Interior. Leather Bar

Por Jose Cabello

Interior. Leather Bar (EUA, 2013). Director: James Franco, Travis Mathews

Solo (Argentina, 2013). Director: Marcelo Briem Stamm.

In Their Room: London (EUA, 2013). Director: Travis Mathews

El segundo día de LesgaiCineMad, cargado de sugerentes propuestas, se presenta como una gran incógnita causando disparidad de sentimientos, todos gobernados por la emoción de contemplar proyectos inéditos en España hasta la fecha. Dos largometrajes y un cortometraje establecen el eje vespertino del viernes: Solo (2013), debut en la dirección del argentino Marcelo Briem Stamm, e Interior. Leather Bar (2013), de James Franco y Travis Mathews, acompañado del cortometraje In their Room: London (2013), también bajo la dirección de Travis Mathews.

El largometraje argentino no dispone en la red de una abundante información sobre el proyecto, al contrario que el americano. Sólo se podía acceder a conocer la trama sobre la que giraría la acción: chico conoce a chico a través de Internet, la cita transcurre con normalidad en casa de uno de ellos hasta que el otro le invita a marcharse y éste se resiste. Inquietante.

Sin embargo, Interior. Leather Bar arrastra la polémica ya levantada con el estreno hace más de tres décadas de A la caza (William Friedkin, 1980), cuando tanto la comunidad gay como el sector más conservador de Estados Unidos, por motivos bien distintos, intentaron boicotear la producción desde los inicios.

Al Pacino daba vida a un ambicioso policía encargado de detener a un serial killer que había elegido como target de su masacre al hombre gay sadomasoquista. Para ello Pacino tenía que infiltrarse en un bar gay de culto al cuero donde se desarrollaba la acción. Aquí nació el enfrentamiento. Hubo quien vio en esto una sugerida bajada a los infiernos del protagonista y denunció la homofobia contenida, mientras que otros, conservadores y fanáticos de lo absurdo, no quisieron permitir que el mundo homosexual quedara retratado en el cine de esa manera, mucho menos si la estampa iba escoltada de un material sexualmente explícito. La decisión final recortó cuarenta minutos al metraje de A la caza para poder estrenar en cines esquivando así la categoría de película X. Aquel metraje nunca vio la luz, y de aquí parte la idea de James Franco y Travis Mathews que deciden recrear estos cuarenta minutos desaparecidos.

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Solo

Para comenzar a zambullirse en Solo previamente habría que diseccionar en dos el cuerpo de la película, estableciendo así dos partes completamente heterogéneas, un primer fragmento bañado en un almíbar extra edulcorado como guiño involuntario a una comedia romántica de sobremesa y una segunda parte donde desaparece el romanticismo a favor de la aparición de otro género, el thriller. Un mestizaje singular y arriesgado que se desarma a mitad de propuesta cuando la verosimilitud atiza a mamporros devorando actores, decorados, diálogos y situaciones propias de malas decisiones tomadas desde la falta de experiencia, rechinando aún más cuando una ópera prima, cargada de buenas intenciones, contiene delirios de grandeza al tratar de emular a piezas del cine clásico.

Un suma y sigue de desaciertos patrocinara la somnolencia del espectador. Si bien, la primera mitad se centra en dos chicos dialogando sobre los encuentros gays originados a través de chats en Internet, suponiendo esto un paso adelante en la normalización de otras herramientas no convencionales a la hora de conocer gente y establecer vínculos afectivos o no, la conversación, lejos de ser propia de dos chicos jóvenes pertenecientes a un contexto actual, parece sacada de un recóndito paraje rural donde Bernarda Alba ostenta el título de mente abierta del pueblo. Un gesto cercano a la ofensa cuando la tertulia deriva en un intento de estandarización de la homosexualidad extrapolando los cánones heterosexuales afianzando así un intento de establishment sexual de trasfondo incierto.

El desdoblamiento del relato, cuando se produce el primer giro argumental, salva los muebles y a pesar de carecer del asombro al otro lado de la pantalla sí que justifica, en cierta manera, la actitud ridícula de los protagonistas, aunque esto suceda de manera inconsciente.

Solo calca sin pulcritud alguna y de mala manera thrillers donde los invitados a una casa no son lo que parecen, intentando construir un Hard Candy gay o trazando brochazos de una reminiscencia Hitchcock con La soga (The Rope, 1948).

Pero hunde la intentona de beber de estas buenas ideas cuando a base de flashbacks talibanes atenta contra la inteligencia del espectador intentando explicar con puntos y comas qué ocurrió y por qué para suprimir un mínimo de libertad en la cabeza pensante del espectador. La imaginación pasará hambre.

