En la casa y El impostor

Por Déborah García

En la casa (Dans la maison, Francia, 2012). Director: François Ozon. Sección Oficial

El impostor (The imposter, Reino Unido, 2012). Director: Bart Layton. Zabaltegi Perlas

Crónica tercer día: 23/09/2012: El Jardín de Senderos que se bifurcan

El tercer día de festival ha estado marcado por el juego. Películas y directores han decidido jugar con el espectador, introduciéndole en relatos que mezclan ficción y realidad, verdad y mentira, vida y creación. La película de François Ozon mezcla la realidad con la ficción, y muestra la manera en la que ambas se relacionan y entretejen complejos sistemas donde directores, actores y espectadores se ven entremezclados. Esas idas y venidas entre la escritura y la realidad presentan una reflexión muy acertada sobre el acto propio de la creación y la narrativa. La relación que se establece entre el profesor y el alumno estaría representando a su vez a la del lector con el autor, la del espectador con el director y la propia película, y así ad infinitum.

En la casa, Germain (Fabrice Luchini) es profesor de Literatura en un instituto y se dedica a corregir redacciones. La mayoría de ellas carecen de interés y son un auténtico despropósito. Todo comienza cuando, revisando esos textos, se topa con la del alumno Claude (Ernst Umhauer). En apenas un folio y medio, el relato del joven engancha completamente al profesor. En esas pocas líneas, que acaban con un ilusionante “continuará”, el alumno relata cómo penetró en la casa de su amigo Rapha durante el fin de semana anterior. El deseo de Claude no era repentino, se remontaba tiempo atrás, cuando un día tras las clases contempló la escena en la que los padres de Rapha venían a recogerle. Desde entonces, los espiaba desde un banco del parque, imaginando sus banales conversaciones, sus rutinas… hasta el fin de semana del relato, cuando por fin pudo colarse en la casa con la excusa de ayudar a su amigo Rapha en matemáticas. El retrato que realiza Claude de la casa, “un olor le llamó la atención, el inconfundible olor de la mujer de clase media”, desprende una madurez impropia de alguien de su edad y un manejo de la ironía que a Germain le despierta la curiosidad, hasta tal punto que éste animará al joven a continuar con el relato. Las motivaciones del profesor para seguir con este juego, y las del alumno por participar de ello, dan lugar a un interesante tira y afloja entre los dos personajes. François Ozon hace que Claude introduzca a Germain en su relato, y lo convierte así en un elemento activo de la ficción.

Maestro y alumno, los dos, acaban cayendo en la trampa del otro, en sus manipulaciones, dando como resultado acontecimientos y situaciones inesperadas.

Claude será al final narrador y actor (termina enamorándose de Esther), y querrá destruir la familia desde dentro, pero él mismo acabará confundiendo la realidad con el mundo que ha creado en sus textos. Sorprendentemente la familia, que parecía estar al borde del colapso, acabará por plegarse sobre sí misma. La casa se acaba cerrando para Claude, para Germain, y también para nosotros. La escena final desde el banco, donde ambos contemplan un edificio lleno de ventanas abiertas que se asemejan a pantallas de cine, es un consuelo porque maestro y alumno, que han descubierto la soledad y la exclusión, sólo encuentran satisfacción generando ficción.

La segunda película de la crónica, El impostor,  es en realidad un documental dirigido por Bart Layton, un director británico conocido por su innovación visual y sus estimulantes métodos. El documental aborda la historia de un joven que se hace pasar por un chico desaparecido en el año 1994 en San Antonio, Texas. Nicholas Barclay habría aparecido con dieciséis años en Linares, después de estar tres años en paradero desconocido. El impostor  decidió hacerse pasar por  un chico completamente distinto a él físicamente. Nicholas es rubio y de rasgos afilados, él en cambio es moreno con rasgos más toscos, francés y muchos años más mayor. El punto de partida alucinado del documental lo encontramos cuando, después de que las autoridades contacten a la familia, ésta en vez de rechazarlo o decir que ese no es su hijo, hermano, sobrino, lo acepta y lo recoge como el verdadero Nicholas Barclay.

En la película documental se entremezclan los pensamientos del impostor, con los de la familia y las autoridades, las grabaciones de archivo, las noticias, los recortes de periódico, las entrevistas a los protagonistas. Frederic Bourdin, que es el verdadero nombre del impostor, relata la historia de una manera descarada, aunque nos hace participes en muchos momentos del miedo que le producía encontrarse con la que no era su familia, y su asombro ante la acogida tan “natural” que tuvo a su llegada a Texas. La situación se rompe cuando las autoridades estadounidenses quieren saber qué es lo que realmente ha pasado y cómo llegó el falso Nicholas hasta España. La historia que cuenta el impostor es tan inverosímil que deciden hacer pruebas de ADN y contratar un detective que investigue a la familia. Ambos determinan lo que todos sabemos simplemente mirando, que Frederic Bourdin no es Nicholas Barclay.

El impostor de Bart Layton funciona porque es una historia real. Nadie podría creer en lo que el documental nos cuenta.

La narración que realiza el actor que interpreta a Frederic Bourdin nos introduce poco a poco, pero con intensidad, en un relato que costaría creer si no fuera porque está basado en hechos reales. ¿Cómo es posible que una familia reconozca en alguien tan distinto a su ser querido? ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a creer ver algo que realmente no existe? Y, sobre todo, ¿por qué? Estas mismas preguntas fueron las que se plantearon servicios sociales, policía e incluso el propio Frederic Bourdiu, que acabaron pensando que si la familia había participado de esta ilusión era porque tenían algo que ver con la desaparición del verdadero Nicholas. Se les llegó a acusar de haberlo matado y enterrado en el jardín de su casa. ¿Quién es el verdadero impostor en esta historia? ¿O lo son todos? Al terminar el día, siento que aquella vieja expresión, “la realidad siempre supera a la ficción”, se equivoca. La realidad necesita de la ficción para serlo, eso es lo que  intuimos con The Imposter al explorar esta historia de suplantación de identidad, y con Dans la maison.

el impostor

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Comentarios sobre este artículo

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  3. [...] refiere a la cosecha de certámenes españoles contaremos con una que sí vimos en San Sebastián, The Imposter (Bart Layton), documental que reta a la ficción- el uso de los estilemas del thriller para la no [...]

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