Diego Star y Sleepless Knights

D'A 2013: Fórmulas. Por Manu Argüelles

Diego Star. Director: Frédérick Pelletier. Canadá-Bélgica, 2013. Realitats

Sleepless Knights. Director: Stefan Butzmühlen, Cristina Diz. Alemania, 2012. Talents

Un festival, si la programación está bien constituida y balanceada, permite fácilmente establecer conexiones e intersecciones entre los films que se muestran. El vector asociativo será fundamental para poder moldear una reflexión global sobre el conjunto de largometrajes que pueden visionarse, y de aquí pueden extraerse síntomas y consideraciones sobre el panorama cinematográfico actual. Diego Star y Sleepless Knights se construyen en torno al encuentro de dos personajes como sustancia vital del engranaje fílmico. Diego Star, traída desde el Festival de Rotterdam, es el nombre de un barco que debe permanecer detenido más tiempo del previsto en una zona de la Canadá más nevada, debido a una avería de la que se culpabiliza a nuestro protagonista, un africano que trabaja en la embarcación sin regulación contractual y en unas condiciones laborales ínfimas. Una madre soltera que vive en el lugar alojará al protagonista para poder ganarse un dinero extra que le permita aliviar su apurada situación económica. Sleepless Knights, vista en la pasada edición de San Sebastián y Berlín, arranca con la llegada de un guardia civil, Juan, destinado a un remoto pueblo rural. Allí vivirá una secreta historia de amor con Carlos, de vuelta a su pueblo natal para cuidar de su enfermo padre.

Como vemos, ambos se ambientan en un entorno del extrarradio (Diego Star en un indeterminado pueblo portuario canadiense, Sleepless Knights en una indefinida localidad rural de Extremadura) y se alejan de la predominante ambientación urbana de los films que habitualmente circulan entre nosotros. La ubicación geográfica y cómo se define a partir de las vivencias de los personajes delimita una recurrencia de aquel cine que transita por festivales y que quiere distanciarse de los patrones mayoritarios, sin que ello sea óbice para que recurra a convenciones y patrones también establecidos por el cine menos comercial.

En Diego Star ni siquiera podemos hacernos una idea de la fisionomía urbanística del pueblo donde vive la protagonista, porque la nieve como absoluto elemento natural encubre cualquier vestigio de civilización.

Como lugar de paso del personaje principal, el espacio en Diego Star sólo sirve como clima anímico del progresivo proceso de aislamiento y desquiciamiento que acabará sufriendo el personaje.

Es, por tanto, un uso de aplicación psicológica, antes que una utilización paisajística y sensorial. La conexión de los dos personajes principales se produce desde una similar situación de alienación, cada uno de ellos por motivos diferentes. La protagonista ya está desconectada de su entorno por su condición de madre soltera. Sobre ella recae el peso de la moral, precoz madre que mantiene tensas relaciones con la suya propia. Sobre él recae el peso de la injusticia social. Los dos son personajes desarraigados y en esa zona común construyen su espacio de amistad, frágil territorio con lazos débiles, dado que ambos están absorbidos por sus propias luchas personales. Ella, la lucha con sus demonios internos, el balanceo entre la responsabilidad respecto a su hijo y el querer vivir una juventud que le ha sido robada. Él trata de mantener su dignidad y su integridad frente a la compañía que aplica un trato vejatorio con sus trabajadores explotados.

Diego Star

Diego Star

Sleepless Knights rehúye las zonas de conflictos y la disección interior de sus personajes, dado que no existe trama como tal. En su caso, el film se ensimisma en la descripción física del entorno, porque lo que quiere aprehender es el tiempo de un lugar, alejado de las ebulliciones sociales. El film funciona perfectamente en esa captación más abstracta, porque en mi caso me hizo conectar con la experiencia de contraste que suponía pasar el verano en un remoto pueblo de Granada en mis años de infancia y adolescencia, mientras mi vida ordinaria acontecía en la zona urbana. Recuerdo pasar la noche entre el monocorde terreno de olivos, mirar hacia arriba, y que me produjese auténtico vértigo la contemplación de un inmenso cielo estrellado que amenazaba con devorarme. Esa sensación de pavor se mezclaba con una profunda percepción de estar más conectado conmigo mismo que nunca. El film apunta a eso, a esas áreas alejadas del mundanal ruido que son como otras realidades alternativas, donde el reloj marca las horas a otro ritmo, donde los personajes también están en una situación de tránsito, siluetas entre la geografía y agazapados en su furtiva historia de amor. Es un film que se construye en la belleza del silencio, en la recuperación romántica del folclore, en la idealización del campo como vestigio espiritual frente al ritmo de la ciudad. Largas secuencias de contemplación, personajes que parecen estatuas colocadas en un territorio, también viven fuera del entorno que habitan porque están abstraídos en el recogimiento existencial de su propio ser. Juan y la presumible conflictiva conciliación de su homosexualidad en un cuerpo policial como el de La Guardia Civil. Carlos, sin trabajo, en un momento de incertezas sobre su vida, al cuidado de su padre, de vuelta a su pueblo donde ya no lo siente con propio, mientras aplaza la determinación de tomar decisiones sobre su vida.  Todo está intuido, fraguado a través de lo no dicho, del campo vacío, de la sugerencia y lo sigiloso. La presunta aridez de la propuesta se resta con momentos humorísticos de los lugareños ataviados con armaduras medievales, mientras que los personajes más que personas son figuras, símbolos de un estado de ánimo en suspensión.

Diego Star apunta a los timbres de los dramas sociales, con rasgos de denuncia, todo lo que acontece en el barco, y acento en el intimismo, la relación entre el inimigrante y la chica. Sleepless Knights alude a la descripción del costumbrismo rural en ambientes en extinción. En este caso no pesa sobre este clima la recurrida amenaza de desaparición y el consiguiente lamento por la inminente pérdida, como suele ocurrir en cinematografías orientales más minoritarias como la tailandesa, o en cierto cine latinoamericano. Trabaja sobre las coordenadas del cine que medita. Los estilemas que maneja, el impreciso diseño de los personajes, los planos, su movilidad y duración, recuerdan a ese cine que prefiere huir de lo concreto, trascender, en cierta forma, a través de la mirada sobre la naturaleza y dejar amplio margen para que el espectador imagine y evoque.

Diego Star y Sleepless Knights exploran tendencias ya plenamente consolidadas entre el cine menos covencional. Las aplican con pulcra profesionalidad pero mesuran el riesgo. Los largometrajes se acotan en el control de estas variables arriba reseñadas para que ellas no resulten incómodas e irritantes. En consecuencia, prefieren asentar al espectador en una familiaridad, en pareja equidistancia a cómo funciona un film de género con la escritura de sus constantes arquetípicas. Para aquel que ya está “educado” en este tipo de aproximaciones,  entrará en una zona de confort, con sus ventajas e inconvenientes. Si buscan riesgo e innovación o que los films les movilicen algún tipo de reacción apasionada, me temo que no lo encontrarán en unas películas que buscan la discreción y las justas ambiciones. Como tal merecen calibrarlas y valorarlas.

sleepless-knights_2012

Sleepless Knights

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