The boy eating the bird’s food

La debilidad Por Christian G. Carlos

“Fried food is my weakness”Gwyneth Paltrow, 2010

¿Qué debilidades tiene usted? ¿A quién se las ha contado? ¿Me las contaría a mí? Yo, desde luego, a usted no se las voy a contar. No conozco a nadie que sea capaz de contarlas, a no ser que lo haga de manera frívola o para excusarse de alguna falta y, generalmente, no será su auténtica debilidad. Porque la auténtica debilidad nos avergüenza. Ya que ahora nos iremos al segundo párrafo  a hablar del (no)-papel de las naciones, un ejemplo reciente de debilidad utilizada para el discurso es la que vemos en Argo (Ben Affleck, 2012) a propósito del mérito que se lleva Canadá: “somos la CIA, os hicimos creer que éramos vulnerables, pero para esconder que  en realidad somos la hostia”.  Esa debilidad discursiva, de la que se espera sacar rédito o rédito al cuadrado, está muy lejos de la weakness que muestra Ektoras Lygizos en su opera prima y que tanto resaltó en su Q&A en Toronto.

Porque vamos a dejarlo claro desde ya: The boy eating the bird’s food no habla sobre la crisis griega.

Por lo menos, no sobre la económica. Es oportuno que aquellos que la vieron o vayan a verla con Lanthimos y Makridis en la cabeza, separen lo que se está denominado nuevo cine griego de lo que es este film. Cierto que comparten aspectos formales y estéticos: bajo presupuesto resuelto con un corto reparto y cámara en mano, que traducen en planos caprichosos y cortados sin ningún reparo.  Sin embargo, Ektoras utiliza todas estas formas para un fin completamente distinto. No quiere que te rías de las situaciones absurdas. ¿Quiere entonces un drama? Tendríamos que decir que tampoco, porque evita tocar temas genéricos del drama como Yannis evita pisar el abuelo: sin mirarlos aunque estén ahí.

The boy eating the bird's food

Lo que quiere es mostrarnos a Yannis Papadopoulos en The boy eating the bird’s food. Yannis es un contratenor de bella voz que vive en Grecia. Defendíamos  que la película nada tenía que ver con la crisis económica griega, pero no sólo se sitúa claramente en ese país con la lengua utilizada y el uso tan remarcado de la toalla con la bandera helena, sino que además el proyecto operístico del que se queda fuera y le deja sin trabajo es cantado en alemán. Todo eso sucede en los primeros minutos de la cinta, disparando las alarmas de quien quiera buscar metáforas y dobles discursos. La tentación es grande, pero resístanla: no es el primer joven que se queda sin trabajo en una película. Ni siquiera es el primer joven con una gran preparación o talento que se queda fuera del mundo laboral. Nos viene a la cabeza Tae-suk, el protagonista de Hierro 3 (Bin-jip, Kim Ki-Duk, 2004).

La comparación es posible tanto entre los protagonistas como en cierta estética. La coreana y la griega comparten el uso de la cámara en mano, la primera en momentos puntuales y la segunda a lo largo de toda la cinta. Donde no hay comparación posible es en el mensaje que se quiere transmitir: Ki-Duk ideaba un joven protagonista con gran talento académico que decide vivir aislado de un sistema que no necesita.

Por el contrario, Lygizos en The boy eating the bird’s food idea un joven de gran talento artístico que se queda fuera del sistema, aislado a la fuerza porque nadie le necesita.

Así, si al final de Hierro 3 se nos decía que es difícil decir saber si el mundo en el que vivimos es realidad o sueño -utilizando la ensoñación como vía para no buscar justificación a las inverosimilitudes poéticas-, en The boy eating the bird’s food no hay duda: es realidad.

boyeatingbird

Y es a partir de esta comparativa que encontramos la respuesta que dejamos a medias. Si Ektoras no quiere hacerte reír ni mostrarte un drama, ¿qué quiere? Mostrarte la verdad. La misma sucia verdad que Diógenes o Bukowski, dos de los grandes masturbadores que ha dejado la historia. Porque sí, porque esta película también es aquella en la que sale un tío masturbándose. Probablemente muchos lleguen a ella por ese momento. No es ni más ni menos importante que el resto de escenas, es como cualquier otra, una pieza más de la descripción que Ektoras hace de la debilidad. De la auténtica, de la que hay que esconder y muy pocos muestran.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] (nos interesemos más o menos por/con él) prácticamente todos. El griego no tanto. Lo vimos con The Boy Eating the Bird’s Food (Ektoras Lygizos, 2012) y, ahora con Dos, de Stathis Athanasiou. Quizá lo más fascinante de esta […]

  2. […] Boy Eating the Bird’s Food […]

  3. […] medida que avanza la película. Y el desastre en el que vive la protagonista recordará al chico de Boy Eating the Bird’s Food (To agori troei to fagito tou pouliou, Ektoras Lygizos, 2012) cuando no tenga nada que llevarse a […]

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