The flat y Aftermath

Festival de cine Judío 2013: Descubrir la verdad. Por Arantxa Acosta

The flat.  Director: Arnon Goldfinger. Israel, Alemania, 2011. Documental

Aftermath (Poklosie). Director: Wladyslaw Pasikowski. Polonia, Holanda, Rusia, Eslovaquia, 2012. Ficción

Callar para no sufrir. No preguntar para no saber. Pero cuando los hijos, los hijos de los hijos, desean conocer, es imposible impedírselo y, una vez la verdad sale a flote, las reacciones pueden ser de lo más dispares. Secretos y mentiras. Negación y remordimientos. Redención y liberación. Estos son los extremos que se nos presentan en los dos films de la sesión.

En The flat se recoge una de las reflexiones más impactantes, y ciertas, de la jornada del Festival: la segunda generación no quiere saber si son hijos de asesinos, o de víctimas. Es la tercera la que investiga, la que pregunta… la que remueve. Una generación, con la suficiente distancia temporal, que sí querrá saber, por muy dura que sea la respuesta. Una generación que se verá en la obligación de dar a conocer sus descubrimientos, incluso a aquellos que repetidamente no han querido conocerlos.

Arnon Goldfinger inició su documental sin saber realmente si iba a tener material interesante para realizar la película. Todo comienza cuando su familia va a vaciar el piso de Tel Aviv de su abuela, recién fallecida. Encuentran viejos recuerdos, cartas, ropa de lujo (la piel de zorro, ¡cómo ha cambiado la moda!)… Goldfinger nos va situando: sus abuelos salieron de Alemania y fueron ya a vivir a ese piso. La decoración, los libros en las estanterías… podría decirse que se trata de un piso en pleno Berlín. Nos dice que su abuela no dejó de hablar alemán, que incluso no quiso aprender hebreo. Tras el pase incluso nos comenta que las persianas (a las que se les da un papel protagonista en el film) siempre estaban bajadas, dejando el piso a oscuras, tal y como era la Alemania de la época, con un entorno muy distinto a la luminosidad de la ciudad israelí. Y es aquí donde empezamos a encontrar los primeros signos de negación… que no serán los únicos.

The Flat

The Flat

Porque cuando el director encuentra el nombre de su abuelo en periódicos nazis junto el nombre del Barón von Mildenstein, su deseo de seguir investigando le mostrará la cruda realidad: su abuelo acompañó a Palestina al barón, mostrándole todos “los secretos” de la cultura. Viajaban con sus esposas, y se hicieron grandes amigos. Una amistad que continuó tras la guerra. Pero Goldfinger descubre también, dejándonos a todos perplejos, el turbio pasado de von Mildenstein: citado por Eichmann durante su juicio en Israel como su mentor (se incluyen imágenes de archivo que así lo demuestran) y miembro del equipo directo de Goebbels, el barón fue uno de los máximos responsables de la expulsión de los judíos (queriendo – al menos inicialmente – que fuese voluntaria, por cierto).

Aquí empiezan las preguntas: ¿cómo un alto cargo de las SS tenía como mejor amigo a un judío? Esta amistad, ¿fue tal, o sólo una forma de aferrarse al pasado por parte de los abuelos del director? Se habla en el film de la necesidad de sentirse humanos por parte de los judíos expulsados (una reflexión que también veremos en el documental El árbol de la muralla - Tomás Lipgot, 2012), pero también de que el alemán podría considerar agradable el poder mantener conversaciones con alguien a su altura intelectual. Sea como fuese, la incertidumbre al no saber si los abuelos conocían la verdadera identidad y actividades de sus amigos es mayúscula, más si nos decantamos a pensar que la respuesta es afirmativa. Un desconcierto que el director vive en sus propias carnes, agravado al conocer que la madre de su abuela murió en un campo de concentración, y que nos sabe transmitir al espectador, transformando entonces la historia de sus abuelos en la historia de los judíos alemanes, sus dudas y convicciones, sus miedos y deseos.

The Flat 2

The Flat

Pero, en realidad, no es la historia de von Mildenstein la relevante en The flat, ni tan siquiera la de los abuelos: Goldfinger quiere mostrar la pasividad de los que han rodeado a la familia y la necesidad de movilizarse para que la historia no vuelva a repetirse. Y es que si bien el propio Arnon empieza y acaba el film recriminándose el no haber hablado más con su abuela, la verdadera representación de la negación del Holocausto la vemos proyectada en la madre del director. Una mujer visiblemente afectada por los descubrimientos de su hijo que al inicio del metraje simplemente no da importancia a los descubrimientos sobre su familia, refugiándose en que ella nunca preguntó porque no le interesaba, viviendo siempre en el presente… y que revelan por supuesto la necesidad mental que tenemos a no querer sufrir. Una necesidad que, en el lado opuesto, la familia opuesta, veremos de igual manera en Edda, la hija de von Mildenstein, una mujer que niega la realidad con tanta elegancia que nos deja pasmados. Pero si algo nos enseña Goldfinger es que se puede evolucionar, y que únicamente conociendo el pasado se puede sobrellevar mejor el presente y futuro. Y nos lo enseña de una forma muy simple: filmando a su madre acompañándole a Alemania, apoyándole en sus conversaciones con Edda von Mildenstein.

