L’arbitro, Italian Movies y La gran belleza

Por Jose Cabello

L’arbitro (Italia, 2013). Director: Paolo Zucca

Italian Movies (Italia, 2012). Director: Matteo Pellegrini

La gran belleza (La grande bellezza, Italia, 2013). Director: Paolo Sorrentino

L’arbitro, una comedia de humor negro, género ya tanteado anteriormente en el formato del cortometraje y con el que obtuvo el David di Donatello en 2009. El punto de partida se establece en la mirada de un árbitro de fútbol en la Cerdeña profunda, un personaje ansioso por abandonar la liga humilde en la que trabaja para participar en un encuentro que, según él, supondrá el espaldarazo definitivo a una categoría profesional de mayor prestigio. Pero sutilmente, el universo primigenio del árbitro se abandona en pro del recorrido de otros senderos, dividiendo así el peso cómico de la trama en otras figuras que también viven en el pueblo y, que en cierta manera, quedan influidas por la mala toma de decisiones del protagonista.

El estilo de vida sureño se caricaturiza burlándose de los tópicos más recurrentes que sirvieron al propio cine italiano de otra época. La obra marca un paralelismo con la novela Volevo i pantaloni (Lara Cardella, 1989) utilizando ambas la sátira como arma de defensa en un territorio hostil donde las barreras mentales, además de las condiciones socioculturales, puntean el desconcierto de la protagonista, Anna, una chica siciliana que ni entiende ni comparte el status quo hombre-mujer latente en su ciudad. Desde la inocencia de la infancia y jugando con la ignorancia de las rígidas leyes no escritas pero sí impuestas, Anna arremete contra los cánones establecidos dejando en tela de juicio lo imbécil de muchas de las convicciones sociales. Igual método emplea L’arbitro cuando, aprovechando el ambiente futbolero representado con la solemnidad de una procesión de Semana Santa, se mofa de los lugares comunes de este deporte.

l'arbitro

L’arbitro

Tras L’arbitro, se proyectó el segundo largometraje del día, Italian movies de Matteo Pellegrini, también en tono de comedia. Sin embargo, lejos de aportar aire fresco, se recicla una comedia al uso que para arrancar la risa del espectador utiliza el señuelo del buenrollismo propagado en cada plano del film. Y para maquinar un plan tan tramposo, nada resulta más efectivo que colocar peones – inmigrantes de una empresa de limpieza – frente al rey del tablero – el jefe del local donde limpian. Provocar el conflicto de intereses no resultará difícil cuando la necesidad de un dinero extra se vea resuelta robando unos equipos de vídeo propiedad de la productora donde trabajan. Con este negocio paralelo, dan voz a otros inmigrantes que carecen de medios telemáticos para enviar mensajes a sus familias. Colofón happy ending bañado en almíbar.

Italian Movies

Italian Movies

El penúltimo día, se cierra la muestra competitiva con el documental sobre la vida del mítico director italiano Federico Fellini, Che strano chiamarsi Federico! Un itinerario integrado tanto por imágenes de archivo como por dramatizaciones algo extravagantes que intentan reconstruir la carrera de Fellini desde su comienzo como dibujante hasta su etapa de madurez como cineasta. Che strano chiamarsi Federico! es una reconstrucción demasiado personal, ya que viene de la mano del director Ettore Scola quien compartió mucho tiempo al lado de Fellini, que sesga hitos importantes en la vida de Federico para recrearse en otros momentos de menor calado, como la recreación de la escena de La dolce vita en la Fontana di Trevi, pero de mayor belleza estética. Por otra parte, el documental regala pequeños secretos, solo conocidos por algunos de los compañeros de viaje, sobre el comportamiento taciturno derivado del insomnio característico de Fellini.

El jueves se cierra esta edición del Festival de Cine Italiano con el último film de Paolo Sorrentino La gran belleza, fuera de competición. Justo antes de la proyección tuvo lugar la entrega de premios. El palmarés fue el siguiente: el documental sobre la gran ola de albaneses llegados a Italia en un barco en 1991, Anija (la nave) se hacía con el Mejor Documental mientras que el Mejor Cortometraje recaía en 37º 4 S, título compuesto con los puntos geográficos de una pequeña isla en mitad del Océano Atlántico y habitada por 270 personas. El jurado compuesto por el crítico Carlos Reviriego, el director Miguel Ángel Barroso y la productora Nahikari Ipiña, obsequiaron con la Mención Especial a La prima legge di Newton, un cortometraje que narra el amor nunca declarado entre dos viejos amigos de la adolescencia que ahora viven su edad madura.

Intentar plasmar en unas líneas la esencia de La gran belleza resulta tan engreído como inadecuado. Paolo Sorrentino arranca el film con un viaje sobre las dos facetas de Roma: la noche y el día. Una ciudad símbolo del esplendoroso pasado del cine italiano. Una Roma dual, la monumental y la decadente, condenada a entenderse y a fusionarse provocando así una estela de sentimientos encontrados a su paso, ninguneando a sus habitantes cruelmente, al mismo tiempo que los arroja al caos, mientras la ciudad eterna permanece inmutable. El realizador italiano extirpa la celebración del sesenta cumpleaños de Jepp Gambardella, un vividor que se gana la vida como periodista. Usando esta coyuntura como pretexto elabora un retrato social real y vigente en un siglo dominado por la cultura postmodernista, donde la decadencia es el buque insignia del tiempo que toca vivir.

Sería fácil etiquetar La gran belleza bajo una reinterpretación de La dolce vita, afirmación cierta pero incompleta ya que  Sorrentino, al igual que Leos Carax con Holy Motors no quiere representar una serie de ideas. Su aspiración, nada insignificante, radica en dar cobijo a una filosofía de vida estableciendo, a su vez, un paralelismo crítico con la sociedad actual. No hay juicio más brillante que emplear una herramienta como la música para deconstruir el microuniverso en el que se pasea la camarilla del protagonista. A ritmo de reggaeton y petardeo, el film se adorna de canciones que invitan a adentrarse en un submundo tan estridente como excepcional, una fiesta continua que nada tiene que ver con la elegancia y el glamour de aquella pompa gigante conocida como El gran Gatsby.

La gran belleza

La gran belleza

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