Lo imposible, El alucinante mundo de Norman, La cabaña en el bosque y Un amigo para Frank

Por Arantxa Acosta

Lo imposible (España, 2012). Director: J.A. Bayona. Sesiones Especiales.

El alucinante mundo de Norman (EUA, 2012). Director: Sam Fell, Chris Butler. Sitges Family.

La cabaña en el bosque (The Cabin in the woods, EUA, 2012). Director: Drew Goddard. Sección Oficial Fantàstic Gales.

Un amigo para Frank (Robot&Frank, EUA, 2011). Director: Jake Schreier. Sección Oficial Competición.

Empezamos el domingo con la esperadísima nueva película de Bayona, presentada ya en el Festival de San Sebastián y que aquí, al menos, tenemos el placer de contar con la presentación por parte del director. Y es que es de agradecer dado lo internacional de la película española (tanto, que hasta el nombre de la familia se ha “americanizado”. Pero no nos avancemos).

Reconozco que no soy fan del cine de Bayona. Lo digo para que a nadie le sorprenda que Lo imposible, a mi entender, es una clara demostración de lo que es y seguramente acabe siendo la carrera de este director: plagada de blockbusters y hypes cuya trascendencia en nuestras mentes podrá superar alguna semana, y poco más. En cualquier caso, este su segundo largometraje nos llamaba la curiosidad, y no por el morbo de estar basado en una trágica historia real, sino porque  era necesario saber cómo se había traducido la (¿exagerada?) financiación que ha obtenido para rodarlo.

La película tiene tantos aciertos como decepciones. Por un lado, nadie podrá negar que los primeros veinte minutos son espectaculares. Por cómo nos presenta a la familia, por cómo les sorprende la catástrofe. Por cómo una simple pelota roja puede representar peligro y felicidad. Bayona ha sabido rodar a la perfección la definición de “destrucción repentina de un mundo idílico”, y es que evita cualquier “preparativo” o presagio inicial, que a su vez sería irreal, para golpearnos, igual que a los protagonistas, con una ola de efectivo miedo, y congoja. La destrucción, física y mental, les/te pilla por sorpresa. Bayona invierte gran parte de su presupuesto en la creación de una atmósfera de terror precisa y casi indescripctible (nada que ver, por supuesto, con el tsunami de Aftershock). A partir de aquí, el director se centra en desarrollar la que sin duda fue la más dura de las dos historias: la búsqueda de un refugio por parte de la madre y su hijo mayor.

Y es entonces cuando empezamos con los problemas. Dos, para ser concretos. El primero es cambiar casi radicalmente el tono de angustia por el melodrama tv-moviero.  Aún estando basada en hechos reales, y sintiendo el dolor que puede tener la familia, Bayona se emperra en hacer de Lo imposible un drama familiar al uso (léase: de lágrima fácil), cuando el atroz material que maneja, por sí mismo, es más que condundente. Entramos de este modo es una espiral autodestructiva del film, que, para más inri, se autoinmola con una banda sonora que, inicialmente, en los planos delmar en calma, se inspira demasiado en las cuatro notas básicas de Tiburón, para luego edulcorarse hasta niveles insufribles. Ni una cosa, ni la otra, por favor. De hecho, sin música extradiegética, hubiese ganado muchísimo.

El segundo problema es olvidarse de profundizar en algunso personajes, y, en concreto, el que más indigna es el del niño rubito que salva la madre. Se entiende que le perdieran en medio del caos, pero esa “limpieza de conciencia” que tiene la familia sólo porque le ven con su padre en un hospital está muy mal representada. Pero bueno, en cualquier caso, los amantes del cine de catástrofes naturales y de películas de sofá, mantita y café están de enhorabuena.

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Lo imposible

El día mejora con El alucinante mundo de Norman, película familiar rodada en stop-motion que sorprende principalmente por poner al alcance de los más pequeños los temas que más preocupan a los mayores, aunque sólo sea porque están de moda: la muerte, el bullying, la homosexualidad, los zombies… ese tipo de cosas.

