D’A 2012. Panorámica del Festival de Cinema d’Autor de Barcelona.

Gloriosa periferia Por Manu Argüelles

Isaki Lacuesta, a propósito de Diamond Flash (Carlos Vermut, 2011), comentaba que los entusiastas tienen mala prensa. Tiene razón. El entusiasmo suele ponerse bajo sospecha. La resonancia del crítico mediático se amplifica cuanto más en las antípodas se sitúa de dicha actitud. Pues bien, ya, rápido. A mí me sitúan ipso facto en la lista de proscritos. ¿Me tienen fijado? Seguimos.

The Deep Blue Sea

En anteriores notas destacábamos algunas de la Sección Oficial que estaban tempranamente confirmadas, aparte de realizar una primigenia presentación de lo que nos depararía esta nueva edición, que arrancó ayer con la inauguración a cargo de Un amour de jeunesse (2011) de Mia Hansen-Løve. Es hora, un poco tardía, de hacer una panorámica general, como entradilla de las correspondientes reseñas y críticas que ya tenemos previstas escribir, y que servirán de fondo de la cobertura que queremos brindarle. El Festival presenta en torno a 50 largometrajes (11 premieres en España) que se organizan en varios estantes que pretenden enhebrar las enunciaciones de grandes autores ya reconocidos, junto con nuevos valores que van a colmar nuestra curiosidad innata como “niños inquietos” que somos, robando la autodenominación que se aplicaba a sí mismo Terenci Moix en sus memorias.

Es una perfecta atalaya para satisfacer la sustancia ecléctica que nos mueve, en cuanto el D’A es una plataforma para acceder a formas que rompen las prácticas ortodoxas en la actividad cinematográfica. Vamos a superar eso tan recurrido del gafapastismo. Pensemos en un público polifónico y no como si fuese una masa informe. También existe (mucha) gente que reclama trabajos provocadores, personales y poco acomodaticios. Obras que se pasean por circuitos reducidos pero que merecen salir del territorio acotado. Barcelona si quiere mantener esa imagen tan turística de ciudad cosmopolita, no puede olvidarse que el cine no es solo el que se ve en las pantallas, sino también aquel a que le cuesta o se queda fuera, antes los avasalladores dictados mercantiles.

Érase una vez en Anatolia

Direccions nos permite establecer genealogías y alianzas de ese término tan esquivo que trata de dar carta de lo que es la autoría cinematográfica. No teníamos más que ver aquel divertido vídeo que nos proyectaron en la inauguración. Hay tantas definiciones como personas que lo pronuncian. Nueve películas que dejan fuera el cine independiente americano, salvo la excepción de Jonathan Caouette (Walk Away Renee, 2011), y que se concentran en Europa. Es un cliché pero en este ámbito es inevitable que haga acto de aparición el cine francés con nombres como Bertrand Bonello (L’apollonide, 2011), Bruno Dumont (Hors Satan, 2011) y Christopher Honoré (Les bien-aimés, 2011), que poco guardan en común salvo el país de origen. Tres documentales: el citado de Caouette, Bestiaire (Denis Coté, Canadá, 2011) y el de Werner Herzog, quien repite comparecencia en el D’A con Into the abyss (2011). En ficción les acompañan Terence Davies (The Deep blue sea, Reino Unido, 2011), Nuri Bilge Ceylan (Once Upon a Time in Anatolia, Turquía, 2011) y João Canijo (Sangue do Meu Sangue, Portugal 2011).

Johnnie To con Life Without Principle (Hong Kong, 2011), como presencia oriental, y Karim Aïnouz, con O abismo prateado (2011) como representación iberoamericana, completan el cartel de francotiradores. Comedias musicales, thrillers, melodramas clásicos, propuestas exuberantes y atmosféricas, y un poco-mucho de provocación. Un cóctel de miradas transversales y heterodoxas a gusto del consumidor.

L

Si nos interesan nuevas formas de encontrar el sentido a la imagen, estamos casi obligados a visitar los movimientos y vibraciones que producen las placas tectónicas de aquellos realizadores con una producción no superior a tres largometrajes. Allí los encontraremos en Talents. Direccions trabaja nuestra cinefilia febril, Talents nos potencia el ejercicio reflexivo y analítico. No vamos a aburrirles con la enumeración de largometrajes porque para eso ya tienen la completa web y los programas de mano del Festival, donde pueden encontrarlo todo. Os avanzamos nuestro plan de ruta, el cual esperamos cumplir. Una etiqueta facilona para que se vea que tenemos tics de crítico. Nos lanzaremos al nuevo cine griego en la línea de Yorgo Lanthimos con L (Babis Makridis ,2012), porque no queremos que Arantxa Acosta se enoje. Estamos a un paso de que se nos rasguen los ojos, dada nuestra voracidad oriental. Por lo que, oimos Corea del Sur y como que se nos despiertan los sentidos: Romance Joe (Lee Kwang-kuk, 2011). Somos así de simples.

Como nos va la marcha, allí que nos vamos con Snowtown (Justin Kurzel, 2011) y Bullhead (Michael R. Roskam, 2011). De esta segunda, hay alguien que no pudo acabarla porque le pareció insufrible. Y después, tenemos a otra persona que es justo lo contrario. Adivinen quien escribirá. Recuerden lo que dije más arriba y no, no somos, ni falta que hace, un periódico de gran tirada. Que no se me olvide: Weekend (Andrew Haigh, 2011). Ayer me llamaron sarcásticamente protector de las minorías. Bueno, pues saquemos al cine de temática gay del guetto, en el que muchos lo quieren ver arrinconado. Y no solo hablo de la derecha política.

Snowtown

La oferta se complementa con Absolut Risc porque nos gustar saltar sin red a los rincones más radicales e inclasificables. Que nos sacuda la vanguardia y la experimentación, que andamos hastiados con todo lo que nos está cayendo. Propuestas bizarras. No, aparquemos el epíteto fácil. Amanecidos (Yonay Boix, Pol Aregall, 2011) no tiene nada de eso. Es gente valiente, con dos. Como Raya Martín y Buenas noches, España (2011), Andrés Duque con Ensayo final para utopía  (2011) o Jonathan Cenzual con El alma de las moscas (2011).

Porque mucho de ello anida en la mejor directora, si hablamos en femenino, del viejo continente: Claire Denis, a la que se le hace justicia con una retrospectiva de su inmensa y apasionante obra en el lugar idóneo: la Filmoteca de Catalunya. Y encima se acercará a saludarnos. No saben lo que se pierden si dejan pasar Trouble every day (2001) o Beau Travail (1999). El cuerpo, seres a la deriva y la disolución del figurativismo para que entren en todo su esplendor el cine sensorial más fascinante de los últimos tiempos.

Y como hablamos de un Festival de Barcelona, alojado en el Cinema Aribau Club, y encima con precios contenidos (cuesta menos que ir al cine), no puede faltar Autoria Catalana. Porque no todo el cine catalán es Ventura Pons. Open 24h (2011) de Carles Torras u Orson West de Fran Ruvira, entre otras. A partir de ahora, nos queda un trecho intenso que vamos a glosar. Como dice Santos Trinidad: Rock’n’roll.

Página web del Festival

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Comentarios sobre este artículo

  1. JOSE dice:

    Rock’n'roll hermano!!

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