Grabbers y Frankenweenie

Por Arantxa Acosta

Grabbers (Irlanda-Inglaterra, 2012). Director: Jon Wright. Sección Oficial Competición.

Frankenweenie (EUA, 2012). Director: Tim Burton. Sesiones Especiales.

Mientras escribo estas líneas aún no se conoce el Palmarés, pero personalmente, a las 08:30 am pudimos ver la mejor película del festival: Antiviral, de Brandon Cronenberg. Original, inquietante y perturbadora, con un actor principal que se come la pantalla y una puesta en escena tan minimalista como angustiosa.

Pero la crónica del día, por mi parte, se centrará en dos películas que recuerdan al mejor cine de monstruos de los años ochenta: una,por hacer un claro homenaje (y aún nos estamos pensando si burda copia actualizada) a las películas de Joe Dante. La otra, por ser un remake extendido de la obra del propio autor. En cualquier caso, ambas son tan disfrutables como olvidables. Irregular resultado, como ustedes verán…

Grabbers nos emplaza en la Irlanda actual, a la que han llegado unos extraterrestres marinos para conquistar la Tierra.

En un claro ejercicio nostálgico, cual Super 8 (J.J. Abrams, 2011), el director no deja lugar a dudas: ha bebido del mejor cine fantástico de los ochenta.

Ya sea entonces por querer recuperar el espíritu gamberro-cómico de aquellas películas, ya sea por querer rendir un homenaje a un género que tanto se ha pervertido en la última década, lo cierto es que Wright firma esta su segunda película en la que las alusiones a Critters (Stephen Herek, 1986) y Gremlins (Joe Dante, 1984) serán imposibles de pasar por alto. Tanto, que el guión no se priva de copiar (homenajear, perdón) escenas de estas películas, tan conocidas como la juerga de los gremlins en un bar, o los huevos escondidos en un lugar de difícil acceso para dejarnos claro que ahí no acaba la cosa. Así que a medida que avanza el metraje, uno no deja de hacerse la misma pregunta: ¿no estará Wright realmente riéndose de aquellas películas? La respuesta es, sin duda, que no. El director acierta en impregnar una cinta ya revisitada varias veces con el característico absurdo humor inglés y, mejor aún, con un sentido de la autoparodia más que loable (un claro ejemplo: los alienígenas, que se alimentan de sangre, son aléregicos al alcohol, así que la mejor forma de protegerse contra ellos es pegarse una buena borrachera). Divertida y ligera, no aporta gran cosa al género ni destaca por nada más que el poder disfrutar de los maravillosos parajes de Irlanda (y hay que reconocer que peores efectos especiales, mucho peores, hemos visto en esta edición del Festival de Sitges), pero un rato agradable sí que te invita a disfrutar. Para amantes del terror más cómico y de los que añoran el saber hacer de los años ochenta, en las que la originalidad era un preciado don.

grabbers

Grabbers

De los monstruos extraterrestres pasamos a los monstruos por resurrección. Ganas teníamos de ver Frankenweenie tras conocer el ambicioso proyecto de Tim Burton de convertir en largometraje stop-motion el primer corto que realizó para Disney (que, como muchos sabrán, le hizo caer en aquel momento en desgracia por considerarse demasiado terrorífico para los niños). Tras varios desaciertos (si bien es verdad que, personalmente soy de las que defienden Sombras Tenebrosas, aunque está claro no está a la altura de la filmografía del director), sus incondicionales fans esperábamos ansiosos el resultado del remake ampliado. Y el resultado no puede ser más dispar.

¿Qué es Frankenweenie? Es Tim Burton en estado puro. Es una puerta a las obsesiones de la infancia (y sin duda madurez) del director.

Es una muestra de amor incondicional a nuestros seres más queridos. Es, sin duda, la representación de nuestro sueño: no crecer nunca, ser felices junto a nuestros seres queridos, sin importar lo demás. Frankenweenie puede ahora volver a “reestrenarse” (no nos hemos equivocado, no) en una sociedad evolucionada, con niños que no son otra cosa que los hijos de la generación que pudo descubrir, y aceptar incondicionalmente, la fantasía de este gran director en su momento de gloria. Casi treinta años han pasado desde la realización del corto, treinta años en un mundo que ha cambiado rápida y constantemente, y en el que ahora hablar de la muerte y resurrección no es ya, en absoluto, tabú para niños incluso de cuatro años. De hecho, en esta edición del Festival, sección Sitges Family,  hemos visto ya otro claro ejemplo, El alucinante mundo de Norman, en el que aparece el espectro de una abuela viviendo con la familia, además de zombies varios. En resumen: la película de Tim Burton nos llega ahora en un contexto mucho más adecuado, en el que no permitiríamos que una joyita así se quedase en un cajón. ¿Visionario, entonces, el Sr. Burton? Posiblemente. O quizá, menos glamuroso, es pensar que el ser humano ha perdido ya todo ápice de inocencia, y puede recrearse, y divertirse, con películas dirigidas a un público infantil en las que la muerte está a a orden del día. Franca realidad frente a sobreprotección (y mentira) sobre la verdad del universo. Los padres, ahora, lo tienen más fácil… o no.

Frankenweenie

La historia del perro resucitado está, como todos saben o intuyen, basada en la novela de Mary Shelley Frankesntein o el moderno Prometeo. Y es aquí ya donde nos topamos de lleno con el problema de Frankenweenie. No por la película en sí, que es magnífica en varios sentidos, sino por su argumento. Porque tanto el corto como su revisión en formato largometraje recrean los pasajes míticos de la novela, desde la búsqueda del cadáver hasta el momento cumbre en el molino de viento. El perro/monstruo pasa de ser protegido a convertirse en un proscrito.

A estas alturas todos saben, también, que la famosa Eduardo Manostijeras (1990) está basada en el mito de Frankenstein. De hecho, es la evolución de su gran idea de recrear la famosa novela de Shelley en la gran pantalla. Y aquí encontramos seguarmente la inmerecida descalificación de Frankenwennie: todas las secuencias nos trasladan no a pensar en Frankenstein sino en Eduardo, un monstruo era creado y resguardado del mundo, luego expuesto como un juguete de feria para finalmente querer ser destruido.

Así que la pregunta básica es: ¿Es que Tim Burton no puede evolucionar para tener éxito? Alcanzar la fama con una idea tan sorprendente no implica poder vivir de ella para siempre. Si bien en esta revisión son innegables las referencias cinéfilas que los adultos encontramos deliciosas, la falta de imaginación descompensa una balanza a la que no le podemos conceder en ningún momento el equilibrio final. Ahora bien… ¿es este un problema válido para todas las generaciones? Por supuesto que no. Los más niños, incluso adolescentes, la disfrutarán sobremanera, y por primera vez. Eso sí, no será tan sorprendente como lo pudo ser hace treinta años. Básicamente porque los niños, como decíamos inicialmente, están curados de espantos. Quizá la situación descrita de malestar frente al film sea aplicable exclusivamente a una generación cuyos presentantes hemos bebido el cine de Burton con sus estrenos ya en las salas de cine, y no revisando películas antiguas del director.

Frankenweenie es entretenida para los más jóvenes, aunque no será su película de animación de referencia, ni mucho menos. Para los adultos amantes del director, se le acabará atragantando tanta repetición. Y para los que no saben que esta revisión del corto es, de hecho, más que innecesaria (los – por otro lado, pocos – minutos con los que se alarga el film son absolutamente prescindibles), no podemos hacer mejor regalo que incluir el enlace al original. Disfrútenla, y luego hagan sus comparaciones.

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