En cuanto al documental de Goldfinger en sí, cabe destacar el acertado ritmo que le ha dado al conjunto de la película (más sabiendo que estuvo investigando y recopilando material durante algo más de cinco años), no cayendo en obviedades y compaginando humor, desconcierto e ilusión a partes iguales, y utilizando material de archivo, las propias cartas y documentos de sus abuelos y fotografías antiguas. Un sorprendente documental que juzga a todos por igual y con una conclusión clara: es nuestra responsabilidad conseguir que la verdad salga a la luz, aunque sea dolorosa para todos y sus consecuencias puedan salpicarnos, aunque sólo sea emocionalmente, a nosotros mismos.

The Flat 3

The Flat

Aftermath

Consecuencias. Esta es la principal valoración de Aftermath (traducción al inglés del título original Poklosie, consecuencia, secuela), un film basado en hechos reales que destaca porque aun siendo previsible nos mantiene pegados a la butaca debido a la asombrosa atmósfera, absolutamente asfixiante y claustrofóbica, que consigue Pasikowski, un director comprometido con la realidad polaca y que en nuestro país es conocido por ser  co-guionista de la excelente Katyn (Andrzej Wajda, 2008), que homenajeaba a los más de 20.000 oficiales polacos asesinados por órdenes de Stalin.

Franciszek vuelve a Polonia, tras veinte años viviendo en Chicago, para ver a su hermano y éste le explique el por qué su mujer le ha dejado, viviendo ahora con él en América. Una vez en su lugar natal, descubre que Józef es asediado por todo el pueblo debido a sus incomprensibles actos: el hermano menor siente la necesidad de recuperar las lápidas de los judíos asesinados durante el período nazi que habían sido utilizadas para construir los caminos del pueblo años atrás. Rescatadas más de trescientas lápidas, ha convertido su campo de trigo en una especie de altar en honor a las víctimas. Incluso ha aprendido hebreo para descifrar las inscripciones talladas. Perplejo, Franciszek intentará hacer entrar en razón a su hermano, hasta que la presión de los vecinos le hará darse cuenta de lo digno del trabajo de Józef… hasta las últimas consecuencias.

Aftermath

Aftermath

¿Qué haríamos si descubriésemos, fruto de un altruismo extremo, una verdad que va más allá de lo imaginable, y que afecta directamente a nuestra familia y uno mismo? ¿La esconderíamos para preservar el secreto y evitar una mancha, o la haríamos pública igualmente, para el bien de la Historia? Aftermath se adentra no sólo en explicar lo que, lamentablemente, fueron acciones comunes a finales de la primera mitad del siglo pasado (la apropiación de bienes – joyas, dinero, terrenos – por parte de los vecinos de las aldeas y ciudades, pertenecientes a los judíos exterminados. Algo que ha ocurrido y ocurrirá en todas las guerras), sino que también pone de manifiesto una verdad que nos remueve por dentro: que muchos de los exterminios no fueron perpretados por los soldados. Envidias, venganzas sin sentido y sobe todo codicia hicieron que personas seguramente respetables en otras circunstancias se viesen abocadas al horror dando rienda suelta a sus más profundos y temibles deseos. Deseos que fueron recompensados en su momento, sí, pero que luego fueron motivo de vergüenza, secretos y, finalmente, olvido. Porque tal y como decíamos al principio de esta reseña, el no preguntar termina, irremediablemente, en no saber. Y si no sabemos, no podemos hacerlo mejor cuando la misma situación vuelva, indudablemente y por la naturaleza humana, a presentarse.

Pasikowski utiliza a los hermanos Kalina de su film para poner de manifiesto este doble sentimiento. Por un lado, Franciszek estará centrado exclusivamente en ayudar a su enajenado hermano, sin querer distanciarse y ver lo que realmente está pasando. El director simboliza su falta de acción a través de su ropa: por varios motivos, y tras haberle robado la maleta, será incapaz de cambiarse. Sólo cuando se le revele la verdad conseguirá ropa limpia… y será cuando su hermano deje de cambiarse. Una sutil forma de demostrar al espectador que, a veces, nos quedamos con la superficialidad de la verdad para no querer saber más allá, por si es demasiado peligroso, demasiado insoportable.

Aftermath 2

Aftermath

El director también muestra en Aftermath cómo la presión social puede distorsionar la realidad, haciendo parecer malvado al más bondadoso.

El hermano mayor confiará al inicio en los vecinos, para darse cuenta después de su error. Y el hermano pequeño, tras vivir el acoso por parte del pueblo entero (incluido el joven cura, curiosamente… porque el anciano sí conoce la historia y sabe que es justo lo que está haciendo Józef), será víctima también de él aunque haya cambiado de opinión. Porque no hay nada más peligroso que la masa enfurecida, una reflexión que recientemente pudimos disfutar con La caza (Thomas Vinterberg, 2012).

Así que aunque Aftermath no muestra nada nuevo, e incluso es predecible todo lo que se nos va “desvelando”, es más que destacable la producción del film, y en concreto no tanto la música como los estridentes sonidos que acompañan cada paso de Franciszek desde que aterriza en suelo polaco, para conseguir ese perturbador entorno que se genera desde el inicio de la película. Un film que al inicio nos hace temer se trate de una simple reivindicación por los derechos judíos y cuyo giro, poniendo en la balanza muchos más elementos, es positivo para mantenernos atentos durante todo el metraje.

Aftermath 3

Aftermath

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] de la recreación de sucesos históricos (pudimos disfrutar de Lore – Cate Shortland, 2012 o Aftermath – Wladyslaw Pasikowski, 2012), o de mostrar experiencias reales de supervivientes tan […]

  2. […] a la hora de darse cuenta de que el eterno enemigo, quizá, no es tal. Destacable también es Aftermath (Władysław Pasikowski, 2012) que, desde una perspectiva muy distinta a la anterior, también nos […]

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