Silent city

Por Manu Argüelles

Silent city (Holanda, 2012). Director: Threes Anna. Nuevos Directores

Tan lejos, tan cerca. El Festival de San Sebastián está de celebración, cumple 60 años, y como ya ha sido notorio, este año estará copado por los destellos de la alfombra roja, el desfile de celebridades y el oropel que traen consigo actores como Richard Gere y Susan Sarandon, anteriores premios Donostia que este año abren el certamen con El fraude (Arbitrage), reflejada por Déborah en la crónica que me precede. No obstante, nos van a permitir que no nos detengamos en exceso en eso que con frecuencia algunos medios afines a lo fatuo y espurio achacaban tradicionalmente al Zinemaldi, cuando afirmaban que era un festival con escaso glamour, como si fuese un defecto de fábrica. Era un argumento fácil cuando trataban de explicar por qué San Sebastián no tiene la proyección internacional que sí obtienen otros festivales de Clase A. En fin, no entraremos en dilucidar si eso es el chocolate del loro pero, en todo caso, este año, ante la avalancha de personalidades famosas, el equipo de Rebordinos ha puesto la infraestructura del festival al límite de su capacidad, tal como él mismo comentaba en una entrevista a Oskar Belategui.

No obstante, nosotros hablaremos de las películas, las que nos eligen y las que elegimos nosotros, las que miramos y las que nos miran, las que hablan de nosotros y las que hablan de ellos. El cine de nuestro tiempo, si buscamos el factor generacional y el sentimiento de pertenencia. Y del “nosotros” paso al “yo” al reflejar cómo mi propia experiencia personal va ligada a la dirección de José Luis Rebordinos, ya que mi paso por el evento dio inicio cuando él se hizo cargo de la dirección por primera vez el año pasado. En la 60 edición advertimos continuidad respecto a la anterior pero San Sebastián consolida una sección siempre oculta en Zabaltegi. El cine del futuro como eslogan puede encontrarse en Nuevos Directores, cajón que alcanza un grado de importancia capital justo por debajo de la Sección Oficial. 17 películas seleccionadas que permitirán tomar la temperatura a los valores emergentes, aquellos que deberían poder tomarse como la ciencia ficción anticipatoria. En estos tiempos veloces donde fabricamos y consolidamos a directores a la velocidad del rayo (Jeff Nichols o Steve McQueen), es una dirección lógica que el Zinemaldi apueste por el cine predictivo, el que ostenta la juventud.

Por desgracia para nosotros, Horizontes latinos, como ya nos pasó el año pasado, acaba siendo el patito feo (involuntario) de la programación. Los horarios de sus pases dificultan la combinatoria y acaban siendo inevitablemente “sacrificados”, tónica que vuelve a repetirse ante la atención que debemos brindar a Nuevos Directores. Tomemos el ejemplo de Post Tenebras Lux de Carlos Reygadas. El pase de prensa era a las 14:00 de la tarde, hora difícil de ajustar con la segunda de la mañana. Y posteriores pases de público no cuentan con invitación.

Además, este año el Festival también ha supuesto ponerle cara a una relación a tres bandas, comprobar que no hay valor superior que ver sonreír a esa persona con la que tanto te has comunicado, aquella con la que has estrechado un lazo, siempre algo enrarecido cuando hay una mediación tecnológica. Deben entender que habla alguien que se siente un poco lastrado por su evidente sensibilidad analógica. Yo soy de la generación del vhs, del cine de barrio, del vídeo comunitario, para que me entiendan. Que sí, que me conecto a twitter y a facebook, pero dime mejor cuándo quedamos para tomar un café. Recuerdo que una vez me preguntaron con perpleja exclamación, ¿cómo alguien tan independiente puede necesitar con la misma fuerza de contacto social? Esta dialéctica de contrarios que ejerce su dinámica dentro de una misma necesidad vital, ¿puede aplicarse a Rosa de Silent City? No es una interrogación que haya entrado en mis cálculos porque, quizás, por una proximidad casual (mi viaje a Tokio el pasado mes de agosto), sea demasiado fácil para mí sentirme como el personaje de Rosa, cuando viaja a la metrópolis nipona para hacerse alumna del maestro Kon, experto cocinero en la técnica en el corte del pescado según la cultura japonesa. De hecho, el film nos habla de un proceso de inmersión donde nuestros parámetros de raciocinio occidentales deben suspenderse. El cortar un pescado, una acción mecánica, banal y rutinaria para nosotros, en un país como Japón alcanza una trascendencia desconocida ante nuestros ojos.

