú me digas, yo haré lo que me venga bien a mí”. Todos hacen lo que tienen que hacer.

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(Fotografías: María Sofía Mur)

Agradecimientos a Álvaro Longoria y Betta Pictures.

El viernes 30 de octubre a las 22,00 h. se hará una proyección de The Propaganda Game en los Renoir Princesa (Madrid) que contará con la presencia del director Álvaro Longoria y de Alejandro Cao de Benós.

El sábado 31 lo harán en Barcelona, en los pases de las 20,00 h. en Cinemes Girona y de las 22,30 h. en Yelmo Icaria.

 

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