All Good Things, Perfect Sense y Un hombre bastante bueno

Atlantida Film Fest 2013: No man is stronger than his people Por Fernando Solla

“Me gustaría que me dijeras cómo

hace uno para saber cuál es su lugar…”Gaston Batyi en Un lugar en el mundo (Adolfo Aristarain, 1992)

All Good Things. Director: Andrew Jarecki, EUA, 2010.

Perfect Sense. Director: David Mackenzie, Reino Unido, 2011

Un hombre bastante bueno (A Somewhat Gentle Man aka En ganske snill mann). Director: Hans Petter Moland, Noruega 2010

-All Good Things-

Inusitadamente ignorada dentro de los circuitos comerciales, teniendo en cuenta la repercusión entre la crítica que consiguió Capturing the Friedmans (2003), más que destacable documental y previa película de Jarecki y, sobretodo, la presencia de Ryan Gosling y Kirsten Dunst como pareja protagonista, el Atlántida Film Fest nos brinda la oportunidad de visionar, al fin, All Good Things. Y la verdad es que, una vez vista, y más allá de la curiosidad que pueda despertar entre la comunidad cinéfila la combinación de los nombres involucrados, la película no tiene demasiado interés. El realizador intenta, sin éxito, llamar nuestra atención sobre el caso real de la investigación a la que se sometió a David Marks (Gosling), entre 1971 y 2003, tras la desaparición de su esposa Katie (Dunst). En esta ocasión, el no querer abandonar la realidad incluso dentro de la ficción, le juega a Jarecki una mala pasada. Contrariamente a lo que demostró en su logrado documental, la etiqueta de basado en hechos reales no asegura por sí sola la trascendencia cinematográfica ni la verosimilitud del contenido filmado, ni siquiera resulta un escudo bajo el que excusar la inconsistencia del material que nos traemos entre manos.

Es loable el intento de hibridación genérica pero, en este caso, el resultado es, igualmente, tibio. Cine de denuncia política, antisistema, drama, misterio, romance… para finalmente no conseguir más que indiferencia, disipación de la atención y, durante parte del metraje, aburrimiento como respuesta del espectador. En el terreno íntimo, All Good Things nos muestra escenas muy aisladas de la vida de un matrimonio cuando lo que realmente querríamos ver es el proceso que lleva a los personajes de una situación a la siguiente y su recorrido y evolución anímica y sentimental, desaprovechando el talento más que demostrado de Gosling (muy flojito en esta ocasión) y Dunst, que a pesar del endeble material que se trae entre manos consigue, ella sí, superar lo arquetípico de su personaje y brindarnos una notable interpretación. A destacar, en este campo, la presencia en papeles secundarios de actores de lujo como Frank Langella y Philip Baker Hall. Por último, insuficientemente desarrollada la interesante vertiente social y antropológica que intenta mostrar la evolución de la calle 42 de Nueva York y la corrupción política, judicial y empresarial del poder dominante, y demasiado común y por momentos ridículo (¿qué narices lleva al protagonista a travestirse al más puro estilo Norman Bates?) también, el retrato de ese lobo con piel de cordero y sus reflexiones sobre el grupo, el clan familiar, etc., puntos en común de una filmografía, la de Jarecki, que esperamos que a partir de ahora aporte títulos mucho más interesantes.