En Silent City, como la liturgia ceremonial en el acto de tomar el té, la gastronomía no solo es una teleología destinada a otorgarnos placer como alimento de nuestros sentidos, sino también una forma espiritual de reencontrarse con la naturaleza.

Nuestros vínculos con el mundo encuentran formas ancestrales de comunicación en el seno de la urbe masificada. Ya no hablamos de religión, más bien de formas sensitivas que impliquen una espiritualidad que no solo haga que nos encontremos con nosotros mismos, sino que podamos recuperar vínculos perdidos en nuestras sociedades frías y tecnológicas.

Por eso, Silent City, desde el subjetivismo de Rosa y su dificultad en la penetración de una cultura tan hermética como la japonesa para aquel que es foráneo, establece un delicado y sugerente juego de contigüidades y paralelismos, dibujando un onirismo que se basa en la sinestesia entre el pez y el hombre. Es una potenciación de los sentidos, como fórmula de aprehensión perceptiva. Por eso se enfatiza tanto el tacto del pescado (la puerta que permite la exploración hacia una nueva dimensión), la caricia, el olor, el gusto… No es casual que el maestro Kon diga que es música cuando entra sus brazos en la balsa llena de peces y ellos solos reposan en sus manos, sin que él tenga que agarrarlos o pescarlos.

La segunda película de la directora Threes Anna, Silent City, apela a un cine femenino como el de la también holandesa Nothing personal (2009) de Urszula Antoniak, donde se explora la emotividad y las sensaciones, lo subjetivo como mediación de lo estético.

Por supuesto, aunque Threes Anna apele a la influencia de Wong Kar Wai para reflejar la alienación y la claustrofobia en un espacio hostil e impenetrable de su personaje, hay también en su punto de partida una similitud evidente con Lost in translation (Sofia Coppola, 2003), cuando nos refleja la problemática comunicativa del occidental al aterrizar en el país del sol naciente. Mostrar Japón desde el punto de vista europeo tiene ilustres precedentes como el de Sans soleil (1983) de Chris Marker o Tokyo-Ga (1985) de Wim Wenders, pero uno encuentra en Silent City lo mismo que ya vio en Sofia Coppola. Porque me permite disolverme de tal manera en este cine de experiencias e impresiones que al final sucede lo de siempre. Que no hablamos de nuestro cine sino de nosotros mismos. No puedo negar la sobreexposición a la que estuve sometido al ver el mercado de Ueno, el famoso cruce de Shibuya o el grito desesperado en la estación de Shinjuku, a través de las imágenes frágiles y sensibles de Silent City. No veía el Tokio de la ficción sino el Tokio que yo experimenté este verano. Me gusta mucho como Threes Anna cierra el foco y borra el espacio, ya que predominan los primeros planos cercanos a su protagonista, especialmente en el aterrizaje difícil y la sistemática expulsión a la que se ve sometida. Nadie quiere tratar con ella, nadie le facilita la aclimatación en un espacio desconocido para ella. El film encontrará el espacio urbano, especialmente el nocturno y sórdido, en consonancia a los avances de Rosa en su proceso de aprendizaje, no solo en el arte de la cocina nipona y su tratamiento del pescado, sino también en su mayor comprensión de la cultura japonesa y sus comportamientos.

Recuerdo que a la salida de la proyección me pidieron para un programa de radio que comentara mis impresiones sobre Silent City. No recuerdo qué dije exactamente pero justo después de mi intervención el periodista me preguntó a modo de resumen que si quería decir que era una película lenta. Pues eso, que si hablamos de emociones y espiritualidad, de problemas de comunicación y de fraguar un cine de sensaciones, al final nos quedaremos en que es una película lenta. Bravo. Esto es lo que necesitaban saber los oyentes. Y lo comento porque a lo mejor es lo que esperáis que diga sobre Silent City.

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Comentarios sobre este artículo

  1. [...] sea un juicio prematuro. Pero la confluencia en el primer día del Festival de films como Silent City, Bestias del sur salvajes e incluso Blancanieves, nos hace pensar que quizás una película como [...]

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