G/R/E/A/S/E y Sonntag 3 (cortos)

Deconstruir, el único medio para descubrir la verdad Por Arantxa Acosta

“Siempre hay algo auténtico oculto en toda falsificación”La mejor oferta (La migliore offerta, Giusseppe Tornatore, 2013)

G/R/E/A/S/E (España, Suiza, Alemania, 2013). Director: Antoni Pinent

Sonntag 3 (Alemania, 2012). Director: Jochen Kuhn

Existen muchas formas de abordar el análisis de una película. Podemos revisar uno a uno cada plano, centrarnos en una única secuencia y focalizarnos en todos los detalles encuadrados, o buscar paralelismos en los trabajos anteriores del director e investigar las influencias que ha podido tener a lo largo de su trayectoria para acabar plasmando eso, y solamente eso, en la película objeto de estudio. Entre otras opciones, claro. Salirse de lo que parece explicar a un primer nivel, tomar distancia, buscar más capas y encontrar otras lecturas, mucho más ricas, que el director, consciente o inconscientemente (porque muchas veces las interpretaciones son exclusivas del analista) ha incluido en la historia. En definitiva, se trata de mirar, girar, voltear, abrir… y nunca desechar una idea por muy absurda que parezca. Sin embargo, irremediablemente, el punto de partida siempre será la información de origen, la que nos ha hecho plantearnos iniciar la búsqueda de la verdad, o como mínimo de la realidad paralela.Esto es lo que encontramos en el corto experimental de Antoni Pinent. No sabemos qué es lo que le hizo fijarse en Grease (Randal Kleiser, 1978).

Quizá lo poco creíble de su planteamiento, quizá el que se haya convertido en película de culto de masas, cosa que no deja de ser una contradicción. Quizá vio un subtexto por nadie identificado hasta la fecha. En cualquier caso, el resultado es tan inquietante como magnífico. En su decollage (que le ha costado nada menos que seis años de su vida, según se comentó en la presentación del corto en el Festival), el director utiliza varias copias en 35 mm para construir su osado corto a base de deconstruir el material original. Sandy y Danny se nos presentan en varios fragmentos como un “yo” único. Por qué no, al final los dos personajes son igual de hipócritas y se enfrentan a su amor con el mismo miedo (siempre he pensado que acaban juntos por la presión de los amigos, por el qué dirán). Cha Cha DiGregorio aparece como lo que es, la chica relleno que en realidad nadie tiene en cuenta ya que si tiene algún tipo de protagonismo es por ser la mala de la película, la que quiere separar a la parejita, pero tampoco se le dan muchas opciones para ello. Así, el director decide dibujarla sin rostro. Está. Baila. Habla… pero no interesa.

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G/R/E/A/S/E

Pinent juega con las canciones. Las convierte en estridentes, las mezcla para generar ocurrentes nuevos diálogos que revelan otros significados a los buscados en la película original (y que no obstante más de uno habrá pensado al verla). A ratos consigue que la película sea sucia, a ratos hilarante. Los fotogramas partidos en cuatro pedazos pueden mostrar primeros planos y secundarios de una misma situación de la película, aportando más datos que los que el encuadre un simple fotograma puede darnos, pero también puede mezclar eventos, citas, espacios y  temporalidad. El montaje permite que Danny se ría de él mismo, uno en las gradas con su cazadora de cuero, otro corriendo en la pista de atletismo, dejándonos ver lo patético del personaje, que no sabe tan siquiera cuál es su identidad y, de rebote, haciéndonos dar cuenta de lo terrible que es también el poner a veces una cara y a veces otra en función de lo que nos interesa, porque siempre te acabará pasando factura, aunque sea “gracias a” tu propia conciencia.

El montaje es incoherente en cuanto a línea temporal de la película, pero aceptable por supuesto dentro del universo, el caos creado por el director, que incluso sabe demostrar lo internacional de su propuesta a través de la caricatura que hace de los enamorados en la playa, cuando a cada frase se les hace hablar en un idioma distinto de los múltiples a los que debe haber sido doblada la película. Enamorados cegados por su inocencia, en todas partes…

Si G/R/E/A/S/E no quiere reflejar nada de esto, es muy posible. Pero, como hemos comentado más arriba, al final el que analiza el análisis puede extraer sus propias conclusiones… Y conseguir que Grease nos haga pensar en sexo explícito, en la identidad de cada uno de ellos/nosotros, o en lo esperpéntica de alguna de sus propuestas, aderezado con una música y títulos de crédito (ridiculización de la Paramount incluida) que sin duda recuerdan a los de Se7en (David Fincher, 1995), se merece todo nuestro respecto y admiración.

Por supuesto, la definición de análisis sirve también para descubrir y dar a conocer otras lecturas a una situación concreta, o un momento histórico, por ejemplo, no exclusivamente para una película. Adicionalmente, este análisis puede explicarse, también, a través de un corto. Es necesario, entonces, poner imaginación para sorprender.  Y es aquí cuando nos encontramos con una de las mejores propuestas que vimos en el Festival: Sonntag 3.

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Sonntag 3

El punto de partida es muy interesante: un hombre acude a una cita a ciegas tras haber mantenido varias conversaciones a distancia con una mujer. La sorpresa le sobreviene al conocer la identidad de su misteriosa amada, que no es ni más ni menos que la de la canciller alemana Angela Merkel. Glups.

A partir de aquí, el director utiliza su imaginación desbordada para hablar sobre política, sobre el devenir de Europa, y sobre la importancia de que los ciudadanos hagamos algo. Y todo a través del diálogo de dos tímidos enamorados… Se atreve a ponernos en la piel de una mujer que lleva el peso del futuro de la actual Europa, mostrándola vulnerable pero también altiva, controladora pero llena de humildad, y  siempre víctima de su propio poder. Lugar hay también para reírse de su afición a los móviles, que por todos es sabido le ha llevado ya a sufrir algún disgusto que otro… Kuhn se envalentona y emplaza a la canciller en una situación tan imaginativa como arriesgada para rendirle un especial homenaje: convertirla, de nuevo, en mujer.

El formato de Sonntag 3 es también singular, aunque no cabía esperar menos de su director dada su condición de dibujante y fotógrafo, ya que no es ni más ni menos que un collage de fotografías, pinturas y dibujos que se superponen, apareciendo y desapareciendo a medida que los dos personajes se mueven, hablan, discuten. Si el sentimiento del personaje es de soledad, o de pesadumbre, una mano aparece sin tapujos para pintar con tierra su cara. Si se enfada, su cabeza se abre para hacer salir de ella otro rostro, terrorífico, superior, que nos recuerda a los trabajos del joven Terry Gilliam. Una composición que permite ingenio sobre un tema que tan poco parecía pudiese prestarse a ello, y que nos obliga a interesarnos por Sonntag 1 (2005)  y 2 (2010).

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