El árbol de la muralla y Zaytoun

Festival de cine Judío 2013: el papel de la memoria. Por Arantxa Acosta

El árbol de la muralla. Director: Tomás Lipgot. Argentina, 2012. Documental

Zaytoun. Director: Eran Riklis. Israel, Reino Unido, Francia, 2012. Ficción

De forma directa la primera y muy sutil la segunda, las dos películas presentadas en esta sesión del festival nos increpan sobre una cuestión que debería ser básica: debemos saber para recordar. Debemos recordar para no caer en la repetición de la Historia.

“Sólo los historiadores pueden cambiar el pasado”. Entre risas, sí, pero el protagonista del film, un jovial superviviente de Auschwitz, ya lo ha dicho…

Y es que El árbol de la muralla está llena de frases impagables como esta pronunciadas por Jack Fuchs, que tras sus aparentemente pocas ganas de hablar de lo sucedido en este documental, intenta no defraudar al director envolviendo sus intervenciones con pequeñas enseñanzas de este tipo.

Porque si bien es cierto que Fuchs explicará algunas de sus vivencias de forma reactiva (gracias a las preguntas de su nieta, o al incluirse algunas tomas en escuelas cuándo el protagonista es invitado a dar alguna charla), en ningún momento hablará abiertamente de hechos concretos, ni detallará sus sentimientos o pensamientos durante aquellos días. No es que queramos ser morbosos, ni mucho menos, pero pocas oportunidades tenemos de oír de primera mano cuál fue la realidad vivida hace más de sesenta años… No obstante, y estando atentos, Fuchs señala tres aspectos fundamentales sobre la condición humana, aplicables, por supuesto, a cualquier período de la Historia.

El primero es la cuestión destructiva del ser humano. También entre risas, Fuchs sentencia que está en la naturaleza del hombre, con una frase (no es transcripción exacta) como “uno de los diez mandamientos es no matarás. Significa que la gente ya lo hacía antes. Si no, se hubiese escrito no volarás, o algo así”. El segundo, y esta vez sí hablará de su propio recuerdo, es la necesidad de sentirse persona. Fuchs menciona que cuando fue rescatado, se bañó, se puso un pijama limpio, y se dijo a sí mismo “ahora ya puedo morir en paz”. Y es que hasta ese momento, y desde hacía años, había sido tratado más como un animal que como un hombre. Ahora, después de haber sobrevivido a todas las atrocidades imaginables, es cuando se sintió preparado para abrazar la muerte… es imposible que una profunda amargura no nos recorra el cuerpo al oír estas palabras.

Por último, quizá el más evidente para nosotros pero el que, por la experiencia de los años, parece no somos capaces de interiorizar, es el papel de la memoria y, sobre todo, nuestra obligación de que los recuerdos sean transmitidos. Impacta mucho ver como Fuchs, después de haber dado una charla en un colegio, diga a los alumnos que ahora ellos son también testimonios de lo ocurrido, y que tienen la responsabilidad de que no se pierda todo este conocimiento. Pero también impacta ver la cara de esos niños, que una vez se han levantado del pupitre, parece que ya hayan olvidado toda la explicación…

En cualquier caso, y pese a contar con un protagonista de excepción, Lipgot falla con un documental poco vistoso, que recurre a imágenes de Auschwitz y melancólica música para rellenar los minutos que no ha sabido exprimir al diamante en bruto que tenía delante. El director se preocupa más de hacernos ver que es una persona feliz y llena de humor (cosa que a la par se nos hace inconcebible y esperanzador), rellenando de nuevo con escenas de poco interés para el espectador (el director comiendo lo que le ha cocinado Fuchs, por ejemplo), que casi, y en comparación, hubiese preferido un plano único de la cara de Fuchs mientras iba explicando su historia. Flaco favor hacen también las simples animaciones que acompañan alguno (pocos) de los pasajes que explica Fuchs durante la entrevista… En definitiva, que uno sale del cine con la sensación de que le han explicado más bien poco, cuando podría haberse tratado de uno de los mejores documentales del festival. A modo de consolación, siempre nos quedará leer los antiguos textos de este afable intelectual en la edición on-line de la argentina Página 12.

El árbol de la muralla

El árbol de la muralla

Zaytoun

De un árbol que crece salvaje y esperanzador en una muralla, pasamos al árbol que una familia palestina cuida para verlo plantado en su arrebatado pueblo natal… Eran Riklis firma el film, del que no ha llegado a las pantallas españolas otro trabajo desde el afable viaje personal de El director de Recursos Humanos (2010).

El director abre Zaytoun con un interesante plano secuencia en el que nos presenta el bullicio de las calles de Beirut de 1982, llena de niños que intentan hacer dinero vendiendo desde comida hasta cigarrillos a lugareños y soldados. Casas derruidas, sonidos de balas rompiendo el viento y niños corriendo y riendo, dando por habitual, por ejemplo, el tener que cruzar una calle a toda velocidad para no ser heridos de muerte… una estampa llena de contrastes que sin embargo acierta en su composición.

Pronto conoceremos a Fahed, un descarado niño palestino con profundo odio hacía los israelíes, que entrena para ser soldado por obligación y que se relaciona con militantes de la Organización de Liberación de Palestina. Cuando la Organización consigue encarcelar a un soldado israelí abatido tras el fallo de su caza de combate, y coincidiendo con la muerte del padre de Fahed consecuencia de un ataque aéreo, el niño verá la oportunidad de volver a su pueblo “palestino” de la mano de Yoni, el preso.

Nacerá así una inusual amistad entre el niño y el solado en esta peculiar road-movie que es Zaytoun, la cual nos adentrará en el combate pero, sobre todo, nos demostrará que no hay fronteras una vez se conoce a las personas.

Riklis destaca por saber hacer evolucionar la relación entre los dos protagonistas de forma progresiva y creíble, aderezada también por el buen trabajo de un Stephen Dorff en horas bajas (recordémosle en Somewhere, cuya interpretación potenciaba el minimalista e injustamente trabajo dejado de lado de Sofia Coppola) y, por encima de todo, por el joven Abdallah El Akal, que pese a su juventud ya ha participado en varios films como Lebanon (Samuel Maoz, 2009). Un guión que incluye acción y drama e incluso pequeñas dosis de comedia sin que se haga pesado y al que sí se le puede reprochar que intenta alargar la historia en demasía, sobre todo hacia el final del film. Por lo demás, Zaytoun es convencional y poco destacable, pudiendo definirlo como un agradable film que, sin embargo, se nos antoja demasiado idealista conociendo la realidad del conflicto. Así que esperemos que sirva, al menos y como destacábamos al inicio de la reseña, para darnos cuenta de que la amistad podría ser posible en tiempos de guerra. No lo olvidemos.

Zaytoun

Zaytoun

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] humanos por parte de los judíos expulsados (una reflexión que también veremos en el documental El árbol de la muralla - Tomás Lipgot, 2012), pero también de que el alemán podría considerar agradable el poder […]

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