Chris Butler (que firma también el guión), conocido por la dirección artística de películas como Los mundos de Coraline (Henry Selick, 2009) o La novia cadáver (Tim Burton, 2005), ha sabido tomar estos elementos y presentarlos,  desde una entrañable – y gamberra – perspectiva, de forma muy natural. Tanto, que estoy convencida algunas escenas o frases de guión nos han sorprendido más a los adultos que a los niños de la sala. Al fin y al cabo, los tiempos cambian, quedando totalmente reflejado a través de sus personajes, o de pequeñas sutilezas: la incomprensión de unos padres que aparecen tan poco como el caso que le hacen al niño, la abuela muerta como representación de la familia moderna, que depende totalmente del apoyo de la tercera edad para criar a los bebés (la abuela no puede pasar a mejor vida parea cuidar de su nieto – tela), o el cachas sin ningún tipo de interés por la chica. Así que aunque por todo lo demás se trate un argumento que se nos antoja refrito de cuentos y películas varias, que nos recuerde a Dinosaurios (Michael Jabos, 1991-94), pero sobre todo a Adventure Time (Pendleton Ward, 2010-), hacen de esta película una acertada combinación.

ParaNorman-2012

El alucinante mundo de Norman

Pero vamos a por el plato fuerte del día, y del Festival: The Cabin in the Woods. ¡Ah! Cómo echaba de menos un guión tan sorprendente como irreverente. Tan redondo como el de la mayoría de capítulos de Buffy Cazavampiros o Ángel.

Sarcasmo puro, e hiriente, que pasa tan deprisa camuflado entre los frases de guión que no te da tiempo a asimilarlo . En Los Vengadores ya decíamos que se notaba la mano de Joss Whedon. Aquí, por supuesto, no podía ser menos.

Porque el guionista encuentra una magnífica forma de reírse del clásico cine de terror adolescente. Es capaz de desgranar uno a uno todos los tópicos, llevando al espectador a un terreno que pensaba desconocido, y abriéndole los ojos para que se dé cuenta de que, desde hace décadas, no hay innovación que valga. Los protagonistas siempre seguirán el mismo patrón: necesitamos a un putón, que muere al inicio siempre; al cachas con beca de deporte (desternillante el momento en que Chris Hemsworth – que parece ya asiduo de Whedon, como una siempre efectiva Amy Acker que aquí tendrá un pequeño papel – sale de la furgoneta para poner gasolina con un balón de fútbol americano en la mano); al intelectual y a la mojigata. Y, como no podía ser menos, al graciosillo, que Whedon explota magníficamente para demostrar lo ridículo de la situación. Pero lo mejor es cómo nos descoloca, cómo entremezcla las imágenes de una típica película de terror con la trama principal,  la gran preocupación de Whedon desde hace años: la destrucción del mundo (para fans de Buffy o Ángel esto no es una sorpresa: se enfrentaban a ello en cada capítulo). Bueno, quizá esta no sea la trama principal. Quizá sea sólo la excusa para hablar de la necesidad de ayudar a los adolescentes a despertar, a revelarse en contra del sistema establecido, un sistema que no ha cambiado desde hace siglos. A no darse por rendidos y poner su granito de arena para modificar el curso de los acontecimientos. O eso, o es una reivindicación encubierta a favor de la legalización de las drogas. En cualquier caso, se nota que Hollywood trata bien a Whedon: tenemos a monstruos tan imaginativos como los de los noventa… pero con presupuesto. Un gran presupuesto. Y es una verdadera gozada. Imprescindible.

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The Cabin in the Woods

Y para rematar un día notable, qué mejor que una entrañable distopía. Un film de obligado visionado, este Un amigo para Frank.

El film nos narra la historia de un anciano con indicios de demencia senil, cuyo hijo, para no tener que visitarle cada semana, le compra un robot que le ayude en las tareas domésticas. Finalmente, y como era de esperar, le devolverá la ilúsión de vivir cuando se da cuenta de que puede ayudarle a robar, su “empleo” de cuando era joven. Explicado así, parece una simple tragicomedia, bastante irrelevante. Pero no lo es en absoluto.

