Stray Dogs

Cine-cuerpo Por Laura del Moral

"It rains in my heart, it rains on my video art...

Art imitates nature, nature imitates art."Shigeko Kubota.

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Shigeko Kubota

I. Stray Dogs

Una certeza en la imagen. Como una prueba de la creencia en el mundo. La contemplación de una mitología particular, donde la coexistencia social solamente acrecienta el aislamiento, donde no hay comunicación posible, una mirada enfrentada; prolongada la influencia de François Truffaut en Tsai Ming-liang, nos volvemos siempre íntimos de sus personajes, de sus gestos más triviales, combinando la indagación y la reflexión. Pocos cineastas han filmado la ciudad con tanto misticismo como lo ha hecho Tsai Ming-liang. La precisión de sus creaciones figurativo-artísticas de lo urbano acerca su cine a lo pictórico, y lo pictórico como una manifestación de lo poético. Los tempos internos, los vacíos, el elemento humano recorriendo ese vacío y ese tiempo. Arquitectura, pintura, fotografía, poesía… todo ello confluye en un encuadre. El resultado suele ser devastador, nostálgico, la impresión de desesperanza y deshumanización culmina en la secuencia final, una secuencia que siempre es intensa y desoladora.

Al igual que en SoHo SoAp/Rain Damage (1985).1 Shigeko Kubota nos retrata como la lluvia destrozó el estudio que compartía con Nam June Paik  y el enorme impacto emocional que causó en ambos artistas, con la especial sensibilidad que Kubota aporta a sus trabajos, con esa confluencia lírica de lo personal y lo tecnológico fusionado en vibrantes técnicas de procesamiento electrónico de imágenes y objetos de la naturaleza, el arte y la vida cotidiana, muy próxima a Stray Dogs, con ese paralelismo con la lluvia que ha arrasado con todo junto al énfasis en el cuerpo de los personajes, en su ubicación y en su función en el espacio (o no-espacio) de Tsai Ming-liang y su exploratoria experimental.

Una mirada interior hacia el cine, una visión autónoma de imagen-percepción,

“la cámara no ofrece simplemente la visión del personaje y de su mundo, ella impone otra visión en la cual la primera se transforma y se refleja. Este desdoblamiento es lo que Pasolini llama “subjetiva indirecta libre” (…)” 2.

Un camino que ha seguido Tsai Ming-liang y también buena aparte del cine contemporáneo (Claire Denis, Apichatpong Weerasethakul). El cuerpo como un terreno hostil en el que el rostro se atribuye más destacable, más íntimo, más vacilante, una revelación fragmentaria. El rostro cinematográfico con una importante duplicidad: pertenece al actor y a su personaje. Un primer plano que surge cuando es utilizado en su función específica y el cuerpo completo se transforma por su efecto. Ya Deleuze señalaba a buena parte del cine francés de los ochenta en torno al vínculo cine-cuerpo-pensamiento haciendo especial referencia a directores como Chantal Akerman, Jean Eustache o Philippe Garrell y que hoy en día continúa en los casos de Bertrand Bonello o Philip Grandieux, “todo pasa por el cuerpo y el dolor” admite Bonello. Tsai Ming-liang nos pone delante ese cuerpo y ese dolor, un rostro a la intemperie con las lágrimas a punto de brotar en sus ojos, un rostro que ha decaído hasta casi un expresionismo abstracto.

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II. Stray Dogs

La percepción del tiempo o de como el cine puede parar el tiempo.

Stray Dogs se aferra a los sentimientos antes que al hecho de proporcionarnos información.

Reflexionamos sobre la configuración del pasado de los personajes a través de un cine-arte con mayúsculas en el que deambulamos por edificios con goteras, enfermos, abandonados, como las grietas de nuestra sociedad. La ciudad y sus incertidumbres urbanísticas (sociales y arquitectónicas), las metamorfosis inmobiliarias, las brumas topográficas, las disoluciones nocturnas, las esperas lánguidas de la humedad de la lluvia, que arrastra y que arrasa. La potencia poética de un cineasta que domina el espacio, la soledad, la alienación y ese vacío infinito que nunca se llena. Un realismo interno, una reflexión sobre la vida y el arte. Un cine profundamente humano, hasta la desesperación. Las imágenes abordan, aíslan, depuran hasta hacernos sentir la pureza de un perro callejero que solo espera o necesita alguien que le de algún resto de comida. Una transición de la oscuridad hacia la luz. De lo urbano a lo rural, del sueño al despertar de la mente que deambula  por los senderos diarios de los sin hogar en una película que emerge lentamente a través de conexiones simbólicas y de una poética de un minimalismo elegiaco.

Stray Dogs es también una película que se escapa.

Cada plano es una coreografía, una danza irracional, una llamada a soñar. Tsai Ming-Liang no se queda en la superficie, nos invita a permanecer, a deambular por cada escena y contemplar su retrato, a leer entre líneas dentro de sus impecables composiciones de juego e imagen. Arrastrados por las fuerzas de la naturaleza cuando se rebelan contra nosotros y desplazados por la sociedad cuando no formamos parte de su estructura. Un instinto de supervivencia plasmado en una imagen y en la necesidad de contemplar algo bello en medio de la miseria, el arte como esencia del consuelo.

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[1]

  1. Shigeko Kubota
  2. DELEUZE, G. (1993): La imagen-tiempo. Barcelona, Paidós.
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Comentarios sobre este artículo

  1. […] del irredento e insobornable Tsai Ming-liang de quién gracias al D’A podremos ver en Barcelona Stray Dogs (2013), después de haber pasado también por Venecia y Sevilla. También nos parece lógico, por […]

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