All Good Things

All Good Things

-Perfect Sense -

Hablando de propuestas interesantes, aquí tenemos un buen ejemplo. Perfect Sense, nueva colaboración de David Mackenzie con Ewan McGregor tras Young Adam (2003) ofrece, como ya hacía el título precedente, varios estímulos que transforman la película en un producto mucho más atractivo de lo que pueda parecer a primera vista. Excelente muestra, esta vez sí, de hibridación genérica: cine apocalíptico y drama romántico, cine culinario y de investigación clínica, mezcla de crónica documental y ficción hiperbolizada… Perturbador y apasionante esquema narrativo y espectacular creación de atmósferas opresivas (quizá demasiado presente la banda sonora). Creación de un discurso propio y coherente con unas ideas que se transmiten a través de imágenes y de un montaje más que notable, y no a través del discurso moralizador. Desnudez física y emocional tanto de los actores como del realizador, que no tiene miedo en rozar lo ridículo, consiguiendo, precisamente por esa valentía, superarlo y emocionarnos empáticamente tanto con los sentimientos como con la situación (a medida que avanza el metraje cada vez menos insólita y por ello más aterradora) que viven los protagonistas. “Hay oscuridad y hay luz…” oímos a través de la voz en off de Eva Green mientras contemplamos imágenes (en teoría sin ningún tipo de conexión entre sí) de gente trabajando, conduciendo, enferma o en su hogar en el Primer y el Tercer Mundo. Como decíamos, lejos de abogar por un discurso adoctrinador, Mackenzie sabe que es mucho más efectivo apelar directamente a la emoción del espectador y se propone, consiguiéndolo casi siempre, mostrar una situación en la que todos seremos iguales: la desigualdad provocada por el apocalipsis sensorial. Sí, el ocaso de los sentidos. Michael (McGregor), cocinero de un restaurante de cierto nivel, y Susan (Green), epidemióloga abrumada por la muerte y la miseria que se extienden a su alrededor, se conocen, se atraen, se gustan… Ambos arrastran taras provocadas por relaciones pasadas. Mientras tanto, empieza a extenderse una extraña epidemia que no tardará en llegar a Glasgow: antes las dudas que nos plantea el sentido de la vida la población mundial empieza a perder el olfato. Degradación progresiva que seguirá con un ataque de terror y un momento de hambre extrema que nos hará perder el gusto para, a continuación, invadirnos la ira, la furia y el odio y padecer un ataque de sordera total… Así progresivamente. A medida que los protagonistas pierden los sentidos, Mackenzie consigue emocionar más y más al espectador, gracias también a unas cómplices y maravillosas interpretaciones de Eva Green y, sobretodo, Ewan McGregor, que consigue momentos realmente sublimes, encarnando a ese cocinero sin olfato ni gusto. Apoteósico (y apocalíptico) final, realmente tremendo y descorazonador y, a pesar de todo, optimista, ya que, de nuevo en palabras de Green, “así es como la oscuridad se apodera del mundo (…), pero, primero, los momentos brillantes”). No se la pierdan.

Perfect Sense

Perfect Sense

-Un hombre bastante bueno- 

Y para terminar, muestra de cine noruego contemporáneo que vence la gélida sensación térmica que provoca contemplar sus paisajes con un largometraje cálido y cercano, sobretodo en la creación de sus personajes, que a pesar de intentar combinar sin demasiado éxito elementos del cine de gangsters, con drama introspectivo, cierta denuncia social y momentos cómicos, respuesta autóctona al humor de los hermanos Coen en general, y a la divertidísima Quemar después de leer (Burn After Reading, 2008), en particular, sí que nos atrapa y consigue secuencias notables y que bien merecen un visionado amable y curioso, cuyo resultado es moderadamente satisfactorio. A Somewhat Gentle Man nos cuenta la historia de Ulrik (Stellan Skarsgård), mecánico que tras pasar doce años en prisión por asesinar al amante de su mujer, intentará recuperar el afecto de su desarraigado núcleo familiar, a la vez que comprobará que la reinserción social no es del todo compatible con las ansias de venganza (impuestas por sus antiguos compañeros de profesión) ni con su condición, a pesar de todo, de gentil y galán caballero. Desde el primer momento, el realizador Hans Petter Moland, del que aún recordamos con cariño el viaje a Groenlandia titulado Zero Kelvin (Kjaerlighetens kjotere, 1995), antepone el punto de vista de Ulrik como narrador entre auto y homodiegético, ya que vive la historia desde dentro y, a la vez, es protagonista (casi siempre) de la misma. Hacía tiempo que no veíamos a un actor que aguantara tan bien los primeros planos como Stellan Skarsgård, del que destacamos la comicidad que transmite con esa mirada de perplejidad constante ante el entorno que le rodea. ¿Puede ser que el mundo haya cambiado tanto en doce años? Ya no se puede fumar en las cafeterías, las mujeres que hasta hace poco abogaban por su emancipación y autonomía se bajan las bragas (literalmente, aquí no hay lencería fina) por un poco de sexo (gentil, eso sí), dominando a un hombre que se ha acostumbrado tanto a obedecer, que no sabe decir que no, los gangsters se han convertido en una caricatura de sí mismos (genial la metáfora del coche de lujo que terminará convertido en un montón de chatarra)… Sin duda, esa perplejidad y las interpretaciones de Skarsgård y de la totalidad del elenco femenino (Jorunn Kjellsby y Jannike Kruse se llevan la palma) configuran lo mejor de un largometraje que, lamentablemente, no corre la misma suerte en el enfoque de las relaciones padre-hijo-nieto (demasiado tópicas y abusivas de los lugares comunes) y que se muestra bastante ridículo (más que gracioso) en la pretendida sátira a costa del “gremio” gangsteril. Si no asusta enfrentarse a una película en noruego con subtítulos en inglés (así la presenta el Atlántida Film Fest), A Somewhat Gentle Man es una buena opción para todos aquellos que consideramos que el entretenimiento cinematográfico no es sinónimo de la subnormalidad emocional con la que nos acribillan muchas de las propuestas que copan nuestra cartelera.

Stellan Skarsgård

Un hombre bastante bueno

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