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Solo

Interior. Leather Bar, ya explicado anteriormente, nace como excusa de recrear los cuarenta minutos perdidos de A la caza, pero esto sólo erige un pretexto para empujar a juicio público cuestiones tabú como el sexo y la problemática derivada de este asunto, que a pesar de su alto grado de importancia aún tienen escasa visibilidad real dentro de la sociedad. Peter Capusotto en una de sus múltiples “transformaciones”, Violencia Rivas, ya expuso un buen alegato sobre el sexo y los medios de comunicación, de cómo todo se insinúa en la televisión o el cine con el único fin de sobrecalentar al espectador actual y así esconder el sexo explícito ya que su ocultación provocará un interés aún mayor al ser un bien prohibido, en cierta medida, pero accesible.

Este ensayo de la mano de James Franco y Travis Mathews cuenta con una decena de actores, gays y heterosexuales, para reconstruir las escenas de sexo explícito en el leather bar, un ejercicio de metacine, decisión muy acertada, al mostrar el proceso de rodaje y las reacciones de cada uno de los componentes del reparto, desde el protagonista, que no resulta muy bien parado al mostrar un encefalograma bastante uniforme, hasta el último de los actores o iluminadores de escena.

La alta gama de reacciones según la experiencia de cada persona integrante de la película enriquece al valor total de Interior. Leather Bar al evidenciar la propia denuncia de Franco/Mathews hacia la escasa visibilidad y naturalidad que tiene el sexo en la sociedad actual.

El mismo protagonista, que interpretará a Al Pacino, se siente perdido, confuso, no sabe qué hace ahí, su agente le pide constantemente que abandone el proyecto mientras su mujer le ruega que no sea penetrado. Un recital open mind. Y un guiño al sentimiento que recorre el pensamiento del policía de Pacino. Desconcierto.

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Interior. Leather Bar

El sexo comienza, la atmósfera se enrarece aún más y los componentes heterosexuales del rodaje no comprenden porque un tío heterosexual quiere dirigir estas escenas. James Franco se sienta con el protagonista para conversar regalando al público uno de los discursos más inteligentes de sexo que habrá plasmado el cine en mucho tiempo: hablan sobre el problema de lo normal, de como se ha insertado un chip en el cerebro de cada individuo, chip que contiene las convenciones sociales que se deben aceptar, rechazar u cuestionar con un mínimo de resistencia, y como la aceptación tácita de esta implantación viene financiada desde el mainstream audiovisual promulgando la ocultación de sexo explícito. Mientras, en el turno de réplica el actor protagonista argumenta que el sexo gay debe insinuarse por principios, por respeto y porque no están preparados para ello, Franco vuelve a colocarle en la guillotina con un simple movimiento, argumentando que si los mass media consideran que el ciudadano no está listo para recibir esta invasión sexual ¿por qué si lo está para ver cadáveres, mutilaciones o violaciones?

Aún desmontando todas y cada una de las pajas mentales de este actor, que representa un gran peso dentro de la población total, el problema permanecerá mientras la libertad intelectual no brote de la individualidad sino de un decálogo colectivo que dicta la puñetera mano invisible de Adam Smith. Haz esto y no esto. Proponiendo un pacto satánico al espectador al regalar venenos de envoltorios tan exquisitos como Modern Family (2009- ), donde entre las familias ultra modernas que forman la serie existe una representación gay que sin duda es la más atroz de las familias pues tienen el rol de hombre y mujer más marcado que ninguna otra, incluyendo el complemento niña-adoptada-china, por si faltaba algún cliché.

Lamentablemente, Interior. Leather Bar quedará como un ensayo sobre la sexualidad dentro de un sector que ya conocía el mensaje, pues misión imposible resultará divulgar la reflexión entre aquellos que realmente necesitan derribar estos prejuicios, los mismos prejuicios que vetarán la película al conocer que en su interior se ven hombres practicando sexo entre ellos. Y ni siquiera es un sexo explícito altamente impactante, a pesar del rol sadomasoquista del bar, pues la original, A la caza, insinuaba prácticas más hardcore.

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Interior. Leather Bar

Por último, el cortometraje de In their Room: London acerca la mirada a un grupo de chicos homosexuales en la ciudad de Londres viajando al interior de sus habitaciones para presenciar su desnudo, no solo físico, reflexionando a través de conversaciones surgidas espontáneamente frente a la cámara compartiendo su visión íntima de las relaciones sexuales gays fruto de sus experiencias. Esta performance entre miembros que comparten una misma sexualidad con diferentes maneras de entenderla, y practicarla, a priori posee atractivo ya que al mismo tiempo se dibuja un mapa de la soledad en las grandes ciudades, pero el exceso de minutos resta interés al centrar la  atención en aquellas historias más usuales dejando de lado aquellas más radicales.

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In Their Room: London


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Comentarios sobre este artículo

  1. […] LesGaiCineMad va de eso, de sexo. Si la edición anterior, James Franco junto con Travis Mathews en Interior. Leather Bar (2013) ofrecieron un discurso formulado de manera inteligente sobre la sexualidad y el sexo libre, […]

  2. […] Interior. Leather Bar, Solo y In Their Room: London […]

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