Omar A. Razzak, director de Paradiso

Por Jose Cabello

Hace tiempo que los cines decidieron abandonar los centros de las ciudades para tomar los nuevos templos periféricos dedicados al ocio. La sala Duque de Alba, situada en la plaza de Tirso de Molina en Madrid, configura un ejemplo paradigmático del éxodo que a día de hoy continúa dándose. A pesar de no formar parte del circuito de cines convencionales por proyectar en su interior películas de categoría X, sí funciona como el único salvoconducto para el cine porno en la ciudad.

Paradiso se adentra en el universo propio del Duque de Alba, conviviendo tanto con Rafael, gerente de la sala, como con Luisa, taquillera del cine. La cámara de Omar A. Razzak pasea por el local recogiendo las diversas conversaciones entre los inquilinos de la sala, reflejando el extraño clima interior del cine donde los clientes no acuden exclusivamente por una necesidad fisiológica. La atención, el respeto y el saber escuchar son la clave del negocio. Pero la rutina se rompe cuando se aproxima la fecha de jubilación de Luisa y, tras más de treinta años trabajando en el cine, Rafael deberá seguir al frente sin su presencia.

Omar A. Razzak concursó con Paradiso en la sección Un impulso colectivo en el festival D’A de Barcelona, y nosotros pudimos conversar previamente con él en el Festival de Málaga.

¿Sabías de la persistencia del Duque de Alba como el último cine porno en Madrid, o te enteras de ello una vez contactas con la sala para poner en marcha Paradiso?

Viví cerca de la plaza de Tirso de Molina así que conocía bien la historia del cine. Daniel Remón, co-guionista de la película, y yo, estuvimos durante un tiempo buscando artículos en prensa para comenzar un proyecto en común. Entonces encontramos una reseña sobre los carteles del cine Duque de Alba. La singularidad de los carteles de promoción de las películas X, hechos a mano y en cartulina, nos llamó la atención y decidimos ir hasta la sala para ver qué había detrás.

Hablamos con Rafael para convencerle de nuestro proyecto y dejarle claro que el objetivo no era elaborar un reportaje televisivo ni nada de índole amarillista, sino que queríamos contar qué se vivía en el interior del cine Duque de Alba. Para ello, entregamos a Rafael un dossier con nuestras intenciones, quedó satisfecho y comenzó Paradiso.

Las imágenes de Paradiso evidencian cómo la sala X Duque de Alba no cesó su actividad durante la grabación de la película. Teniendo en cuenta la naturaleza del negocio, ¿no resultaba incómoda la cámara a la clientela del local?

Los protagonisatas de Paradiso son conscientes de que están formando parte de este documento fílmico, en ningún momento nos planteamos utilizar cámara oculta ni ninguna otra herramienta a sus espaldas. Todo el mundo que está registrado en el documental sabe que está siendo grabado, pedimos permiso a todos ellos. La planificación corría a cargo de Rafael, hablábamos con él para organizar el rodaje con los clientes, él hacía de intermediario entre ellos y el equipo.

Paradiso

El documental no entra en la sala de proyección, sin embargo surca las puertas en muchos momentos, desconozco si por motivos de estilo o por limitaciones externas. ¿Qué restricciones os dio Rafael una vez dentro del cine?

Limitaciones de espacio no teníamos ninguna. En realidad no entrar en la sala es parte del estilo de Paradiso, queríamos dejar la cámara a espaldas de la realidad que sabíamos lo que ocurría, por esa parte no había limitación de ningún tipo. La única limitación que ponía Rafa era respetar a aquellos clientes que no querían ser grabados y no interrumpir el funcionamiento del negocio del Duque de Alba

También intervino en el proceso de selección de “actores”. Primero teníamos que hablarlo con Rafael, él era el puente entre la otra persona y yo, no podía ser directo.

En cualquier caso, la mayoría de las ocasiones rodábamos una vez terminada la sesión, con el cine ya cerrado y así podíamos disponer de todos los espacios a nuestro antojo.

¿Cómo te planificas en el rodaje?

El rodaje se extendió mucho en el tiempo, duró cuatro años. Al principio grabamos solo una especie de tráiler para poder recurrir a fuentes de financiación. Luego comenzamos con el proyecto en sí mismo. Solía ir dos días a la semana, uno para estar con ellos, y otro para grabar. Éramos un equipo pequeño: un cámara, un sonidista y yo.