Y es que se tratan varios temas cuya seriedad (y actual desprecio) debería estar al orden del día. Podemos hablar del futuro de nuestros ancianos, a los que si no les ayudamos perderán, com ya lo hacen ahora, las ganas de vivir. No es tarea fácil que alguien de más de setenta años sea capaz de comprender y, peor aún, adaptarse, a los pasos agigantados que da la tecnología… y el excesivo pero ya necesario uso que hacemos de ella. Podemos ver también una alusión a la necesidad de crear y mantener los vínculos familiares, y afectivos. A no dejar de lado a los nuestros. Podemos, además, darnos cuenta de la importancia que tienen nuestros recuerdos, nuestras vivencias. Esas imágenes las conservamos sólo nosotros, con nuestros recuerdos. Así que debe ser terrible saber que los vas a perder, por culpa de una enfermedad. Por eso Frank se siente incapaz de borrar la memoria de su robot: desconectarle, borrarle, es hacerle pasar por lo que él mismo está pasando. Perder la memoria es perder nuestro valor más preciado.

Me encanta cómo el director ha sabido plasmar el cambio de opinión de los humanos, y en especial del viejo Frank (interpretado por Frank Langella), acerca de los robots. Frank y él son el Don Quijote del libro que roban: Frank, un viejo loco que quiere acabar sus días disfrutando de sus hazañas pasadas; el robot, fiel Sancho Panza que seguirá a cualquier parte a su amo, por mucho que se cuestione si éste está en sus cabales (inevitable además caer en la cuenta de cómo se explota la inocencia del robot por parte de sus amos, cual, literalmente en alguna escena, Eduardo Manostijeras – Tim Burton, 1990). Una amistad que está por encima de la identificación hombre – humano, ya qu ese da pro hecho que si pueden hacer actividdaes juntos, pueden comprenderse y estimarse mutamente.  Un gran momento también lo encontramos cuando Frank y su acompañante en una fiesta les dicen a dos robots que mantengan una conversación: les consideran tan parte del su día a día que no pueden entender que, al fin y al cabo, son máquinas. Un amigo para Frank es, entonces, una distopía tan cercana que casi asusta… pero está claro que, definitivamente, estamos a un paso de ella. No hay más que quedarse a ver los créditos finales.

Lo profundo del tema se traduce en una forma de rodar muy sencilla, ya sea por tratarse de una opera prima o por haberlo hecho intencionadamente. En cualquier caso, la película no necesita más: buena historia y buenas interpretaciones, por parte de un compendio de secundarios de lujo (desde el propio Langella hasta Jeremy Sisto, pasando por una ya entrada en años Susan Sarandon o un – parece – caído en desgracia, incomprensiblemente, James Marsden), que no dejará a nadie insatisfecho. Si no llega a nuestras salas comerciales, habrá (recomendación) que tirar de Amazon sí o sí.

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Un amigo para Frank

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Comentarios sobre este artículo

  1. [...] nuestra propia relación con el género. No nos sirve como indicador el entusiasmo que nos genere Cabin in the Woods. Ni tan siquiera Insidious, porque ellas conllevan una dialéctica de la interrogación dentro y, [...]

  2. [...] Llegamos ya al jueves, y no nos es difícil enfrentar dos películas siniestras, aunque cada una a su manera. Porque si bien era más que evidente que la norteamericana Sinister nos va a “deleitar” con algún oscuro secreto, no nos esperábamos, en absoluto, que el verdadero relato de terror del día lo encontrásemos en la española Invasor. Toda una joyita que desde aquí defendemos como lo que puede ser una de las mejores del cine patrio que hemos visto en mucho tiempo en el Festival (y con esta afirmación, por supuesto, estamos incluyendo también en el saco a Lo imposible). [...]

  3. [...] Sitges 2012. 07-10-2012. Lo Imposible, El alucinante mundo de Norman, The Cabin in the woods y Robot… [...]

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