Después de un tiempo, montamos una primera parte para seguir escribiendo el guión y continuamos grabando en la misma dirección que teníamos pensada. Pero entonces nos percatamos de que la idea sobre la que queríamos construir parte del discurso, no funcionaba. Una escena ya rodada, donde Rafael quiere proyectar Cinema Paradiso en la terraza del Duque de Alba, habla sobre su propósito de girar la cámara hacia afuera, proyectando así la película al pueblo, en homenaje a la película de Tornatore.

Comenzamos a fijarnos en el personaje de Luisa, porque yo realmente no sabía su edad, pero sí que debía rondar la edad de jubilación. Luisa era una figura muy importante en el negocio de Rafael. Nos preguntamos, ¿qué será de Duque de Alba sin Luisa?

En la primera mitad de Paradiso, la cámara reproduce imágenes y atesora sonidos, como si estuviésemos dentro de la cabeza de Rafael, en su mundo, donde el cine Duque de Alba no es un cine porno. La segunda parte, cuando los clientes interactúan con la cámara, todo es más veraz. En los planos finales de Paradiso, tanto el sonido como la realidad tras la ausencia de Luisa, comienza a entrar desde la calle e impacta con la sala.

Paradiso 2

Paradiso es el último cine porno en Madrid, una sala X adornada con películas de cine convencional de otra época, lugar que, a su vez, alberga una de las pocas calderas de carbón que sobreviven a la evolución tecnológica. Por tanto, la nostalgia configura un factor muy presente en Paradiso ¿quieres establecer un código que hable casi de una serie de despedidas?

La nostalgia de Paradiso se debe, en gran medida, a que los protagonistas de la cinta mantienen en sus vidas un grado alto de nostalgia. Y al final la película se impregna, involuntariamente, de este sentimiento. Muchas de las conversaciones giraban en torno al “cómo era antes”, intenté quitar toda huella de nostalgia para no llegar con un excesivo grado nostálgico al espectador. Fue imposible, las charlas siempre terminaban en divagaciones sobre el ayer. Recuerdo, incluso una conversación donde enumeraban todos los antiguos cines de Madrid, una y otra vez.

La nostalgia estará latente cuando entras a un sitio como el Duque de Alba, son personajes que en su mayoría viven en el pasado, excepto algunos, como Luisa, que viven en el presente.

Conseguir marcar un estilo propio dentro de un universo tan sórdido y, además, envolver la historia con una mirada casi romántica, debe ser tarea difícil. ¿Qué herramientas empleaste?

En realidad el ambiente es así de enternecedor. Hay una secuencia que, a la hora de trabajar la edición de la película, se puede entender como la secuencia maestra. Rafael está montando unas luces de Navidad en la entrada. Enfocamos entonces a Luisa y ella está mirando el trabajo que desempeña Rafael. Volvemos a Rafael y éste llama a Luisa para enseñarle el resultado de su experimento. En ese momento, nos olvidamos de la figura de Rafael, y vemos la sala desde fuera, donde tenemos a un desconocido que comienza a ligar con otro señor.

Rafael en la secuencia anterior desaparece o, mejor dicho, lo hacemos desaparecer cuando entra en escena el sonido proveniente del interior de la sala porno. Entonces Rafael aplaude para que Luisa vea cómo, al dar una palmada, se encienden las luces, y comienza a sonar un villancico navideño mezclado, a su vez, con el sonido de la proyección de la película porno.

Esa mezcla es la que queríamos obtener. Un sentimiento entre nostálgico, tierno y sórdido. En la secuencia están las diferentes sensaciones, pero el espectador se encarga de decidir con qué parcela se queda, si se queda con alguna. En la película están todas y ninguna predomina por encima de la otra.

Paradiso comenzó con buen pié en Rizoma tras ganar el festival, pasó también por Alcine, Málaga, el D’A, incluso habéis estrenado en salas comerciales y se puede visionar a través de plataformas VOD. Después de este intenso tour ¿estás inmerso en algún otro proyecto?

El año pasado estuve grabando unos talleres de teatro con unos chicos de entre 16 y 20 años con Asperger, disfruté mucho con esas sesiones. Tengo todo el material en bruto así que, después de rodar allí seis meses, desconozco qué saldrá de todo esto. Nuestro objetivo aquí es que el producto final no transmita paso del tiempo, es decir, que el espectador conciba la película en una especie de no-lugar. Además, todos los planos de la película son primeros planos. Éste sería el punto de partida.

También tengo otro proyecto, El salto de la anchoa, donde contamos con una ayuda del Gobierno Vasco. Aún no está claro cuando grabaremos, quizás en verano. El rodaje será en una isla italiana cercana a la ciudad de Roma y queremos mostrar la relación entre italianos y españoles a raíz de la pesca que se produjo en esta región.

 Paradiso 3

 

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